14/01/2011 – 05/02/2011
Es temporada de huracanes
📍 Galería Babel
Con el título “Es temporada de huracanes” la artista mexicana Liliana Gálvez Heras (1981, México D. F.) presenta en nuestra galería una quincena de óleos desde el día 14 de enero al 5 de febrero de 2011. La inauguración será el viernes 14 de enero a las 20 horas. Contaremos con la presencia de la artista.
Esta exposición se enmarca en las relaciones de colaboración que nuestra galería mantiene con otras galerías e instituciones de México.
Tradicionalmente se consideró, a propósito de las artes plásticas, que el mundo conformaba una realidad acabada y normalizada, y que ante una perfección ya completa, al hombre, al artista, sólo le sería posible copiarla, reproducirla. Liliana Gálvez es cazadora de huracanes. Su exposición es ante todo la crónica de un viaje, no en vano sus pinturas están concebidas desde el interior de un coche, narradas como el “diario visual” de una temporada de huracanes en México. En sus cuadros la naturaleza se desvanece, ofrece una visión singular de nuestras metrópolis urbanas. Sus paisajes tambaleantes se colapsan en intrincados remolinos de pintura, las emisiones abstractas de paisajes barridos literalmente por la lluvia que azota el parabrisas de su coche, refuerzan la interpretación y convierten al espectador en un nuevo espejismo.
El aspecto físico de travelling, de un cuerpo en movimiento a través del espacio, es vital en los cuadros de Liliana, y este hallazgo en su pintura la dota de una facultad intelectual que reconoce y engrandece “lo extraño”. La deformidad mostrada por sus paisajes, que son esmeradamente naturalistas, se mueve en un fino equilibrio entre mostrar y ocultar, en un decidido desafío para la mirada.
La principal arma de Liliana Gálvez es la distorsión. En “Es temporada de huracanes”, la descripción de los paisajes se disuelve en pequeñas lagunas de abstracción. Hay un certero retrato de inestabilidad a través de la metáfora climática, que permite a estas obras ser consideradas una alegoría de los cambios radicales que sufre nuestra sociedad en su transición a un nuevo sistema donde todas las identidades y singularidades están en peligro. En una atmósfera densa consigue desconcertar los sentidos y trastocar la percepción del espacio-tiempo. Sus superficies borrosas crean un lugar y un tiempo indefinibles.
Por alguna razón Gálvez relata lugares desplazados. El paso del tiempo hace que cualquier momento sea esencialmente irrepetible. La artista lleva a cabo una investigación sobre la idiosincrasia del hombre contemporáneo, se convierte en rigurosa cartógrafa de los temores y los miedos del ciudadano. Su fuerza es la de la intuición sugestiva, que existe y se desarrolla próxima a su propia disolución, aumentando la tensión, interrumpiendo cualquier forma posible de ilusionismo y recordando al espectador que no se encuentra ante una copia del mundo sino ante el propio mundo.
Esta exposición se enmarca en las relaciones de colaboración que nuestra galería mantiene con otras galerías e instituciones de México.
Tradicionalmente se consideró, a propósito de las artes plásticas, que el mundo conformaba una realidad acabada y normalizada, y que ante una perfección ya completa, al hombre, al artista, sólo le sería posible copiarla, reproducirla. Liliana Gálvez es cazadora de huracanes. Su exposición es ante todo la crónica de un viaje, no en vano sus pinturas están concebidas desde el interior de un coche, narradas como el “diario visual” de una temporada de huracanes en México. En sus cuadros la naturaleza se desvanece, ofrece una visión singular de nuestras metrópolis urbanas. Sus paisajes tambaleantes se colapsan en intrincados remolinos de pintura, las emisiones abstractas de paisajes barridos literalmente por la lluvia que azota el parabrisas de su coche, refuerzan la interpretación y convierten al espectador en un nuevo espejismo.
El aspecto físico de travelling, de un cuerpo en movimiento a través del espacio, es vital en los cuadros de Liliana, y este hallazgo en su pintura la dota de una facultad intelectual que reconoce y engrandece “lo extraño”. La deformidad mostrada por sus paisajes, que son esmeradamente naturalistas, se mueve en un fino equilibrio entre mostrar y ocultar, en un decidido desafío para la mirada.
La principal arma de Liliana Gálvez es la distorsión. En “Es temporada de huracanes”, la descripción de los paisajes se disuelve en pequeñas lagunas de abstracción. Hay un certero retrato de inestabilidad a través de la metáfora climática, que permite a estas obras ser consideradas una alegoría de los cambios radicales que sufre nuestra sociedad en su transición a un nuevo sistema donde todas las identidades y singularidades están en peligro. En una atmósfera densa consigue desconcertar los sentidos y trastocar la percepción del espacio-tiempo. Sus superficies borrosas crean un lugar y un tiempo indefinibles.
Por alguna razón Gálvez relata lugares desplazados. El paso del tiempo hace que cualquier momento sea esencialmente irrepetible. La artista lleva a cabo una investigación sobre la idiosincrasia del hombre contemporáneo, se convierte en rigurosa cartógrafa de los temores y los miedos del ciudadano. Su fuerza es la de la intuición sugestiva, que existe y se desarrolla próxima a su propia disolución, aumentando la tensión, interrumpiendo cualquier forma posible de ilusionismo y recordando al espectador que no se encuentra ante una copia del mundo sino ante el propio mundo.