27/11/2012
¿Quién puede matar a un niño?
📍 C.M.U. Pablo Serrano -Teruel-
“Cine de terror español”
¿Quién puede matar a un niño?
de Narciso Ibáñez Serrador. 112 min. 1976, España
Dirección: Narciso Ibáñez Serrador.
Guión: Luis Peñafiel (Narciso Ibáñez Serrador) basado en la novela “El juego de los niños” de Juan José Plans.
Fotografía: José Luis Alcaine.
Música: Waldo de los Ríos.
Decorados: Ramiro Gómez.
Montaje: Juan Serra y Antonio
Ramírez de Loaysa.
Intérpretes: Lewis Fiander, Prunella Ransome, Antonio Iranzo, Miguel Narros, María Luisa Arias, Marisa Porcel, Juan Cazalilla, Luis Ciges, Antonio Canal, Aparicio Rivero.
Sinopsis:
Tom y Evelyn, un matrimonio inglés de clase media, viaja a España de vacaciones. Buscando el
descanso y la tranquilidad se acercan en barca a una isla que Tom ya conocía y quiere mostrar a su
esposa embarazada. Cuando llegan a la isla van observando que los únicos habitantes con los que
tropiezan son niños y comienzan a constatar trágicamente la ausencia de adultos. En aquella isla del Mediterráneo, solitaria, alejada de ambos continentes, la generación más joven, los niños, han sufrido posiblemente por su selección natural una mutación genética que le induce, por defensa
ecológica, a eliminar a los adultos.
Segundo largometraje del realizador Narciso Ibáñez Serrador. El guion, del propio Ibáñez Serrador bajo el seudónimo Luis Peñafiel, adapta la novela El juego de los niños (1976), de Juan José Plans. Se rueda en escenarios naturales de Ciruelos (Toledo), Almuñécar (Granada), Menorca (I. Baleares) y Sitges (Barcelona), con un presupuesto ajustado. Gana el premio de la crítica del Festival de Cine Fantástico de Avoriaz. Producido por Manuel Salvador para Penta Films, se estrena el 26-IV-1976 (España).
La acción dramática tiene lugar en la población costera imaginaria de Benavís, del Levante español, y en Almanzora, isla mediterránea de ficción situada a unas 20 millas de la costa. La acción se desarrolla a lo largo de los días de vacaciones estivales de una joven pareja británica de clase media.
Tom (Fiander) y Evelyn (Ransome), casados desde hace unos 4 años, padres de 2 hijos y a la espera del tercero, se toman 15 días de vacaciones veraniegas que proyectan pasar en la localidad costera de Benavís. Desean disfrutar de sol, playa y tranquilidad. Benavís resulta muy bulliciosa, por lo que alquilan una barca y van a la isla Almanzora. Evelyn está embarazada de 7 meses. Tom conoce la isla porque estuvo allí cuando era niño. El film suma suspense, horror psicológico y misterio. Los créditos iniciales se superponen a imágenes que muestran cómo las guerras y el hambre se han ensañado do modo particularmente grave con los niños y niñas del mundo en los
últimos 25 años (1940-75). Se ofrecen imágenes escalofriantes del Holocausto nazi y de las guerras de Corea, Vietnam y Biafra, extraídas de reportajes y noticiarios filmados de época. El relato de ficción se ambienta en el Levante español y en la costa mediterránea durante el verano de 1975, en parajes de gran belleza natural, de luz y sol abundantes y de animadas fiestas populares. Todo habla de normalidad, vacaciones estivales, baños de mar, juegos en la arena y animación festiva. En este marco paradisíaco salta la sorpresa que enfrenta a la pareja con la realidad de una isla, relativamente alejada y aislada, en la que sólo hay niños. La actitud de los niños, general y no discutida por ninguno de ellos, se debe a causas no conocidas, relacionadas probablemente con una mutación biológica de autodefensa, muy contagiosa, que se activa a través de la mirada o el simple contacto físico. La cinta incluye guiños hitchcockianos, referencias cinéfilas (La dolce vita y Los pájaros), un cameo del realizador, un catálogo de los atractivos turísticos del país. Son escenas
destacadas la del juego de la “piñata”, la de los niños que cierran en silencio el paso del jeep por las calles del pueblo, la descripción de las extrañas heridas de arma blanca de la niña rescatada en la playa, la conversación final de Lourdes y el chico que lidera el grupo de niños de la isla.
