Portal de tu Ciudad Alta

07/05/2010 – 23/05/2010

Retratos del Adios. Angel Cuesta Calvo

📍 Sala exposiciones Caja España. C/ Don Sancho,3

Retratos del Adios. Angel Cuesta Calvo

Sala exposiciones Caja España. C/ Don Sancho,3

Laborables. de 19:30 a 21:30
Festivos. de 12:00a 14:00

Ángel Cuesta Calvo nace en Palencia, 1930. Estudia Dibujo artístico y pintura en la Escuela de Artes y Oficios, bajo la tutela de los pintores Germán Calvo y Julio Gutiérrez, actual director de dicho centro.

En busca de un mayor conocimiento de los maestros mundiales de la pintura recorre el mundo visitando museos (Nueva York, Méjico, París, Galería Tate de Londres, Italia, Bélgica, Portugal...).

Todavía estudiante, participa en la Exposición de Pintores Palentinos organizada por la Excelentísima Diputación Provincial (1955) con dos plumillas: una naturaleza muerta y la inevitable Torre de San Miguel. En 1959 sorprende al público con una exposición monográfica de rincones de la ciudad -casi todos ya desaparecidos-, que constituye su primera exposición individual. En 1968 presenta sus Pueblos palentinos, variada colección de paisajes en tono sepia, donde las casas, y los aperos contrastan contra el cielo blanco. El tema adquiere tal éxito comercial que se verá obligado a repetirlo periódicamente en diversas técnicas: plumilla, acuarela...

Otra temática predominante la constituyen las marinas, del Cantábrico -1967-, del Levante –1978-, de Canarias -1981-, todas ellas en, acuarela.

Destacan asimismo los bodegones (plumilla y acuarela) con la esencialidad de lo cotidiano: las zapatillas de deporte, las nueces, la cesta del pan... En la misma línea y a plumilla ha creado modernamente curiosas composiciones a modo de historietas en evolución, como la del paro -a base de una transformación fantasmagórica del mapa de España- o del complejo ológrafo en el que en una sola página y en doce formas distintas se inscriben las Noticias del 78, especialmente de periódico. Parecido carácter lúdico-testimonial tienen algunas piedras de playa ilustradas originalmente.

No menos importante es en Cuesta el cartel, al temple, con predominio del dibujo muy cuidado y con una idea de fondo de poder grabador: Ferias de San Antolín, carteles publicitarios (Elecciones, deportes, portadas de discos, el de la lotería nacional con la Torre de San Miguel dentro del bombo...).

Entre sus principales exposiciones, además de la monográfica sobre NUDOS (Valladolid, 1.981) son de arte moderno, previa selección, como las de Pancho Cossío (Santander, 1973), Bienales de León (1974), Marbella (1975), Valladolid (1979), Palma (1981), Concursos nacionales (1976), Premio de Dibujo Joan Miró (1976) y Artistas plásticos de Castilla y León (actualmente en el claustro de la Catedral).

Desde 1972 se incorpora a la pintura expresionista en óleo sobre tablex, que se inicia con una primera etapa en que, a base de manchas grandes, hay un predominio total de la figura y el desnudo (1973).

La etapa inmediata se caracteriza por el predominio de la figura geométrica, con una abstracción que tiene como base de partida el cubo y fundamentalmente el hexágono. Los colores forman una gama escalonada y el conjunto se encuadra bajo un título común, Caleidoscopio 1, 2, 3....

Resultan figuraciones homogéneas, repentinamente rotas por un intencionado punto de contraste en color violentamente resaltado.

Desde 1.975 gira su experimentación continua hacia módulos de arenisca cincelada con acrílico, en estructuras redondas -a veces como racimos de extraños caracoles- en espacios limitados, con frecuencia resaltados por estructuras caligráficas de significaciones subconscientes y ya al margen de la frontera de la realidad: esqueletos de realidades presentes, cenizas de realidades desaparecidas, en el entender de Corral Castanedo (Norte de Castilla; 2-5-1979).

En la última etapa de esta evolución hay que colocar, desde 1978, la tendencia al surrealismo, con formas elementales inscritas en una especie de engranajes entre mecánicos y metafísicos, en cuyo interior reluce la blancura de supuestos esqueletos antropozoomórficos que sugieren infinidad de posibilidades recreadoras, si bien al fondo de todas ellas y tanto a través del violento contraste blanco/negro o a lo ancho de una difuminada gama de grises, como de la combinación delirante de las formas, se perciben sensaciones confusas que van desde la poesía pura a la tristeza absoluta, de la descomposición de la materia mecánica a la caducidad de todo el universo.

Estas son las facetas esenciales de Angel Cuesta Calvo, pintor de la segunda mitad del siglo, a distancia de nuestros clásicos del XX -Caneja, Mozos, Germán Calvo...- y de las últimas generaciones de pintores a los cuales acaso encabeza por su edad, en lo que viene a ser el equivalente a la generación literaria del 60: otro sentimiento del paisaje, una Castilla que ya no es la del 98, un intimismo mayor y una honda huella de catastrofismo -tal vez consecuencia de una infancia con guerra al fondo, a la que se superpone una nostalgia nebulosa y un afán empedernido de encontrar nuevas formas para expresar los nuevos sentimientos.