18/05/2016
Frankenstein - Ballet de Scarlett y Liebermann
📍 Multiines Cáceres
En directo desde la Royal Opera House de Londres / 18 mayo 2016
Director musical: Koen Kessels
Coreografía: Liam Scarlett
Escenografía y vestuario: John MacFarlane
Iluminación: David Finn
Proyecciones: Finn Ross
Concertino: Sergey Levitin
Orquesta de la Royal Opera House
• Ballet en tres actos
• Sobre la novela de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo, adaptada por Liam Scarlett. Música de Lower Liebermann
• Estreno mundial en mayo de 2016
• Duración: 2h 50 min [I: 50 min | Descanso: 35 min | II: 45 min | Descanso: 20 min | III: 30 min]
Que al coreógrafo Liam Scarlett le atrae el lado oscuro del ser humano se sabía desde su debut en el ballet narrativo, Sweet violets (2012), acerca de los crímenes de Jack el Destripador, por no hablar de su macabra versión de Hansel y Gretel (2013), en la que los pobres niños del cuento sufrían abusos sexuales. Tiene sentido que para su primer trabajo de larga duración (tres actos) se atreva con su novela favorita, Frankenstein, de Mary Shelley. La leyó de niño, y reconoce que siempre que vuelve a ella se fija en algo nuevo. La historia del ambicioso científico que da vida a una criatura formada por piezas de cadáveres se puede interpretar desde perspectivas muy dispares, pero Scarlett se concentra en un rasgo: el amor. “Es de lo que trata en esencia: de la falta de amor propio del monstruo, de su necesidad desesperada de que lo amen. Pese a su aspecto terrorífico, es tan vulnerable como un niño: no habla, apenas coordina sus pasos para caminar, y ansía un padre que lo guíe y acepte”.
Frankenstein | Ballet de Scarlett y Liebermann En directo desde la Royal Opera House de Londres / 18 mayo 2016.
Laura Morena | Elizabeth
Federico Bonelli | Victor Frankenstein
Steven McRae | La criatura
Cuerpo de ballet de la Royal
La música de Liebermann
De la partitura de Lowell Liebermann (1961, Nueva York) apenas conocemos un par de extractos, los que se han podido escuchar, en versión de piano, en los pocos ensayos retransmitidos online por la Royal Opera. El compositor estadounidense nunca había escrito expresamente un ballet, si bien su música se había empleado en varios: el propio Liam Scarlett recurrió a su Concierto para piano n.1 para Viscera (2012, Miami). “Escucho su música y en mi
imaginación brotan los pasos; tiene una cualidad bailable”, reconoce. No es el único: el ballet de Nueva York ya había convertido su Primera sinfonía en danza contemporánea. Liebermann ha abordado el encargo de Frankenstein como “una ópera sin palabras”. Scarlett le pidió
escenas extensas para poder desarrollar la psicología de los personajes en largas coreografías. Los dos colaboraron de cerca, con correcciones y comunicación constantes. Al inglés -melómano y pianista frustrado- le preocupaba la música de los pasajes de la criatura, que no debía ser grotesca, sino “inquietantemente bella”. Dicho y hecho: dentro de la modernidad de la escritura de Liebermann, con disonancias y ritmos percusivos heredados de
Stravinsky o Shostakovich, resulta más cercana al romanticismo que a la atonalidad. Basta con
fijarnos en el lirismo de las melodías… o en los arpegios del acompañamiento de la orquesta en el segundo acto, propios de Chopin.
Director musical: Koen Kessels
Coreografía: Liam Scarlett
Escenografía y vestuario: John MacFarlane
Iluminación: David Finn
Proyecciones: Finn Ross
Concertino: Sergey Levitin
Orquesta de la Royal Opera House
• Ballet en tres actos
• Sobre la novela de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo, adaptada por Liam Scarlett. Música de Lower Liebermann
• Estreno mundial en mayo de 2016
• Duración: 2h 50 min [I: 50 min | Descanso: 35 min | II: 45 min | Descanso: 20 min | III: 30 min]
Que al coreógrafo Liam Scarlett le atrae el lado oscuro del ser humano se sabía desde su debut en el ballet narrativo, Sweet violets (2012), acerca de los crímenes de Jack el Destripador, por no hablar de su macabra versión de Hansel y Gretel (2013), en la que los pobres niños del cuento sufrían abusos sexuales. Tiene sentido que para su primer trabajo de larga duración (tres actos) se atreva con su novela favorita, Frankenstein, de Mary Shelley. La leyó de niño, y reconoce que siempre que vuelve a ella se fija en algo nuevo. La historia del ambicioso científico que da vida a una criatura formada por piezas de cadáveres se puede interpretar desde perspectivas muy dispares, pero Scarlett se concentra en un rasgo: el amor. “Es de lo que trata en esencia: de la falta de amor propio del monstruo, de su necesidad desesperada de que lo amen. Pese a su aspecto terrorífico, es tan vulnerable como un niño: no habla, apenas coordina sus pasos para caminar, y ansía un padre que lo guíe y acepte”.
Frankenstein | Ballet de Scarlett y Liebermann En directo desde la Royal Opera House de Londres / 18 mayo 2016.
Laura Morena | Elizabeth
Federico Bonelli | Victor Frankenstein
Steven McRae | La criatura
Cuerpo de ballet de la Royal
La música de Liebermann
De la partitura de Lowell Liebermann (1961, Nueva York) apenas conocemos un par de extractos, los que se han podido escuchar, en versión de piano, en los pocos ensayos retransmitidos online por la Royal Opera. El compositor estadounidense nunca había escrito expresamente un ballet, si bien su música se había empleado en varios: el propio Liam Scarlett recurrió a su Concierto para piano n.1 para Viscera (2012, Miami). “Escucho su música y en mi
imaginación brotan los pasos; tiene una cualidad bailable”, reconoce. No es el único: el ballet de Nueva York ya había convertido su Primera sinfonía en danza contemporánea. Liebermann ha abordado el encargo de Frankenstein como “una ópera sin palabras”. Scarlett le pidió
escenas extensas para poder desarrollar la psicología de los personajes en largas coreografías. Los dos colaboraron de cerca, con correcciones y comunicación constantes. Al inglés -melómano y pianista frustrado- le preocupaba la música de los pasajes de la criatura, que no debía ser grotesca, sino “inquietantemente bella”. Dicho y hecho: dentro de la modernidad de la escritura de Liebermann, con disonancias y ritmos percusivos heredados de
Stravinsky o Shostakovich, resulta más cercana al romanticismo que a la atonalidad. Basta con
fijarnos en el lirismo de las melodías… o en los arpegios del acompañamiento de la orquesta en el segundo acto, propios de Chopin.