26/02/2019 – 05/03/2019
Van Gogh entre paredes renacentistas
📍 MULTICINES CÁCERES
Van Gogh entre paredes renacentistas
NOTA DE PRENSA (Javier Heras)
Martes 26 de febrero a las 20.30
Martes 5 de marzo a las 17.30
Vicenza, una pequeña localidad de apenas 100.000 habitantes en el Véneto, al noreste de Italia, es conocida por su arquitectura renacentista. Allí desplegó su genio Andrea di Pietro, más conocido como Palladio, con elegantes construcciones como el palacio Chiericati, el Teatro Olímpico, la Villa La Rotonda... y la maravillosa Basílica Palladiana, de 1546. Ubicada en la Piazza dei Signori, deslumbra por sus dos pisos de galerías, que intercalan arcos y columnas. Podríamos esperar que tan noble edificio solo albergase arte del Cinquecento o del Barroco, pero suele apostar por el del último siglo y medio: del futurismo a Picasso, David Chipperfield o Vincent Van Gogh (1853-1890).
En 2017, acogió una muestra sorprendente, Van Gogh: Tra il grano e il cielo, con 86 dibujos y 43 pinturas. Fue la exposición temporal más grande dedicada al neerlandés en todo el mundo desde la organizada por el Rijksmuseum de Amsterdam en 1990 por el centenario de su muerte. Para los que no pudimos visitarla, un nuevo documental dirigido por Giovanni Piscaglia y narrado por la afamada actriz italiana Valeria Bruni Tedeschi (Locas de alegría) nos acerca a su figura.
Titulado Van Gogh, de los campos de trigo bajo cielos nublados, repasa una década prodigiosa, frenética, única en la Historia. El atormentado Vincent desarrolló toda su carrera entre 1880 y 1890, cuando se suicidó. Apenas diez años le dieron para elaborar más de 900 lienzos. En ellos volcó su mundo interior, sus ansiedades, su soledad, con pinceladas bruscas y un progresivo abandono del naturalismo (sus formas parecen flotar, moverse). Nadie lo entendió. La leyenda dice que no logró vender un solo cuadro; en realidad fueron solo un par. Y sin embargo, influyó de forma crucial en los movimientos que vendrían, del fauvismo al expresionismo.
La rápida evolución de su estilo está ligada a los lugares donde vivió. Por eso tiene sentido volver sobre sus pasos. En su patria, Países Bajos, se forma a sí mismo. Después de convivir con los mineros de Borinage como misionero, empieza a retratar la vida cotidiana; de Brabante a Bruselas, de Etten a Amberes. Sus tonos son sombríos al principio, terrosos como en Los comedores de patatas (1885).
A partir de su estancia en Francia, se interesa por la luz y los colores vivos. En París conoce a impresionistas como Seurat. Y en el sur, en Arles (donde se corta el lóbulo de la oreja), Auvers o Saint-Rémy, se contagia del dorado de los trigales, hoy su sello inconfundible. La ruptura con la monocromía y el realismo de la tradición holandesa no se debió, como algunos creen, a su inestabilidad mental, sino a su voluntad de experimentar con el lenguaje. Aun así, estuvo ingresado en el psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole. Poco después, a los 37 años, se pegó un tiro en el pecho, como parecía anunciar su óleo Campo de trigo con cuervos, con ese cielo nublado, dramático, y la inquietante presencia de los pájaros negros como símbolo de la muerte.
La personalidad de Van Gogh se desgrana no solo en sus cuadros, sino también en sus escritos: las 650 cartas a su hermano Théo, marchante de arte y su gran apoyo. La muestra de Vicenza prestó atención a sus palabras, a sus dibujos -germen de su arte- y a coetáneos que le influyeron. Los 129 trabajos, repartidos en diez estancias, provenían de 11 pinacotecas, entre ellas la National Gallery de Edimburgo o el museo de Colonia. Pero la mayoría, nada menos que 113 de ellos, eran préstamos del Kröller-Müller.
El filme profundiza en la historia de este museo singular, situado en el parque natural Hoge Veluwe, cerca de Otterlo, en Países Bajos. Lo fundó en 1938 la mecenas alemana Helene Müller (1869-1939), casada con un holandés, Anton Kröller. En la primera mitad del siglo XX, acumularon casi 12.000 obras, entre ellas 300 de Van Gogh (91 lienzos, 180 dibujos), a cuya fama contribuyó notablemente. Su colección es la segunda más grande del mundo del pintor, solo por detrás del museo monográfico de Amsterdam. Incluye el icónico Terraza de café por la noche.
