19/01/2017
OPERA LA FORZA DEL DESTINO
📍 Multicines Cáceres
Este jueves, a las 20:00, retomamos la ópera en nuestros cines. Y para comenzar la temporada 2017, hemos reunido los mejores ingredientes: un reparto insuperable, encabezado por el tenor de la década, Jonas Kaufmann, y por la soprano Anja Harteros, uno de los escenarios con más solera de Europa -la Ópera Estatal de Baviera, en Múnich- y, no menos importante, el compositor favorito del gran público: Giuseppe Verdi.
A pesar de la extraordinaria calidad de su partitura, “La forza del destino”, de 1862, no se encuentra entre los títulos más representados del genio de Busseto. Por un lado, su formato de grand opéra a la francesa (4 actos, casi 4 horas) se puede hacer fatigoso, como “Don Carlo”. Por otro, el libreto resulta confuso; inspirado en Don Álvaro o La fuerza del sino, del Duque de Rivas, le sucede algo parecido a “Il trovatore”, que también adaptaba una tragedia del Romanticismo español: una acción caótica, difícil de seguir, llena de saltos temporales y espaciales, y en la que demasiados acontecimientos suceden fuera de escena. Por otra parte, arrastra una especie de “mal fario” desde que en 1960 el barítono Leonard Warren muriese en plena función en el Metropolitan neoyorquino. Razones en cualquier caso insuficientes: la música de “La forza del destino” es de un nivel grandioso. En ella, Verdi se acercó a su madurez plena. Consolidó los rasgos que había apuntado en “La traviata” o “Rigoletto”, y subió un peldaño hacia sus últimas obras maestras: “Don Carlo”, “Aída”, “Otello” y “Falstaff”. Veamos cómo:
1) La tinta
Verdi siempre puso gran empeño en que cada una de sus obras se distinguiese de las demás por su “color”. Parece algo casi intangible, pero está claro que “Simón Boccanegra” nos evoca el mar, con sus ondulaciones, “Il trovatore” el mundo de los gitanos, el fuego y las danzas, o “Falstaff” el vino y la cerveza.
La tinta de “La forza del destino” es muy oscura. A pesar de las escenas cómicas -que las tiene-, nunca nos quitamos de encima la sensación de pesadumbre, de desgracia. Y Verdi lo consigue desde la obertura. Después de tres acordes fortísimos (fff), de vientos metales al unísono, escuchamos un leitmotiv que representa el destino. En tono menor y ritmo ternario, su cadencia parece empujar a los personajes al abismo. Aquí, la filarmónica de Viena con Muti a los mandos: https://youtu.be/thxOV5_YCh4 Primero, los tres “portazos” del destino, en el 0.20 (reaparecen en el 0.50). En el 0.29, el leitmotiv.
Siempre que los protagonistas viven un momento decisivo, escuchamos otra vez ese leitmotiv fatal, imparable, como si el destino estuviese interviniendo. Por ejemplo, cuando el marqués descubre a su hija, Leonora, con su amante, Álvaro, al final del Acto I. Poco después morirá en un accidente, y su muerte los marcará a todos: https://youtu.be/If2RbAHlZUU
Otro momento clave del argumento sucede en el Acto II, cuando Leonora se presenta en el monasterio, decidida a retirarse y llevar una existencia de eremita. Pero ni siquiera así encontrará la paz ni el olvido, y en ese mismo lugar morirá años después. Todo eso nos lo anuncia sutilmente el leitmotiv del destino, justo antes de que ella cante su plegaria Madre, pietosa vergine (min. 2), aquí con la incomparable Renata Tebaldi: https://youtu.be/5QKcTdKabAA (Tebaldi)
En su última intervención, en el Acto IV, Leonora revela su desesperación. Dirigiéndose al cielo, dice: “Dios, haz que muera: solo la muerte me devolverá la paz”. En ese instante preciso (en el min. 3.39 de este vídeo: https://youtu.be/WClMRAlRYk4), se oye de nuevo el leitmotiv.
