10/04/2019
LA GIOCONDA
📍 MULTICINES CACERES
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Una ópera 'más grande que la vida' que tuvo gran éxito en su momento y hoy perdura en el repertorio como un verdadero espectáculo vocal y orquestal. 'La gioconda' es una obra única, de transición entre dos estilos, y la única que hizo sombra a Verdi -tanto de público como de crítica- en una época en la que el compositor de Busseto lo acaparaba todo (el "Musical World" de Londres señalaba en 1855: "Verdi ha revolucionado la escena musical de su patria; a causa de sus óperas, todas las restantes han sido olvidadas").
Analicemos algunos de sus rasgos:
1) De Verdi a Puccini
Lo primero que se destaca de esta ópera de 1876 es que supone un puente entre la era de Verdi y la de Puccini. Con el compositor de Busseto, Ponchielli coincidió no solo en el libretista (Arrigo Boito, también escritor de "Otello") y en el editor de confianza (Giulio Ricordi), sino hasta en la admiración por el poeta nacionalista Manzoni, al que Verdi dedicó su fabuloso "Requiem" y del que Ponchielli adaptó un texto para su primera ópera, I promessi sposi.
En cuanto al vínculo con Puccini, fue su profesor de composición en el Conservatorio de Milán, y algunas de las innovaciones que introdujo en "La Gioconda" abrirían el camino del verismo: desde el nuevo estilo de canto (directo, intenso y emotivo, sin las coloraturas del Bel Canto) hasta la profundización en los sentimientos y psicología de los personajes (como en el aria de la soprano Suicidio), pasando por una instrumentación más compleja y, digamos, intencionada.
Sin llegar a parecerse a Wagner, sí que se apuntan ciertos leitmotives en la orquesta. El más importante (y por algo lo incluyó en la obertura) es el del rosario, que suena nada más empezar la obra, en el minuto 1.03 aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Z2Q07CIwEN4
y más tarde, en el aria de la Ciega, agradecida a Laura, que le ha salvado la vida, se recupera esa melodía con el texto "acepta este rosario", como bendición por la compasión que ha mostrado. Es un momento muy bello, aquí en el 1.40 (Elena Cernei, 1967) : https://www.youtube.com/watch?v=S-4JDCsg0do. Y casi en el desenlace, también lo cantará la Gioconda, gracias a cuyo sacrificio los dos amantes podrán escapar juntos.
Otro leitmotiv muy destacable es el que resume el amor de Laura, su devoción por Enzo (una línea sencilla, la pureza, frente a la melodía más retorcida y voluptuosa de Gioconda). Primero lo canta la mezzo en el dúo E un anatema, con los versos "L'amo come il fulgor del creato", 1.49: https://youtu.be/jwttgQaqFS0 y más tarde será la orquesta (Acto IV), aquí en el min. 9.25:https://youtu.be/-CJQSjcNjvc . Y lo hace con razón, porque suena justo cuando Laura despierta del letargo en que le sumió el somnífero que había bebido. Enzo creía que su amada había muerto y que la culpa era de Gioconda, y está a punto de matarla. Pero en el último instante, Laura abre los ojos y pronuncia su nombre, y los violines reproducen la melodía de su amor.
Por añadir un tercero, el leitmotiv fatídico de Barnaba, que desea "buona fortuna" (buena suerte) a Enzo pero inmediatamente después lo delata ante la Inquisición. Suena primero en el Acto I, en el dúo del barítono y el tenor, en el 5.08:https://www.youtube.com/watch?v=c55oKrqY-kI. Y posteriormente, esa melodía en tono menor sirve para enturbiar el reencuentro de los amantes, en el Acto II, cuando Laura acude de noche al barco de Enzo. La emoción y la pasión del abrazo se interrumpen con un lejano y siniestro "buona fortuna".
2) Una danza de fantasía
Algunos críticos se ceban con "La Gioconda" por varias razones. La primera, su argumento. No discutiremos que es disparatado, excesivo y caótico. Podríamos esperar más de Victor Hugo, autor del texto original, y de Arrigo Boito, que lo adaptó. Aun así, hay pasajes bastante potables, como la oscurísima aria "O Monumento", de Barnaba, o ese duelo entre las dos amantes, en el que comparan sus sentimientos: "Lo amo como el águila al sol, como la tranquilidad a la vorágine".
