26/07/2011
Teatro. Égloga de ´lácida y Victoriano. Laboratorio escénico Univalle. Colombia
📍 Plaza San Francisco
Teatro. Égloga de Plácida y Victoriano. Laboratorio escénico Univalle. Colombia
Plaza San Francisco
Horario: 22:30
Organiza: Universidad de Valladolid
La Égloga de Plácida y Vitoriano es la más larga de las églogas de Encina, con una extensión de 2500 versos. En esta égloga Encina tiene como protagonistas a dos personajes de la alta sociedad, ya no a pastores. El medio donde ocurre la obra es la ciudad, excepto cuando la acción se traslada al campo. La “dama” y el “galán” son personajes muy diferentes a los típicos pastores de otras églogas de Encina.
¿Qué caracteriza a Plácida y Vitoriano? Un amor perfecto, en el cual ambos jóvenes invierten todo su tiempo y toda su vida. El amor verdadero que hay entre ambos es casi como una fe, y sus características son la castidad, la lealtad y la constancia. Este era un paradigma muy común en la época, el amor idealizado. Encina muestra este amor y sus complicaciones, dentro de un ambiente renacentista en el que el humanismo y el neopaganismo se reflejan).
Aunque el amor de los novios parece sólido, la Fortuna y Cupido influirán mucho en su historia. La obra empieza inmediatamente después de una pelea: una equivocación mutua que provoca una separación. Esto es insoportable para ellos, considerando cuánto se aman, y se producen fuertes crisis internas en ambos personajes.
En esta obra los dos temas principales son los del amor y el remedio. Se muestran muchos tipos de amor contrapuestos (el espiritual, el perfecto, el erótico, el superficial, el consuelo, etc.). Flugencia, por ejemplo, representaría solamente la hermosura física, una belleza falsa, una cubierta que desaparece mostrando un ser indigno. El tema del remedio aparece cuando los amantes se pelean, y no saben qué hacer para arreglar su crisis. El amor es presentado como una enfermedad que necesita cura. Las soluciones de los novios serán muy distintas entre sí, pero ambos las llevarán a cabo con un solo propósito: remediar su terrible dolor.
Esta obra está muy bien construida, por el lado de la métrica, el asunto y los temas se nota el trabajo concienzudo y creativo del autor. Además, retrata de manera muy especial el lenguaje y la sociedad de la época. Personajes humanos del campo y la ciudad y personajes divino de un mundo extraterreno conviven en un plano regido por el amor. Los pastores hablan en dialecto rústico; los personajes urbanos, en castellano culto o vulgar, según las circunstancias; las deidades paganas, en un lenguaje elevado. Por ejemplo, Flugencia, mostrando sus dos caras, habla cortesanamente con Vitoriano, pero groseramente con Eritea.
Los personajes proceden de muchos lugares diferentes: los sobrenaturales son Cupido, la Fortuna, la Muerte y las Parcas, los urbanos pueden ser tan distintos como Vitoriano, Polidoro, u otros personajes típicos de la ciudad, del campo vienen los pastores y de las antiguas historias acuden personajes famosos a los que claman Plácida y Vitoriano en momentos de angustia.
El autor echa mano de diversos recursos para cautivar al lector: el diálogo, el monólogo, el eco (diálogo con la naturaleza), el rito (la “Vigilia” de Vitoriano), el villancico, el baile y la música.
La estructura de la obra está construida de manera inteligente, con las dos historias (las crisis de ambos jóvenes) corriendo paralelamente. La arquitectura de la obra, aunque compleja, es clara y precisa, y muestra la maestría técnica de Encina. La historia de bifurca (por ello hay dos clímax, uno por cada protagonista), pero es un solo prólogo y un solo epílogo bailado que disuelve la dicotomía al hacer bailar a todos los personajes.
A lo largo de la obra vamos conociendo a los personajes (a través de su acciones o de descripciones, como las que hacen los novios de su respectivo amado). Los protagonistas son presentados como los arquetipos del hombre y la mujer ideal, sujetos a la Fortuna y el Amor que les tienden pruebas. Todo esto inserto en una gama de personajes clásicos del imaginario popular como Píramo y Tisbe, Tristán e Isolda, entre otros. Estas alusiones colocan a Plácida y Vitoriano al nivel de estas grandes figuras, con lo cual el autor pretende mitificar e idealizar a sus protagonistas, haciéndoles encarnar el amor perfecto.
