04/11/2014 – 20/11/2014
Exposición “Sí, quiero” Aulas María Zambrano AYUNTAMIENTO DE BURGOS en el Monasterio de San Agustín, Burgos
📍 Sala de Exposiciones Real Monasterio de San Agustín, c/ Madrid , 24
🎟️ -
La Exposición “Sí, quiero” se desarrollará desde el 4 al 20 de noviembre de 2014 en el Real Monasterio de San Agustín, gracias a la Colaboración de la Diputación de Burgos
Se trata de una exposición etnográfica realizada por las Aulas María Zambrano (Programa de Envejecimiento Activo del Ayuntamiento de Burgos) que desarrolla el tema de “Usos y Costumbres del noviazgo y matrimonio entre 1850-1950”
Basada en la memoria histórica oral, la experiencia y el trabajo de documentación de los alumnos de las Aulas María Zambrano, se plasma en fotografías y más de 300 objetos originales que ilustran:
comienzo y evolución del noviazgo (cartas, regalos …)
realización del ajuar (artículos para su confección y artículos ya confeccionados)
compromiso (documentos, regalos …)
ceremonia (vestidos, joyas, tocados …)
celebración
Es una muestra dirigida a todos los grupos de edad, que tiene como objetivo despertar el interés por la Historia a través del conocimiento y evolución de los usos y costumbres sociales.
Les invitamos a que visiten la exposición; para ello les facilitamos el horario en que pueden hacerlo y la posibilidad de realizar una visita guiada.
HORARIO de la Exposición:
Martes a sábado: mañanas de 12:00 a 14:00 h. y tardes de 18:30 a 20:30 h
Domingos y festivos: de 11:00 a 14:00 h.
Lunes cerrado
VISITAS GUIADAS: dirigida a grupos con cita previa, se realizará una visita al día, de martes a viernes a las 12 h. con una duración aproximada de una hora.
PETICIÓN DE CITA: Aulas María Zambrano c/ Soria s/n. Teléfono: 947 224423
EXPOSICIÓN ETNOGRÁFICA: RITUALES MATRIMONIALES EN EL S.XIX Y PRIMERA MITAD DEL S. XX.
Primera Parte: Noviazgo.
Una manera que tenían las mujeres de favorecer el encuentro de novio era acudir a la providencia divina, a través de oraciones o peticiones por escrito que depositaban en determinados cepillos de las iglesias. Uno de los santos a los que más se acudía era san Antonio.
En otras ocasiones se contrataba a una casamentera que ponía en contacto a los jóvenes.
También se recurría a gitanas o echadoras de cartas para pedir consejo o realizar sortilegios y captar la atención de determinados varones. O echar una moneda en determinadas fuentes.
Otra forma de encontrar novio era acudir a las ferias de novias o de solteros: reuniones o bailes en un lugar y fecha determinada de solteros de ambos sexos, con intención de casarse.
La virginidad en la mujer soltera era una virtud muy valorada; en algunos lugares su pérdida suponía una dificultad para casarse e incluso suponía la deshonra de la familia, salvo para aquellas mujeres que tuvieran fortuna. Sin embargo, en algunos pueblos, excepcionalmente, preferían solteras que ya hubieran dado a luz, porque así se demostraba que eran fértiles.
No era frecuente que las jóvenes perdieran la virginidad antes de tener novio. Si tenían novio y se producía un embarazo antes de contraer matrimonio, el hecho se solucionaba adelantando la fecha de la boda; incluso la familia de la novia recurría a la persuasión o las amenazas para que el novio aceptara casarse rápidamente.
El embarazo antes del matrimonio podía utilizarse por los novios cuando encontraban oposición por parte de los padres, forzando así el matrimonio.
Entre las clases altas el matrimonio se consideraba una alianza económica y social, por lo que era frecuente que los padres señalaran o escogieran los “partidos disponibles”. En este caso los hijos o hijas elegían al candidato de su gusto de la lista propuesta, o bien los padres imponían su elección.
En ocasiones, los padres sólo intervenían para aconsejar a sus hijos o para dar su consentimiento al noviazgo.
Entre las clases modestas se gozaba de mayor libertad: el amor se asociaba a las clases populares.
Los enlaces entre parientes eran frecuentes en los pueblos pequeños, así como en familias con un patrimonio considerable, para que sus bienes no salieran de la familia. En estos casos era imprescindible obtener el preceptivo permiso eclesiástico o dispensa.
Objetos para visualizar esta explicación (colgados):
- Cuadro bordado de S. Antonio (1920)
- Retratos de novios
La declaración más frecuente era la que se realizaba de palabra, pero también existían otros métodos: cartas, canciones, invitar a bailar a la joven elegida con cierta repetición o el último baile, regalos (anillos, pendientes, pañuelos…).
Una curiosa forma de declaración se producía de Barbadillo de Herreros (Burgos): en la época de la matanza y salazón de carnes, el joven que quería iniciar un noviazgo, enviaba a la casa de la novia un presente de la matanza, si era aceptado señalaba que la joven aceptaba el noviazgo y comenzaba a ayudar en las labores de la casa del novio, mientras que el novio ayudaba a la familia de la novia.
En Salas de los Infantes (Burgos) el novio entregaba a ala elegida un huso y una tortera, labrados por el mismo.
En Gamonal (Burgos) el joven introducía una cachiporra por la gatera de la casa de la joven a la que pretendía cortejar; tras conocer a quién pertenecía, los padres de la joven decidían la conveniencia de consentir el noviazgo, en caso de de consentirlo la cachiporra se guardaba y si se rechazaba se abandonaba en un arroyo.
El comienzo del noviazgo en al ámbito rural aparece vinculado a épocas en las que se producen trabajos rurales o festividades que propiciasen el contacto y el mutuo conocimiento.
Sin embargo, la forma más utilizada era aprovechar los paseos dominicales: los jóvenes que se sentían atraídos por alguna joven propiciaban quedarse con ella rezagados del grupo para entablar una conversación más íntima y una posible relación personal. Algunas jóvenes se resistían, porque creían que así se “hacían de merecer”.
Si el paseo se repetía, enseguida era de dominio público; en Campillo de Aranda (Burgos) los amigos de los “ennoviados” trazaban por la noche un comunicado de paja que comunicaba los domicilios de los novios, de manera que a la mañana siguiente la relación era conocida por todo el pueblo.
