04/12/2014
La flauta mágica
📍 Multicines Cáceres
SINOPSIS
ACTO I [En las tierras rocosas]
“¡Socorro!”. El príncipe Tamino, desarmado, huye de una inmensa serpiente y se desmaya del agotamiento. Tres mujeres mágicas matan al monstruo. Son las damas de la Reina de la Noche, y corren a avisarla. Cuando Tamino despierta, desorientado, una melodía de una flauta de pan anuncia a Papageno, un ser que caza aves a cambio de alimento. Todas sus arias, empezando por Der Vogelfänger, son sencillas canciones de tono alegre. El pajarero presume de haberle salvado la vida, pero en seguida regresan las damas para castigarle con un candado en la boca, por mentiroso. Al príncipe le muestran un
retrato de la hija de la Reina. Fascinado por su belleza, Tamino entona un aria de amor (Dies Bildnis ist) que conmueve a la poderosa Reina, quien se presenta ante él con su pirotecnia habitual: todo se oscurece, cae un rayo… Desesperada, explica que el malvado Sarastro tiene secuestrada en un castillo a Pamina, su hija (Oh zittre nicht). Si el príncipe vuelve victorioso, le concederá su mano. Tras un encantador quinteto, las damas liberan a Papageno, que hasta entonces solo podía gruñir (“Hm! Hm!”). A Tamino le entregan una flauta mágica para defenderse de los peligros, y al temeroso pajarero un carillón. En el reino de Sarastro, el vigilante Monostatos acosa a la prisionera, Pamina. Por casualidad, aparece Papageno, que se ha extraviado. Su apariencia asusta al malhechor y le hace huir: “¡El demonio!”. La princesa, al saber que un apuesto joven va a rescatarla, canta de felicidad (Bei Männern). Entretanto, tres muchachos guían a Tamino hasta las puertas de un templo majestuoso. ¿Pero aquí no debía haber una temible fortaleza? El príncipe comienza a dudar; es el punto de inflexión de la ópera. Un sacerdote le asegura: “Eres víctima de un engaño”. Quizá Sarastro no sea tan malo… Para intentar hallar a Pamina, el joven hace sonar la flauta mágica. Al final de su admirable aria (Wie stark ist nicht) le responde Papageno con el flautín. Monostatos intenta cortarles el paso, pero el pajarero lo hechiza con una melodía irresistible del carillón (Schnelle Fuesse). Sin embargo, irrumpe Sarastro, a quien la princesa suplica
clemencia. Cuando la joven ve por fin a Tamino, surge el amor. Aún no es su momento: deberán superar un aprendizaje.
ACTO II [En el templo]
Ante los sacerdotes, Sarastro defiende las virtudes de Tamino y Pamina, a quien ha alejado de su madre para protegerla: la Reina de la Noche “trastorna al pueblo con supersticiones”. Un orador objeta: ¿y si el joven no es capaz de afrontar las duras pruebas de iniciación? Su respuesta es memorable: “Tamino es más que un príncipe… ¡es un hombre!” (O, Isis und Osiris). A Papageno, en cambio, le da igual la sabiduría. “Soy primitivo”. No aspira a más que a la comida, la bebida y a una mujer, por eso solo se compromete si le recompensan con una bella Papagena. Eso sí: no le estará permitido hablar con ella de momento. Es su primera prueba: el silencio. Las damas de la Reina de la Noche llegan para meter cizaña (Wie? Wie?), pero los protagonistas resisten. Al descubrir que Tamino ha cambiado de bando, la Reina de la Noche clama venganza. En un aria dificilísima (¡vaya agudos!), Der Holle Rache, exige a Pamina que mate a Sarastro, o la repudiará como hija. Ella se lo confiesa al sacerdote, y ruega comprensión. “En estos muros sagrados, al traidor se le perdona”, responde él. La música y el texto de In diesel heil’gen son de una nobleza grandiosa. Mientras que el pajarero rompe el juramento de silencio, Tamino lo respeta al pie de la letra, incluso cuando llega Pamina. Ella, desconsolada porque cree que no la quiere, canta la tristísima Ach, ich fuhl’s. A punto de suicidarse, la salvan los tres muchachos, que la conducen a Tamino. “Brillará el sol, vencerá el sabio”, profetizan. La logia premia el valor de la princesa y deja que acompañe al héroe. Juntos, sobreviven a una columna de fuego y a una cascada de agua. Al final, el templo los acoge, pleno de luz. Papageno no ha superado las pruebas. Aunque se le nieguen las “alegrías celestiales”, es feliz con un vaso de vino… y la novia que le prometieron (Ein Mádchen). Pero ésta no llega. Cansado de vagar sin amor, decide ahorcarse. Los geniecillos le recuerdan el poder mágico del carillón, que hace surgir a Papagena en un maravilloso dúo cómico (“Pa, Pa”). De vuelta al templo, la Reina fracasa en su último ataque. Se impone el poder del Sol. Sarastro ensalza la verdad, “corona de belleza y sabiduría”.
