15/11/2018
OPERA 'Don Carlos'
📍 MULTICINES CACERES
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Este jueves, a las 19.30 (adelantamos la hora habitual), disfrutaremos de una ópera extraordinaria: 'Don Carlos', de Verdi desde París. En el reparto coinciden algunas de las mejores voces de la actualidad: Jonas Kaufmann, tenor alemán, Elina Garanca, mezzosoprano letona, Sonya Yoncheva, joven soprano búlgara, y Ludovic Tézier, barítono francés. El nivel se mantiene en el foso, con el suizo Philippe Jordan, actual titular de París y de la Sinfónica de Viena.
La producción del polaco Warlikowski, de 2016, generó controversia por su escena despojada y abstracta, pero merece la pena -aparte de por el mencionado elenco- porque rescata una versión insólita de la obra: la de 1866. 'Don Carlos' se estrenó al año siguiente, y después Verdi la reescribiría varias veces más; en total, hay hasta cinco versiones. La más famosa es la italiana (en cuatro actos, sin ballet, estrenada veinte años más tarde en Milán). La francesa en cinco actos sí que incluía ballet, como buena Grand Opéra. Pero la que veremos no lo contiene, puesto que Verdi ni siquiera lo había compuesto todavía. Solo existen un par de grabaciones de esa edición: la de Abbado en 1983 en La Scala y la de Pappano en el Théâtre Chatelet en 1996, por entonces dirigido por el francés Stéphane Lissner, actual responsable de la ópera de París.
Se trata por tanto de una rareza muy poco frecuente, imprescindible para melómanos. Don Carlos, última creación de Verdi antes de Aída y su parón creativo de diez años hasta Otello, es por lo demás una ópera magistral, profundísima, aunque también densa y algo complicada. Puede asustar por su duración y tono oscuro, pero contiene tantos momentos memorables que nunca se pierde el interés ni la fascinación.
(nota: algunos de los enlaces que os enviamos son en italiano; al ser tan poco frecuente la versión francesa, no hemos conseguido encontrar ciertos fragmentos).
1) Drama musical
Todos esos momentos, esas grandes intervenciones de los cantantes y la orquesta, están justificados desde el punto de vista del argumento. En su madurez, a partir de La Traviata pero sobre todo de Simon Boccanegra, Verdi desarrolló el drama musical (sí, como Wagner) en el que la partitura siempre está al servicio del texto. Ya no hay números cerrados (la orquesta fluye y encadena las intervenciones), ni tampoco arias gratuitas, ni momentos de lucimiento innecesarios, ni partes en las que la acción no progresa: todo tiene sentido, todo suma a la trama.
En el dúo inicial entre Posa y Carlos (Dieu, tu semas dans nos âmes / Dìo, che nell'alma), las dos voces, siempre paralelas, confluyen en una sola nota: el unísono simboliza la amistad, esa lealtad que se están jurando en el texto. El fragmento, con ritmo militar, introduce la melodía más empleada en esta ópera: un leitmotiv que alude a su juramento de amistad hasta la muerte, pero también a la liberación de los Países Bajos.
https://youtu.be/I2jKTy36f5E , con Alagna y Thomas Hampson. En el 2.12 entra la melodía del coro de frailes, "Carlos, sumo emperador".
-más tarde, el rey Felipe II y su amigo Rodrigo Posa comparten el dúo Restate, en el que el primero pretende ganarse sus favores, pero el joven rechaza cualquier privilegio y, de hecho, aprovecha la ocasión para denunciar la represión española en Flandes. Su ímpetu y valentía impresionan al monarca. Incluso llega a lo temerario: cuando Felipe sostiene que en sus dominios reina la paz, Rodrigo replica: "¡La paz de los sepulcros!". Dos mitos, Furlanetto y Cappuccilli. Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=k7xlEpvPu6Q Atención al minuto 5. Posa dice: "Orrenda pace", y lo subrayan unos violentos trombones.