A partir del momento en que nacía el noviazgo, la familia de la novia enviaba como acompañantes de los novios en sus encuentros a hermanos, familiares y amigos (carabinas, cestas o velas) a los que la madre interrogaba sobre lo ocurrido o sobre la conversación mantenida. Los novios intentaban evitar este control, buscaban excusas para salir de casa y verse sin vigilancia (hacer recados, ir a por agua a la fuente…), especialmente al anochecer, para no “tropezar” con vecinos curiosos.
El noviazgo se desarrollaba a través de la participación en bailes, reuniones, juegos, en las labores del campo… y a través de conversaciones a la puerta de la casa de la novia.
Durante el noviazgo los hombres agasajaban a sus novias con rondas, serenatas, regalos…
El novio no “entraba en casa” de la novia hasta que no se concertaba la boda. “Entrar en casa” consistía en acompañar a la joven al acabar el baile de los domingos hasta su casa y sentarse a charlar con la familia de la novia; cuando se ponía la mesa para cenar, el novio debía levantarse, dar las buenas noches y esperar a la semana siguiente.
Objetos para visualizar esta explicación:
I.- Tarjetas que se mandaban los novios (en vitrina): veintinueve 1900/1930 (Manuela).
II.- Regalos realizados durante el noviazgo (en vitrina): 1880/1930
- 2 pañuelos de cabeza: muy regalados por los novios. Normalmente se anudaban en el centro de la cabeza; el de merino con nudo grande y el de seda con un nudo pequeño, por la textura. Se conocía con el nombre de “atado de oreja”. A principios del s. XX se comenzó a anudar a un lado, dejando ver un mechón de pelo. Se realizaban en seda, lana y algodón, de color rojo, marrón o vino, y decorados con estampaciones de flores o cachemir. Los expuestos son de seda y lana marrón de fines de s. XIX y principios del s. XX.
- 3 collares de bisutería
- 2 broches de latón
- 2 abanicos
- 1 par de pendientes negros
- 1 par de gemelos de caballero
- 1 joyero de madera
- 1 alfiler de corbata
- 1 filtro para puros
- 1 rosario con rosariera.
- Fotografías (colgados): Ronda, Trabajo con los suegros…
La formalización del compromiso se realizaba a través de contratos privados y escrituras públicas. Generalmente las escrituras públicas eran utilizadas por familias acomodadas o en el caso de que los contrayentes aportaran bienes o ajuares considerables.
La fórmula más utilizada eran los contratos privados, suscritos por los padres de los novios ante testigos.
El contenido en ambos casos hacía referencia a los bienes otorgados por los padres para el mantenimiento del futuro matrimonio: fincas, rentas, casa, ganado…
Los bienes que los padres otorgaban a la novia constituían la dote y se recogía en la “Hijuela de la novia”.
Si se rompía el compromiso, generalmente quien lo hacía abonaba los gastos originados hasta ese momento.
La novia aportaba el “Ajuar” (sábanas, manteles, lencería, elementos de adorno…) confeccionado por ella misma durante un tiempo considerable, incluso se comenzaba antes de encontrar un posible candidato al matrimonio.
Objetos para visualizar esta explicación: vitrina.
I.- 3 Hijuelas: s. XIX /s. XX
II.- Regalos de pedida: 1880/1930:
- 1 par de gemelos de caballero
- 1 reloj de señora
- 1 joyero de metal
- 1 par de pendientes
- 1 camafeo
- 1 broche
- 1 estuche de afeitado
III.- Ajuar:
1.- Realización del ajuar: elementos de costura (en vitrina): 1880/1940
- 2 ganchillos
- 1 dedal
- 1 paquete de agujas
- 1 costurero pequeño
- 7 alfileteros: acerico cuadrado con labor de cruceta para clavar alfileres, agujas, agujones de colores, etc.
- 2 punzones para hacer bodoques: para hacer los bodoques de los bordados de las sábanas, mantelerías, camisas, enaguas… perforando la tela con su afilada punta. Imprescindible en los trabajos de bastidor. Fines s. XIX.
- 2 tijeras
- 4 agujas largas
- 1 lanzadera: instrumento a modo de navecilla que llevaba dentro el carrete de hilo. Se utilizaba para hacer flecos, nuditos, mallas, frivolité… Principios del s. XX.
- 8 hilos de colores
- 1 rodillo de marcar con sus correspondientes tacos de madera: objeto en forma de horca insertado en mango de madera, provisto de dos piezas paralelas metálicas, atravesado en su interior por una placa en la que se colocaba un rodillo cilíndrico con dibujos impresos, bien florales o geométricos. Se impregnaba de tinta especial, siempre azul y se pasaba a lo largo de la tela a marcar, para posteriormente bordar. Se aplicaba en sábanas, almohadas, mantelerías… Comienzos del s. XX.
- 33 botones antiguos: nácar, hueso, cuero, madera, cristal, tela, metales. Principios del s. XX.
- 1 costurero de madera
- cuadernillos de labores
- papeles con calco con dibujos
- 1 bastidor: objeto de forma redondeada, compuesto de dos aros de madera, entre los que se introducía la tela para bordar.
- 1 cuaderno con motivos de nido de abeja
- 1 cuaderno con motivos de bordados)
- 2 cajas de madejas de bordar
- 3 madejas de seda para bordar
- 3 bobinas negras grandes
- 2 canutillos: negro y blanco
- 1 punzón de metal
- 1 punzón de madera
- 2 pastillas de cera para calcar bordados: negra y marrón
- 1 cesto de mimbre para costura
2.- Ropa de cama (en vitrina): 1880/1920.
- 1 colcha de madroños
- 1 sábana de cáñamo
- Varias sábanas de ajuar: decoradas con festón con ondas redondas, punto de cadeneta, bodoques, punto llano, calados con hilos cruzados, vainica y aplicaciones de ganchillo.
3.- Ropa interior (en maniquí): 1880/1930
- 1 camisón rosa
- 1 camisón blanco
- 1 camisa larga y 1 camisa semilarga de interior: de tela blanca de algodón o batista, sin mangas, con tirante de hombro ancho, escote amplio y largo hasta la rodilla. Bordadas, con puntillas, cintas de raso, labores de ganchillo, jaretas, vainicas, etc. En la parte inferior, algunas lucían nesgas o “cuchillos”, en ocasiones en género más grueso o de peor calidad, para dar amplitud a la prenda. Principios del s. XX.
- 1 culotte
- 1 body
4.- Ajuar de casa (en vitrina): 1880/1930
- 1 “tú y yo”
- 2 servilletas de merienda
- 1 mantel bordado y 1 servilleta
- 1 cortina con motivos de punto de cruz
- varios tapetes
Segunda Parte: Boda.