La segunda gran crítica es su tendencia al melodramatismo, muy propio de la Grand Opéra parisina, tendencia que cultivó el alemán Meyerbeer y que estaba muy de moda entonces (hoy apenas se representan, por su densidad y por la dificultad de escenificar montajes tan grandilocuentes). Las tramas, exóticas y complejísimas, exigían por tradición números corales a gran escala, largos ballets... Ponchielli ya había incluido danzas en I Lituani (1874), con la que debutó en La Scala, y lo haría de nuevo en "Il figliuol prodigo". Por suerte, el talento de Ponchielli convirtió un baile prescindible que no aporta nada al argumento (de hecho lo ralentiza) en una escena indispensable de "La Gioconda", muchas veces la más aplaudida (si los bailarines son buenos). Se titula la "Danza de las horas", y encandiló a Walt Disney, que decidió hacer una versión animada en la película "Fantasía". La protagonizan, en vez de bailarinas que encarnan cuatro momentos del día (Aurora, día, atardecer y noche), un grupo de avestruces, hipopótamos, elefantes y cocodrilos: https://youtu.be/MJ7IGnQPZPQ
3) Una orquesta que suena a Wagner
Si "La Gioconda" se mantiene por derecho propio en el repertorio desde hace siglo y medio se debe a que sus virtudes compensan con mucho sus defectos. Por un lado, el gran cuidado de la orquesta. Veamos, por ejemplo, el preludio del Acto IV, de tono lúgubre y funesto, hasta que un clarinete expresa la dulzura del corazón de Gioconda. Minuto 1.24:https://youtu.be/UnYyThElbMU O, en el aria del barítono "O monumento", esas trompas casi wagnerianas (min. 2.40). Merece la pena escucharlo completo, en versión de Bastianini: https://youtu.be/MrCS_DyaBOY
4) La voz, protagonista
Aparte de la instrumentación, resulta evidente que Ponchielli conocía bien la voz y sus posibilidades. El canto en esta ópera merece un capítulo aparte.
Para empezar, se lo pone cuesta arriba al director, que ha de encontrar a seis protagonistas (¡seis!) de todos los distintos registros (del bajo a la soprano) y de parecida calidad, para lograr un conjunto equilibrado.
Representa, además, un enorme reto para los protagonistas: el tenor aborda un aria como "Cielo e mar", presente en todos los recopilatorios de la ópera italiana (aquí, un insuperable Carlo Bergonzi: https://youtu.be/IvuwjPRDe5g ). Pero mucho antes, en el acto I, su propia entrada en escena son notas agudísimas, potentes y al mismo tiempo elegantes.
Aunque la que lo tiene más difícil que nadie es la soprano. De todas las cualidades que se le exigen (potencia, elegancia en el fraseo, delicadeza), dos son peliagudas. La primera, un registro amplísimo y homogéneo: a ratos parece que a Ponchielli, por decirlo coloquialmente, se le fue la olla, porque casi al final de la obra la Gioconda debe cantar el aria Suicidio, que se mueve por un rango de contralto (fijémonos en las notas tan graves que canta en el 2.20 y en el 3.55: https://youtu.be/hAXJ8pAQUns ). Y pocos minutos después, la pobre soprano ha de enfrentarse a coloraturas y mordentes muy ágiles y agudos, propios del bel canto, en el dúo final con Barnaba. Oigámoslo en el 5.15 de esta versión de Callas y Piero Cappuccilli: https://www.youtube.com/watch?v=EMgttv-MHt4
5) Treinta segundos para la historia
Por si fuera poco, Ponchielli le regala a la Gioconda un peligroso caramelo en el Acto I. Una joya que solo la mejor interpretación de la cantante permite apreciar como es debido.
Justo después del aria de la Ciega, la Gioconda se dirige al príncipe, que se había enfrentado con valor a la multitud para salvar a su madre. Y le dice, embelesada: "Enzo adorato. Ah! Come t'amo". Son treinta segundos inolvidables, un canto puro y celestial: se debe atacar el sonido -muy agudo- en Pianísimo, hacerlo crecer hasta un poderoso Forte y de nuevo reducir la dinámica en sentido inverso hasta desaparecer. La técnica se llama messa di voce, y obliga a aumentar la intensidad sin que cambie el color de la voz. Retrata a la soprano: puede hundirla o darle fama mundial (sucedió con Maria Callas en 1950). Min. 0.30: https://youtu.be/j17NbFg7j2Q
No os voy a esconder que, personalmente, me parece un momento mágico, el mejor de esta ópera. Y si nadie nos avisara, quizá se nos pasaría por alto la enorme dificultad que supone para la soprano. Hay que estar atentos, porque apenas dura medio minuto.