2) Marca de la casa: las melodías
Verdi, siempre prolífico, destacaba por la brillantez de sus melodías. En Don Carlos parece que le sobra inspiración, porque ni siquiera necesita repetirlas: en el dúo entre Felipe y Posa (Restate!) se suceden melodías bellísimas que solo se exponen una vez (Questa pace, Osò lo sguardo), característica que alcanzaría su cénit años después en la genial Falstaff.
Questa la pace (al comienzo) a Osò lo sguardo (min. 3.17, se repite en el 5.33), o el contraste de las dos voces en el 5.33. https://www.youtube.com/watch?v=TDP78YhYxms
Antes, en una de las primeras intervenciones de la soprano, Isabel despide a su dama de compañía entre lágrimas con la preciosa Oh ma chère compagne: https://youtu.be/5ME8C1B9YVs (Katia Ricciarelli)
Por su parte, la mezzosoprano -Éboli- también goza de una impresionante aria, la famosa O don fatal, justo después de ser desterrada:
https://youtu.be/dQEeiTp6GrA (en francés, Waltraud Meier)
https://youtu.be/3zgERgwTVeM (en italiano, Christa Ludwig)
Y el barítono, Rodrigo Posa, se despide en el cuarto acto después de que un sicario del rey lo dispare desde la oscuridad. En su conmovedora agonía, melodiosa y noble (O carlo escolta), encomienda a su amigo la misión de liberar Flandes y convertirse en un rey moderno.
https://www.youtube.com/watch?v=Ojz_UMwuw8s (Cappuccilli y Carreras. En el 6.40, sobre un fondo cálido de arpas, su despedida. En el 7,20, el noble leitmotiv de la amistad que ya conocemos.
3) Orquesta llena de hallazgos
El tratamiento de la instrumentación es más avanzado que nunca. Para empezar, en el uso de los leitmotive, tan habituales en las últimas creaciones de Verdi: frases musicales asociadas a un contenido argumental (personaje, lugar, idea). La más repetida es la de la amistad de Posa y Carlos: suena brillante y optimista –con acompañamiento casi militar: trompetas, timbales- en su primer dúo, y en cambio reaparece en un tono mucho más melancólico (viento madera) cuando el marqués desarma a su amigo en presencia del rey; alude a la amistad traicionada. Aquí, en el min. 7:https://youtu.be/m1C4Q5uwf2U
La orquesta, cada vez más en el compositor de La traviata, se convierte en un personaje autónomo, casi un narrador. Ninguna escena lo muestra mejor que el soliloquio de Felipe II. En su gabinete, el rey se tortura por los celos, por su vida sin amor. Un largo y sublime obbligato (solo) de violonchelo resume su soledad y sus problemas de conciencia antes de su aria Ella giammai m'amo.https://youtu.be/jrhYzQt5bnE (Samuel Ramey). Se encadenan melodías bellísimas, a cual más oscura. Cuando el rey piensa en voz alta sobre su hijo traidor, la orquesta responde.
De la misma manera, las delicadas cuerdas que acompañan Au revoir dans un monde (la despedida final de los amantes, que hablan de reencontrarse "en un mundo mejor") se mecen como en el cielo, como en un sueño. https://youtu.be/mrlaxb1d9Xw (Plácido y Ricciarelli)
Aquí, en italiano, https://www.youtube.com/watch?v=z5qXR_IekfQ (Harteros y Kaufmann. En el 6.48 se evidencia la unión íntima entre texto y música de esta ópera: comienza un pasaje muy poético; los amantes ya han cerrado sus problemas "terrenos". Se verán "ahí arriba, en el seno del señor (...) olvidaremos los nombres de los afectos profanos".
4) Color del barroco español
Los especialistas verdianos suelen referirse a la "tinta" de sus partituras, al color que impregna cada ópera: por ejemplo, el mar de Simón Boccanegra, o la cierta embriaguez de Falstaff (en aquella, la orquesta muchas veces parece balancearse, ya que el personaje siempre anda de taberna en taberna).
Don Carlos emula las oscuras pinturas del barroco castellano. Esa severidad se refleja no solo en el predominio de las voces graves (Felipe, Inquisidor, Posa), sino en el protagonismo del coro de monjes. Como bien señala el director Antonio Pappano, "tiempo después, uno recuerda el color del acto IV hasta el final, cuando todo, de alguna manera, se concentra en el corazón del drama, la vida privada del atormentado Felipe II".