El tener el servicio militar cumplido era casi un requisito imprescindible para contraer matrimonio; sobre todo, teniendo en cuenta que los hombres no recibían parte de “vega” o “quiñón”, hasta que no volvían de la “mili”, y que esta tierra era, en la mayor parte de los casos la única que podían cultivar los recién casados.
En el caso de los militares era necesario obtener el permiso preceptivo de la autoridad militar para contraer matrimonio.
Durante los tres domingos anteriores al enlace, al finalizar la misa el sacerdote leía las amonestaciones comunicando a los fieles que determinas personas iban a contraer matrimonio, al mismo tiempo que se pedía a los asistentes que comunicaran cualquier impedimento que conocieran para su celebración.
La elección de los padrinos se solía realizar por común acuerdo de los contrayentes y sus padres, entre personas de la familia o amigos íntimos: la novia elegía a la madrina y el novio al padrino. Entre las obligaciones de los padrinos destacan: proporcionar las arras, ayudar a los novios a vestirse, acompañar a los novios a la iglesia, ser testigos…
La invitación a la boda se solía realizar de palabra unos días antes de la ceremonia.
Los regalos que se realizaban solían recibirse varios días antes de la celebración del matrimonio, durante el plazo de las amonestaciones.
La elección de la fecha tenía en cuenta el refranero: “El martes y el viernes ni tus hijos cases ni tus cebones mates”, etc. Y aquellos días en que eclesiásticamente no podían celebrarse matrimonios: Cuaresma y de Adviento a Navidad.
En la ciudad solían celebrarse en sábado, en el campo se celebraban más bodas en otoño e invierno que en primavera y verano, debido a las tareas agrícolas.
Durante la Dictadura Franquista, hasta el año 1970 aproximadamente, en las ciudades, unos días antes del matrimonio eclesiástico se producía el matrimonio civil: los novios acudían al juzgado acompañados por los testigos y contraían matrimonio; el día del matrimonio eclesiástico un funcionario acudía a la iglesia para entregar a los contrayentes el Libro de Familia.
En los pueblos, tras la ceremonia eclesiástica, desde la iglesia, la comitiva, acompañada de testigos y el juez de paz se dirigían al Ayuntamiento para firmar el Acta de matrimonio civil.
Una de las prácticas más extendidas, tanto en Burgos como en su provincia, realizada el mismo día de la boda, con anterioridad a la celebración religiosa, era la Bendición de los novios por parte de los padres. El novio y sus familiares se dirigían a casa de la novia; en la entrada de la vivienda se colocaba un cobertor, sobre él dos almohadas primorosamente bordadas, donde los novios se arrodillaban y recibían la bendición del padre o del familiar más anciano, que hacía una cruz sobre la cabeza de los futuros esposos, acompañada de unas palabras cargadas de sentimiento y cariño con las que les deseaba toda clase de felicidad.
Objetos para visualizar esta explicación:
1.- Fotografías de novios durante el servicio militar
2.- Fotografías de bodas
Los trajes de los novios variaban según las zonas y la categoría social.
En el medio rural, a fines del s. XIX y principios del s. XX la novia se caracterizaba por la sobriedad. Su atuendo constaba de saya plisada de fino merino roja, amarilla, morada… con adornos variados en la parte inferior; sobre la saya se luce el delantal negro de brocado de seda, adornado con puntillas, pasamanería o abalorios. Se complementaba con la chambra o jubón, adornado con tablitas o lorzas y azabache. A la espalda mantón de talle de seda o fino merino negro con flecos. En la ceremonia religiosa se cubría la cabeza con el mantillo de seda con finas rosas bordadas y abalorios de azabache.
Medias blancas de algodón y zapatos abotinados de medio tacón de paño y puntera de charol o de piel negra curtida.
La ropa interior constaba de camisa blanca, enaguas y pololos artísticamente bordados, con volantes, puntillas…
Como adorno, collares y santas de plata calada que el novio entregaba como regalo de pedida y que se colgaban al cuello con cinta de terciopelo.
Peinadas con “moño de picaporte” (raya en medio de la cabeza, hecho de trenzas que se sujetaba con pasadores en forma de ocho en la parte posterior de la cabeza) o moño de trenzas recogidas en forma de rodete, que se adornaban con lujosas horquillas y peinetas.
Este vestido fue sustituido por trajes negros de una o dos piezas, realizados sobre finas telas, que se complementaban con mantillas de encaje y tejas. A mediados del s. XX fueron sustituidos por vestidos blancos.
Los novios utilizaban camisa blanca de lino con tirilla en el cuello y adornos en la pechera. Calzón corto de fino paño negro o terciopelo, con chaleco y chaqueta a juego; en invierno se cubrían con capa negra con esclavina. Las piernas se cubrían con medias blancas y los zapatos eran de cuero negro. A mediados del s. XX se pasó al traje oscuro con pantalón.
En la ciudad el novio estrenaba la camisa y el traje, regalados por la novia; y la novia lucía el vestido regalado por el novio, que se diferenciaba de los habituales por su mayor adorno (cintas y flores en la cintura). Uno de los complementos del vestido del novio que no solía faltar era la capa.
Poco a poco, tanto en el campo como en la ciudad, se hizo imprescindible el ramo de novia de azahar, símbolo de la pureza de la novia; si la novia estaba embarazada no podía llevar ramo y si lo hacía se la censuraba.
Objetos que visualizan esta explicación:
I.- Aderezo de la novia (en vitrina): 1880/1930
- 1 perfumador
- 1 mantilla negra de seda bordada
- 3 hebillas
- 7 botones
- 1 collar blanco
- 1 pulsera
- 1 velo de novia negro: Desde el s. XVIII se utilizaba el Mantillo, prenda de ceremonia utilizada exclusivamente en actos religiosos. El “mantillo de joyas” era el regalo que hacía a la novia la familia de su futuro esposo; en color negro, cubría la cabeza y generalmente se confeccionaba en paño fino de Segovia, bordeado con un amplio “cinchón de terciopelo” y adornado con una gran borla de seda negra, justo en medio de la frente, encañonada en pliegues minuciosos. Sobre este mantillo, se colocaba una toca blanca de complicados bordados. Este mantillo si sustituido en los años cincuenta del s. XX por los velos de encaje.
- 1 mantilla negra
- 1 mantón de ramo: tejido en lana merina de color negro, bordado con flores, hojas y gallo matizados en diferentes colores. S. XIX.
