12/02/2013 – 10/03/2013
Experiencias de la Modernidad: Arte Español 1916 – 1956
📍 Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
En esta exposición se podrán contemplar una selección de unas 70 piezas, entre pinturas, esculturas y dibujos, pertenecientes a la Colección Arte Contemporáneo. Salvador Dalí, Joan Miró, Benjamín Palencia, Rafael Barradas, Maruja Mallo, Pablo Gargallo, Julio González, Antoni Tàpies y Ángel Ferrant son algunos de los cincuenta y un artistas presentes en la muestra.
El primer espacio está dedicado a las relaciones entre «novecentismo» y «vanguardia», articulando el ámbito temporal trazado entre 1916 y 1956.
El segundo espacio, cronológicamente situado entre 1925 y 1933, plantea las alternativas entre las «poéticas de lo real» y las propuestas que, desde la «figuración lírica», configuran la matriz de las «poéticas del signo y la superficie».
El tercer ámbito está dedicado a las «poéticas de lo telúrico», de amplia implantación en la creación española. Las «poéticas de lo telúrico» comenzaron a prefigurarse en torno a 1929 y se extendieron hasta principios de la década de 1950.
En el proyecto, el cuarto espacio de las salas de exposiciones de la Real Academia muestra lo que podemos denominar las «poéticas de la forma», extendidas a la comprensión del «arte como objeto»; propuestas surgidas en las décadas de 1930 y 1940.
Y, por último, el quinto espacio expositivo está dedicado a las variables de las sensibilidades plásticas españolas que caminan de la herencia del «Arte Nuevo» hacia una nueva época.
La Asociación Colección Arte Contemporáneo agrupa a 22 empresas que han ido adquiriendo durante 25 años obras de arte contemporáneo español para formar una colección necesaria en nuestro país.
La relación de las artes plásticas españolas con la Modernidad —con la Modernidad en su sentido pleno o transformador— ha sido compleja, fluctuante y diversa, especialmente en el momento fundador de la Modernidad misma.
Las aportaciones de Pablo Picasso, Juan Gris, Joan Miró y Salvador Dalí situaron líneas de referencia de primer orden en la experiencia internacional del Arte Moderno.
Pero junto a ellos —en diversos lugares y circunstancias— un nutrido grupo de creadores desarrolló un intenso aliento de actividades que llegó a tejer una red de posibilidades y conexiones. Y fueron estos otros creadores los que, en sucesivos momentos de actividad, desarrollaron y construyeron la experiencia de lo moderno en los variados y diversos espacios de la actividad artística española.
Desde comienzos de la década de 1980, la capacidad de recuperación de esta otra experiencia española de la Modernidad ha sido constante y ascendente. Pero solo la posibilidad de formar una colección, reflexionando ante la presencia de las obras concretas, esclarece las premisas de análisis y comprensión del arte español del siglo XX —especialmente del arte español de la primera mitad del siglo XX— de tal modo que puede decirse que, en la actualidad, y tras 25 años de labor, sólo la Colección Arte Contemporáneo ha reunido un conjunto de piezas significativo y suficiente como para ofrecer una imagen adecuada de la más decisiva vinculación del arte español con la Modernidad.
Hoy en día, al nombrar la Modernidad artística sabemos que el singular del nombre encierra un contenido plural. No deberíamos hablar de «la Modernidad» sino de «las Modernidades». También sabemos que la Modernidad plural no tiene un origen único sino varios puntos de partida y que no existe una única narrativa capaz de articular todos los relatos que son necesarios plantear en torno a la experiencia de lo moderno.
Pero aún desde esta conciencia, la Colección Arte Contemporáneo decidió plantear desde el primer momento una« focalización preferente», situando su punto de partida cronológico a finales de la década de 1910, momento en el que surge una clara voluntad de renovación plástica en el interior de la geografía española cuyo referente o paradigma se situaba en la fractura del sentido de lo artístico comenzado a fraguar en la experiencia europea a principios del siglo XX.