Veamos cómo. Después de su monólogo, el monarca hace llamar al Inquisidor. El dúo de bajos (Il grande Inquisitore) pone los pelos de punta. Verdi aprovecha las posibilidades de la inmensa orquesta de París -el teatro que le encargó esta ópera- para componer un acompañamiento de fagotes y trombones, vientos graves que representan autoridad.
https://youtu.be/4qklE_8MUns (Eric Halfvarson es un impresionante inquisidor; Van Dam no consigue estar a la altura como Felipe II)
En el min. 9.00, Felipe II baja dos octavas, de "trono" a "altar": de nuevo "traduce" en música las palabras. Ese descenso emula que el rey ha bajado la cabeza, se ha arrodillado ante el clero.
Un instante cumbre de la música para el registro de bajo. Así lo cantaron los mejores de la historia: https://www.youtube.com/watch?v=ztUB_LWvy24 )
El libreto, de nuevo, deslumbra como nunca antes en la carrera de Verdi. El rey consulta al inquisidor si, por mantener el orden, un padre puede condenar a muerte a su propio hijo. "Para salvarnos, Dios sacrificó al suyo", responde el viejo; durísima crítica de Verdi a la manipulación de la iglesia y sus esferas de poder. El Inquisidor, a cambio de absolver al rey, le exige la cabeza del rebelde Posa. ¡Su único amigo! Felipe se resiste, pero termina cediendo. ¡Él, a quien se supone un poder absoluto! "Así pues, el trono debe plegarse siempre al altar", concluye, apesadumbrado.
5) Atrevimiento
Como compositor, Verdi se fue desmelenando a medida que envejecía; ninguna de sus partituras es más moderna y creativa que Falstaff. Ya en Don Carlos muestra gran audacia. Por un lado, en la falta de complejos al usar extensísimos monólogos para caracterizar psicológicamente a los personajes (en especial Éboli, Isabel y Felipe II), sin que ello afecte al ritmo del drama. Por ejemplo, en el último acto, cuando la reina reza, desolada, ante la tumba de Carlos V. Tu che le vanità es un aria profundísima: "Tú, que la vanidad del mundo conociste y gozas del reposo profundo en tu sepulcro, llora por mi dolor, si aún se llora en el cielo". Recuerda Fontainebleau ("aquella eternidad duró solo un día") y se plantea el sentido de su vida; quizá sea mejor morir.
https://youtu.be/aqk81raTfLg (impresionante Karita Mattila, con Pappano en el foso)
Por otro lado, Verdi innovó en el uso de la armonía, muy transgresora en la escena del auto de fe, con esos trombones disonantes. La inquisición lleva a unos herejes a la hoguera. La muchedumbre los aguarda y lo celebra con curiosidad morbosa: su canto festivo contrasta con los vientos (trombones, fagotes) densos, terribles, que hacen entrada con los frailes. Sucede en el min. 2.05:https://youtu.be/IStwlcjljHg
Incluso se atreve a ofrecer su opinión sobre las fuerzas del drama, su propia ideología política, en la escena del auto de fe. El compositor, indiscutible representante del Risorgimento italiano contra el opresor austríaco, se identificó con la causa que defienden en la ópera los diputados flamencos –independencia del invasor español-, y por eso su melodía es conmovedora y en tono mayor, frente al tono menor de Felipe II y de los frailes, rígidos, como reflejo de su poder absoluto. Por cierto, los vítores de la muchedumbre (mezcla de terror y curiosidad), en contraste con la marcha fúnebre de los herejes, construyen una magnífica descripción musical de la España negra.