- 2 polveras modernistas
- 2 cajas de cartón de polvos
- 1 caja de cartón de colorete
- 1 juego de frasco de colonia y caja de crema
- arras
II.- Vestido de novia (maniquí): 1880 y 1950
- 1 traje de ceremonia de dos piezas (rural)
- 6 blusas blancas cortas: blancas, manga corta o trescuartos, con jaretas, encajes, puntillas, etc. Finales del s. XIX.
- 1 enagua blanca: se ponía sobre la camisa blanca; de algodón, con vuelo fruncida a la cintura, con dobladillo en la parte de abajo y rematada con encajes. Principios del s. XX.
- 1 mantón de cuadros de seda natural: de colores vivos, rematado con flecos. Usado con anterioridad al de “manila”. Principios del s XX.
- 1 vestido de novia
III.- Aderezo del novio (en vitrina): 1880/1930
- 2 cadenas de reloj de caballero
- 3 pares de gemelos
- 2 poleas de cuello
- 2 alfileres
- 2 fajines: de lana, usados en los trajes de fiesta; entre sus vueltas se solían esconder la cartera, el mechero, el tabaco y la navaja. Principios del s. XX.
- 1 estuches de afeitado
- 1 alianza
IV.- Vestido del novio (maniquí): 1880 y 1950
- 1 traje completo
- 1 pantalón corto de terciopelo negro (rural)
- 1 calzoncillo largo: prenda interior blanca de algodón, confeccionada por las mujeres de la casa. Principios del s. XX.
- 1 camisa exterior: de gala, con cuello de tira, se cerraba con dos botones. 1940.
V.- Aderezo de los invitados: 1880/1900
- 1 pañuelo de fleco color vino
- 1 par de guantes blancos de ganchillo: 1945
- 1 par de guantes blancos de media: 1945
- 3 pañuelos de cabeza
- 2 mantones de ramo: en lana merina marrón, con adornos florales bordados con sedas de colores. S. XIX.
- 1 echarpe de ceremonia de pelo de cabra
- varias peinetas: modernistas, finales del s. XIX y principios del s. XX.
Tercera Parte: Celebración.
Tras la ceremonia religiosa se producía el traslado a casa de la novia para celebrar el desayuno de bodas o una comida.
Las semanas previas a la boda se arreglaban la casa de las familias de los contrayentes, así como se hacía acopio de sillas, mesas, vasos, platos… Se amasaban y cocían grandes hogazas y pequeños panecillos llamados “bodigos”, se mataban corderos y gallinas según el número de invitados.
Los “bodigos”, con un agujero en el centro, tenían una doble función: los novios los sostenían durante el ofertorio de la misa con una vela encendida introducida en el hueco; y una vez terminada la ceremonia, acompañaban el posterior chocolate.
Para la comida o desayuno de bodas se preparaban largas mesas; en la mesa principal se colocaba el sacerdote, los novios y los padrinos. Servían las mesas las mujeres jóvenes invitadas a la boda, con delantales blancos; mientras que del vino se encargaban los hermanos de los novios.
El menú solía consistir en arroz con conejo y pollo o cocido castellano, seguido de carne de cordero, guiso de gallina o conejo; tortas de harina, huevos y azúcar, nueces, manzanas…, acompañadas de aguardiente.
Terminada la comida, todo el pueblo se unía al feliz acontecimiento, participando en el animado baile que tenía lugar en la plaza, hasta entrada la noche.
Esa noche los mozos y mozas del lugar se concentraban en la puerta de la casa donde los novios pasaban su primera noche de casados para cantas “La Albada”. Se trataba de canciones que se ofrecían a los recién casados en la noche de bodas, cantadas por un solista y repetidas por todo el grupo de rondadores que se hacían acompañar de laúdes, guitarras y bandurrias.
El “Viaje de novios” era un lujo que muy pocos se podían permitir.
Objetos que visualizan esta explicación (en vitrina): 1880/1920
I.- Objetos para la celebración:
- 1licorera y sus vasos (reproducción)
- 4 bandejas
- 7 vasitos rosas
- 6 vasitos de pie cuadrado
- 7 copitas pequeñas
- 4 vasitos de vidrio grueso
- 6 vasitos y 5 copas diferentes
- tarjeta de propaganda de aspirina
II.- Ecos de Sociedad:
- catálogo de ropa de 1934
- hojas de revistas y periódicos: las clases altas llevaban a los periódicos y revistas los acontecimientos sociales más relevantes, en este caso las bodas. Sirvan para ilustrarlo estos ejemplos recogidos de las revistas “El Hogar” y “La Esfera” de 1927, o el periódico “ABC”.
“La esfera” recoge una boda aristocrática. En la foto superior aparece la novia con sus damas de honor, ataviadas a la moda del s. XVI. En la inferior aparecen los novios con los padrinos. La desposada adornada con un rico vestido de tisú de plata de larga cola y el novio viste el uniforme de gentilhombre de Su Majestad.
“El hogar” recoge los siete enlaces más sobresalientes de la semana entre la alta sociedad. Las novias siguen el estilo de los años veinte, discreto pero muy glamuroso; predominan los vestidos de líneas rectas en color blanco, que no marcan las curvas femeninas, sino que estilizan la figura; escotes en “v”; largos por encima del tobillo. Las telas más utilizadas eran muselina, seda, satén, encaje… Se utilizaban muchos accesorios: collares, pieles, flecos… Siguiendo la moda, el pelo corto a lo “garçone”, cubierto con velo largo de tul, que parte de la cabeza en casquete, sujetos con cintas, flores, plumas…
- vaso de cristal de 1906 conmemorativo de la boda de Alfonso XIII
Cuarta Parte: Familia.
La entrega de los bienes acordados en las capitulaciones se realizaba a los pocos días de la celebración del matrimonio. Aunque en algunas zonas rurales, durante el primer año de matrimonio tanto la familia de ella como la de él, les mantenían. Él trabajaba y comía con sus padre y ellas con los suyos, reuniéndose en una de las casas para dormir. Recogida la cosecha y teniendo en cuenta la situación económica de cada familia, se les donaba ante testigos: parte de la cosecha, enseres, algún animal y lo imprescindible para comenzar su andadura. De estos bienes y su coste se realizaba una minuciosa relación por escrito.
El objetivo de un matrimonio era crear su propia familia y muy pronto comenzaban a llegar los hijos…
Objetos que visualizan esta explicación:
I.- Fotografías
- 1 fotografía de boda con marco original de 1937: para colgar.
