24/12/2009 – 15/01/2010
Exposición Pintura "Universo Dalí. Un Idilio Arte-Ciencia"
📍 Sala de Exposiciones de la Biblioteca Pública. C/Eduardo Dato,4
🎟️ .
Exposición Pintura "Universo Dalí. Un Idilio Arte-Ciencia"
Horario:
de 11:00 a 14:00
y de 18:00 a 21:00
La supuesta locura de Salvador Dalí era, en realidad, una habilísima forma de apoyar la imagen de marca que le mantuvo durante décadas en el candelero del mundo del arte y de la alta sociedad internacional. Era, a todas luces, una locura controlada, porque Dalí podía abandonarse a todo tipo de desvaríos verbales, pero jamás perdió el norte a la hora de vender sus cuadros o de conseguir la atención y el favor de los mecenas y poderosos. Salvador Dalí fue, sin duda, un gran exhibicionista que controlaba perfectamente la puesta en escena de sus apariciones.
Esta imagen excéntrica y provocadora del personaje público, que le dará a conocer alrededor del mundo, queda totalmente en un segundo plano al descubrir una faceta del artista poco conocida y, sin embargo, indispensable para entender su obra: la importante influencia de la ciencia en ella.
La fascinación que Dalí sentía por las diferentes disciplinas científicas se convertirá en pasión, hasta el punto de que el artista va a trasladar al arte los principales descubrimientos del siglo XX. A través de su obra, podemos realizar un recorrido histórico por los grandes avances y acontecimientos científicos del pasado siglo.
Dalí tenía un alto conocimiento de la ciencia y el respeto de grandes investigadores y premios Nobel, con quienes mantenía frecuentes conversaciones. Le consideraban un amigo, cuyas opiniones tenían en cuenta. Sus intereses han quedado reflejados en su biblioteca, que cuenta con cientos de títulos de Física, Química, Matemáticas o Biología.
Pero esta fascinación de Dalí por la ciencia también va a motivar el interés de los científicos por el pintor. Los grandes científicos, como los grandes artistas, quieren que la ciencia y el arte vayan de la mano: es el viejo sueño pitagórico. En muchos casos, no es el artista el que demande audiencia a los investigadores, sino que son estos últimos los que, sorprendidos por los conocimientos de Dalí, van a ponerse en contacto con él. Es el caso de James Watson, descubridor de la molécula del ADN que dejó a Dalí en un hotel una nota con el texto «el segundo hombre más inteligente del mundo quiere conocer al primero».
En 1975, Thomas Banchoff, un famoso geómetra y profesor de la Universidad de Brown, posó con el cuadro de Dalí 'Cristo hipercúbico' para ilustrar un artículo suyo sobre la cuarta dimensión, publicado en el Washington Post. De ahí surge una larga amistad y colaboración que duró hasta la muerte del pintor. Banchoff, especialista en la representación visual de objetos de cuatro o más dimensiones, visitaba a Dalí regularmente y le mostraba superficies construidas por ordenador que entusiasmaban al pintor y que luego Dalí utilizaría en sus cuadros.
En muy pocos casos se aprecia con tanta nitidez en un artista la fructífera relación entre arte y ciencia. Su interés se nutre de los campos más diversos. La microfísica y las partículas elementales inspiran, entre otros, sus cuadros 'Galatea de las esferas' o 'Madonna Corpuscular'. Los modelos atómicos le llevan a pintar granadas o sandías que simbolizan el átomo. Es el caso de los cuadros 'Desmaterialización de la nariz de Nerón', 'Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada', 'Átomus o Equilibrio intra-atómico de una pluma de cisne'. Las estructuras moleculares de los ácidos nucleicos le llevan a pintar, entre otros, 'Galadesoxirribonucleacid', 'La escalera de Jacob', o su 'Homenaje a Crick y Watson', descubridores del ADN. La teoría de la deriva de los continentes del matemático René Thom le inspira 'Rapto topológico de Europa'.
Su interés por la morfología animal y vegetal le lleva a descubrir la proporción áurea y las espirales áureas y logarítmicas, por las que queda fascinado. Mariposas, hormigas, saltamontes y abejas son insectos que morfológicamente adoptan la proporción áurea: el tamaño del abdomen, dividido entre el del tórax, es el mismo que el del tórax dividido entre la cabeza, el número de oro F. Estos insectos son una constante en los cuadros de Dalí, así como los girasoles y los cuernos de rinoceronte, modelos de espirales que repite y repite en sus cuadros. Su fascinación por las espirales le lleva a decir que es la curva más perfecta que existe; y utiliza también la espiral en la composición de muchos de sus cuadros como El juego lúgubre o Naturaleza muerta viva.
Esta no es una actitud frecuente entre los artistas de nuestro tiempo. ¿A cuántos pintores actuales les interesa la ciencia? Y ¿cuántos la introducen de manera verosímil en su creación pictórica?
Dalí, en esto al menos, es un claro ejemplo a seguir. Hasta su muerte se mantuvo al día de la actualidad científica.