2) La orquestación
La riqueza y complejidad de la instrumentación de Verdi en su apogeo casi nos hacen olvidar que al inicio de su carrera sus detractores comparaban sus acompañamientos con los que podría hacer una simple guitarra.
La obertura -la mejor y más extensa que escribió nunca- posee entidad propia como para representarse en versión de concierto. Se basa en la exposición de varios temas importantes, melodías que reaparecerán en diferentes momentos clave de la trama. La fundamental es la primera, el leitmotiv del destino. Pero aparte de él, apunta otras melodías importantes que regresarán más adelante.
-En el min. 1.00, los vientos madera tocan una melodía tristísima
https://youtu.be/5isrYDZvV74 (versión gloriosa de Mitropoulos)
Esa melodía serán la que canten Carlo y Alvaro en su dúo final, Le minaccie i fieri accenti)
https://youtu.be/T5Ou-K6hqGs (aquí, Cappucilli y Bergonzi). Min. 3.34
-Siguiendo con la obertura, https://youtu.be/5isrYDZvV74, un tercer tema suena en el min. 1.53. Un tremolo de violines hace referencia a la melodía Deh, non m’abbandonar, del aria de Leonora en el acto II: https://youtu.be/5QKcTdKabAA (aquí, min. 3.10)
Sin duda, la obertura se trata del pasaje más conocido de toda esta ópera. Sin embargo, Verdi no la concibió así en la primera versión, sino en la reescritura en 1869 (su revisión junto al poeta Ghislanzoni para el reestreno en La Scala). Así sonaba de hecho el primer preludio, mucho más breve: https://youtu.be/RIDtgqHtVoA (aquí, con Gergiev)
3) El drama
Cuatro años antes, en “Un ballo in maschera”, Verdi había superado por fin los esquemas que había heredado del bel canto de Donizetti. En aquella escuela, recordemos, la estructura funcionaba con números cerrados. Se suponía que después de cada recitativo venía un aria y luego una cabaletta (más corta y rápida). Sin embargo, a partir de aquí ya no sería así: Verdi primaba el drama musical completo. El desarrollo de la acción es fluido.
Tomemos tres ejemplos. Primero, el lamento de Álvaro en el tercer acto. ¿Qué es exactamente? Demasiado larga como aria, ¿verdad?. Se trata más bien de un monólogo dramático, a ratos melódico, a ratos casi declamado, con constantes subidas y bajadas, con un importante juego de dinámicas y una expresividad lejana a los cánones. En la noche oscura (un ambiente tremendista), reflexiona sobre su trágica existencia y sus momentos con Leonora.
“La vita e inferno” Aquí, con Corelli: https://youtu.be/klK45Tk6LFc
Su triste relato lo introduce un clarinete (0.50): “Sevilla, Leonora, ¡qué recuerdos!”. La melancolía se apodera de él. En el 1.50, un fagot introduce “Della natal sua terra”, los tristes acontecimientos (nació en la cárcel, el desierto me educó”). en el 3.30 de nuevo un clarinete. “Ten piedad de mis sufrimientos”.
Un detalle que refleja lo que venimos comentando: en el min. 6, el tenor culmina su intervención, y el público lo aplaude, pero la música no se corta, sino que continúa.
Como segundo ejemplo, el largo dúo de Leonora y el padre Guardiano. https://youtu.be/DpsG3sXeJOQ (Tebaldi y Christoff). Verdi escogió el registro del bajo porque le daba peso y profundidad a un personaje que destaca por su mezcla de bondad y firmeza (igual que Zaccaria en Nabucco).
Vemos cómo se articula gracias a los leitmotive (min. 2.59, los tres “golpes” del destino), y cómo un dueto da paso a un coro (min. 5.00, los monjes acogen a Leonora) y, de manera continua, a un aria de la soprano (min. 5.50).