- 1 fotografía de boda original en la antigua iglesia del Carmen: para colgar.
II.- Objetos (en vitrina): fines s. XIX y principios del s. XX.
- 1 camisón de lactancia
- 2 pezoneras de cristal
- fotografías originales de familias y niños.
Se trata de una exposición etnográfica realizada por las Aulas María Zambrano (Programa de Envejecimiento Activo del Ayuntamiento de Burgos) que desarrolla el tema de “Usos y Costumbres del noviazgo y matrimonio entre 1850-1950”
Basada en la memoria histórica oral, la experiencia y el trabajo de documentación de los alumnos de las Aulas María Zambrano, se plasma en fotografías y más de 300 objetos originales que ilustran:
comienzo y evolución del noviazgo (cartas, regalos …)
realización del ajuar (artículos para su confección y artículos ya confeccionados)
compromiso (documentos, regalos …)
ceremonia (vestidos, joyas, tocados …)
celebración
Es una muestra dirigida a todos los grupos de edad, que tiene como objetivo despertar el interés por la Historia a través del conocimiento y evolución de los usos y costumbres sociales.
Les invitamos a que visiten la exposición; para ello les facilitamos el horario en que pueden hacerlo y la posibilidad de realizar una visita guiada.
HORARIO de la Exposición:
Martes a sábado: mañanas de 12:00 a 14:00 h. y tardes de 18:30 a 20:30 h
Domingos y festivos: de 11:00 a 14:00 h.
Lunes cerrado
VISITAS GUIADAS: dirigida a grupos con cita previa, se realizará una visita al día, de martes a viernes a las 12 h. con una duración aproximada de una hora.
PETICIÓN DE CITA: Aulas María Zambrano c/ Soria s/n. Teléfono: 947 224423
EXPOSICIÓN ETNOGRÁFICA: RITUALES MATRIMONIALES EN EL S.XIX Y PRIMERA MITAD DEL S. XX.
Primera Parte: Noviazgo.
Una manera que tenían las mujeres de favorecer el encuentro de novio era acudir a la providencia divina, a través de oraciones o peticiones por escrito que depositaban en determinados cepillos de las iglesias. Uno de los santos a los que más se acudía era san Antonio.
En otras ocasiones se contrataba a una casamentera que ponía en contacto a los jóvenes.
También se recurría a gitanas o echadoras de cartas para pedir consejo o realizar sortilegios y captar la atención de determinados varones. O echar una moneda en determinadas fuentes.
Otra forma de encontrar novio era acudir a las ferias de novias o de solteros: reuniones o bailes en un lugar y fecha determinada de solteros de ambos sexos, con intención de casarse.
La virginidad en la mujer soltera era una virtud muy valorada; en algunos lugares su pérdida suponía una dificultad para casarse e incluso suponía la deshonra de la familia, salvo para aquellas mujeres que tuvieran fortuna. Sin embargo, en algunos pueblos, excepcionalmente, preferían solteras que ya hubieran dado a luz, porque así se demostraba que eran fértiles.
No era frecuente que las jóvenes perdieran la virginidad antes de tener novio. Si tenían novio y se producía un embarazo antes de contraer matrimonio, el hecho se solucionaba adelantando la fecha de la boda; incluso la familia de la novia recurría a la persuasión o las amenazas para que el novio aceptara casarse rápidamente.
El embarazo antes del matrimonio podía utilizarse por los novios cuando encontraban oposición por parte de los padres, forzando así el matrimonio.
Entre las clases altas el matrimonio se consideraba una alianza económica y social, por lo que era frecuente que los padres señalaran o escogieran los “partidos disponibles”. En este caso los hijos o hijas elegían al candidato de su gusto de la lista propuesta, o bien los padres imponían su elección.
En ocasiones, los padres sólo intervenían para aconsejar a sus hijos o para dar su consentimiento al noviazgo.
Entre las clases modestas se gozaba de mayor libertad: el amor se asociaba a las clases populares.
Los enlaces entre parientes eran frecuentes en los pueblos pequeños, así como en familias con un patrimonio considerable, para que sus bienes no salieran de la familia. En estos casos era imprescindible obtener el preceptivo permiso eclesiástico o dispensa.
Objetos para visualizar esta explicación (colgados):
- Cuadro bordado de S. Antonio (1920)
- Retratos de novios
La declaración más frecuente era la que se realizaba de palabra, pero también existían otros métodos: cartas, canciones, invitar a bailar a la joven elegida con cierta repetición o el último baile, regalos (anillos, pendientes, pañuelos…).
Una curiosa forma de declaración se producía de Barbadillo de Herreros (Burgos): en la época de la matanza y salazón de carnes, el joven que quería iniciar un noviazgo, enviaba a la casa de la novia un presente de la matanza, si era aceptado señalaba que la joven aceptaba el noviazgo y comenzaba a ayudar en las labores de la casa del novio, mientras que el novio ayudaba a la familia de la novia.
En Salas de los Infantes (Burgos) el novio entregaba a ala elegida un huso y una tortera, labrados por el mismo.
En Gamonal (Burgos) el joven introducía una cachiporra por la gatera de la casa de la joven a la que pretendía cortejar; tras conocer a quién pertenecía, los padres de la joven decidían la conveniencia de consentir el noviazgo, en caso de de consentirlo la cachiporra se guardaba y si se rechazaba se abandonaba en un arroyo.
El comienzo del noviazgo en al ámbito rural aparece vinculado a épocas en las que se producen trabajos rurales o festividades que propiciasen el contacto y el mutuo conocimiento.
Sin embargo, la forma más utilizada era aprovechar los paseos dominicales: los jóvenes que se sentían atraídos por alguna joven propiciaban quedarse con ella rezagados del grupo para entablar una conversación más íntima y una posible relación personal. Algunas jóvenes se resistían, porque creían que así se “hacían de merecer”.
Si el paseo se repetía, enseguida era de dominio público; en Campillo de Aranda (Burgos) los amigos de los “ennoviados” trazaban por la noche un comunicado de paja que comunicaba los domicilios de los novios, de manera que a la mañana siguiente la relación era conocida por todo el pueblo.
A partir del momento en que nacía el noviazgo, la familia de la novia enviaba como acompañantes de los novios en sus encuentros a hermanos, familiares y amigos (carabinas, cestas o velas) a los que la madre interrogaba sobre lo ocurrido o sobre la conversación mantenida. Los novios intentaban evitar este control, buscaban excusas para salir de casa y verse sin vigilancia (hacer recados, ir a por agua a la fuente…), especialmente al anochecer, para no “tropezar” con vecinos curiosos.