Horario: 20:00
ACTO I [En las tierras rocosas]
“¡Socorro!”. El príncipe Tamino, desarmado, huye de una inmensa serpiente y se desmaya del agotamiento. Tres mujeres mágicas matan al monstruo. Son las damas de la Reina de la Noche, y corren a avisarla. Cuando Tamino despierta, desorientado, una melodía de una flauta de pan anuncia a Papageno, un ser que caza aves a cambio de alimento. Todas sus arias, empezando por Der Vogelfänger, son sencillas canciones de tono alegre. El pajarero presume de haberle salvado la vida, pero en seguida regresan las damas para castigarle con un candado en la boca, por mentiroso. Al príncipe le muestran un
retrato de la hija de la Reina. Fascinado por su belleza, Tamino entona un aria de amor (Dies Bildnis ist) que conmueve a la poderosa Reina, quien se presenta ante él con su pirotecnia habitual: todo se oscurece, cae un rayo… Desesperada, explica que el malvado Sarastro tiene secuestrada en un castillo a Pamina, su hija (Oh zittre nicht). Si el príncipe vuelve victorioso, le concederá su mano. Tras un encantador quinteto, las damas liberan a Papageno, que hasta entonces solo podía gruñir (“Hm! Hm!”). A Tamino le entregan una flauta mágica para defenderse de los peligros, y al temeroso pajarero un carillón. En el reino de Sarastro, el vigilante Monostatos acosa a la prisionera, Pamina. Por casualidad, aparece Papageno, que se ha extraviado. Su apariencia asusta al malhechor y le hace huir: “¡El demonio!”. La princesa, al saber que un apuesto joven va a rescatarla, canta de felicidad (Bei Männern). Entretanto, tres muchachos guían a Tamino hasta las puertas de un templo majestuoso. ¿Pero aquí no debía haber una temible fortaleza? El príncipe comienza a dudar; es el punto de inflexión de la ópera. Un sacerdote le asegura: “Eres víctima de un engaño”. Quizá Sarastro no sea tan malo… Para intentar hallar a Pamina, el joven hace sonar la flauta mágica. Al final de su admirable aria (Wie stark ist nicht) le responde Papageno con el flautín. Monostatos intenta cortarles el paso, pero el pajarero lo hechiza con una melodía irresistible del carillón (Schnelle Fuesse). Sin embargo, irrumpe Sarastro, a quien la princesa suplica
clemencia. Cuando la joven ve por fin a Tamino, surge el amor. Aún no es su momento: deberán superar un aprendizaje.
ACTO II [En el templo]
Ante los sacerdotes, Sarastro defiende las virtudes de Tamino y Pamina, a quien ha alejado de su madre para protegerla: la Reina de la Noche “trastorna al pueblo con supersticiones”. Un orador objeta: ¿y si el joven no es capaz de afrontar las duras pruebas de iniciación? Su respuesta es memorable: “Tamino es más que un príncipe… ¡es un hombre!” (O, Isis und Osiris). A Papageno, en cambio, le da igual la sabiduría. “Soy primitivo”. No aspira a más que a la comida, la bebida y a una mujer, por eso solo se compromete si le recompensan con una bella Papagena. Eso sí: no le estará permitido hablar con ella de momento. Es su primera prueba: el silencio. Las damas de la Reina de la Noche llegan para meter cizaña (Wie? Wie?), pero los protagonistas resisten. Al descubrir que Tamino ha cambiado de bando, la Reina de la Noche clama venganza. En un aria dificilísima (¡vaya agudos!), Der Holle Rache, exige a Pamina que mate a Sarastro, o la repudiará como hija. Ella se lo confiesa al sacerdote, y ruega comprensión. “En estos muros sagrados, al traidor se le perdona”, responde él. La música y el texto de In diesel heil’gen son de una nobleza grandiosa. Mientras que el pajarero rompe el juramento de silencio, Tamino lo respeta al pie de la letra, incluso cuando llega Pamina. Ella, desconsolada porque cree que no la quiere, canta la tristísima Ach, ich fuhl’s. A punto de suicidarse, la salvan los tres muchachos, que la conducen a Tamino. “Brillará el sol, vencerá el sabio”, profetizan. La logia premia el valor de la princesa y deja que acompañe al héroe. Juntos, sobreviven a una columna de fuego y a una cascada de agua. Al final, el templo los acoge, pleno de luz. Papageno no ha superado las pruebas. Aunque se le nieguen las “alegrías celestiales”, es feliz con un vaso de vino… y la novia que le prometieron (Ein Mádchen). Pero ésta no llega. Cansado de vagar sin amor, decide ahorcarse. Los geniecillos le recuerdan el poder mágico del carillón, que hace surgir a Papagena en un maravilloso dúo cómico (“Pa, Pa”). De vuelta al templo, la Reina fracasa en su último ataque. Se impone el poder del Sol. Sarastro ensalza la verdad, “corona de belleza y sabiduría”.
Horario: 20:00