30/01/2014
AÍDA de Giuseppe Verdi, Grabada en el Festival de Bregenz, Austria
📍 Multicines Cáceres
🎟️ entrada 12 € • anticipada 10 € • estudiantes 8 € • abono 72 €
Subtituladas en castellano • butacas numeradas
Horario / 20.00 h
Duración 2 h 10 min, más 1 descanso
Dir. musical Carlo Rizzi
Dir. escena Graham Vick
Reparto Kevin Short || Iano Tamar ||
Tatiana Serjan || Rubens Pelizzari || Iain Paterson
Algunos escenarios justifican por sí solos la
función. Es el caso del Festival de verano de
Bregenz, en Austria, al aire libre y con decorados
apabullantes sobre el Lago Constanza. Aquí los
montajes sobre Verdi, como Nabucco, son la
referencia, gracias a sus escenas corales y
marchas militares. En 2009 llegó la Aída de
Graham Vick, un "más difícil todavía". El director
de Liverpool enmarcó la acción en las ruinas
de una gigantesca estatua de la Libertad, y
conmovió a los 7.000 espectadores con su uso
expresivo del agua y con su mezcla de espectacularidad
e intimidad, a la que contribuyó Carlo
Rizzi al frente de la Sinfónica de Viena.
El compositor de Busetto habría dado el visto
bueno. Este romance en el antiguo Egipto
entre una princesa etíope y el líder del ejército
enemigo surgió por encargo oficial para
conmemorar el canal de Suez, y debía cumplir
las normas de la decadente y efectista Grand
Opéra francesa. Sin embargo, Verdi, a esas
alturas (1871, su antepenúltima ópera), había
llegado a su cima. Desde el comienzo, con la
finura del preludio, se suceden las melodías
exuberantes, arropadas por una orquesta más
cuidada que nunca. Y al final un drama que
comenzaba con furia y fanfarria concluye con la
muerte más poética, los amantes abrazados.
Horario / 20.00 h
Duración 2 h 10 min, más 1 descanso
Dir. musical Carlo Rizzi
Dir. escena Graham Vick
Reparto Kevin Short || Iano Tamar ||
Tatiana Serjan || Rubens Pelizzari || Iain Paterson
Algunos escenarios justifican por sí solos la
función. Es el caso del Festival de verano de
Bregenz, en Austria, al aire libre y con decorados
apabullantes sobre el Lago Constanza. Aquí los
montajes sobre Verdi, como Nabucco, son la
referencia, gracias a sus escenas corales y
marchas militares. En 2009 llegó la Aída de
Graham Vick, un "más difícil todavía". El director
de Liverpool enmarcó la acción en las ruinas
de una gigantesca estatua de la Libertad, y
conmovió a los 7.000 espectadores con su uso
expresivo del agua y con su mezcla de espectacularidad
e intimidad, a la que contribuyó Carlo
Rizzi al frente de la Sinfónica de Viena.
El compositor de Busetto habría dado el visto
bueno. Este romance en el antiguo Egipto
entre una princesa etíope y el líder del ejército
enemigo surgió por encargo oficial para
conmemorar el canal de Suez, y debía cumplir
las normas de la decadente y efectista Grand
Opéra francesa. Sin embargo, Verdi, a esas
alturas (1871, su antepenúltima ópera), había
llegado a su cima. Desde el comienzo, con la
finura del preludio, se suceden las melodías
exuberantes, arropadas por una orquesta más
cuidada que nunca. Y al final un drama que
comenzaba con furia y fanfarria concluye con la
muerte más poética, los amantes abrazados.