Hacia 1916 ó 1917 se dan en el interior de la geografía española —con leves antecedentes— las primeras propuestas relacionadas con las llamadas «vanguardias históricas» y es en este momento cuando llega a su madurez la experiencia «novecentista» promovida preferentemente en el escenario catalán (el noucentisme) pero también identificable en los ámbitos artísticos situados en Madrid y en el País Vasco.
Comenzó entonces lo que los propios implicados llamaron «Arte Nuevo». La experiencia del «Arte Nuevo» se condujo modificando siempre sus propios márgenes y aspiraciones, pero las propuestas acogidas y promocionadas tendieron paulatinamente a una mayor exigencia en la definición de lo moderno, sobre todo en lo que concernía a los lenguajes plásticos empleados.
El «Arte Nuevo» tuvo un momento previo entre los años 1911 y 1916. Un segundo momento, de plena definición se dio entre los años 1916 y 1926. En esta década el «Arte Nuevo», como ya ha quedado anticipado, recogió la herencia de los primeros «ismos» del siglo XX y de los planteamientos «novecentistas», al tiempo que afrontó la presencia emergente (e incluso contradictoria) del llamado «retorno al orden» y del realismo moderno. En tercer lugar, la década comprendida entre 1926 y 1936 fue para el «Arte Nuevo» un momento de plenas realizaciones e internacionalización, ofreciendo entonces la renovación plástica española sus propuestas más originales, como por ejemplo, la ««figuración lírica», extendida a la «poética del signo y la superficie» y la «poética de lo telúrico», incluyendo la denominada «Escuela de Vallecas», que define de manera especial el sentido español de la modernidad plástica y que se extiende hacia la décadas de 1940 y 1950. Así mismo, en la década de 1930 se aportaron sugerentes «poéticas de la forma» y que también atravesaron los márgenes de la década de 1940. En estos años, además, los implicados en el «Arte Nuevo» fundaron o renovaron por completo, en España, el sentido institucional de las artes.
La Guerra Civil supuso un hiato y desde luego una trágica y momentánea fractura con lo elaborado hasta entonces, si bien en los aparatos de propaganda de los bandos contendientes, la presencia de artistas implicados en el «Arte Nuevo» dejó improntas evidentes.
El primer espacio está dedicado a las relaciones entre «novecentismo» y «vanguardia», articulando el ámbito temporal trazado entre 1916 y 1956.
El segundo espacio, cronológicamente situado entre 1925 y 1933, plantea las alternativas entre las «poéticas de lo real» y las propuestas que, desde la «figuración lírica», configuran la matriz de las «poéticas del signo y la superficie».
El tercer ámbito está dedicado a las «poéticas de lo telúrico», de amplia implantación en la creación española. Las «poéticas de lo telúrico» comenzaron a prefigurarse en torno a 1929 y se extendieron hasta principios de la década de 1950.
En el proyecto, el cuarto espacio de las salas de exposiciones de la Real Academia muestra lo que podemos denominar las «poéticas de la forma», extendidas a la comprensión del «arte como objeto»; propuestas surgidas en las décadas de 1930 y 1940.
Y, por último, el quinto espacio expositivo está dedicado a las variables de las sensibilidades plásticas españolas que caminan de la herencia del «Arte Nuevo» hacia una nueva época.
La Asociación Colección Arte Contemporáneo agrupa a 22 empresas que han ido adquiriendo durante 25 años obras de arte contemporáneo español para formar una colección necesaria en nuestro país.
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Exposición Experiencias de la Modernidad: Arte Español 1916 – 1956 Real Academia de Bellas Artes de San Fernando C/ Alcalá, 13. Madrid 12 de febrero de 2013 - 10 de marzo de 2013 Horario: De martes a sábado de 10 a 14 y de 17 a 20 horas Domingo y festivos de 10 a 14 horas Lunes cerrado Organizan: La Asociación Colección Arte Contemporáneo y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Entrada gratuita |
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La relación de las artes plásticas españolas con la Modernidad —con la Modernidad en su sentido pleno o transformador— ha sido compleja, fluctuante y diversa, especialmente en el momento fundador de la Modernidad misma.
Las aportaciones de Pablo Picasso, Juan Gris, Joan Miró y Salvador Dalí situaron líneas de referencia de primer orden en la experiencia internacional del Arte Moderno.