El noviazgo se desarrollaba a través de la participación en bailes, reuniones, juegos, en las labores del campo… y a través de conversaciones a la puerta de la casa de la novia.
Durante el noviazgo los hombres agasajaban a sus novias con rondas, serenatas, regalos…
El novio no “entraba en casa” de la novia hasta que no se concertaba la boda. “Entrar en casa” consistía en acompañar a la joven al acabar el baile de los domingos hasta su casa y sentarse a charlar con la familia de la novia; cuando se ponía la mesa para cenar, el novio debía levantarse, dar las buenas noches y esperar a la semana siguiente.
Objetos para visualizar esta explicación:
I.- Tarjetas que se mandaban los novios (en vitrina): veintinueve 1900/1930 (Manuela).
II.- Regalos realizados durante el noviazgo (en vitrina): 1880/1930
- 2 pañuelos de cabeza: muy regalados por los novios. Normalmente se anudaban en el centro de la cabeza; el de merino con nudo grande y el de seda con un nudo pequeño, por la textura. Se conocía con el nombre de “atado de oreja”. A principios del s. XX se comenzó a anudar a un lado, dejando ver un mechón de pelo. Se realizaban en seda, lana y algodón, de color rojo, marrón o vino, y decorados con estampaciones de flores o cachemir. Los expuestos son de seda y lana marrón de fines de s. XIX y principios del s. XX.
- 3 collares de bisutería
- 2 broches de latón
- 2 abanicos
- 1 par de pendientes negros
- 1 par de gemelos de caballero
- 1 joyero de madera
- 1 alfiler de corbata
- 1 filtro para puros
- 1 rosario con rosariera.
- Fotografías (colgados): Ronda, Trabajo con los suegros…
La formalización del compromiso se realizaba a través de contratos privados y escrituras públicas. Generalmente las escrituras públicas eran utilizadas por familias acomodadas o en el caso de que los contrayentes aportaran bienes o ajuares considerables.
La fórmula más utilizada eran los contratos privados, suscritos por los padres de los novios ante testigos.
El contenido en ambos casos hacía referencia a los bienes otorgados por los padres para el mantenimiento del futuro matrimonio: fincas, rentas, casa, ganado…
Los bienes que los padres otorgaban a la novia constituían la dote y se recogía en la “Hijuela de la novia”.
Si se rompía el compromiso, generalmente quien lo hacía abonaba los gastos originados hasta ese momento.
La novia aportaba el “Ajuar” (sábanas, manteles, lencería, elementos de adorno…) confeccionado por ella misma durante un tiempo considerable, incluso se comenzaba antes de encontrar un posible candidato al matrimonio.
Objetos para visualizar esta explicación: vitrina.
I.- 3 Hijuelas: s. XIX /s. XX
II.- Regalos de pedida: 1880/1930:
- 1 par de gemelos de caballero
- 1 reloj de señora
- 1 joyero de metal
- 1 par de pendientes
- 1 camafeo
- 1 broche
- 1 estuche de afeitado
III.- Ajuar:
1.- Realización del ajuar: elementos de costura (en vitrina): 1880/1940
- 2 ganchillos
- 1 dedal
- 1 paquete de agujas
- 1 costurero pequeño
- 7 alfileteros: acerico cuadrado con labor de cruceta para clavar alfileres, agujas, agujones de colores, etc.
- 2 punzones para hacer bodoques: para hacer los bodoques de los bordados de las sábanas, mantelerías, camisas, enaguas… perforando la tela con su afilada punta. Imprescindible en los trabajos de bastidor. Fines s. XIX.
- 2 tijeras
- 4 agujas largas
- 1 lanzadera: instrumento a modo de navecilla que llevaba dentro el carrete de hilo. Se utilizaba para hacer flecos, nuditos, mallas, frivolité… Principios del s. XX.
- 8 hilos de colores
- 1 rodillo de marcar con sus correspondientes tacos de madera: objeto en forma de horca insertado en mango de madera, provisto de dos piezas paralelas metálicas, atravesado en su interior por una placa en la que se colocaba un rodillo cilíndrico con dibujos impresos, bien florales o geométricos. Se impregnaba de tinta especial, siempre azul y se pasaba a lo largo de la tela a marcar, para posteriormente bordar. Se aplicaba en sábanas, almohadas, mantelerías… Comienzos del s. XX.
- 33 botones antiguos: nácar, hueso, cuero, madera, cristal, tela, metales. Principios del s. XX.
- 1 costurero de madera
- cuadernillos de labores
- papeles con calco con dibujos
- 1 bastidor: objeto de forma redondeada, compuesto de dos aros de madera, entre los que se introducía la tela para bordar.
- 1 cuaderno con motivos de nido de abeja
- 1 cuaderno con motivos de bordados)
- 2 cajas de madejas de bordar
- 3 madejas de seda para bordar
- 3 bobinas negras grandes
- 2 canutillos: negro y blanco
- 1 punzón de metal
- 1 punzón de madera
- 2 pastillas de cera para calcar bordados: negra y marrón
- 1 cesto de mimbre para costura
2.- Ropa de cama (en vitrina): 1880/1920.
- 1 colcha de madroños
- 1 sábana de cáñamo
- Varias sábanas de ajuar: decoradas con festón con ondas redondas, punto de cadeneta, bodoques, punto llano, calados con hilos cruzados, vainica y aplicaciones de ganchillo.
3.- Ropa interior (en maniquí): 1880/1930
- 1 camisón rosa
- 1 camisón blanco
- 1 camisa larga y 1 camisa semilarga de interior: de tela blanca de algodón o batista, sin mangas, con tirante de hombro ancho, escote amplio y largo hasta la rodilla. Bordadas, con puntillas, cintas de raso, labores de ganchillo, jaretas, vainicas, etc. En la parte inferior, algunas lucían nesgas o “cuchillos”, en ocasiones en género más grueso o de peor calidad, para dar amplitud a la prenda. Principios del s. XX.
- 1 culotte
- 1 body
4.- Ajuar de casa (en vitrina): 1880/1930
- 1 “tú y yo”
- 2 servilletas de merienda
- 1 mantel bordado y 1 servilleta
- 1 cortina con motivos de punto de cruz
- varios tapetes
Segunda Parte: Boda.
El tener el servicio militar cumplido era casi un requisito imprescindible para contraer matrimonio; sobre todo, teniendo en cuenta que los hombres no recibían parte de “vega” o “quiñón”, hasta que no volvían de la “mili”, y que esta tierra era, en la mayor parte de los casos la única que podían cultivar los recién casados.