El tercer ejemplo es el citado último encuentro de Carlos y Álvaro: el texto y la música sugieren el ritmo cambiante de una marea de emociones (y contradicciones, y engaños). La primera melodía la reconocemos: era el segundo tema de la obertura, y transmite una atmósfera fúnebre.
https://youtu.be/tOW6qxxUQDY
https://youtu.be/T5Ou-K6hqGs (Cappucilli y Bergonzi). En el min. 1.15, unos vientos (clarinetes al unísono con trompetas). En el 3.34 empieza la melodía que conocemos, primero la canta el tenor .En el 4.50 la toma el barítono, con otra intención. En el 5.30, cambia el tono del tenor, pero en el 6.00 el barítono vuelve con el tema anterior. En el 7.00, unos trombones fieros, desafiantes, comienza el enfrentamiento (“Salgamos, una espada” “Por fin”). De nuevo, en el 7.45 Alvaro intenta llamar a la calma (“Que no triunfe el averno”), otra vez con la melodía del inicio. Pero Carlos se niega (“os burláis? Si no os batís conmigo, os relego al deshonor”), así que Alvaro acepta (“Habéis firmado vuestra sentencia”), en el 8.30 la melodía se acelera; los espera la muerte.
4) El canto
¿Significa eso que Verdi abandonaba del todo el bel canto? Sí, pero no. Por encima de la belleza vocal y del lucimiento de los cantantes mediante ornamentos, predomina el relato, la veracidad de la expresión. Sin embargo, se mantienen dos señas de identidad de su estilo: primera, las melodías memorables; segunda, la enorme exigencia a los cantantes.
En el tercer acto, Carlos protagoniza una larga escena. Para empezar, comprobamos que el recitativo ya no se limita a narrar, sino que condensa sus sentimientos (sus contradicciones, sus dudas). Veamos a Robert Merrill: https://youtu.be/IWJntvkhjz8 Las palabras están cargadas de profundidad: “¡Morir! ¡Tremenda cosa! ¡Tan intrépido y valiente! ¡Y no obstante morirá!”. No tiene desperdicio, tanto por la interpretación vocal como por una orquesta que puntúa sus frases. Después, en el min. 2 comienza el aria, Urna fatale. Bellísima página para el barítono, aquí Carlo Tagliabue, maravilloso: https://youtu.be/44_aR5hue3Y
A pesar de que ya no encontremos pirotecnias vertiginosas al estilo de Rossini, los protagonistas tienen que afrontar retos muy complicados. La soprano, por ejemplo, debe dar una nota aguda de diez segundos en la entrada de Pace.
Leontyne Price y Zubin Mehta: https://youtu.be/eGMaoG03fQU
Más tarde, en el min. 4.30, un sobreagudo en la palabra “pace” (“en vano esperé la paz”) pone los pelos de punta.
(por cierto, el acompañamiento de arpa ayuda a una atmósfera de recogimiento; a algún crítico le recordó al Ave Maria de Schubert)
Ya que nos hemos referido a melodías bellas, el personaje de Leonora canta varias inolvidables:
Me pellegrina ed orfana, (Maria Callas) https://youtu.be/YWFytmS_108 (Acto I). Leonora lamenta decir adiós a su padre y su tierra, en tono melancólico, casi consciente del desastre que se va a desencadenar
La vergine degli angeli: https://youtu.be/n-mhkACf22E - plegaria al final del acto II, una de las melodías más arrebatadoras de Verdi. Primero la cantan los monjes, luego sigue Leonora, y concluye un concertante que cierra el acto.
5) El humor
Por último, un rasgo que sorprende de una obra tan severa y pesimista como “La forza” es el contrapunto de sus escenas cómicas.
El personaje del capuchino Melitone precede en cierto sentido a otro gruñón, Falstaff. Teniendo en cuenta que Verdi se pasó más de medio siglo sin firmar una comedia, resulta muy innovador que, en medio de la desolación de la guerra, en el acto III aparezca Melitone con su monólogo, un sermón al que nadie hace caso: https://youtu.be/syL9XOPYBbA
Del mismo modo, el personaje de la gitana Preziosilla, que enardece a todos para que se alisten en el ejército, supone un contraste frívolo. Rataplan, con Simionato: https://youtu.be/-nHIIdYGA3o . Y la tarantella, danza italiana: https://youtu.be/rxoaYx3GyQY
Las escenas colectivas, indudablemente vulgares, pueden parecer prescindibles, pero aparte de retratar el mundo rural, campesino y folclórico, refuerzan la atmósfera de violencia y la soledad de los protagonistas, que estalla en las escenas íntimas e individuales.
