10/02/2010 – 13/06/2010
Miquel Barceló. 1983-2009 La solitude organisative.
📍 - CaixaForum Madrid ( Paseo del Prado, 36 )
🎟️ - Entrada gratuita a las exposiciones. - Visita guiada 15€
El CaixaForum Madrid recibe estos días a sus visitantes con la impactante escultura de un elefante haciendo el pino con su trompa. Una manera espectacular de animarte a disfrutar de La solitude organisative, la exposición de la Obra Social La Caixa que repasa, a través de 180 piezas, la trayectoria de Miquel Barceló, el artista español más universal. Una de las citas artísticas más importantes de los últimos años que permite conocer la variedad de la obra del mallorquín y su relación personal con la naturaleza y la materia. Hasta el 13 de junio.
A través de 140 dibujos, acuarelas, cuadros, esculturas, piezas de cerámica, pósteres y cuadernos de viajes, esta exposición trata de explicar el proceso creativo de Miquel Barceló. Gracias a una cuidada presentación de las obras, el visitante comprenderá la relación entre unas y otras desde el comienzo de su carrera.
Temas como el reencuentro con la tradición, la animalidad del hombre o la humanidad de los animales han sido recurrentes en una obra realizada entre Mali, donde tiene su estudio, y el Mediterráneo. La literatura, la religión y la Historia se expresan de una forma propia a través de la mano de Barceló, que ha sabido plasmar de una manera absolutamente actual algunas de las preocupaciones de la humanidad.
Desde hace 25 años, muy influenciado por el art-brut, Miquel Barceló (1957) ha propuesto una alternativa singular a las líneas dominantes del arte contemporáneo.
Durante los últimos años Barceló ha realizado grandes composiciones murales, como la capilla de la catedral de Palma de Mallorca o la cúpula del Palacio de Naciones Unidas en Ginebra. Además ha tenido tiempo para comenzar una serie de esculturas monumentales de mamíferos que, según palabras del artista, son "suplantaciones de su persona", como el elefante apoyado sobre la trompa que puede verse junto a la puerta del CaixaForum.
En la actualidad es por derecho propio una figura imprescindible del arte español y esta muestra, una ocasión excelente para reencontrarse con la obra de un autor al que ya podemos considerar un clásico.
Comentario de la exposición por Juan Cabrera :
A través de 140 dibujos, acuarelas, cuadros, esculturas, piezas de cerámica, pósteres y cuadernos de viajes, esta exposición trata de explicar el proceso creativo de Miquel Barceló. Gracias a una cuidada presentación de las obras, el visitante comprenderá la relación entre unas y otras desde el comienzo de su carrera.
Temas como el reencuentro con la tradición, la animalidad del hombre o la humanidad de los animales han sido recurrentes en una obra realizada entre Mali, donde tiene su estudio, y el Mediterráneo. La literatura, la religión y la Historia se expresan de una forma propia a través de la mano de Barceló, que ha sabido plasmar de una manera absolutamente actual algunas de las preocupaciones de la humanidad.
Desde hace 25 años, muy influenciado por el art-brut, Miquel Barceló (1957) ha propuesto una alternativa singular a las líneas dominantes del arte contemporáneo.
Durante los últimos años Barceló ha realizado grandes composiciones murales, como la capilla de la catedral de Palma de Mallorca o la cúpula del Palacio de Naciones Unidas en Ginebra. Además ha tenido tiempo para comenzar una serie de esculturas monumentales de mamíferos que, según palabras del artista, son "suplantaciones de su persona", como el elefante apoyado sobre la trompa que puede verse junto a la puerta del CaixaForum.
En la actualidad es por derecho propio una figura imprescindible del arte español y esta muestra, una ocasión excelente para reencontrarse con la obra de un autor al que ya podemos considerar un clásico.
