Portal de tu Ciudad Alta

24/03/2010

CICLO CHOPIN INTEGRAL DE LAS OBRAS DE PIANO SOLO- Ludmil Angelov

📍 Teatro de la Maestranza

🎟️ 10€

Exiliado, trágicamente enfermo desde niño –“toda su vida se estuvo muriendo”, dictó de él, descarnadamente, Berlioz- admirado por la aristocracia, de aspecto refinado y dandi, entregado sin remedio a tortuosas pasiones amorosas como la que sostuvo con la escritora George Sand, joven ángel muerto precozmente… Frédéric Chopin (Polonia, 1810-París, 1849) es, tanto por su obra, como por su biografía, el músico, quizá, más nítida y esencialmente romántico de la Historia. Tanto más por su medio expresivo: casi toda la obra de Chopin, excepto algunas piezas de cámara de juventud, en general, dominadas también por él, están consagradas, en solitario, al piano, el instrumento en el que el romanticismo halló la cifra exacta de su voz, simultáneamente, íntima y brillante.
Menos irregular y extravagante que Berlioz y lejano del espectacular exhibicionismo de Liszt, Chopin, pese a considerarse a si mismo un compositor de moda deseoso del éxito inmediato –aunque no vulgar ni masivo, subraya Einstein- comparte con ellos dos el mismo carácter revolucionario y novedoso que hizo exclamar a Schumann: “Descúbranse, caballeros; he aquí un genio”.
Aunque Chopin –pese a la ascendencia francesa de su padre y a que fue París, su patria espiritual, quién lo consagró como artista libre- ha sido considerado el más grande de los compositores nacionales polacos, su obra transcendió rápidamente cualquier consideración geográfica, hasta el punto de que comenzó a ser tan masivamente imitado que, a partir de 1830, señala Einstein, “ningún compositor pianístico pudo olvidar a Chopin”. Su dominio del teclado, que ya tocaba en público a los 8 años, le permitió desarrollar un lenguaje audaz, de armonías novedosas, ricas modulaciones y singulares disonancias que fueron tildadas como infectadas por una “excentricidad mórbida” (Schumann) o fruto de “un talento de alcoba de enfermo” (Field). La tremenda conmoción e impacto, en su época, de esas composiciones, generalmente breves –nocturnos, mazurcas, valses…- contrasta con la fama meliflua y “sensiblera” con la que la posteridad arrinconó la naturaleza apasionada, lacerante y vanguardista de Chopin. Contra la errónea imagen atildada y desvalida de Chopin impuesta durante un siglo por una cierta corriente interpretativa, el clarividente dicto de Schumann: “Hay cañones ocultos bajo las flores de las composiciones de Chopin”.
En el segundo centenario del nacimiento de Frédéric Chopin, el TEATRO DE LA MAESTRANZA confía al gran pianista búlgaro Ludmil Angelov el ambicioso reto de ofrecer su integral de la obra para piano solo en 6 intensas y variadas veladas distribuidas entre el 8 de enero y el 21 de junio. Angelov, ganador de varios concursos internacionales –Palm Beach International, World Piano Masters de Montecarlo…- ha merecido también el reconocimiento de la Sociedad Internacional Chopin de Varsovia por los trabajos discográficos dedicados a su obra, que ha ya abordado en titánicas integrales varias veces en solitario.
Esta vez, la cita será en la Sala Manuel García, padre de la gran Pauline Viardot que, precisamente, cantó el Réquiem de Mozart en los conmovedores funerales celebrados en la Iglesia de la Madeleine el 30 de octubre de 1849, 13 días después de que Chopin, enfermo –también- del trágico mal romántico por excelencia, la tuberculosis –aunque recientes investigaciones han sugerido una enfermedad pulmonar crónica- muriera en su amado París, donde está enterrado –sin su corazón- en el cementerio de Pére Lachaise. El corazón de Chopin, elevado a símbolo patriótico, es un tesoro nacional custodiado en la Iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.

Horario: 20.30h.