Muchas gracias por vuestra atención y, si habéis llegado hasta aquí, esperamos haberos interesado. 'Don Carlos' da mucho de sí, y eso que no nos hemos puesto a comentar los diferentes cambios entre versiones... la primera edición de Verdi era tan larga que las funciones habrían acabado más allá de la medianoche, pero eso significaba que muchos espectadores perderían el último tren de vuelta al extrarradio de París; de ahí que no le quedase otra que recortar. En todo caso, es una obra que no se olvida por su color oscuro y sus melodías, sobre todo si las canta un elenco como el que veremos este jueves. ¡Os esperamos!
La producción del polaco Warlikowski, de 2016, generó controversia por su escena despojada y abstracta, pero merece la pena -aparte de por el mencionado elenco- porque rescata una versión insólita de la obra: la de 1866. 'Don Carlos' se estrenó al año siguiente, y después Verdi la reescribiría varias veces más; en total, hay hasta cinco versiones. La más famosa es la italiana (en cuatro actos, sin ballet, estrenada veinte años más tarde en Milán). La francesa en cinco actos sí que incluía ballet, como buena Grand Opéra. Pero la que veremos no lo contiene, puesto que Verdi ni siquiera lo había compuesto todavía. Solo existen un par de grabaciones de esa edición: la de Abbado en 1983 en La Scala y la de Pappano en el Théâtre Chatelet en 1996, por entonces dirigido por el francés Stéphane Lissner, actual responsable de la ópera de París.
Se trata por tanto de una rareza muy poco frecuente, imprescindible para melómanos. Don Carlos, última creación de Verdi antes de Aída y su parón creativo de diez años hasta Otello, es por lo demás una ópera magistral, profundísima, aunque también densa y algo complicada. Puede asustar por su duración y tono oscuro, pero contiene tantos momentos memorables que nunca se pierde el interés ni la fascinación.
(nota: algunos de los enlaces que os enviamos son en italiano; al ser tan poco frecuente la versión francesa, no hemos conseguido encontrar ciertos fragmentos).
1) Drama musical
Todos esos momentos, esas grandes intervenciones de los cantantes y la orquesta, están justificados desde el punto de vista del argumento. En su madurez, a partir de La Traviata pero sobre todo de Simon Boccanegra, Verdi desarrolló el drama musical (sí, como Wagner) en el que la partitura siempre está al servicio del texto. Ya no hay números cerrados (la orquesta fluye y encadena las intervenciones), ni tampoco arias gratuitas, ni momentos de lucimiento innecesarios, ni partes en las que la acción no progresa: todo tiene sentido, todo suma a la trama.
En el dúo inicial entre Posa y Carlos (Dieu, tu semas dans nos âmes / Dìo, che nell'alma), las dos voces, siempre paralelas, confluyen en una sola nota: el unísono simboliza la amistad, esa lealtad que se están jurando en el texto. El fragmento, con ritmo militar, introduce la melodía más empleada en esta ópera: un leitmotiv que alude a su juramento de amistad hasta la muerte, pero también a la liberación de los Países Bajos.
https://youtu.be/I2jKTy36f5E , con Alagna y Thomas Hampson. En el 2.12 entra la melodía del coro de frailes, "Carlos, sumo emperador".
-más tarde, el rey Felipe II y su amigo Rodrigo Posa comparten el dúo Restate, en el que el primero pretende ganarse sus favores, pero el joven rechaza cualquier privilegio y, de hecho, aprovecha la ocasión para denunciar la represión española en Flandes. Su ímpetu y valentía impresionan al monarca. Incluso llega a lo temerario: cuando Felipe sostiene que en sus dominios reina la paz, Rodrigo replica: "¡La paz de los sepulcros!". Dos mitos, Furlanetto y Cappuccilli. Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=k7xlEpvPu6Q Atención al minuto 5. Posa dice: "Orrenda pace", y lo subrayan unos violentos trombones.
2) Marca de la casa: las melodías
Verdi, siempre prolífico, destacaba por la brillantez de sus melodías. En Don Carlos parece que le sobra inspiración, porque ni siquiera necesita repetirlas: en el dúo entre Felipe y Posa (Restate!) se suceden melodías bellísimas que solo se exponen una vez (Questa pace, Osò lo sguardo), característica que alcanzaría su cénit años después en la genial Falstaff.