A pesar de la extraordinaria calidad de su partitura, “La forza del destino”, de 1862, no se encuentra entre los títulos más representados del genio de Busseto. Por un lado, su formato de grand opéra a la francesa (4 actos, casi 4 horas) se puede hacer fatigoso, como “Don Carlo”. Por otro, el libreto resulta confuso; inspirado en Don Álvaro o La fuerza del sino, del Duque de Rivas, le sucede algo parecido a “Il trovatore”, que también adaptaba una tragedia del Romanticismo español: una acción caótica, difícil de seguir, llena de saltos temporales y espaciales, y en la que demasiados acontecimientos suceden fuera de escena. Por otra parte, arrastra una especie de “mal fario” desde que en 1960 el barítono Leonard Warren muriese en plena función en el Metropolitan neoyorquino. Razones en cualquier caso insuficientes: la música de “La forza del destino” es de un nivel grandioso. En ella, Verdi se acercó a su madurez plena. Consolidó los rasgos que había apuntado en “La traviata” o “Rigoletto”, y subió un peldaño hacia sus últimas obras maestras: “Don Carlo”, “Aída”, “Otello” y “Falstaff”. Veamos cómo:
1) La tinta
Verdi siempre puso gran empeño en que cada una de sus obras se distinguiese de las demás por su “color”. Parece algo casi intangible, pero está claro que “Simón Boccanegra” nos evoca el mar, con sus ondulaciones, “Il trovatore” el mundo de los gitanos, el fuego y las danzas, o “Falstaff” el vino y la cerveza.
La tinta de “La forza del destino” es muy oscura. A pesar de las escenas cómicas -que las tiene-, nunca nos quitamos de encima la sensación de pesadumbre, de desgracia. Y Verdi lo consigue desde la obertura. Después de tres acordes fortísimos (fff), de vientos metales al unísono, escuchamos un leitmotiv que representa el destino. En tono menor y ritmo ternario, su cadencia parece empujar a los personajes al abismo. Aquí, la filarmónica de Viena con Muti a los mandos: https://youtu.be/thxOV5_YCh4 Primero, los tres “portazos” del destino, en el 0.20 (reaparecen en el 0.50). En el 0.29, el leitmotiv.
Siempre que los protagonistas viven un momento decisivo, escuchamos otra vez ese leitmotiv fatal, imparable, como si el destino estuviese interviniendo. Por ejemplo, cuando el marqués descubre a su hija, Leonora, con su amante, Álvaro, al final del Acto I. Poco después morirá en un accidente, y su muerte los marcará a todos: https://youtu.be/If2RbAHlZUU
Otro momento clave del argumento sucede en el Acto II, cuando Leonora se presenta en el monasterio, decidida a retirarse y llevar una existencia de eremita. Pero ni siquiera así encontrará la paz ni el olvido, y en ese mismo lugar morirá años después. Todo eso nos lo anuncia sutilmente el leitmotiv del destino, justo antes de que ella cante su plegaria Madre, pietosa vergine (min. 2), aquí con la incomparable Renata Tebaldi: https://youtu.be/5QKcTdKabAA (Tebaldi)
En su última intervención, en el Acto IV, Leonora revela su desesperación. Dirigiéndose al cielo, dice: “Dios, haz que muera: solo la muerte me devolverá la paz”. En ese instante preciso (en el min. 3.39 de este vídeo: https://youtu.be/WClMRAlRYk4), se oye de nuevo el leitmotiv.
2) La orquestación
La riqueza y complejidad de la instrumentación de Verdi en su apogeo casi nos hacen olvidar que al inicio de su carrera sus detractores comparaban sus acompañamientos con los que podría hacer una simple guitarra.
