01/08/2015 – 30/08/2015
“LOS ABANICOS SON PARA EL VERANO…”
📍 Museo Nacional de Antropología
Vitrina planta baja del museo.
Exposición de un conjunto de abanicos procedentes de diversas culturas.
Para muchas personas el carácter español de los abanicos y su empleo casi exclusivamente en verano serían dos verdades casi absolutas que sumar a la de su uso fundamentalmente femenino. Pero, frente a esta impresión general, la realidad es que desde hace más de 4000 años, y a lo largo y ancho de todo el planeta, los abanicos se encuentran en múltiples culturas y han jugado un papel mucho más importante que el de dar aire ante la subida de las temperaturas: junto a sus aspectos funcionales, su papel como símbolo de estatus aparece como una constante.
La riqueza técnica y material de muchos de ellos refleja esta vinculación con las clases superiores de las sociedades que los han empleado. En la nuestra, sin ir más lejos, la realeza, la nobleza y posteriormente la alta burguesía los coleccionaron desde la Edad Media, siendo un “complemento” indispensable visible en múltiples retratos. Su uso también resultó obligatorio en reuniones sociales en las que sirvió a un complejo sistema de comunicación. Su utilización por parte de los hombres también se encuentra ampliamente difundida, y abarca todos los continentes y, en el caso de África, también se asocia al prestigio de quien lo lleva.
La gran diversidad de formas y materiales en que se han realizado es expresión de diferencias culturales claras. Materiales nobles, o menos nobles, para las “varillas” o el mango (madera, marfil, carey, concha…) y variadas soluciones para el “país” (plumas, telas diversas, seda…) conviven a lo largo del tiempo. Los característicos abanicos plegables de la Europa moderna surgieron en Japón o China entre el siglo VII y el XI pero su difusión por Occidente sólo se produce a partir del siglo XVI y se asocia a exportaciones, a veces masivas, y a modas que valoran la cultura de esos países.