26/02/2012
Desaparecer Música de Maika Makovski. Interpretado por Juan Echanove.
📍 Cultural caja de Burgos 19:30
Desaparecer
Música de Maika Makovski. Interpretado por Juan Echanove.
Calixto Bieito dirige este poema-concierto sobre cuentos de Poe, con música de Maika Makovski e interpretado por Juan Echanove.
Espectáculo lleno de plasticidad y belleza, Desaparecer es una experiencia sensitiva y poética construida a partir de los textos de Poe y que, a la vez, intenta captar las vivencias del escritor Robert Walser, autor que murió mientras paseaba por la nieve cerca del manicomio en el que estaba ingresado en Herisau, en Suiza.
Dolor, miedo, vacío..., van tejiendo la atmósfera entre romántica y terrorífica del poema escénico, gracias a la exhibición interpretativa de Juan Echanove, pleno de matices, que pasa con naturalidad del sollozo al arrebato colérico, como disuelto en la oscuridad que surge del alma del texto; y también al piano de Maika Makovski, que experimenta por primera vez con la interpretación con unas composiciones neblinosas y fantasmales.
Todo ello contribuye a recrear un ambiente de connotaciones góticas, una textura escénica donde se alojan los sentimientos y los recelos más recónditos del ser humano y que adquiere una rara capacidad de conmover al espectador.
Música de Maika Makovski. Interpretado por Juan Echanove.
Calixto Bieito dirige este poema-concierto sobre cuentos de Poe, con música de Maika Makovski e interpretado por Juan Echanove.
Espectáculo lleno de plasticidad y belleza, Desaparecer es una experiencia sensitiva y poética construida a partir de los textos de Poe y que, a la vez, intenta captar las vivencias del escritor Robert Walser, autor que murió mientras paseaba por la nieve cerca del manicomio en el que estaba ingresado en Herisau, en Suiza.
Dolor, miedo, vacío..., van tejiendo la atmósfera entre romántica y terrorífica del poema escénico, gracias a la exhibición interpretativa de Juan Echanove, pleno de matices, que pasa con naturalidad del sollozo al arrebato colérico, como disuelto en la oscuridad que surge del alma del texto; y también al piano de Maika Makovski, que experimenta por primera vez con la interpretación con unas composiciones neblinosas y fantasmales.
Todo ello contribuye a recrear un ambiente de connotaciones góticas, una textura escénica donde se alojan los sentimientos y los recelos más recónditos del ser humano y que adquiere una rara capacidad de conmover al espectador.