10/02/2012 – 11/02/2012
Complejo Teatral de Buenos Aires: “El cordero de los ojos azules”
📍 Sala BBK
🎟️ 18 €
Los intérpretes Leonor Manso, Carlos Belloso y Guillermo Berthold subirán al escenario de Gran Vía, 19 los días 10 y 11 de febrero a las 20:00 horas
Luciano Cáceres dirige sobre las tablas este texto de Gonzalo Demaría.
“El cordero de los ojos azules” es un ejemplo del mejor teatro argentino actual.
Las entradas (18 €) están a la venta en las taquillas y web del Teatro Arriaga y de la Sala BBK, en el teléfono 944 310 310 y en cajeros multiservicio BBK.
Ficha técnico artística:
Autoría: Gonzalo Demaria
Actúan: Carlos Belloso, Guillermo Berthold, Leonor Manso
Vestuario: Julio Suárez
Escenografía: Gonzalo Córdova
Iluminación: Eli Sirlin
Música original: Gerardo Gardelin
Asistencia artística: Marcelo Pozzi
Dirección: Luciano Cáceres
Sinopsis:
En abril de 1871, el pintor y la canonesa se resguardan en las dependencias de la Catedral de Buenos Aires. Es Semana Santa, la peste azota la ciudad y el índice de muertes es alarmante. Todos, incluidos el gobernador, los magistrados y el Arzobispo, han escapado a otras ciudades de las garras de la enfermedad. El artista, venido de Madrid, tiene que cumplir con el encargo de pintar a Santa Lucía, tarea que se vuelve dificultosa por la falta de modelos adecuadas. La canonesa, descendiente de angoleses y antigua amante del difunto Deán, se ofrece, a pesar de su fealdad, a posar para la obra, decidida a que se cumpla el encargo.
Cuando aparece el pintor con un muchacho de belleza marmórea, cree encontrar en él a San Sebastián, quien salvó a Milán dela peste. Decide entonces retratar al Santo para redimir a la ciudad. Días después despierta de la fiebre y la canonesa le relata lo cerca que estuvo de morir a manos de la peste y de la Comisión (organismo improvisado para limpiar la ciudad de la cruel enfermedad), le cuenta de sus visiones sobre el joven y de la maternal atención que le prodigó para salvarlo.
Sólo la promesa de pintar a Santa Lucía lo ha mantenido con vida, y ella posará para lograr la culminación de la obra. La condena que caerá sobre el pintor es el infierno reservado a los estetas: “si la fealdad de la Medusa tenía el poder de convertir en piedra a quien la mirara, ¿qué efecto produce la belleza?”.
Luciano Cáceres dirige sobre las tablas este texto de Gonzalo Demaría.
“El cordero de los ojos azules” es un ejemplo del mejor teatro argentino actual.
Las entradas (18 €) están a la venta en las taquillas y web del Teatro Arriaga y de la Sala BBK, en el teléfono 944 310 310 y en cajeros multiservicio BBK.
Ficha técnico artística:
Autoría: Gonzalo Demaria
Actúan: Carlos Belloso, Guillermo Berthold, Leonor Manso
Vestuario: Julio Suárez
Escenografía: Gonzalo Córdova
Iluminación: Eli Sirlin
Música original: Gerardo Gardelin
Asistencia artística: Marcelo Pozzi
Dirección: Luciano Cáceres
Sinopsis:
En abril de 1871, el pintor y la canonesa se resguardan en las dependencias de la Catedral de Buenos Aires. Es Semana Santa, la peste azota la ciudad y el índice de muertes es alarmante. Todos, incluidos el gobernador, los magistrados y el Arzobispo, han escapado a otras ciudades de las garras de la enfermedad. El artista, venido de Madrid, tiene que cumplir con el encargo de pintar a Santa Lucía, tarea que se vuelve dificultosa por la falta de modelos adecuadas. La canonesa, descendiente de angoleses y antigua amante del difunto Deán, se ofrece, a pesar de su fealdad, a posar para la obra, decidida a que se cumpla el encargo.
Cuando aparece el pintor con un muchacho de belleza marmórea, cree encontrar en él a San Sebastián, quien salvó a Milán dela peste. Decide entonces retratar al Santo para redimir a la ciudad. Días después despierta de la fiebre y la canonesa le relata lo cerca que estuvo de morir a manos de la peste y de la Comisión (organismo improvisado para limpiar la ciudad de la cruel enfermedad), le cuenta de sus visiones sobre el joven y de la maternal atención que le prodigó para salvarlo.
Sólo la promesa de pintar a Santa Lucía lo ha mantenido con vida, y ella posará para lograr la culminación de la obra. La condena que caerá sobre el pintor es el infierno reservado a los estetas: “si la fealdad de la Medusa tenía el poder de convertir en piedra a quien la mirara, ¿qué efecto produce la belleza?”.