Portal de tu Ciudad Alta

22/03/2013 – 09/06/2013

Hiperrealismo 1967 - 2012

📍 Museo Thyssen-Bornemisza

A finales de los años 1960 surgió en Estados Unidos un grupo de artistas que pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana utilizando la fotografía como base para la realización de sus obras. La consagración del movimiento tuvo lugar en la Documenta de Kassel en 1972.

La exposición que presenta ahora el Museo Thyssen-Bornemisza plantea, por primera vez, una antología del Hiperrealismo desde los grandes maestros norteamericanos de la primera generación, como Richard Estes, John Baeder, Tom Blackwell, Don Eddy, Ralph Goings o Chuck Close, a su continuidad en Europa y al impacto en pintores de generaciones posteriores, hasta la actualidad. El Hiperrealismo no es un movimiento cerrado; hoy, más de cuarenta años después de su aparición, continúan en activo muchos de los pioneros del grupo y nuevos artistas utilizan la técnica fotorrealista en sus creaciones. Herramientas y motivos han evolucionado o cambiado con el tiempo pero, con su increíble definición y nitidez, las obras hiperrealistas continúan fascinando al público.

Paisajes urbanos, escaparates, restaurantes de comida rápida, últimos modelos de coches, relucientes motocicletas, máquinas de pinball, juguetes de hojalata, botes de kétchup,… fragmentos de la vida cotidiana, escenas banales y artículos de consumo convertidos en motivo artístico. Los principales asuntos que ocupan el interés de los pintores hiperrealistas están tomados del mundo que les rodea, de su propio entorno personal, dando visibilidad a lo cotidiano a través de su pintura.

Motivos intrascendentes que captan primero a través de la fotografía y que después trasladan al lienzo mediante un laborioso proceso, utilizando diversos recursos técnicos, como la proyección de diapositivas o el sistema de trama. Son obras generalmente de gran formato, pintadas con tal precisión y exactitud que los propios lienzos producen una impresión de calidad fotográfica, pero realizadas mediante un proceso creativo completamente opuesto a la inmediatez de la instantánea fotográfica.

Considerada como una forma objetiva de documentar el mundo, desde su invención, el uso de la fotografía como punto de partida de la pintura fue una práctica habitual de muchos pintores, aunque pocos lo reconocían. Tras la utilización pionera de la serigrafía por los artistas pop, como Warhol o Rauschenberg, fueron los primeros hiperrealistas los que empezaron a usar la fotografía sin  eparos, convirtiéndola así en un instrumento “legítimo”. Partían a veces de fotos de revistas o periódicos pero pronto empezaron a captar ellos mismos las imágenes, una o varias que luego  fusionaban en el cuadro. Las escenas tridimensionales se transforman en bidimensionales y quedan privadas de cualquier emoción; son instantes de realidad congelados en el tiempo y a menudo también sin la presencia de seres humanos. Les fascinan las superficies metálicas de cristales y espejos que permiten recrearse en las imágenes deformadas de sus reflejos.

Los pioneros del Hiperrealismo reflexionan sobre todo ello y lo convierten en el tema de sus cuadros, y lo hacen trabajando de forma más o menos aislada. Esta primera generación de hiperrealistas, a comienzos de los años 1960, es casi exclusivamente norteamericana; trabajan unos en la Costa Este, básicamente en Nueva York, o en la costa de California. Con algunas particularidades, sus temas muestran el estilo de vida americano, “the american way of life”. 

Automóviles, motocicletas, camiones, auto-caravanas…, los vehículos significan movilidad, libertad y, por tanto, son una parte muy representativa de la sociedad estadounidense y de cómo se ve a sí misma. Además, los materiales utilizados en carrocerías, llantas o parachoques y los reflejos que se producen al recibir la luz les resultan fascinantes. David Parrish resalta sus relucientes superficies que reflejan los rayos del sol; para Tom Blackwell la motocicleta es un objeto de culto y pinta detalles y fragmentos concretos muy ampliados; Ron Kleemann traslada su interés a los grandes vehículos agrícolas y camiones; Don Eddy se interesa durante un tiempo por el legendario Escarabajo, centrándose en representar la superficie reflectante de su carrocería.

Atraídos igualmente por plasmar la realidad cotidiana, los artistas de la segunda generación hiperrealista, que trabaja en los años 1980 y 1990, muestran un mayor interés por trasladar al lienzo  as fotografías con el máximo rigor en los detalles, incorporando a su trabajo las enormes posibilidades que les brindan las nuevas tecnologías digitales y fotográficas.

El italiano Anthony Brunelli fotografía los modelos con un objetivo gran angular, uniendo después varias imágenes en el lienzo; pinta así vistas urbanas de los diversos países en los que trabaja.  Robert Gnieweck se siente atraído por los paisajes urbanos principalmente al atardecer o de noche, le fascinan los espectáculos de luz nocturnos; Davis Cone lo hace con las salas de cine, dentro y fuera de la ciudad; y el francés Bertrand Meniel, a pesar de su origen, se interesa de nuevo por las grandes ciudades estadounidenses.

Los avances tecnológicos se notan en el resultado final de las obras, con una apariencia de mayor nitidez y detallismo. La escasa presencia de la figura humana, característica por otro lado bastante frecuente en el Hiperrealismo, aumenta la impresión de frialdad y distanciamiento.

Los artistas actuales, la tercera generación de hiperrealistas, trabajan con las cámaras digitales más modernas y consiguen llevar la pintura realista a otra dimensión, creando experiencias visuales completamente nuevas.

Absoluta nitidez, mayor precisión que la del ojo humano, convierten literalmente la imagen representada en un objeto “hiperreal”. Roberto Bernardi se centra en bodegones, Raphaella Spence toma fotografías desde helicópteros o rascacielos, Peter Maier se interesa fundamentalmente por la representación de superficies y Ben Johnson por las arquitecturas. Robert Neffson o el británico Clive Head se centran en la ciudad y sus habitantes.


     
  Hiperrealismo 1967-2012
Museo Thyssen-Bornemisza   -     Paseo del Prado 8


Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013

Horario:
De martes a domingo, de 10.00 a 19.00 horas. Sábados, de 10.00 a 21.00 horas. Último pase una hora antes del cierre.

Tarifas:
Exposición temporal:
- Entrada general: 8 €
- Entrada reducida: 5,50 € para mayores de 65 años, pensionistas, estudiantes previa acreditación y
familias numerosas.
- Entrada gratuita: Menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo.
Exposición temporal + Colección Permanente:
- Entrada general: 12 €
- Entrada reducida: 7,5 €
- Entrada gratuita: menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo.

Venta anticipada de entradas en taquillas, en la web del Museo y en el 902 760 511.

Número de obras: 50


Organiza: The Institut für Kulturaustausch (Instituto para el Intercambio Cultural de Alemania). Sedes y  fechas:Tubinga, Kunsthalle, del 8 de diciembre de 2012 al 10 de marzo de 2013; Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, del 22 de marzo al 9 de junio de 2013; Birmingham Museum & Art Gallery, del 30 de noviembre de  2013 al 30 de marzo de 2014.
Comisario: Otto Letze, director del Institut für Kulturaustausch.
Coordinación: Blanca Uría, Área de Conservación del Museo Thyssen-Bornemisza.
 
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