03/04/2011
Euskadiko Orkestra Sinfonikoa: Octeto Clásico
📍 Teatro Arriaga
🎟️ 7 y 10 €
El interés del recital que les ofrecemos, y que está compuesto por dos grandes obras de maestros, respectivamente tan y tan poco conocidos, como Ludwig van Beethoven y Franz Berwald, radica, por un lado, en la curiosa formación del orgánico de ambas y, por otro, en cómo el paso de los años entre una y otra composición, nos hace apreciar los cambios en el lenguaje musical que se produce en esa frontera entre el final del siglo XVIII y la segunda, casi tercera, década del siglo XIX.
De Beethoven a Berwald
El Septimino de Beethoven es una obra juvenil, escrita en sus primeros años vieneses, concretamente entre 1799 y 1800, año este en que se dio a conocer con una audición pública el 2 de Abril, en unión de otras obras como su Primera Sinfonía.
Curiosamente, a lo largo del siglo XIX, fue la mas conocida de sus obras, posiblemente en toda Europa y, desde luego en nuestro país, donde era frecuentísimamente interpretada en los salones de la aristocracia, según costumbre de la época, y especialmente su Tempo di Menuetto, paradigma de lo popular entre la música clásica.
El Septimino de Berwald, cuya instrumentación está seguramente inspirada en el del maestro de Bonn, es una rareza entre las poco conocidas obras del, sin embargo prolífico, autor sueco (Estocolmo, 1796).
Admirador, como no podía ser de otra forma, de la obra beethoveniana, sin duda quiso probar sus dotes melódicas e instrumentadoras en una curiosa formación de violín, viola, violoncello, contrabajo, clarinete, fagot y trompa, instrumentos que, podríamos decir, resumen el orgánico de la orquesta clásica y prerromántica, excepción hecha del oboe y la flauta, siempre difíciles de encajar en un conjunto camerístico de cierta amplitud.
De Beethoven a Berwald
El Septimino de Beethoven es una obra juvenil, escrita en sus primeros años vieneses, concretamente entre 1799 y 1800, año este en que se dio a conocer con una audición pública el 2 de Abril, en unión de otras obras como su Primera Sinfonía.
Curiosamente, a lo largo del siglo XIX, fue la mas conocida de sus obras, posiblemente en toda Europa y, desde luego en nuestro país, donde era frecuentísimamente interpretada en los salones de la aristocracia, según costumbre de la época, y especialmente su Tempo di Menuetto, paradigma de lo popular entre la música clásica.
El Septimino de Berwald, cuya instrumentación está seguramente inspirada en el del maestro de Bonn, es una rareza entre las poco conocidas obras del, sin embargo prolífico, autor sueco (Estocolmo, 1796).
Admirador, como no podía ser de otra forma, de la obra beethoveniana, sin duda quiso probar sus dotes melódicas e instrumentadoras en una curiosa formación de violín, viola, violoncello, contrabajo, clarinete, fagot y trompa, instrumentos que, podríamos decir, resumen el orgánico de la orquesta clásica y prerromántica, excepción hecha del oboe y la flauta, siempre difíciles de encajar en un conjunto camerístico de cierta amplitud.