05/07/2013 – 07/07/2013
Ferias y mercados en Cataluña s. XV d. C. - s. XXI d. C.
En Cataluña hay ferias y mercados especializados en todo tipo de productos y para un amplio abanico de público. Los hay de productos alimenticios, pero también de hierbas curativas o de artesanía navideña. Un fenómeno contemporáneo son las ferias de temática cultural y artística dirigidas a los ‘compradores’ de las artes escénicas.
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En torno a las ferias y mercados se reúnen profesionales, fabricantes, comerciantes y artesanos que venden su amplio abanico de productos a todo tipo de público. Pero lo cierto es que la función de compra y venta no es la única que han tenido las ferias y los mercados a lo largo de la historia. Estas concentraciones de mercaderes y potenciales compradores también han servido para que personas que no se conocían iniciaran relaciones y contactos, para que se cerraran y confirmaran pactos, para realizar celebraciones religiosas, algunas muy aparatosas y ostentosas, o han acabado convirtiéndose en fiestas mayores. Un ejemplo de que una concentración de personas en una fecha señalada puede acabar convirtiéndose en algo muy diferente del intercambio comercial es la Feria de Mayo de Vilafranca del Penedès, también conocida como la Feria de los Enamorados.
Una buena parte de los mercados que se celebran semanalmente en muchas poblaciones catalanas, que incluso han bautizado muchas de sus plazas con el nombre de ‘Mercadal’, nacieron en las encrucijadas de antiguos caminos y son mercados autorizados por decretos reales de muchos siglos de antigüedad. El hecho de que la villa recibiera la gracia real para poder organizar una feria propia era un síntoma evidente del crecimiento y desarrollo de la población. Eran y son mercados de todo tipo de productos alimenticios, de ganado, de herramientas, de ropa, de utensilios para el hogar, de productos de temporada (llevaban y siguen llevando las ‘modas’) o de productos importados de lejos. Estas ferias y mercados permitían a la población ejercer una cierta capitalidad territorial de alcance comarcal.
Estas concesiones reales eran muy importantes y las ciudades y pueblos, incluso, podían aplicar un impuesto económico a los vendedores de producto que llegaban de fuera de la villa. Así, se originaba un equilibrio en las balanzas fiscales para regular los precios y las recaudaciones.
Se pueden citar muchas de estas ferias de todo tipo de productos, pero destacan el Mercado del Ramo de Vic (Sábado de Ramos) y la Feria de la Candelaria de Molins de Rei (primer fin de semana de febrero).
A lo largo del tiempo han surgido ferias temáticas y especializadas en productos concretos. Por ejemplo, en las Ferias de Santa Lucía, los puesteros ofrecen días antes de Navidad todo lo necesario para decorar el hogar y construir el pesebre. En la Feria de San Ponce, que tiene lugar en Barcelona y en otras poblaciones, hay todo tipo de hierbas curativas y fruta confitada, y en las numerosas ferias que se celebran por San Jorge por toda Cataluña hay todo tipo de libros y rosas para regalar a las personas queridas.
La aparición de otras ferias más dedicadas a productos concretos se ha ido convirtiendo en motivo de promoción económica, turística y cultural de muchas poblaciones. Por ejemplo, la Feria del Abeto de Espinelves, la del Gallo del Prat de Llobregat, la del Botijo en Argentona, la de Cerámica en Verdú, la del Vino del Priorato en Falset o la Feria de Esquilada de Ovejas en Sort... En definitiva, hay ferias dedicadas a todo tipo de productos y para todo tipo de públicos.
En los últimos años han aparecido ferias y mercados de aparatos de telefonía móvil, de viviendas a bajo precio o de inventos robóticos de todo tipo. Son ferias populares, porque, en el fondo, aunque la imagen externa es diferente, tienen la misma función que las ferias con siglos de historia: se adaptan a la sociedad del momento y en su entorno se producen todo tipo de relaciones humanas y culturales.
Un punto y aparte son las ferias y mercados medievales que se han ido implantando en numerosas poblaciones catalanas. El hecho de disfrazarse más o menos con un vestuario de época (de dudosa estética medievalista), organizar competiciones ecuestres y luchas de espadas y llenar las calles de puestos de artesanos y de aprovisionamiento gastronómico, ha sido un buen revulsivo dinamizador. Incluso para poblaciones que conservan muy poco patrimonio de una época falsamente idealizada.