La película propone al espectador una reflexión sobre la crueldad de la guerra y sus efectos devastadores en personas y, de modo especialmente grave, en los niños; sobre el arraigo y extensión del hambre y la miseria en el mundo y su incidencia particularmente dolorosa entre los
niños; sobre la transmisión a los niños por parte de los mayores de pautas de conducta basadas en la violencia y la insolidaridad; sobre los altos niveles de aceptación de pautas de comportamientos colectivos inspiradas en la discriminación, la marginación y la exclusión; sobre el injusto reparto mundial de la sanidad, la educación y la renta; sobre los altos índices internacionales de vulneración
de los derechos humanos y sobre todo de los derechos de la infancia; sobre los niveles escalofriantes de explotación de niños como soldados o guerrilleros, como mano de obra forzada o barata y como objeto de tráfico de personas y órganos.
La música, de Waldo de los Ríos, se basa en ecos y tarareos infantiles inquietantes. La fotografía, de José Luis Alcaine, en color y escope, con sabor de filmación televisiva, ofrece imágenes de postal turística, planos llenos de simbolismo (barca solitaria camino de Almanzora) y fugaces tomas de
imágenes perturbadoras. Película modesta, de narración lenta y mejorable, con algunas deficiencias y defectos, pero que entretiene, impresiona y estremece.
http://www.filmaffinity.com/es/review/97585342.html
Más información en:
http://www.pasadizo.com/index.php/component/peliculas /?view=peliculas&id=127&type=critica
¿Quién puede matar a un niño?
de Narciso Ibáñez Serrador. 112 min. 1976, España
Dirección: Narciso Ibáñez Serrador.
Guión: Luis Peñafiel (Narciso Ibáñez Serrador) basado en la novela “El juego de los niños” de Juan José Plans.
Fotografía: José Luis Alcaine.
Música: Waldo de los Ríos.
Decorados: Ramiro Gómez.
Montaje: Juan Serra y Antonio
Ramírez de Loaysa.
Intérpretes: Lewis Fiander, Prunella Ransome, Antonio Iranzo, Miguel Narros, María Luisa Arias, Marisa Porcel, Juan Cazalilla, Luis Ciges, Antonio Canal, Aparicio Rivero.
Sinopsis:
Tom y Evelyn, un matrimonio inglés de clase media, viaja a España de vacaciones. Buscando el
descanso y la tranquilidad se acercan en barca a una isla que Tom ya conocía y quiere mostrar a su
esposa embarazada. Cuando llegan a la isla van observando que los únicos habitantes con los que
tropiezan son niños y comienzan a constatar trágicamente la ausencia de adultos. En aquella isla del Mediterráneo, solitaria, alejada de ambos continentes, la generación más joven, los niños, han sufrido posiblemente por su selección natural una mutación genética que le induce, por defensa
ecológica, a eliminar a los adultos.
Segundo largometraje del realizador Narciso Ibáñez Serrador. El guion, del propio Ibáñez Serrador bajo el seudónimo Luis Peñafiel, adapta la novela El juego de los niños (1976), de Juan José Plans. Se rueda en escenarios naturales de Ciruelos (Toledo), Almuñécar (Granada), Menorca (I. Baleares) y Sitges (Barcelona), con un presupuesto ajustado. Gana el premio de la crítica del Festival de Cine Fantástico de Avoriaz. Producido por Manuel Salvador para Penta Films, se estrena el 26-IV-1976 (España).