La obertura -la mejor y más extensa que escribió nunca- posee entidad propia como para representarse en versión de concierto. Se basa en la exposición de varios temas importantes, melodías que reaparecerán en diferentes momentos clave de la trama. La fundamental es la primera, el leitmotiv del destino. Pero aparte de él, apunta otras melodías importantes que regresarán más adelante.
-En el min. 1.00, los vientos madera tocan una melodía tristísima
https://youtu.be/5isrYDZvV74 (versión gloriosa de Mitropoulos)
Esa melodía serán la que canten Carlo y Alvaro en su dúo final, Le minaccie i fieri accenti)
https://youtu.be/T5Ou-K6hqGs (aquí, Cappucilli y Bergonzi). Min. 3.34
-Siguiendo con la obertura, https://youtu.be/5isrYDZvV74, un tercer tema suena en el min. 1.53. Un tremolo de violines hace referencia a la melodía Deh, non m’abbandonar, del aria de Leonora en el acto II: https://youtu.be/5QKcTdKabAA (aquí, min. 3.10)
Sin duda, la obertura se trata del pasaje más conocido de toda esta ópera. Sin embargo, Verdi no la concibió así en la primera versión, sino en la reescritura en 1869 (su revisión junto al poeta Ghislanzoni para el reestreno en La Scala). Así sonaba de hecho el primer preludio, mucho más breve: https://youtu.be/RIDtgqHtVoA (aquí, con Gergiev)
3) El drama
Cuatro años antes, en “Un ballo in maschera”, Verdi había superado por fin los esquemas que había heredado del bel canto de Donizetti. En aquella escuela, recordemos, la estructura funcionaba con números cerrados. Se suponía que después de cada recitativo venía un aria y luego una cabaletta (más corta y rápida). Sin embargo, a partir de aquí ya no sería así: Verdi primaba el drama musical completo. El desarrollo de la acción es fluido.
Tomemos tres ejemplos. Primero, el lamento de Álvaro en el tercer acto. ¿Qué es exactamente? Demasiado larga como aria, ¿verdad?. Se trata más bien de un monólogo dramático, a ratos melódico, a ratos casi declamado, con constantes subidas y bajadas, con un importante juego de dinámicas y una expresividad lejana a los cánones. En la noche oscura (un ambiente tremendista), reflexiona sobre su trágica existencia y sus momentos con Leonora.
“La vita e inferno” Aquí, con Corelli: https://youtu.be/klK45Tk6LFc
Su triste relato lo introduce un clarinete (0.50): “Sevilla, Leonora, ¡qué recuerdos!”. La melancolía se apodera de él. En el 1.50, un fagot introduce “Della natal sua terra”, los tristes acontecimientos (nació en la cárcel, el desierto me educó”). en el 3.30 de nuevo un clarinete. “Ten piedad de mis sufrimientos”.
Un detalle que refleja lo que venimos comentando: en el min. 6, el tenor culmina su intervención, y el público lo aplaude, pero la música no se corta, sino que continúa.
Como segundo ejemplo, el largo dúo de Leonora y el padre Guardiano. https://youtu.be/DpsG3sXeJOQ (Tebaldi y Christoff). Verdi escogió el registro del bajo porque le daba peso y profundidad a un personaje que destaca por su mezcla de bondad y firmeza (igual que Zaccaria en Nabucco).
Vemos cómo se articula gracias a los leitmotive (min. 2.59, los tres “golpes” del destino), y cómo un dueto da paso a un coro (min. 5.00, los monjes acogen a Leonora) y, de manera continua, a un aria de la soprano (min. 5.50).