Otro fenómeno nuevo son las ferias de temática cultural y artística dirigidas a los ‘compradores’ de las artes escénicas. Es el caso de las ferias de Tàrrega, Vic, Igualada y Manresa, que con el paso de los años han ido ganando un prestigio y una solidez inimaginables dos décadas atrás.
La Feria de Teatro en la Calle de Tàrrega se celebra cada año, durante el segundo fin de semana de septiembre. Durante dos días, el municipio se convierte en un inmenso escenario teatral y hay funciones en las calles y plazas y en los espacios cerrados convenientemente habilitados. Creada en 1981, se trata, sin duda, de la feria cultural pionera en el ámbito teatral y es una de las más relevantes a nivel internacional.
El Mercado de Música Viva de Vic está dirigido a profesionales de la música, productores, empresarios, discográficas y periodistas especializados. Se celebra desde el año 1989, el tercer fin de semana de septiembre, y dura cuatro días. Actualmente es el principal escaparate de la producción musical catalana, española e internacional. A un ritmo muy intenso se suceden cerca de un centenar de conciertos y numerosas jornadas técnicas y congresos en un gran recinto ferial.
La Muestra Feria de Teatro Infantil y Juvenil de Igualada nació en 1990, impulsada por el ‘Moviment Rialles de Catalunya’ en su inicio, y desde 1995 la gestiona la Fundació Xarxa. Es a partir del año 2006 cuando, por voluntad del Instituto Catalán de las Industrias Culturales de la Generalidad de Cataluña, con el apoyo del Ayuntamiento de Igualada y el compromiso de la Fundació Xarxa y de la asociación Rialles, se unifican los esfuerzos para crear una sola Feria que aglutine a todos el profesionales del sector de espectáculos familiares. El objetivo básico de esta fusión es, además de dotar de programación a los municipios de Cataluña, intentar abrir el mercado de las compañías catalanas tanto al resto del estado como internacionalmente.
La Feria de Espectáculos de Raíz Tradicional Mediterránea de Manresa es un mercado artístico que se organiza anualmente el fin de semana más próximo a San Martín (primer o segundo fin de semana de noviembre). En un principio fue creada para que sirviera de herramienta dinamizadora de las muchas entidades asociativas catalanas que sostienen la cultura tradicional de todos los ámbitos artísticos (teatro, música, danza, dinámicas de calle...). No obstante, al cabo de pocos años de existencia amplió sus horizontes a toda el área geográfica del Mediterráneo, siempre con el punto de mira centrado en las producciones artísticas de raíz tradicional.
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En torno a las ferias y mercados se reúnen profesionales, fabricantes, comerciantes y artesanos que venden su amplio abanico de productos a todo tipo de público. Pero lo cierto es que la función de compra y venta no es la única que han tenido las ferias y los mercados a lo largo de la historia. Estas concentraciones de mercaderes y potenciales compradores también han servido para que personas que no se conocían iniciaran relaciones y contactos, para que se cerraran y confirmaran pactos, para realizar celebraciones religiosas, algunas muy aparatosas y ostentosas, o han acabado convirtiéndose en fiestas mayores. Un ejemplo de que una concentración de personas en una fecha señalada puede acabar convirtiéndose en algo muy diferente del intercambio comercial es la Feria de Mayo de Vilafranca del Penedès, también conocida como la Feria de los Enamorados.
Una buena parte de los mercados que se celebran semanalmente en muchas poblaciones catalanas, que incluso han bautizado muchas de sus plazas con el nombre de ‘Mercadal’, nacieron en las encrucijadas de antiguos caminos y son mercados autorizados por decretos reales de muchos siglos de antigüedad. El hecho de que la villa recibiera la gracia real para poder organizar una feria propia era un síntoma evidente del crecimiento y desarrollo de la población. Eran y son mercados de todo tipo de productos alimenticios, de ganado, de herramientas, de ropa, de utensilios para el hogar, de productos de temporada (llevaban y siguen llevando las ‘modas’) o de productos importados de lejos. Estas ferias y mercados permitían a la población ejercer una cierta capitalidad territorial de alcance comarcal.
Estas concesiones reales eran muy importantes y las ciudades y pueblos, incluso, podían aplicar un impuesto económico a los vendedores de producto que llegaban de fuera de la villa. Así, se originaba un equilibrio en las balanzas fiscales para regular los precios y las recaudaciones.
Se pueden citar muchas de estas ferias de todo tipo de productos, pero destacan el Mercado del Ramo de Vic (Sábado de Ramos) y la Feria de la Candelaria de Molins de Rei (primer fin de semana de febrero).
