03/12/2010 – 17/01/2011
Rodin y la mitología simbolista
📍 Lonja del Pescado-Paseo Almirante Julio Guillén Tato, s/n
🎟️ Entrada libre
Horario: De lunes a viernes, de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 21.00 h
Sábados, de 10.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 h
Domingos, de 10.00 a 14.00 h
La sala permanecerá cerrada el 25 de diciembre y el 1 de enero
Visitas escolares: previa cita
Visitas guiadas: de lunes a sábado a las 18.00 h
Auguste Rodin (1840-1917) es universalmente conocido como uno de los escultores que mejor marcaron la marcha hacia el arte del siglo XX, sacándolo de la fase académica y convirtiéndolo en un creación absolutamente personal, llena de análisis formales y de energía. Sobre esta idea básica han construido su imagen los estudiosos de arte contemporáneo, y es ese Rodin lanzado hacia el futuro el que se ha mostrado, una y otra vez, en las exposiciones de su obra. La propia Fundación ”la Caixa”, en las varias muestras que le ha dedicado desde 1996, se ha ceñido a esta visión del gran ”iniciador”, paralelo de los pintores impresionistas —el título Rodin y la revolución de la escultura lo dice todo al respecto—, planteando, de forma colateral, otros aspectos más definidos, como su forma de trabajar o sus relaciones con España.
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Sin embargo, Rodin es un artista mucho más rico, un creador que tiene valor por sí mismo independientemente de su proyección en las generaciones posteriores. Hoy en día, cuando ya ha pasado casi un siglo desde su muerte, puede empezar a vérsele en su contexto cultural, —el del Romanticismo tardío, el Simbolismo y el Modernismo—, y puede estudiarse su desarrollo dentro de las ideas de su época: obviamente, su genial aislamiento siempre quedará a salvo, porque su obra destaca en cualquier contexto, pero su actividad se entiende mejor, se muestra más polifacética y fascinante, si se la extrae de la imagen ”pura” de la historia del arte en la que le ha querido circunscribir; sus creaciones no son meras formas abstractas —no podían serlo en su época—, sino que tienen un elemento tan ajeno al arte del siglo XX como es el ”contenido”, la ”historia”, la trama de un relato que pretenden ilustrar o evocar. En una palabra: cabe ver a Rodin —y es sin duda atinado hacerlo— como un hombre más cercano a Baudelaire, Mallarmé y Gustave Moreau que a Manet y Cézanne, como un artista que deseaba transmitir al contemplador, además de una forma, una visión del mundo y del hombre encarnada en ideas, temas recurrentes y visiones fantásticas: un mundo poético, en una palabra, donde pugnaban las tradiciones y el mundo moderno.
En realidad, este enfoque no es inédito por completo: basta abrir cualquier libro general sobre Simbolismo o sobre Modernismo para descubrir una o varias páginas dedicadas a Rodin. Lo que ocurre es que esa visión no ha sido planteada de forma sistemática desde la biografía de nuestro artista, y ha quedado relegada a los panoramas generales del arte de fines del siglo XIX y principios del XX.
Sábados, de 10.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 h
Domingos, de 10.00 a 14.00 h
La sala permanecerá cerrada el 25 de diciembre y el 1 de enero
Visitas escolares: previa cita
Visitas guiadas: de lunes a sábado a las 18.00 h
Auguste Rodin (1840-1917) es universalmente conocido como uno de los escultores que mejor marcaron la marcha hacia el arte del siglo XX, sacándolo de la fase académica y convirtiéndolo en un creación absolutamente personal, llena de análisis formales y de energía. Sobre esta idea básica han construido su imagen los estudiosos de arte contemporáneo, y es ese Rodin lanzado hacia el futuro el que se ha mostrado, una y otra vez, en las exposiciones de su obra. La propia Fundación ”la Caixa”, en las varias muestras que le ha dedicado desde 1996, se ha ceñido a esta visión del gran ”iniciador”, paralelo de los pintores impresionistas —el título Rodin y la revolución de la escultura lo dice todo al respecto—, planteando, de forma colateral, otros aspectos más definidos, como su forma de trabajar o sus relaciones con España.
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Sin embargo, Rodin es un artista mucho más rico, un creador que tiene valor por sí mismo independientemente de su proyección en las generaciones posteriores. Hoy en día, cuando ya ha pasado casi un siglo desde su muerte, puede empezar a vérsele en su contexto cultural, —el del Romanticismo tardío, el Simbolismo y el Modernismo—, y puede estudiarse su desarrollo dentro de las ideas de su época: obviamente, su genial aislamiento siempre quedará a salvo, porque su obra destaca en cualquier contexto, pero su actividad se entiende mejor, se muestra más polifacética y fascinante, si se la extrae de la imagen ”pura” de la historia del arte en la que le ha querido circunscribir; sus creaciones no son meras formas abstractas —no podían serlo en su época—, sino que tienen un elemento tan ajeno al arte del siglo XX como es el ”contenido”, la ”historia”, la trama de un relato que pretenden ilustrar o evocar. En una palabra: cabe ver a Rodin —y es sin duda atinado hacerlo— como un hombre más cercano a Baudelaire, Mallarmé y Gustave Moreau que a Manet y Cézanne, como un artista que deseaba transmitir al contemplador, además de una forma, una visión del mundo y del hombre encarnada en ideas, temas recurrentes y visiones fantásticas: un mundo poético, en una palabra, donde pugnaban las tradiciones y el mundo moderno.
En realidad, este enfoque no es inédito por completo: basta abrir cualquier libro general sobre Simbolismo o sobre Modernismo para descubrir una o varias páginas dedicadas a Rodin. Lo que ocurre es que esa visión no ha sido planteada de forma sistemática desde la biografía de nuestro artista, y ha quedado relegada a los panoramas generales del arte de fines del siglo XIX y principios del XX.