En el caso de los militares era necesario obtener el permiso preceptivo de la autoridad militar para contraer matrimonio.
Durante los tres domingos anteriores al enlace, al finalizar la misa el sacerdote leía las amonestaciones comunicando a los fieles que determinas personas iban a contraer matrimonio, al mismo tiempo que se pedía a los asistentes que comunicaran cualquier impedimento que conocieran para su celebración.
La elección de los padrinos se solía realizar por común acuerdo de los contrayentes y sus padres, entre personas de la familia o amigos íntimos: la novia elegía a la madrina y el novio al padrino. Entre las obligaciones de los padrinos destacan: proporcionar las arras, ayudar a los novios a vestirse, acompañar a los novios a la iglesia, ser testigos…
La invitación a la boda se solía realizar de palabra unos días antes de la ceremonia.
Los regalos que se realizaban solían recibirse varios días antes de la celebración del matrimonio, durante el plazo de las amonestaciones.
La elección de la fecha tenía en cuenta el refranero: “El martes y el viernes ni tus hijos cases ni tus cebones mates”, etc. Y aquellos días en que eclesiásticamente no podían celebrarse matrimonios: Cuaresma y de Adviento a Navidad.
En la ciudad solían celebrarse en sábado, en el campo se celebraban más bodas en otoño e invierno que en primavera y verano, debido a las tareas agrícolas.
Durante la Dictadura Franquista, hasta el año 1970 aproximadamente, en las ciudades, unos días antes del matrimonio eclesiástico se producía el matrimonio civil: los novios acudían al juzgado acompañados por los testigos y contraían matrimonio; el día del matrimonio eclesiástico un funcionario acudía a la iglesia para entregar a los contrayentes el Libro de Familia.
En los pueblos, tras la ceremonia eclesiástica, desde la iglesia, la comitiva, acompañada de testigos y el juez de paz se dirigían al Ayuntamiento para firmar el Acta de matrimonio civil.
Una de las prácticas más extendidas, tanto en Burgos como en su provincia, realizada el mismo día de la boda, con anterioridad a la celebración religiosa, era la Bendición de los novios por parte de los padres. El novio y sus familiares se dirigían a casa de la novia; en la entrada de la vivienda se colocaba un cobertor, sobre él dos almohadas primorosamente bordadas, donde los novios se arrodillaban y recibían la bendición del padre o del familiar más anciano, que hacía una cruz sobre la cabeza de los futuros esposos, acompañada de unas palabras cargadas de sentimiento y cariño con las que les deseaba toda clase de felicidad.
Objetos para visualizar esta explicación:
1.- Fotografías de novios durante el servicio militar
2.- Fotografías de bodas
Los trajes de los novios variaban según las zonas y la categoría social.
En el medio rural, a fines del s. XIX y principios del s. XX la novia se caracterizaba por la sobriedad. Su atuendo constaba de saya plisada de fino merino roja, amarilla, morada… con adornos variados en la parte inferior; sobre la saya se luce el delantal negro de brocado de seda, adornado con puntillas, pasamanería o abalorios. Se complementaba con la chambra o jubón, adornado con tablitas o lorzas y azabache. A la espalda mantón de talle de seda o fino merino negro con flecos. En la ceremonia religiosa se cubría la cabeza con el mantillo de seda con finas rosas bordadas y abalorios de azabache.
Medias blancas de algodón y zapatos abotinados de medio tacón de paño y puntera de charol o de piel negra curtida.
La ropa interior constaba de camisa blanca, enaguas y pololos artísticamente bordados, con volantes, puntillas…
Como adorno, collares y santas de plata calada que el novio entregaba como regalo de pedida y que se colgaban al cuello con cinta de terciopelo.
Peinadas con “moño de picaporte” (raya en medio de la cabeza, hecho de trenzas que se sujetaba con pasadores en forma de ocho en la parte posterior de la cabeza) o moño de trenzas recogidas en forma de rodete, que se adornaban con lujosas horquillas y peinetas.
Este vestido fue sustituido por trajes negros de una o dos piezas, realizados sobre finas telas, que se complementaban con mantillas de encaje y tejas. A mediados del s. XX fueron sustituidos por vestidos blancos.
Los novios utilizaban camisa blanca de lino con tirilla en el cuello y adornos en la pechera. Calzón corto de fino paño negro o terciopelo, con chaleco y chaqueta a juego; en invierno se cubrían con capa negra con esclavina. Las piernas se cubrían con medias blancas y los zapatos eran de cuero negro. A mediados del s. XX se pasó al traje oscuro con pantalón.
En la ciudad el novio estrenaba la camisa y el traje, regalados por la novia; y la novia lucía el vestido regalado por el novio, que se diferenciaba de los habituales por su mayor adorno (cintas y flores en la cintura). Uno de los complementos del vestido del novio que no solía faltar era la capa.
Poco a poco, tanto en el campo como en la ciudad, se hizo imprescindible el ramo de novia de azahar, símbolo de la pureza de la novia; si la novia estaba embarazada no podía llevar ramo y si lo hacía se la censuraba.
Objetos que visualizan esta explicación:
I.- Aderezo de la novia (en vitrina): 1880/1930
- 1 perfumador
- 1 mantilla negra de seda bordada
- 3 hebillas
- 7 botones
- 1 collar blanco
- 1 pulsera
- 1 velo de novia negro: Desde el s. XVIII se utilizaba el Mantillo, prenda de ceremonia utilizada exclusivamente en actos religiosos. El “mantillo de joyas” era el regalo que hacía a la novia la familia de su futuro esposo; en color negro, cubría la cabeza y generalmente se confeccionaba en paño fino de Segovia, bordeado con un amplio “cinchón de terciopelo” y adornado con una gran borla de seda negra, justo en medio de la frente, encañonada en pliegues minuciosos. Sobre este mantillo, se colocaba una toca blanca de complicados bordados. Este mantillo si sustituido en los años cincuenta del s. XX por los velos de encaje.
- 1 mantilla negra
- 1 mantón de ramo: tejido en lana merina de color negro, bordado con flores, hojas y gallo matizados en diferentes colores. S. XIX.
- 2 polveras modernistas
- 2 cajas de cartón de polvos
- 1 caja de cartón de colorete
- 1 juego de frasco de colonia y caja de crema
- arras
II.- Vestido de novia (maniquí): 1880 y 1950
- 1 traje de ceremonia de dos piezas (rural)
- 6 blusas blancas cortas: blancas, manga corta o trescuartos, con jaretas, encajes, puntillas, etc. Finales del s. XIX.