A lo largo del tiempo han surgido ferias temáticas y especializadas en productos concretos. Por ejemplo, en las Ferias de Santa Lucía, los puesteros ofrecen días antes de Navidad todo lo necesario para decorar el hogar y construir el pesebre. En la Feria de San Ponce, que tiene lugar en Barcelona y en otras poblaciones, hay todo tipo de hierbas curativas y fruta confitada, y en las numerosas ferias que se celebran por San Jorge por toda Cataluña hay todo tipo de libros y rosas para regalar a las personas queridas.
La aparición de otras ferias más dedicadas a productos concretos se ha ido convirtiendo en motivo de promoción económica, turística y cultural de muchas poblaciones. Por ejemplo, la Feria del Abeto de Espinelves, la del Gallo del Prat de Llobregat, la del Botijo en Argentona, la de Cerámica en Verdú, la del Vino del Priorato en Falset o la Feria de Esquilada de Ovejas en Sort... En definitiva, hay ferias dedicadas a todo tipo de productos y para todo tipo de públicos.
En los últimos años han aparecido ferias y mercados de aparatos de telefonía móvil, de viviendas a bajo precio o de inventos robóticos de todo tipo. Son ferias populares, porque, en el fondo, aunque la imagen externa es diferente, tienen la misma función que las ferias con siglos de historia: se adaptan a la sociedad del momento y en su entorno se producen todo tipo de relaciones humanas y culturales.
Un punto y aparte son las ferias y mercados medievales que se han ido implantando en numerosas poblaciones catalanas. El hecho de disfrazarse más o menos con un vestuario de época (de dudosa estética medievalista), organizar competiciones ecuestres y luchas de espadas y llenar las calles de puestos de artesanos y de aprovisionamiento gastronómico, ha sido un buen revulsivo dinamizador. Incluso para poblaciones que conservan muy poco patrimonio de una época falsamente idealizada.
Otro fenómeno nuevo son las ferias de temática cultural y artística dirigidas a los ‘compradores’ de las artes escénicas. Es el caso de las ferias de Tàrrega, Vic, Igualada y Manresa, que con el paso de los años han ido ganando un prestigio y una solidez inimaginables dos décadas atrás.
La Feria de Teatro en la Calle de Tàrrega se celebra cada año, durante el segundo fin de semana de septiembre. Durante dos días, el municipio se convierte en un inmenso escenario teatral y hay funciones en las calles y plazas y en los espacios cerrados convenientemente habilitados. Creada en 1981, se trata, sin duda, de la feria cultural pionera en el ámbito teatral y es una de las más relevantes a nivel internacional.
El Mercado de Música Viva de Vic está dirigido a profesionales de la música, productores, empresarios, discográficas y periodistas especializados. Se celebra desde el año 1989, el tercer fin de semana de septiembre, y dura cuatro días. Actualmente es el principal escaparate de la producción musical catalana, española e internacional. A un ritmo muy intenso se suceden cerca de un centenar de conciertos y numerosas jornadas técnicas y congresos en un gran recinto ferial.
La Muestra Feria de Teatro Infantil y Juvenil de Igualada nació en 1990, impulsada por el ‘Moviment Rialles de Catalunya’ en su inicio, y desde 1995 la gestiona la Fundació Xarxa. Es a partir del año 2006 cuando, por voluntad del Instituto Catalán de las Industrias Culturales de la Generalidad de Cataluña, con el apoyo del Ayuntamiento de Igualada y el compromiso de la Fundació Xarxa y de la asociación Rialles, se unifican los esfuerzos para crear una sola Feria que aglutine a todos el profesionales del sector de espectáculos familiares. El objetivo básico de esta fusión es, además de dotar de programación a los municipios de Cataluña, intentar abrir el mercado de las compañías catalanas tanto al resto del estado como internacionalmente.
La Feria de Espectáculos de Raíz Tradicional Mediterránea de Manresa es un mercado artístico que se organiza anualmente el fin de semana más próximo a San Martín (primer o segundo fin de semana de noviembre). En un principio fue creada para que sirviera de herramienta dinamizadora de las muchas entidades asociativas catalanas que sostienen la cultura tradicional de todos los ámbitos artísticos (teatro, música, danza, dinámicas de calle...). No obstante, al cabo de pocos años de existencia amplió sus horizontes a toda el área geográfica del Mediterráneo, siempre con el punto de mira centrado en las producciones artísticas de raíz tradicional.