Questa la pace (al comienzo) a Osò lo sguardo (min. 3.17, se repite en el 5.33), o el contraste de las dos voces en el 5.33. https://www.youtube.com/watch?v=TDP78YhYxms
Antes, en una de las primeras intervenciones de la soprano, Isabel despide a su dama de compañía entre lágrimas con la preciosa Oh ma chère compagne: https://youtu.be/5ME8C1B9YVs (Katia Ricciarelli)
Por su parte, la mezzosoprano -Éboli- también goza de una impresionante aria, la famosa O don fatal, justo después de ser desterrada:
https://youtu.be/dQEeiTp6GrA (en francés, Waltraud Meier)
https://youtu.be/3zgERgwTVeM (en italiano, Christa Ludwig)
Y el barítono, Rodrigo Posa, se despide en el cuarto acto después de que un sicario del rey lo dispare desde la oscuridad. En su conmovedora agonía, melodiosa y noble (O carlo escolta), encomienda a su amigo la misión de liberar Flandes y convertirse en un rey moderno.
https://www.youtube.com/watch?v=Ojz_UMwuw8s (Cappuccilli y Carreras. En el 6.40, sobre un fondo cálido de arpas, su despedida. En el 7,20, el noble leitmotiv de la amistad que ya conocemos.
3) Orquesta llena de hallazgos
El tratamiento de la instrumentación es más avanzado que nunca. Para empezar, en el uso de los leitmotive, tan habituales en las últimas creaciones de Verdi: frases musicales asociadas a un contenido argumental (personaje, lugar, idea). La más repetida es la de la amistad de Posa y Carlos: suena brillante y optimista –con acompañamiento casi militar: trompetas, timbales- en su primer dúo, y en cambio reaparece en un tono mucho más melancólico (viento madera) cuando el marqués desarma a su amigo en presencia del rey; alude a la amistad traicionada. Aquí, en el min. 7:https://youtu.be/m1C4Q5uwf2U
La orquesta, cada vez más en el compositor de La traviata, se convierte en un personaje autónomo, casi un narrador. Ninguna escena lo muestra mejor que el soliloquio de Felipe II. En su gabinete, el rey se tortura por los celos, por su vida sin amor. Un largo y sublime obbligato (solo) de violonchelo resume su soledad y sus problemas de conciencia antes de su aria Ella giammai m'amo.https://youtu.be/jrhYzQt5bnE (Samuel Ramey). Se encadenan melodías bellísimas, a cual más oscura. Cuando el rey piensa en voz alta sobre su hijo traidor, la orquesta responde.
De la misma manera, las delicadas cuerdas que acompañan Au revoir dans un monde (la despedida final de los amantes, que hablan de reencontrarse "en un mundo mejor") se mecen como en el cielo, como en un sueño. https://youtu.be/mrlaxb1d9Xw (Plácido y Ricciarelli)
Aquí, en italiano, https://www.youtube.com/watch?v=z5qXR_IekfQ (Harteros y Kaufmann. En el 6.48 se evidencia la unión íntima entre texto y música de esta ópera: comienza un pasaje muy poético; los amantes ya han cerrado sus problemas "terrenos". Se verán "ahí arriba, en el seno del señor (...) olvidaremos los nombres de los afectos profanos".
4) Color del barroco español
Los especialistas verdianos suelen referirse a la "tinta" de sus partituras, al color que impregna cada ópera: por ejemplo, el mar de Simón Boccanegra, o la cierta embriaguez de Falstaff (en aquella, la orquesta muchas veces parece balancearse, ya que el personaje siempre anda de taberna en taberna).
Don Carlos emula las oscuras pinturas del barroco castellano. Esa severidad se refleja no solo en el predominio de las voces graves (Felipe, Inquisidor, Posa), sino en el protagonismo del coro de monjes. Como bien señala el director Antonio Pappano, "tiempo después, uno recuerda el color del acto IV hasta el final, cuando todo, de alguna manera, se concentra en el corazón del drama, la vida privada del atormentado Felipe II".