Pero junto a ellos —en diversos lugares y circunstancias— un nutrido grupo de creadores desarrolló un intenso aliento de actividades que llegó a tejer una red de posibilidades y conexiones. Y fueron estos otros creadores los que, en sucesivos momentos de actividad, desarrollaron y construyeron la experiencia de lo moderno en los variados y diversos espacios de la actividad artística española.
Desde comienzos de la década de 1980, la capacidad de recuperación de esta otra experiencia española de la Modernidad ha sido constante y ascendente. Pero solo la posibilidad de formar una colección, reflexionando ante la presencia de las obras concretas, esclarece las premisas de análisis y comprensión del arte español del siglo XX —especialmente del arte español de la primera mitad del siglo XX— de tal modo que puede decirse que, en la actualidad, y tras 25 años de labor, sólo la Colección Arte Contemporáneo ha reunido un conjunto de piezas significativo y suficiente como para ofrecer una imagen adecuada de la más decisiva vinculación del arte español con la Modernidad.
Hoy en día, al nombrar la Modernidad artística sabemos que el singular del nombre encierra un contenido plural. No deberíamos hablar de «la Modernidad» sino de «las Modernidades». También sabemos que la Modernidad plural no tiene un origen único sino varios puntos de partida y que no existe una única narrativa capaz de articular todos los relatos que son necesarios plantear en torno a la experiencia de lo moderno.
Pero aún desde esta conciencia, la Colección Arte Contemporáneo decidió plantear desde el primer momento una« focalización preferente», situando su punto de partida cronológico a finales de la década de 1910, momento en el que surge una clara voluntad de renovación plástica en el interior de la geografía española cuyo referente o paradigma se situaba en la fractura del sentido de lo artístico comenzado a fraguar en la experiencia europea a principios del siglo XX.
Hacia 1916 ó 1917 se dan en el interior de la geografía española —con leves antecedentes— las primeras propuestas relacionadas con las llamadas «vanguardias históricas» y es en este momento cuando llega a su madurez la experiencia «novecentista» promovida preferentemente en el escenario catalán (el noucentisme) pero también identificable en los ámbitos artísticos situados en Madrid y en el País Vasco.
Comenzó entonces lo que los propios implicados llamaron «Arte Nuevo». La experiencia del «Arte Nuevo» se condujo modificando siempre sus propios márgenes y aspiraciones, pero las propuestas acogidas y promocionadas tendieron paulatinamente a una mayor exigencia en la definición de lo moderno, sobre todo en lo que concernía a los lenguajes plásticos empleados.
El «Arte Nuevo» tuvo un momento previo entre los años 1911 y 1916. Un segundo momento, de plena definición se dio entre los años 1916 y 1926. En esta década el «Arte Nuevo», como ya ha quedado anticipado, recogió la herencia de los primeros «ismos» del siglo XX y de los planteamientos «novecentistas», al tiempo que afrontó la presencia emergente (e incluso contradictoria) del llamado «retorno al orden» y del realismo moderno. En tercer lugar, la década comprendida entre 1926 y 1936 fue para el «Arte Nuevo» un momento de plenas realizaciones e internacionalización, ofreciendo entonces la renovación plástica española sus propuestas más originales, como por ejemplo, la ««figuración lírica», extendida a la «poética del signo y la superficie» y la «poética de lo telúrico», incluyendo la denominada «Escuela de Vallecas», que define de manera especial el sentido español de la modernidad plástica y que se extiende hacia la décadas de 1940 y 1950. Así mismo, en la década de 1930 se aportaron sugerentes «poéticas de la forma» y que también atravesaron los márgenes de la década de 1940. En estos años, además, los implicados en el «Arte Nuevo» fundaron o renovaron por completo, en España, el sentido institucional de las artes.
La Guerra Civil supuso un hiato y desde luego una trágica y momentánea fractura con lo elaborado hasta entonces, si bien en los aparatos de propaganda de los bandos contendientes, la presencia de artistas implicados en el «Arte Nuevo» dejó improntas evidentes.