Un último apunte respecto a la voz. Ponchielli aprovechó la diferencia de registro y de timbre entre sus protagonistas para retratarlos no solo a través de sus palabras, sino de su canto. Queda muy claro en el dúo entre Barnaba y Enzo. El segundo, ingenuo, emocional y lírico, en el 4.24, y el diabólico Barnaba, juguetón, divertido porque disfruta haciéndole sufrir, y pérfido para que no se olvide de su gran poder, aquí en el minuto 1.00. Extraordinaria versión de Bastianini y Mario del Monaco, 1958:https://www.youtube.com/watch?v=c55oKrqY-kI
Analicemos algunos de sus rasgos:
1) De Verdi a Puccini
Lo primero que se destaca de esta ópera de 1876 es que supone un puente entre la era de Verdi y la de Puccini. Con el compositor de Busseto, Ponchielli coincidió no solo en el libretista (Arrigo Boito, también escritor de "Otello") y en el editor de confianza (Giulio Ricordi), sino hasta en la admiración por el poeta nacionalista Manzoni, al que Verdi dedicó su fabuloso "Requiem" y del que Ponchielli adaptó un texto para su primera ópera, I promessi sposi.
En cuanto al vínculo con Puccini, fue su profesor de composición en el Conservatorio de Milán, y algunas de las innovaciones que introdujo en "La Gioconda" abrirían el camino del verismo: desde el nuevo estilo de canto (directo, intenso y emotivo, sin las coloraturas del Bel Canto) hasta la profundización en los sentimientos y psicología de los personajes (como en el aria de la soprano Suicidio), pasando por una instrumentación más compleja y, digamos, intencionada.
Sin llegar a parecerse a Wagner, sí que se apuntan ciertos leitmotives en la orquesta. El más importante (y por algo lo incluyó en la obertura) es el del rosario, que suena nada más empezar la obra, en el minuto 1.03 aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Z2Q07CIwEN4
y más tarde, en el aria de la Ciega, agradecida a Laura, que le ha salvado la vida, se recupera esa melodía con el texto "acepta este rosario", como bendición por la compasión que ha mostrado. Es un momento muy bello, aquí en el 1.40 (Elena Cernei, 1967) : https://www.youtube.com/watch?v=S-4JDCsg0do. Y casi en el desenlace, también lo cantará la Gioconda, gracias a cuyo sacrificio los dos amantes podrán escapar juntos.
Otro leitmotiv muy destacable es el que resume el amor de Laura, su devoción por Enzo (una línea sencilla, la pureza, frente a la melodía más retorcida y voluptuosa de Gioconda). Primero lo canta la mezzo en el dúo E un anatema, con los versos "L'amo come il fulgor del creato", 1.49: https://youtu.be/jwttgQaqFS0 y más tarde será la orquesta (Acto IV), aquí en el min. 9.25:https://youtu.be/-CJQSjcNjvc . Y lo hace con razón, porque suena justo cuando Laura despierta del letargo en que le sumió el somnífero que había bebido. Enzo creía que su amada había muerto y que la culpa era de Gioconda, y está a punto de matarla. Pero en el último instante, Laura abre los ojos y pronuncia su nombre, y los violines reproducen la melodía de su amor.
Por añadir un tercero, el leitmotiv fatídico de Barnaba, que desea "buona fortuna" (buena suerte) a Enzo pero inmediatamente después lo delata ante la Inquisición. Suena primero en el Acto I, en el dúo del barítono y el tenor, en el 5.08:https://www.youtube.com/watch?v=c55oKrqY-kI. Y posteriormente, esa melodía en tono menor sirve para enturbiar el reencuentro de los amantes, en el Acto II, cuando Laura acude de noche al barco de Enzo. La emoción y la pasión del abrazo se interrumpen con un lejano y siniestro "buona fortuna".
2) Una danza de fantasía
Algunos críticos se ceban con "La Gioconda" por varias razones. La primera, su argumento. No discutiremos que es disparatado, excesivo y caótico. Podríamos esperar más de Victor Hugo, autor del texto original, y de Arrigo Boito, que lo adaptó. Aun así, hay pasajes bastante potables, como la oscurísima aria "O Monumento", de Barnaba, o ese duelo entre las dos amantes, en el que comparan sus sentimientos: "Lo amo como el águila al sol, como la tranquilidad a la vorágine".