NOTA DE PRENSA (Javier Heras)
Martes 26 de febrero a las 20.30
Martes 5 de marzo a las 17.30
Vicenza, una pequeña localidad de apenas 100.000 habitantes en el Véneto, al noreste de Italia, es conocida por su arquitectura renacentista. Allí desplegó su genio Andrea di Pietro, más conocido como Palladio, con elegantes construcciones como el palacio Chiericati, el Teatro Olímpico, la Villa La Rotonda... y la maravillosa Basílica Palladiana, de 1546. Ubicada en la Piazza dei Signori, deslumbra por sus dos pisos de galerías, que intercalan arcos y columnas. Podríamos esperar que tan noble edificio solo albergase arte del Cinquecento o del Barroco, pero suele apostar por el del último siglo y medio: del futurismo a Picasso, David Chipperfield o Vincent Van Gogh (1853-1890).
En 2017, acogió una muestra sorprendente, Van Gogh: Tra il grano e il cielo, con 86 dibujos y 43 pinturas. Fue la exposición temporal más grande dedicada al neerlandés en todo el mundo desde la organizada por el Rijksmuseum de Amsterdam en 1990 por el centenario de su muerte. Para los que no pudimos visitarla, un nuevo documental dirigido por Giovanni Piscaglia y narrado por la afamada actriz italiana Valeria Bruni Tedeschi (Locas de alegría) nos acerca a su figura.
Titulado Van Gogh, de los campos de trigo bajo cielos nublados, repasa una década prodigiosa, frenética, única en la Historia. El atormentado Vincent desarrolló toda su carrera entre 1880 y 1890, cuando se suicidó. Apenas diez años le dieron para elaborar más de 900 lienzos. En ellos volcó su mundo interior, sus ansiedades, su soledad, con pinceladas bruscas y un progresivo abandono del naturalismo (sus formas parecen flotar, moverse). Nadie lo entendió. La leyenda dice que no logró vender un solo cuadro; en realidad fueron solo un par. Y sin embargo, influyó de forma crucial en los movimientos que vendrían, del fauvismo al expresionismo.
La rápida evolución de su estilo está ligada a los lugares donde vivió. Por eso tiene sentido volver sobre sus pasos. En su patria, Países Bajos, se forma a sí mismo. Después de convivir con los mineros de Borinage como misionero, empieza a retratar la vida cotidiana; de Brabante a Bruselas, de Etten a Amberes. Sus tonos son sombríos al principio, terrosos como en Los comedores de patatas (1885).
A partir de su estancia en Francia, se interesa por la luz y los colores vivos. En París conoce a impresionistas como Seurat. Y en el sur, en Arles (donde se corta el lóbulo de la oreja), Auvers o Saint-Rémy, se contagia del dorado de los trigales, hoy su sello inconfundible. La ruptura con la monocromía y el realismo de la tradición holandesa no se debió, como algunos creen, a su inestabilidad mental, sino a su voluntad de experimentar con el lenguaje. Aun así, estuvo ingresado en el psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole. Poco después, a los 37 años, se pegó un tiro en el pecho, como parecía anunciar su óleo Campo de trigo con cuervos, con ese cielo nublado, dramático, y la inquietante presencia de los pájaros negros como símbolo de la muerte.
La personalidad de Van Gogh se desgrana no solo en sus cuadros, sino también en sus escritos: las 650 cartas a su hermano Théo, marchante de arte y su gran apoyo. La muestra de Vicenza prestó atención a sus palabras, a sus dibujos -germen de su arte- y a coetáneos que le influyeron. Los 129 trabajos, repartidos en diez estancias, provenían de 11 pinacotecas, entre ellas la National Gallery de Edimburgo o el museo de Colonia. Pero la mayoría, nada menos que 113 de ellos, eran préstamos del Kröller-Müller.
El filme profundiza en la historia de este museo singular, situado en el parque natural Hoge Veluwe, cerca de Otterlo, en Países Bajos. Lo fundó en 1938 la mecenas alemana Helene Müller (1869-1939), casada con un holandés, Anton Kröller. En la primera mitad del siglo XX, acumularon casi 12.000 obras, entre ellas 300 de Van Gogh (91 lienzos, 180 dibujos), a cuya fama contribuyó notablemente. Su colección es la segunda más grande del mundo del pintor, solo por detrás del museo monográfico de Amsterdam. Incluye el icónico Terraza de café por la noche.