La acción dramática tiene lugar en la población costera imaginaria de Benavís, del Levante español, y en Almanzora, isla mediterránea de ficción situada a unas 20 millas de la costa. La acción se desarrolla a lo largo de los días de vacaciones estivales de una joven pareja británica de clase media.
Tom (Fiander) y Evelyn (Ransome), casados desde hace unos 4 años, padres de 2 hijos y a la espera del tercero, se toman 15 días de vacaciones veraniegas que proyectan pasar en la localidad costera de Benavís. Desean disfrutar de sol, playa y tranquilidad. Benavís resulta muy bulliciosa, por lo que alquilan una barca y van a la isla Almanzora. Evelyn está embarazada de 7 meses. Tom conoce la isla porque estuvo allí cuando era niño. El film suma suspense, horror psicológico y misterio. Los créditos iniciales se superponen a imágenes que muestran cómo las guerras y el hambre se han ensañado do modo particularmente grave con los niños y niñas del mundo en los
últimos 25 años (1940-75). Se ofrecen imágenes escalofriantes del Holocausto nazi y de las guerras de Corea, Vietnam y Biafra, extraídas de reportajes y noticiarios filmados de época. El relato de ficción se ambienta en el Levante español y en la costa mediterránea durante el verano de 1975, en parajes de gran belleza natural, de luz y sol abundantes y de animadas fiestas populares. Todo habla de normalidad, vacaciones estivales, baños de mar, juegos en la arena y animación festiva. En este marco paradisíaco salta la sorpresa que enfrenta a la pareja con la realidad de una isla, relativamente alejada y aislada, en la que sólo hay niños. La actitud de los niños, general y no discutida por ninguno de ellos, se debe a causas no conocidas, relacionadas probablemente con una mutación biológica de autodefensa, muy contagiosa, que se activa a través de la mirada o el simple contacto físico. La cinta incluye guiños hitchcockianos, referencias cinéfilas (La dolce vita y Los pájaros), un cameo del realizador, un catálogo de los atractivos turísticos del país. Son escenas
destacadas la del juego de la “piñata”, la de los niños que cierran en silencio el paso del jeep por las calles del pueblo, la descripción de las extrañas heridas de arma blanca de la niña rescatada en la playa, la conversación final de Lourdes y el chico que lidera el grupo de niños de la isla.
La película propone al espectador una reflexión sobre la crueldad de la guerra y sus efectos devastadores en personas y, de modo especialmente grave, en los niños; sobre el arraigo y extensión del hambre y la miseria en el mundo y su incidencia particularmente dolorosa entre los
niños; sobre la transmisión a los niños por parte de los mayores de pautas de conducta basadas en la violencia y la insolidaridad; sobre los altos niveles de aceptación de pautas de comportamientos colectivos inspiradas en la discriminación, la marginación y la exclusión; sobre el injusto reparto mundial de la sanidad, la educación y la renta; sobre los altos índices internacionales de vulneración
de los derechos humanos y sobre todo de los derechos de la infancia; sobre los niveles escalofriantes de explotación de niños como soldados o guerrilleros, como mano de obra forzada o barata y como objeto de tráfico de personas y órganos.
La música, de Waldo de los Ríos, se basa en ecos y tarareos infantiles inquietantes. La fotografía, de José Luis Alcaine, en color y escope, con sabor de filmación televisiva, ofrece imágenes de postal turística, planos llenos de simbolismo (barca solitaria camino de Almanzora) y fugaces tomas de
imágenes perturbadoras. Película modesta, de narración lenta y mejorable, con algunas deficiencias y defectos, pero que entretiene, impresiona y estremece.
http://www.filmaffinity.com/es/review/97585342.html
Más información en:
http://www.pasadizo.com/index.php/component/peliculas /?view=peliculas&id=127&type=critica