La segunda gran crítica es su tendencia al melodramatismo, muy propio de la Grand Opéra parisina, tendencia que cultivó el alemán Meyerbeer y que estaba muy de moda entonces (hoy apenas se representan, por su densidad y por la dificultad de escenificar montajes tan grandilocuentes). Las tramas, exóticas y complejísimas, exigían por tradición números corales a gran escala, largos ballets... Ponchielli ya había incluido danzas en I Lituani (1874), con la que debutó en La Scala, y lo haría de nuevo en "Il figliuol prodigo". Por suerte, el talento de Ponchielli convirtió un baile prescindible que no aporta nada al argumento (de hecho lo ralentiza) en una escena indispensable de "La Gioconda", muchas veces la más aplaudida (si los bailarines son buenos). Se titula la "Danza de las horas", y encandiló a Walt Disney, que decidió hacer una versión animada en la película "Fantasía". La protagonizan, en vez de bailarinas que encarnan cuatro momentos del día (Aurora, día, atardecer y noche), un grupo de avestruces, hipopótamos, elefantes y cocodrilos: https://youtu.be/MJ7IGnQPZPQ
3) Una orquesta que suena a Wagner
Si "La Gioconda" se mantiene por derecho propio en el repertorio desde hace siglo y medio se debe a que sus virtudes compensan con mucho sus defectos. Por un lado, el gran cuidado de la orquesta. Veamos, por ejemplo, el preludio del Acto IV, de tono lúgubre y funesto, hasta que un clarinete expresa la dulzura del corazón de Gioconda. Minuto 1.24:https://youtu.be/UnYyThElbMU O, en el aria del barítono "O monumento", esas trompas casi wagnerianas (min. 2.40). Merece la pena escucharlo completo, en versión de Bastianini: https://youtu.be/MrCS_DyaBOY
4) La voz, protagonista
Aparte de la instrumentación, resulta evidente que Ponchielli conocía bien la voz y sus posibilidades. El canto en esta ópera merece un capítulo aparte.
Para empezar, se lo pone cuesta arriba al director, que ha de encontrar a seis protagonistas (¡seis!) de todos los distintos registros (del bajo a la soprano) y de parecida calidad, para lograr un conjunto equilibrado.
Representa, además, un enorme reto para los protagonistas: el tenor aborda un aria como "Cielo e mar", presente en todos los recopilatorios de la ópera italiana (aquí, un insuperable Carlo Bergonzi: https://youtu.be/IvuwjPRDe5g ). Pero mucho antes, en el acto I, su propia entrada en escena son notas agudísimas, potentes y al mismo tiempo elegantes.
Aunque la que lo tiene más difícil que nadie es la soprano. De todas las cualidades que se le exigen (potencia, elegancia en el fraseo, delicadeza), dos son peliagudas. La primera, un registro amplísimo y homogéneo: a ratos parece que a Ponchielli, por decirlo coloquialmente, se le fue la olla, porque casi al final de la obra la Gioconda debe cantar el aria Suicidio, que se mueve por un rango de contralto (fijémonos en las notas tan graves que canta en el 2.20 y en el 3.55: https://youtu.be/hAXJ8pAQUns ). Y pocos minutos después, la pobre soprano ha de enfrentarse a coloraturas y mordentes muy ágiles y agudos, propios del bel canto, en el dúo final con Barnaba. Oigámoslo en el 5.15 de esta versión de Callas y Piero Cappuccilli: https://www.youtube.com/watch?v=EMgttv-MHt4
5) Treinta segundos para la historia
Por si fuera poco, Ponchielli le regala a la Gioconda un peligroso caramelo en el Acto I. Una joya que solo la mejor interpretación de la cantante permite apreciar como es debido.
Justo después del aria de la Ciega, la Gioconda se dirige al príncipe, que se había enfrentado con valor a la multitud para salvar a su madre. Y le dice, embelesada: "Enzo adorato. Ah! Come t'amo". Son treinta segundos inolvidables, un canto puro y celestial: se debe atacar el sonido -muy agudo- en Pianísimo, hacerlo crecer hasta un poderoso Forte y de nuevo reducir la dinámica en sentido inverso hasta desaparecer. La técnica se llama messa di voce, y obliga a aumentar la intensidad sin que cambie el color de la voz. Retrata a la soprano: puede hundirla o darle fama mundial (sucedió con Maria Callas en 1950). Min. 0.30: https://youtu.be/j17NbFg7j2Q
No os voy a esconder que, personalmente, me parece un momento mágico, el mejor de esta ópera. Y si nadie nos avisara, quizá se nos pasaría por alto la enorme dificultad que supone para la soprano. Hay que estar atentos, porque apenas dura medio minuto.
Un último apunte respecto a la voz. Ponchielli aprovechó la diferencia de registro y de timbre entre sus protagonistas para retratarlos no solo a través de sus palabras, sino de su canto. Queda muy claro en el dúo entre Barnaba y Enzo. El segundo, ingenuo, emocional y lírico, en el 4.24, y el diabólico Barnaba, juguetón, divertido porque disfruta haciéndole sufrir, y pérfido para que no se olvide de su gran poder, aquí en el minuto 1.00. Extraordinaria versión de Bastianini y Mario del Monaco, 1958:https://www.youtube.com/watch?v=c55oKrqY-kI
Fuente: http://www.multicinescaceres.com