13/01/2011 – 14/01/2011
Joaquín Achúcarro (Bilbao). Fiel a sí mismo
📍 Palacio Euskalduna
🎟️ Desde 13 a .27,50 Euros. Taquilla
Comienzo a las 20.00 Horas.
Acaba de cumplir 78 años y todavía lleva un peine en el bolsillo para mantener a raya el flequillo que le baila sobre la frente. Joaquín Achúcarro se mantiene fiel a sí mismo, con un ritmo de trabajo vertiginoso. Como botón de muestra, su inminente interpretación con la BOS: el Concierto para piano y orquesta nº 2, de Brahms, bajo la dirección de Roberto Minczuk. Ojo a su espíritu analítico, que le empuja a desbrozar el camino y hallar la quintaesencia. Lo lleva en los genes. Su tío, Nicolás, siguió los pasos de Ramón y Cajal, y el propio Joaquín empezó a estudiar Ciencias Físicas. Desde entonces y cada vez más, ha sido fiel a la máxima de no complicarse la vida.
Es un hombre que nunca olvida que dos más dos son cuatro, sabe que la carrera musical es como avanzar en una selva; no hay más remedio que apretar los dientes y aguantar el calor, las fieras y los moscones. Lo lleva bien, a pesar de su sangre noruega. Sí, sí, el bisabuelo de Achúcarro se apellidaba Lund y era pariente del compositor Edvard Grieg. ¡De casta le viene al galgo!
Un maletilla
Muchos maestros que han compartido escenario con él se han deshecho en elogios, ya sean Abbado, Mehta o Rattle. No importa, él sigue esmerándose como un principiante: afronta cada concierto con la ilusión del debutante. El pequeño Joaquín hizo realidad sus sueños muy pronto pero, no se crean, que su trayectoria no ha sido un camino de rosas. Como la de casi nadie. Hace poco confesó que, durante mucho tiempo, no fue más que «un maletilla en busca de una oportunidad». Y lo decía con 77 años, después de haberse codeado con las Filarmónicas de Berlín, Londres y Nueva York o las Sinfónica de Londres o Dallas... Nunca está de más tener presentes los malos tiempos.
Lo importante es no caerse de la bicicleta, como hace Aurelio Edler Copês, un joven compositor y guitarrista brasileño que lleva ocho años en San Sebastián (a caballo con París) y que ahora nos presenta su obra ‘¿Recuerda el mar a quien camina sobre él?’. Bonito nombre. Entusiasta y efervescente, no hay obstáculo que se le resista. La BOS se aplicará a fondo, a las órdenes del maestro Roberto Minczuk que también lleva sangre carioca en las venas. ¡Un detalle nada baladí! Es el titular de la Orquestra Sinfônica Brasileira da Cidade do Rio de Janeiro y se siente muy a gusto en Europa. Como pez en el agua.
Es el sino de los artistas: recorrer mundo. Ya sea de verdad o con la imaginación. La suite de ‘Romeo y Julieta’, de Prokofiev, disparará la fantasía del público y dejará un poso de ensoñación. Ideal para ponerse luego un disco de bossa nova brasileira. Y lo digo por Achúcarro, fan de João Gilberto y... de los merengues del Caribe. Viva la música. Toda la música.
Acaba de cumplir 78 años y todavía lleva un peine en el bolsillo para mantener a raya el flequillo que le baila sobre la frente. Joaquín Achúcarro se mantiene fiel a sí mismo, con un ritmo de trabajo vertiginoso. Como botón de muestra, su inminente interpretación con la BOS: el Concierto para piano y orquesta nº 2, de Brahms, bajo la dirección de Roberto Minczuk. Ojo a su espíritu analítico, que le empuja a desbrozar el camino y hallar la quintaesencia. Lo lleva en los genes. Su tío, Nicolás, siguió los pasos de Ramón y Cajal, y el propio Joaquín empezó a estudiar Ciencias Físicas. Desde entonces y cada vez más, ha sido fiel a la máxima de no complicarse la vida.
Es un hombre que nunca olvida que dos más dos son cuatro, sabe que la carrera musical es como avanzar en una selva; no hay más remedio que apretar los dientes y aguantar el calor, las fieras y los moscones. Lo lleva bien, a pesar de su sangre noruega. Sí, sí, el bisabuelo de Achúcarro se apellidaba Lund y era pariente del compositor Edvard Grieg. ¡De casta le viene al galgo!
Un maletilla
Muchos maestros que han compartido escenario con él se han deshecho en elogios, ya sean Abbado, Mehta o Rattle. No importa, él sigue esmerándose como un principiante: afronta cada concierto con la ilusión del debutante. El pequeño Joaquín hizo realidad sus sueños muy pronto pero, no se crean, que su trayectoria no ha sido un camino de rosas. Como la de casi nadie. Hace poco confesó que, durante mucho tiempo, no fue más que «un maletilla en busca de una oportunidad». Y lo decía con 77 años, después de haberse codeado con las Filarmónicas de Berlín, Londres y Nueva York o las Sinfónica de Londres o Dallas... Nunca está de más tener presentes los malos tiempos.
Lo importante es no caerse de la bicicleta, como hace Aurelio Edler Copês, un joven compositor y guitarrista brasileño que lleva ocho años en San Sebastián (a caballo con París) y que ahora nos presenta su obra ‘¿Recuerda el mar a quien camina sobre él?’. Bonito nombre. Entusiasta y efervescente, no hay obstáculo que se le resista. La BOS se aplicará a fondo, a las órdenes del maestro Roberto Minczuk que también lleva sangre carioca en las venas. ¡Un detalle nada baladí! Es el titular de la Orquestra Sinfônica Brasileira da Cidade do Rio de Janeiro y se siente muy a gusto en Europa. Como pez en el agua.
Es el sino de los artistas: recorrer mundo. Ya sea de verdad o con la imaginación. La suite de ‘Romeo y Julieta’, de Prokofiev, disparará la fantasía del público y dejará un poso de ensoñación. Ideal para ponerse luego un disco de bossa nova brasileira. Y lo digo por Achúcarro, fan de João Gilberto y... de los merengues del Caribe. Viva la música. Toda la música.