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24/11/2010 – 20/05/2011

Adán y Eva de Durero vuelven a exhibirse en el Prado tras una laboriosa y compleja restauración

📍 Museo Nacional del Prado.

El Museo del Prado presenta de nuevo en sus salas la magnífica pareja Adán y Eva (1507) de Durero (1471 – 1528), tras dos años de intenso trabajo de restauración sobre sus superficies pictóricas y soportes. La intervención de las dos tablas ha contado con la participación de un equipo de expertos internacionales, coordinados entre el Prado y la Getty Foundation de Los Ángeles, institución que ha financiado la restauración de los delicados soportes de las dos pinturas en los que se ha aplicado una ingeniosa solución técnica para su estabilización.

Con el fin de llamar la atención del público sobre el complejo trabajo realizado en ambas tablas, las dos obras se presentan excepcionalmente fuera de su sala habitual, con un especial montaje expositivo patrocinado por la Fundación Iberdrola como primer proyecto asociado al convenio de colaboración suscrito hoy con el Prado para el patrocinio de su programa de restauración.


Tras un largo y complejo proceso de restauración de las tablas Adán y Eva, obras maestras dentro de la producción pictórica de Durero, el artista más relevante del Renacimiento alemán, el Museo del Prado da a conocer al público los resultados del mismo a través de una presentación especial de ambas pinturas en el centro de la sala 49. Durante cuatro meses, las dos tablas se exhibirán separadas de las otras dos obras de Durero que atesora el Prado, entre ellas su famoso Autorretrato (1498), expuestas sobre una estructura metálica especialmente diseñada para que pueda apreciarse tanto el anverso como el reverso de ambas. El trabajo de restauración realizado sobre las mismas se explicará en profundidad en una sala anexa (sala 55b) a través de diversos paneles con textos e imágenes, incluidos ejemplos de reflectografías y radiografías de las obras, así como un video que recoge imágenes de los momentos claves del proceso, con la correspondiente explicación de los trabajos realizados tanto sobre la capa pictórica como sobre los soportes.

A lo largo de su historia, la superficie pictórica de las tablas de Adán y Eva ha sido sometida a sucesivas restauraciones que, al quedar superpuestas unas sobre otras, habían llegado a ocultar la  concepción original de Durero y su refinada calidad técnica. Estas antiguas intervenciones habían  afectado también a los soportes de las obras, especialmente al de Adán que sufrió la aparición de grietas longitudinales en la superficie que causaron deformaciones y alabeos que producían sombras e irregularidades en la superficie pictórica distorsionando las formas presentadas por el autor. Por estas razones, el ingreso de las tablas en el taller del Prado hace ahora dos años resultaba imprescindible para restaurar los soportes y devolver el acabado esmaltado original además de restablecer en las figuras los volúmenes, la profundidad y el colorido  conseguidos por Durero.

La restauración de la capa pictórica de ambas obras ha sido realizada por Maite Dávila, restauradora de pintura del Museo de mucha experiencia, mientras que el especial y delicado estado de conservación de sus soportes, especialmente por los problemas que presentaba el de Adán, requería una compleja intervención que ha podido realizarse gracias al apoyo de la Getty Foundation de Los Ángeles (California). La colaboración de la Getty Foundation en la restauración de los soportes de Adán y Eva se inscribe dentro de su proyecto denominado “Panel Painting Initiative”, merced al cuál la Getty ha asumido la financiación de la restauración de ambos soportes, incluyendo la colaboración en la misma de George Bisacca, del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, uno de los principales expertos mundiales en restauración de soportes junto a José de la Fuente, el restaurador de soportes del Prado, al que Bisacca ha prestado su apoyo durante todo el proceso.

Más de un cuarto de siglo ocultas por “indecentes”

A pesar de la indiscutible importancia de las dos pinturas que hoy se presentan con una notable recuperación de sus calidades y presidiendo una de las galerías principales del Museo, resulta curioso recordar que durante doscientos ochenta y tres años, desde su llegada a Madrid en 1655, ambas pinturas estuvieron confinadas en espacios vedados al acceso público –exceptuando la etapa del breve reinado de José Bonaparte- por su consideración como “desnudos”.

Incluso el simple hecho de que se conserven en nuestros días podría considerarse casi milagroso si se tiene en cuenta que, en 1762, los prejuicios morales de Carlos III le llevaron a incluirlas en una lista con otros cuadros “indecentes” para su destrucción. La intervención de Mengs, entonces pintor del rey, consiguió salvarlas al convencer al monarca de que ambas pinturas "eran muy útiles para que por ellos estudiasen sus discípulos". Con este propósito didáctico, treinta años más tarde, se llevaron a la Academia de San Fernando, donde permanecieron ocultas, pudiendo contemplarse únicamente sin restricciones durante el reinado de José Bonaparte (1809-1813), en el que fueron expuestas en la Sala de Juntas.

