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07/02/2012 – 06/05/2012

miradas cruzadas

📍 Museo Thyssen-Bornemisza

🎟️ Entrada gratuita

Mondrian, De Stijl y la tradición artística holandesa, es la primera entrega del nuevo ciclo <Miradas cruzadas>, una serie de montajes especiales de nuestras colecciones que ponemos en marcha con motivo del 20 aniversario de la apertura del Museo. Nuestra intención es potenciar la idea de museo como espacio, no solo de disfrute, sino también de conocimiento y estimular en el espectador un tipo de mirada más pausada y reflexiva que pueda despertar nuevas interpretaciones.

En esta primera instalación proponemos un cruce de miradas entre varias pinturas de siglo XVII holandés, de Philips Koninck (1619-1688), Pieter de Hooch (1629-1684) y Jacobus Vrel (activo c. 1654-1662), y una selección de obras de Piet Mondrian (1872-1944) y sus colegas del grupo neoplasticista De Stijl, Theo van Doesburg (1883-1931) y Bart van der Leck (1876-1958). El espectador podrá observar ciertos elementos comunes que comparten estos artistas, tan lejanos en el tiempo, como la equilibrada y armoniosa resolución de la composición pictórica o la tendencia de todos ellos a trabajar la superficie de la pintura no como una ventana abierta al espacio sino como un plano pictórico frontal bidimensional, organizado geométricamente.



Holanda se ha puesto históricamente como ejemplo de comportamiento cívico y su arte como modelo de sencillez, austeridad y armonía. Pero lo cierto es que durante la mayor parte del denominado Siglo de Oro holandés, no solo existía una tensión permanente entre protestantes y católicos, sino que las Provincias Unidas permanecieron en guerra, primero con España, luego con Inglaterra y finalmente con Francia. Ahora bien, frente a esta inestabilidad, los creadores holandeses reaccionaron con una pintura serena, dedicada a la sencilla vida doméstica, y buscaron la pureza del paisaje a través de un nuevo concepto de la perspectiva y de la exactitud en el detalle.

Una inestabilidad similar coincidió con la creación del neoplasticismo. Cuando en julio de 1914 Piet Mondrian visitó su tierra natal desde París se vio sorprendido por el comienzo de la Gran Guerra. Durante esos agitados años, Holanda se mantuvo neutral y aislada, pero no por ello dejo de sufrir las consecuencias de la crisis generalizada de la conciencia europea. Para Mondrian ese aislamiento se tradujo en un acercamiento a la tradición artística holandesa y en un mayor alejamiento del cubismo francés. La progresiva planitud y abstracción, que tanto temían Braque y Picasso, era exactamente lo que él estaba buscando. Fue entonces cuando conoció a Van Doesburg y a Van der Leck y comenzaron a desarrollar las bases ideológicas de De Stijl, un nuevo lenguaje artístico basado en un espiritualismo utópico, ejemplo característico del lenguaje del modernismo de la primera mitad del siglo XX. El neoplasticismo pretendía ir más allá de la apariencia cambiante de las cosas y descubrir el núcleo inmutable de la realidad, una realidad que, más que un hecho visual, era para ellos una visión espiritual a la que Mondrian denominaba “visión universal”.

La historia del arte holandés del Siglo de Oro abunda en imágenes de interiores. El interior como refugio, el interior como representación de la ética protestante basada en la mujer virtuosa, en la familia, o el trabajo, pero también el interior como espacio manipulado por el pintor. La nueva sensibilidad visual holandesa se aparta de las pautas artísticas marcadas por Italia y el modelo narrativo italiano es sustituido por un arte realista descriptivo, basado en la composición lógica y precisa de los elementos formales, más apropiado al espíritu de los países del norte. Interior con una mujer cosiendo y un niño, de Pieter de Hooch, o Interior con una mujer sentada junto al hogar, de Jacobus Vrel, son dos claros ejemplos de esa tendencia. La organización geométrica del espacio, a través de los elementos arquitectónicos o de determinados juegos de luz, nos hablan de un acusado sentido de la pintura como superficie, que Svetlana Alpers ha denominado impulso cartográfico (mapping impulse). Al igual que los cartógrafos, los pintores holandeses crearon sus pinturas como una acumulación de temas representados bajo puntos de vista diferentes. Como si la pintura, en lugar de ser la ventana abierta al mundo de la tradición albertiana, fuera un espejo que recibe múltiples reflejos o un mapa. Como consecuencia, el juego de marcos, rectángulos, o la sucesión de cuadros dentro del cuadro, responde a un vocabulario abstracto en torno al cual se articula la pintura que pasa a ser la representación de un mundo “fabricado”, geometrizado a base de la superposición de múltiples representaciones.


__   exposición
  miradas cruzadas
Mondrian, De Stijl y la tradición artística holandesa

Museo Thyssen-Bornemisza
7 febrero — 6 mayo 2012

Nueva instalación de las colecciones
Sala de Exposiciones Contexto. Primera planta
Acceso desde el Hall centra

Entrada gratuita