Plaza San Francisco
Horario: 22:30
Organiza: Universidad de Valladolid
La Égloga de Plácida y Vitoriano es la más larga de las églogas de Encina, con una extensión de 2500 versos. En esta égloga Encina tiene como protagonistas a dos personajes de la alta sociedad, ya no a pastores. El medio donde ocurre la obra es la ciudad, excepto cuando la acción se traslada al campo. La “dama” y el “galán” son personajes muy diferentes a los típicos pastores de otras églogas de Encina.
¿Qué caracteriza a Plácida y Vitoriano? Un amor perfecto, en el cual ambos jóvenes invierten todo su tiempo y toda su vida. El amor verdadero que hay entre ambos es casi como una fe, y sus características son la castidad, la lealtad y la constancia. Este era un paradigma muy común en la época, el amor idealizado. Encina muestra este amor y sus complicaciones, dentro de un ambiente renacentista en el que el humanismo y el neopaganismo se reflejan).
Aunque el amor de los novios parece sólido, la Fortuna y Cupido influirán mucho en su historia. La obra empieza inmediatamente después de una pelea: una equivocación mutua que provoca una separación. Esto es insoportable para ellos, considerando cuánto se aman, y se producen fuertes crisis internas en ambos personajes.
En esta obra los dos temas principales son los del amor y el remedio. Se muestran muchos tipos de amor contrapuestos (el espiritual, el perfecto, el erótico, el superficial, el consuelo, etc.). Flugencia, por ejemplo, representaría solamente la hermosura física, una belleza falsa, una cubierta que desaparece mostrando un ser indigno. El tema del remedio aparece cuando los amantes se pelean, y no saben qué hacer para arreglar su crisis. El amor es presentado como una enfermedad que necesita cura. Las soluciones de los novios serán muy distintas entre sí, pero ambos las llevarán a cabo con un solo propósito: remediar su terrible dolor.
Esta obra está muy bien construida, por el lado de la métrica, el asunto y los temas se nota el trabajo concienzudo y creativo del autor. Además, retrata de manera muy especial el lenguaje y la sociedad de la época. Personajes humanos del campo y la ciudad y personajes divino de un mundo extraterreno conviven en un plano regido por el amor. Los pastores hablan en dialecto rústico; los personajes urbanos, en castellano culto o vulgar, según las circunstancias; las deidades paganas, en un lenguaje elevado. Por ejemplo, Flugencia, mostrando sus dos caras, habla cortesanamente con Vitoriano, pero groseramente con Eritea.
Los personajes proceden de muchos lugares diferentes: los sobrenaturales son Cupido, la Fortuna, la Muerte y las Parcas, los urbanos pueden ser tan distintos como Vitoriano, Polidoro, u otros personajes típicos de la ciudad, del campo vienen los pastores y de las antiguas historias acuden personajes famosos a los que claman Plácida y Vitoriano en momentos de angustia.
El autor echa mano de diversos recursos para cautivar al lector: el diálogo, el monólogo, el eco (diálogo con la naturaleza), el rito (la “Vigilia” de Vitoriano), el villancico, el baile y la música.
La estructura de la obra está construida de manera inteligente, con las dos historias (las crisis de ambos jóvenes) corriendo paralelamente. La arquitectura de la obra, aunque compleja, es clara y precisa, y muestra la maestría técnica de Encina. La historia de bifurca (por ello hay dos clímax, uno por cada protagonista), pero es un solo prólogo y un solo epílogo bailado que disuelve la dicotomía al hacer bailar a todos los personajes.
A lo largo de la obra vamos conociendo a los personajes (a través de su acciones o de descripciones, como las que hacen los novios de su respectivo amado). Los protagonistas son presentados como los arquetipos del hombre y la mujer ideal, sujetos a la Fortuna y el Amor que les tienden pruebas. Todo esto inserto en una gama de personajes clásicos del imaginario popular como Píramo y Tisbe, Tristán e Isolda, entre otros. Estas alusiones colocan a Plácida y Vitoriano al nivel de estas grandes figuras, con lo cual el autor pretende mitificar e idealizar a sus protagonistas, haciéndoles encarnar el amor perfecto.