El tercer ejemplo es el citado último encuentro de Carlos y Álvaro: el texto y la música sugieren el ritmo cambiante de una marea de emociones (y contradicciones, y engaños). La primera melodía la reconocemos: era el segundo tema de la obertura, y transmite una atmósfera fúnebre.
https://youtu.be/tOW6qxxUQDY
https://youtu.be/T5Ou-K6hqGs (Cappucilli y Bergonzi). En el min. 1.15, unos vientos (clarinetes al unísono con trompetas). En el 3.34 empieza la melodía que conocemos, primero la canta el tenor .En el 4.50 la toma el barítono, con otra intención. En el 5.30, cambia el tono del tenor, pero en el 6.00 el barítono vuelve con el tema anterior. En el 7.00, unos trombones fieros, desafiantes, comienza el enfrentamiento (“Salgamos, una espada” “Por fin”). De nuevo, en el 7.45 Alvaro intenta llamar a la calma (“Que no triunfe el averno”), otra vez con la melodía del inicio. Pero Carlos se niega (“os burláis? Si no os batís conmigo, os relego al deshonor”), así que Alvaro acepta (“Habéis firmado vuestra sentencia”), en el 8.30 la melodía se acelera; los espera la muerte.
4) El canto
¿Significa eso que Verdi abandonaba del todo el bel canto? Sí, pero no. Por encima de la belleza vocal y del lucimiento de los cantantes mediante ornamentos, predomina el relato, la veracidad de la expresión. Sin embargo, se mantienen dos señas de identidad de su estilo: primera, las melodías memorables; segunda, la enorme exigencia a los cantantes.
En el tercer acto, Carlos protagoniza una larga escena. Para empezar, comprobamos que el recitativo ya no se limita a narrar, sino que condensa sus sentimientos (sus contradicciones, sus dudas). Veamos a Robert Merrill: https://youtu.be/IWJntvkhjz8 Las palabras están cargadas de profundidad: “¡Morir! ¡Tremenda cosa! ¡Tan intrépido y valiente! ¡Y no obstante morirá!”. No tiene desperdicio, tanto por la interpretación vocal como por una orquesta que puntúa sus frases. Después, en el min. 2 comienza el aria, Urna fatale. Bellísima página para el barítono, aquí Carlo Tagliabue, maravilloso: https://youtu.be/44_aR5hue3Y
A pesar de que ya no encontremos pirotecnias vertiginosas al estilo de Rossini, los protagonistas tienen que afrontar retos muy complicados. La soprano, por ejemplo, debe dar una nota aguda de diez segundos en la entrada de Pace.
Leontyne Price y Zubin Mehta: https://youtu.be/eGMaoG03fQU
Más tarde, en el min. 4.30, un sobreagudo en la palabra “pace” (“en vano esperé la paz”) pone los pelos de punta.
(por cierto, el acompañamiento de arpa ayuda a una atmósfera de recogimiento; a algún crítico le recordó al Ave Maria de Schubert)
Ya que nos hemos referido a melodías bellas, el personaje de Leonora canta varias inolvidables:
Me pellegrina ed orfana, (Maria Callas) https://youtu.be/YWFytmS_108 (Acto I). Leonora lamenta decir adiós a su padre y su tierra, en tono melancólico, casi consciente del desastre que se va a desencadenar
La vergine degli angeli: https://youtu.be/n-mhkACf22E - plegaria al final del acto II, una de las melodías más arrebatadoras de Verdi. Primero la cantan los monjes, luego sigue Leonora, y concluye un concertante que cierra el acto.
5) El humor
Por último, un rasgo que sorprende de una obra tan severa y pesimista como “La forza” es el contrapunto de sus escenas cómicas.
El personaje del capuchino Melitone precede en cierto sentido a otro gruñón, Falstaff. Teniendo en cuenta que Verdi se pasó más de medio siglo sin firmar una comedia, resulta muy innovador que, en medio de la desolación de la guerra, en el acto III aparezca Melitone con su monólogo, un sermón al que nadie hace caso: https://youtu.be/syL9XOPYBbA
Del mismo modo, el personaje de la gitana Preziosilla, que enardece a todos para que se alisten en el ejército, supone un contraste frívolo. Rataplan, con Simionato: https://youtu.be/-nHIIdYGA3o . Y la tarantella, danza italiana: https://youtu.be/rxoaYx3GyQY
Las escenas colectivas, indudablemente vulgares, pueden parecer prescindibles, pero aparte de retratar el mundo rural, campesino y folclórico, refuerzan la atmósfera de violencia y la soledad de los protagonistas, que estalla en las escenas íntimas e individuales.