Con el mostacho engominado, revestido con una túnica adornada con la corona de marqués y bordada con un friso que representa la doble espiral del ADN -que él consideraba la molécula de la inmortalidad- el marqués de Púbol, Dalí, reposa en la cripta excavada bajo la cúpula de cristal de su museo de Figueres.
Horario:
de 11:00 a 14:00
y de 18:00 a 21:00
La supuesta locura de Salvador Dalí era, en realidad, una habilísima forma de apoyar la imagen de marca que le mantuvo durante décadas en el candelero del mundo del arte y de la alta sociedad internacional. Era, a todas luces, una locura controlada, porque Dalí podía abandonarse a todo tipo de desvaríos verbales, pero jamás perdió el norte a la hora de vender sus cuadros o de conseguir la atención y el favor de los mecenas y poderosos. Salvador Dalí fue, sin duda, un gran exhibicionista que controlaba perfectamente la puesta en escena de sus apariciones.
Esta imagen excéntrica y provocadora del personaje público, que le dará a conocer alrededor del mundo, queda totalmente en un segundo plano al descubrir una faceta del artista poco conocida y, sin embargo, indispensable para entender su obra: la importante influencia de la ciencia en ella.
La fascinación que Dalí sentía por las diferentes disciplinas científicas se convertirá en pasión, hasta el punto de que el artista va a trasladar al arte los principales descubrimientos del siglo XX. A través de su obra, podemos realizar un recorrido histórico por los grandes avances y acontecimientos científicos del pasado siglo.
Dalí tenía un alto conocimiento de la ciencia y el respeto de grandes investigadores y premios Nobel, con quienes mantenía frecuentes conversaciones. Le consideraban un amigo, cuyas opiniones tenían en cuenta. Sus intereses han quedado reflejados en su biblioteca, que cuenta con cientos de títulos de Física, Química, Matemáticas o Biología.
Pero esta fascinación de Dalí por la ciencia también va a motivar el interés de los científicos por el pintor. Los grandes científicos, como los grandes artistas, quieren que la ciencia y el arte vayan de la mano: es el viejo sueño pitagórico. En muchos casos, no es el artista el que demande audiencia a los investigadores, sino que son estos últimos los que, sorprendidos por los conocimientos de Dalí, van a ponerse en contacto con él. Es el caso de James Watson, descubridor de la molécula del ADN que dejó a Dalí en un hotel una nota con el texto «el segundo hombre más inteligente del mundo quiere conocer al primero».
En 1975, Thomas Banchoff, un famoso geómetra y profesor de la Universidad de Brown, posó con el cuadro de Dalí 'Cristo hipercúbico' para ilustrar un artículo suyo sobre la cuarta dimensión, publicado en el Washington Post. De ahí surge una larga amistad y colaboración que duró hasta la muerte del pintor. Banchoff, especialista en la representación visual de objetos de cuatro o más dimensiones, visitaba a Dalí regularmente y le mostraba superficies construidas por ordenador que entusiasmaban al pintor y que luego Dalí utilizaría en sus cuadros.
En muy pocos casos se aprecia con tanta nitidez en un artista la fructífera relación entre arte y ciencia. Su interés se nutre de los campos más diversos. La microfísica y las partículas elementales inspiran, entre otros, sus cuadros 'Galatea de las esferas' o 'Madonna Corpuscular'. Los modelos atómicos le llevan a pintar granadas o sandías que simbolizan el átomo. Es el caso de los cuadros 'Desmaterialización de la nariz de Nerón', 'Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada', 'Átomus o Equilibrio intra-atómico de una pluma de cisne'. Las estructuras moleculares de los ácidos nucleicos le llevan a pintar, entre otros, 'Galadesoxirribonucleacid', 'La escalera de Jacob', o su 'Homenaje a Crick y Watson', descubridores del ADN. La teoría de la deriva de los continentes del matemático René Thom le inspira 'Rapto topológico de Europa'.
Su interés por la morfología animal y vegetal le lleva a descubrir la proporción áurea y las espirales áureas y logarítmicas, por las que queda fascinado. Mariposas, hormigas, saltamontes y abejas son insectos que morfológicamente adoptan la proporción áurea: el tamaño del abdomen, dividido entre el del tórax, es el mismo que el del tórax dividido entre la cabeza, el número de oro F. Estos insectos son una constante en los cuadros de Dalí, así como los girasoles y los cuernos de rinoceronte, modelos de espirales que repite y repite en sus cuadros. Su fascinación por las espirales le lleva a decir que es la curva más perfecta que existe; y utiliza también la espiral en la composición de muchos de sus cuadros como El juego lúgubre o Naturaleza muerta viva.
Esta no es una actitud frecuente entre los artistas de nuestro tiempo. ¿A cuántos pintores actuales les interesa la ciencia? Y ¿cuántos la introducen de manera verosímil en su creación pictórica?
Dalí, en esto al menos, es un claro ejemplo a seguir. Hasta su muerte se mantuvo al día de la actualidad científica.
Con el mostacho engominado, revestido con una túnica adornada con la corona de marqués y bordada con un friso que representa la doble espiral del ADN -que él consideraba la molécula de la inmortalidad- el marqués de Púbol, Dalí, reposa en la cripta excavada bajo la cúpula de cristal de su museo de Figueres.