Curiosamente, la historia de la “ocultación” de estas obras no terminó con su ingreso en el Museo del Prado, en 1827, ya que se confinaron a la sala reservada destinada a las pinturas de desnudos hasta 1838, fecha en la que finalmente se integraron en el discurso expositivo.



Informe de restauración
Existen documentadas varias restauraciones desde el siglo XVIII, cuando las dos tablas aún formaban parte de la Colección Real. Tras ingresar en el Museo en 1827, se restauraron a mediados del siglo XIX y está registrado que Adán tuvo una nueva intervención cuando se procedió al engatillado del soporte, ya en el siglo XX.

La superposición de estas intervenciones terminó por mostrar una imagen plana y dura, alejada del acabado esmaltado original que había concebido Durero. Gruesas capas de suciedad, barnices oxidados y repintes oscurecidos por el paso del tiempo cubrían la superficie pictórica, ocultando las  pinceladas y el colorido originales conseguidos por el artista.

Las antiguas restauraciones afectaron también al soporte, produciendo multitud de grietas longitudinales, especialmente en el de Adán, cuyo grosor se rebajó para adherirlo a una estructura rígida que imposibilitaba el libre movimiento de la madera original. En el de Eva se atornillaron, desde la capa pictórica, tres travesaños nuevos para eliminar su curvatura natural. El inevitable movimiento de la madera había causado deformaciones y alabeos que producían sombras e irregularidades en la superficie pictórica y distorsionaban las formas representadas por Durero. Todos estos problemas hacían necesaria una intervención.

En 2004, el Museo del Prado organizó una reunión internacional sobre el proyecto de restauración de Adán y Eva en la que participaron restauradores de diversas instituciones para plantear la mejor forma de enfrentarse a tan delicado trabajo al que se dio inicio a finales de 2008.

La restauración del soporte se ha integrado dentro de la llamada “Panel Painting Initiative”, puesta en marcha por la Getty Foundation de Los Ángeles para la difusión del conocimiento y la formación de jóvenes restauradores de soportes. Esta fundación ha financiado el proyecto de la restauración del soporte de las dos tablas dirigido por George Bisacca y José de la Fuente, logrando así la colaboración entre instituciones tan importantes como el Prado y el Metropolitan Museum de Nueva York para intervenir en estas obras maestras. A lo largo de dicha intervención y como parte fundamental del citado proyecto, el taller del Prado se convirtió en escuela de formación de jóvenes restauradores de soportes del Metropolitan y del Museo de Budapest.

Además, con la colaboración del restaurador del Metropolitan Museum of Art, George Bisacca y un ingeniero, se llevó a cabo la investigación de un nuevo mecanismo de muelles para el soporte de Adán con el fin de dotar de consistencia estructural a la tabla adelgazada y engatillada en antiguas restauraciones, que, a partir de ahora, va a poder utilizarse en otras restauraciones similares.

En el soporte de Adán se eliminó el antiguo engatillado –retícula de madera encolada al soporte original– y se cerraron las numerosas grietas causadas por él. Por su fragilidad, ha sido necesario colocar una nueva estructura de refuerzo que respeta la curvatura natural de la madera y se sujeta a ella sólo en determinados puntos, permitiendo su libre movimiento. El soporte de Eva exigió la eliminación de los tres travesaños atornillados y la recuperación del travesaño original conservado, tras laminarlo para adaptarlo a la curvatura del soporte.

Conseguida la estabilidad del soporte y una superficie continua, se procedió a una restauración de la capa pictórica compleja y delicada, efectuada por Maite Dávila. Una vez concluida esta intervención, han quedado resueltos los contrastes y las graves alteraciones que presentaban las pinturas, poniéndose de manifiesto el dibujo subyacente de Durero, un dibujo realizado a pincel con un medio fluido, muy elaborado y de gran refinamiento, que se suaviza mediante finas veladuras de carnaciones que contribuyen a diferenciar el desnudo masculino y femenino.






























































































































Foto:
Eva antes, durante y después de la restauración. Resalta el contraste que se distingue en la carnación de Eva, consecuencia de los barnices oxidados, en convivencia con la delicada coloración rosa nacarada de la figura. Se observa también el contraste en el suelo, de un tono más transparente plateado. Se aprecian asimismo los huecos de los tornillos que fueron introducidos a través de la superficie pictórica rompiendo literalmente la capa de preparación y la superficie pictórica.