Veamos cómo. Después de su monólogo, el monarca hace llamar al Inquisidor. El dúo de bajos (Il grande Inquisitore) pone los pelos de punta. Verdi aprovecha las posibilidades de la inmensa orquesta de París -el teatro que le encargó esta ópera- para componer un acompañamiento de fagotes y trombones, vientos graves que representan autoridad.
https://youtu.be/4qklE_8MUns (Eric Halfvarson es un impresionante inquisidor; Van Dam no consigue estar a la altura como Felipe II)
En el min. 9.00, Felipe II baja dos octavas, de "trono" a "altar": de nuevo "traduce" en música las palabras. Ese descenso emula que el rey ha bajado la cabeza, se ha arrodillado ante el clero.
Un instante cumbre de la música para el registro de bajo. Así lo cantaron los mejores de la historia: https://www.youtube.com/watch?v=ztUB_LWvy24 )
El libreto, de nuevo, deslumbra como nunca antes en la carrera de Verdi. El rey consulta al inquisidor si, por mantener el orden, un padre puede condenar a muerte a su propio hijo. "Para salvarnos, Dios sacrificó al suyo", responde el viejo; durísima crítica de Verdi a la manipulación de la iglesia y sus esferas de poder. El Inquisidor, a cambio de absolver al rey, le exige la cabeza del rebelde Posa. ¡Su único amigo! Felipe se resiste, pero termina cediendo. ¡Él, a quien se supone un poder absoluto! "Así pues, el trono debe plegarse siempre al altar", concluye, apesadumbrado.
5) Atrevimiento
Como compositor, Verdi se fue desmelenando a medida que envejecía; ninguna de sus partituras es más moderna y creativa que Falstaff. Ya en Don Carlos muestra gran audacia. Por un lado, en la falta de complejos al usar extensísimos monólogos para caracterizar psicológicamente a los personajes (en especial Éboli, Isabel y Felipe II), sin que ello afecte al ritmo del drama. Por ejemplo, en el último acto, cuando la reina reza, desolada, ante la tumba de Carlos V. Tu che le vanità es un aria profundísima: "Tú, que la vanidad del mundo conociste y gozas del reposo profundo en tu sepulcro, llora por mi dolor, si aún se llora en el cielo". Recuerda Fontainebleau ("aquella eternidad duró solo un día") y se plantea el sentido de su vida; quizá sea mejor morir.
https://youtu.be/aqk81raTfLg (impresionante Karita Mattila, con Pappano en el foso)
Por otro lado, Verdi innovó en el uso de la armonía, muy transgresora en la escena del auto de fe, con esos trombones disonantes. La inquisición lleva a unos herejes a la hoguera. La muchedumbre los aguarda y lo celebra con curiosidad morbosa: su canto festivo contrasta con los vientos (trombones, fagotes) densos, terribles, que hacen entrada con los frailes. Sucede en el min. 2.05:https://youtu.be/IStwlcjljHg
Incluso se atreve a ofrecer su opinión sobre las fuerzas del drama, su propia ideología política, en la escena del auto de fe. El compositor, indiscutible representante del Risorgimento italiano contra el opresor austríaco, se identificó con la causa que defienden en la ópera los diputados flamencos –independencia del invasor español-, y por eso su melodía es conmovedora y en tono mayor, frente al tono menor de Felipe II y de los frailes, rígidos, como reflejo de su poder absoluto. Por cierto, los vítores de la muchedumbre (mezcla de terror y curiosidad), en contraste con la marcha fúnebre de los herejes, construyen una magnífica descripción musical de la España negra.
Muchas gracias por vuestra atención y, si habéis llegado hasta aquí, esperamos haberos interesado. 'Don Carlos' da mucho de sí, y eso que no nos hemos puesto a comentar los diferentes cambios entre versiones... la primera edición de Verdi era tan larga que las funciones habrían acabado más allá de la medianoche, pero eso significaba que muchos espectadores perderían el último tren de vuelta al extrarradio de París; de ahí que no le quedase otra que recortar. En todo caso, es una obra que no se olvida por su color oscuro y sus melodías, sobre todo si las canta un elenco como el que veremos este jueves. ¡Os esperamos!