16/03/2011
Hª de la Pintura a través de sus artistas. Rembrant. La Luz del Barroco
📍 Fundación Díaz Caneja
Hª de la Pintura a través de sus artistas. Rembrant. La Luz del Barroco
Fundación Díaz Caneja
Organiza: Fundación Díaz Caneja y Universidad Popular
Horario: 19.30 horas
La sede de la Fundación Díaz Caneja (calle Lope de Vega, 2) acoge una nueva sesión del curso “Historia de la Pintura a través de sus artistas”, centrada en esta ocasión en la trayectoria de Rembrant. Bajo el título específico “La luz del barroco”, la charla didáctica hará especial hincapié en el uso de la luz que hacía en sus obras (especialmente en retratos, autorretratos y escenas bíblicas) el gran maestro del barroco holandés.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden, 15 de julio de 1606 – Ámsterdam, 4 de octubre de 1669) fue un pintor y grabador holandés. La historia del arte le considera uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, siendo con seguridad el artista más importante de la historia de Holanda.[1] Su aportación a la pintura coincide con lo que los historiadores han dado en llamar la edad de oro holandesa, el considerado momento álgido de su cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política.
Habiendo alcanzado el éxito en la juventud, sus últimos años estuvieron marcados por la tragedia personal y la ruina económica. Sus dibujos y pinturas fueron siempre muy populares, gozando también de gran predicamento entre los artistas, y durante veinte años se convirtió en el maestro de prácticamente todos los pintores holandeses.[2] Entre los mayores logros creativos de Rembrandt están los magistrales retratos que realizó para sus contemporáneos, sus autorretratos y sus ilustraciones de escenas bíblicas. En sus autorretratos, especialmente, encontramos siempre la mirada humilde y sincera de un artista que trazó en ellos su propia biografía.[1]
Rembrandt tenía un profundo conocimiento de la iconografía clásica, y en sus pinturas y grabados solía interpretarla libremente para ajustarla a su propia experiencia. Así, en la representación de una escena bíblica Rembrandt solía combinar su propio conocimiento del texto con su particular concepto de la composición clásica y algunas observaciones anecdóticas de la población judía de Ámsterdam.[3] Por la empatía con que retrató la condición humana, Rembrandt ha sido considerado "uno de los grandes profetas de la civilización".[4]
Ningún artista combinó nunca tan delicada habilidad con tanta energía y poder.[5]
Su tratamiento de la humanidad rebosa de simpatía.[6]
Fundación Díaz Caneja
Organiza: Fundación Díaz Caneja y Universidad Popular
Horario: 19.30 horas
La sede de la Fundación Díaz Caneja (calle Lope de Vega, 2) acoge una nueva sesión del curso “Historia de la Pintura a través de sus artistas”, centrada en esta ocasión en la trayectoria de Rembrant. Bajo el título específico “La luz del barroco”, la charla didáctica hará especial hincapié en el uso de la luz que hacía en sus obras (especialmente en retratos, autorretratos y escenas bíblicas) el gran maestro del barroco holandés.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden, 15 de julio de 1606 – Ámsterdam, 4 de octubre de 1669) fue un pintor y grabador holandés. La historia del arte le considera uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, siendo con seguridad el artista más importante de la historia de Holanda.[1] Su aportación a la pintura coincide con lo que los historiadores han dado en llamar la edad de oro holandesa, el considerado momento álgido de su cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política.
Habiendo alcanzado el éxito en la juventud, sus últimos años estuvieron marcados por la tragedia personal y la ruina económica. Sus dibujos y pinturas fueron siempre muy populares, gozando también de gran predicamento entre los artistas, y durante veinte años se convirtió en el maestro de prácticamente todos los pintores holandeses.[2] Entre los mayores logros creativos de Rembrandt están los magistrales retratos que realizó para sus contemporáneos, sus autorretratos y sus ilustraciones de escenas bíblicas. En sus autorretratos, especialmente, encontramos siempre la mirada humilde y sincera de un artista que trazó en ellos su propia biografía.[1]
Rembrandt tenía un profundo conocimiento de la iconografía clásica, y en sus pinturas y grabados solía interpretarla libremente para ajustarla a su propia experiencia. Así, en la representación de una escena bíblica Rembrandt solía combinar su propio conocimiento del texto con su particular concepto de la composición clásica y algunas observaciones anecdóticas de la población judía de Ámsterdam.[3] Por la empatía con que retrató la condición humana, Rembrandt ha sido considerado "uno de los grandes profetas de la civilización".[4]
Ningún artista combinó nunca tan delicada habilidad con tanta energía y poder.[5]
Su tratamiento de la humanidad rebosa de simpatía.[6]