- 1 enagua blanca: se ponía sobre la camisa blanca; de algodón, con vuelo fruncida a la cintura, con dobladillo en la parte de abajo y rematada con encajes. Principios del s. XX.
- 1 mantón de cuadros de seda natural: de colores vivos, rematado con flecos. Usado con anterioridad al de “manila”. Principios del s XX.
- 1 vestido de novia
III.- Aderezo del novio (en vitrina): 1880/1930
- 2 cadenas de reloj de caballero
- 3 pares de gemelos
- 2 poleas de cuello
- 2 alfileres
- 2 fajines: de lana, usados en los trajes de fiesta; entre sus vueltas se solían esconder la cartera, el mechero, el tabaco y la navaja. Principios del s. XX.
- 1 estuches de afeitado
- 1 alianza
IV.- Vestido del novio (maniquí): 1880 y 1950
- 1 traje completo
- 1 pantalón corto de terciopelo negro (rural)
- 1 calzoncillo largo: prenda interior blanca de algodón, confeccionada por las mujeres de la casa. Principios del s. XX.
- 1 camisa exterior: de gala, con cuello de tira, se cerraba con dos botones. 1940.
V.- Aderezo de los invitados: 1880/1900
- 1 pañuelo de fleco color vino
- 1 par de guantes blancos de ganchillo: 1945
- 1 par de guantes blancos de media: 1945
- 3 pañuelos de cabeza
- 2 mantones de ramo: en lana merina marrón, con adornos florales bordados con sedas de colores. S. XIX.
- 1 echarpe de ceremonia de pelo de cabra
- varias peinetas: modernistas, finales del s. XIX y principios del s. XX.
Tercera Parte: Celebración.
Tras la ceremonia religiosa se producía el traslado a casa de la novia para celebrar el desayuno de bodas o una comida.
Las semanas previas a la boda se arreglaban la casa de las familias de los contrayentes, así como se hacía acopio de sillas, mesas, vasos, platos… Se amasaban y cocían grandes hogazas y pequeños panecillos llamados “bodigos”, se mataban corderos y gallinas según el número de invitados.
Los “bodigos”, con un agujero en el centro, tenían una doble función: los novios los sostenían durante el ofertorio de la misa con una vela encendida introducida en el hueco; y una vez terminada la ceremonia, acompañaban el posterior chocolate.
Para la comida o desayuno de bodas se preparaban largas mesas; en la mesa principal se colocaba el sacerdote, los novios y los padrinos. Servían las mesas las mujeres jóvenes invitadas a la boda, con delantales blancos; mientras que del vino se encargaban los hermanos de los novios.
El menú solía consistir en arroz con conejo y pollo o cocido castellano, seguido de carne de cordero, guiso de gallina o conejo; tortas de harina, huevos y azúcar, nueces, manzanas…, acompañadas de aguardiente.
Terminada la comida, todo el pueblo se unía al feliz acontecimiento, participando en el animado baile que tenía lugar en la plaza, hasta entrada la noche.
Esa noche los mozos y mozas del lugar se concentraban en la puerta de la casa donde los novios pasaban su primera noche de casados para cantas “La Albada”. Se trataba de canciones que se ofrecían a los recién casados en la noche de bodas, cantadas por un solista y repetidas por todo el grupo de rondadores que se hacían acompañar de laúdes, guitarras y bandurrias.
El “Viaje de novios” era un lujo que muy pocos se podían permitir.
Objetos que visualizan esta explicación (en vitrina): 1880/1920
I.- Objetos para la celebración:
- 1licorera y sus vasos (reproducción)
- 4 bandejas
- 7 vasitos rosas
- 6 vasitos de pie cuadrado
- 7 copitas pequeñas
- 4 vasitos de vidrio grueso
- 6 vasitos y 5 copas diferentes
- tarjeta de propaganda de aspirina
II.- Ecos de Sociedad:
- catálogo de ropa de 1934
- hojas de revistas y periódicos: las clases altas llevaban a los periódicos y revistas los acontecimientos sociales más relevantes, en este caso las bodas. Sirvan para ilustrarlo estos ejemplos recogidos de las revistas “El Hogar” y “La Esfera” de 1927, o el periódico “ABC”.
“La esfera” recoge una boda aristocrática. En la foto superior aparece la novia con sus damas de honor, ataviadas a la moda del s. XVI. En la inferior aparecen los novios con los padrinos. La desposada adornada con un rico vestido de tisú de plata de larga cola y el novio viste el uniforme de gentilhombre de Su Majestad.
“El hogar” recoge los siete enlaces más sobresalientes de la semana entre la alta sociedad. Las novias siguen el estilo de los años veinte, discreto pero muy glamuroso; predominan los vestidos de líneas rectas en color blanco, que no marcan las curvas femeninas, sino que estilizan la figura; escotes en “v”; largos por encima del tobillo. Las telas más utilizadas eran muselina, seda, satén, encaje… Se utilizaban muchos accesorios: collares, pieles, flecos… Siguiendo la moda, el pelo corto a lo “garçone”, cubierto con velo largo de tul, que parte de la cabeza en casquete, sujetos con cintas, flores, plumas…
- vaso de cristal de 1906 conmemorativo de la boda de Alfonso XIII
Cuarta Parte: Familia.
La entrega de los bienes acordados en las capitulaciones se realizaba a los pocos días de la celebración del matrimonio. Aunque en algunas zonas rurales, durante el primer año de matrimonio tanto la familia de ella como la de él, les mantenían. Él trabajaba y comía con sus padre y ellas con los suyos, reuniéndose en una de las casas para dormir. Recogida la cosecha y teniendo en cuenta la situación económica de cada familia, se les donaba ante testigos: parte de la cosecha, enseres, algún animal y lo imprescindible para comenzar su andadura. De estos bienes y su coste se realizaba una minuciosa relación por escrito.
El objetivo de un matrimonio era crear su propia familia y muy pronto comenzaban a llegar los hijos…
Objetos que visualizan esta explicación:
I.- Fotografías
- 1 fotografía de boda con marco original de 1937: para colgar.
- 1 fotografía de boda original en la antigua iglesia del Carmen: para colgar.
II.- Objetos (en vitrina): fines s. XIX y principios del s. XX.
- 1 camisón de lactancia
- 2 pezoneras de cristal
- fotografías originales de familias y niños.