Comentario de la exposición por Juan Cabrera :
| CLAVADO Y ABATIDO Sin duda alguna el aspecto técnico más interesante que Barceló aporta a la pintura en general, a su propio estilo y a su personalidad artística, es la conquista, la consecución plena, de un revolucionario lenguaje colorístico. Cuando parece, sobre todo desde la perspectiva del diletante, que es imposible el descubrimiento de una nueva y, además, amplia gama de colores, cuando todo, desde este aspecto esencial de la pintura, parece “déjá vu”, Barceló consigue lo que, para mí, es todo un descubrimiento ante el que me encuentro a unas alturas en las que el pintor lleva ya un largo trecho recorrido sorprendiendo, admirando y convulsionando las expectativas del mundo del arte. Su osadía profesional, su libertad expresiva, su atrevimiento impúdico con los retos que le plantean los grandes lienzos a los que se enfrenta, la resolución armónica, musical, plástica que consigue al final, la evolución constante que hay en cada etapa de su creación, más aun, casi en cada cuadro, denotan la trascendencia de este artista para el arte y para la vida de ahora y del futuro. Su facilidad creativa, su dominio técnico están a la altura de los mejores, de los Picasso, de los Rembrandt, de los Velázquez… Decía que innova, que inventa nuevos colores. Y lo hace, no con la habilidad del artesano, no con el uso gremial de esa técnica mixta que se explica al pié de sus cuadros, sino con la incorporación de los elementos naturales al sutil lenguaje de la pintura. No utiliza la tierra, esos elementos naturales o, incluso los de deshecho, para conseguir un efecto realista, sino todo lo contrario, los saca de su realidad material para transformarlos en parte de ese lenguaje intelectual, emocional, plástico. La tierra no es por tanto tierra, es el óleo, es la sustancia que sirve a su intención transformadora, la que sugiere, la que tensa, la que vuela, la que recupera, la que imagina mundos, la que realiza sueños. Pero este maestro del color no solo logra impactar a través de la técnica mixta. También con la más tradicional consigue efectos de color y dimensiones nuevas. Véanse, como muestra, los cuadros que hay en la sala donde se expone el de la barca en la noche. La mayoría de esos cuadros, de temática marina, muestran matices espeluznantes, sorprendentes. La profundidad que consigue dar a la oscuridad, a la noche, al paisaje marítimo es sobrecogedora, intensa, interna, auténtica. El desfile procesional por la ladera de la montaña y el ritmo que impregna al caminar de unas estilizadas figuras se convierte en un baile al sol, en una coreografía de ballet en medio del inmenso paisaje africano. Ese enorme cuadro, esa composición paisajística con el contrapunto de los trazos negros, ese neoimpresionismo temático y estilístico que sugiere el conjunto, abarca una etapa amplia del artista y sitúa esta obra en la mitad del camino que recorre la exposición, entre el mono erectus que encontramos nada más iniciar la visita y el Cristo crucificado de dos salas más allá. Un gran mono sentado, pero erguido, una cubierta velluda, pero un gesto reflexivo, unas chispas incandescentes saltan de sus ojos, una mirada a lo que está por venir que provoca un espasmo y una eyaculación ocular formada de pequeñas gotas rojas, una representación dramática de la evolución.. Que llega hasta el instante de la cruz, hasta el Cristo clavado y abatido. Pocas veces, tal vez ninguna, se ha representado así la crucifixión. La historiografía de ese acontecimiento y la versión artística siempre han retratado ese momento con una característica común: el rostro visto, echado hacia atrás muchas veces, apoyado en las maderas, otras inclinado hacia delante, pero destapado, la expresión dolorosa y, al mismo tiempo, en paz, la mirada perdida, pero redentora, perdonadora, inequívocamente triunfadora. Barceló, empero, deja caer totalmente la cerviz divina, no muestra el rostro, sí el abatimiento y el móvil aniquilador, sí la derrota…del hombre y del dios. La redención, como tantos otros creadores, la pone el pintor mallorquín en el arte, en el neoimpresionismo del que hablábamos, en la recuperación de un primitivismo de influencias rupestres, tanto por el contenido como por la forma, en la simbiosis entre el hoy y nuestro más remoto ayer, que representa, a través de sus autorretratos, él mismo y, también, esas otras dos rotundas figuras pintadas que vemos en la primera sala (hombre y mujer), amigos del artista, cuyas imágenes dejan patente el mismo espíritu, idénticas actitudes, reflejan la misma excelencia que los que están en la pared de enfrente, sus, también, amigos negros a los que realza con unos dientes de piedra. pegados en sus caras africanas. Todavía hay mucho más. Hay que verla. Juan Cabrera |