13/12/2018
Este jueves, 13 de diciembre, disfrutaremos en directo desde París de Simon Boccanegra, obra maestra de Verdi.
Este título nunca ha estado entre los favoritos del público, pese a contener una música absolutamente magistral. En La Fenice, donde se estrenó en 1856, nadie entendió el libreto (lógico, porque es un embrollo casi indescifrable), pero lo que más le molestó al autor fueron las críticas a su partitura: "áspera", "poco melódica", "ajena a la tradición"...
Casi tres décadas después, el anciano compositor, después de diez años de silencio, hizo caso a su editor, Ricordi, y empezó a trabajar con el joven Arrigo Boito ('Mefistófeles'). Su primer encargo fue resucitar Boccanegra, un proyecto al que Verdi seguía teniendo mucha fe por su contenido: no solo la defensa del hombre de Estado firme pero magnánimo, sino también la relación íntima entre Boccanegra y su hija perdida, que recuerda a las de Rigoletto y Luisa Miller (y tiene trasfondo biográfico: él mismo perdió a sus hijos en una epidemia).
Boito, con el que colaboraría después en las insuperables Otello y Falstaff, revitalizó una ópera que lo merecía. Sus retoques y añadidos (toda la escena del Consejo) insuflaron vida a los personajes, en especial el vil Paolo y el grandioso Dux. Se reestrenó en 1881 en La Scala, ya con considerable éxito. Hoy tiene condición de clásico, aunque sigue siendo atípica por el protagonismo de las voces masculinas graves (bajos y barítonos) y su tono oscuro. Pero su música merece atención y mejora con cada nueva escucha.
1) Sin arias... o casi
Una de las características que se supone que alejaron al público del estreno fue la ausencia de 'hits', a diferencia de Il trovatore con Di quella pira (y el coro de los gitanos) o de Rigoletto con La donna è mobile. Eso es cierto... pero solo en parte. Porque al final el genio de Busseto siempre se sacaba de la manga arias memorables.
Por ejemplo, la presentación de Amelia, Come in quest'ora bruna, aquí con Anna Moffo: https://youtu.be/Bo39q-cAvws La orquestación (en particular el clarinete) evoca la naturaleza, en la que la soprano se siente ensimismada.
O también el majestuoso Il lacerato spirito, para el bajo,
aquí Nicolai Ghiaurov: https://youtu.be/UIQEMt0HlOU
El aria empieza en el 1.55, pero el recitativo previo merece la pena.
2) Una ópera de escenas
Lo que resulta indiscutible es que por encima de las intervenciones individuales, se recuerdan escenas completas, de una fuerza dramática que pocas veces alcanzaría.
Al final del primer acto, Boccanegra preside una tensa asamblea de consejeros enfrentados, que se ve interrumpida por la entrada de la furiosa muchedumbre. Consigue calmarlos a todos con una bellísima defensa de la paz (Fratricidi! Plebe, patrizi, popolo!):
https://youtu.be/dHF0Z72Y3bQ - insuperable Cappuccilli. En el 2.00, el motivo de la paz "e vo gridando pace". En el 2.30 se une el coro, seguido de la soprano y el tenor.
Ese final del primer acto (revisado y ampliado en 1880) profundiza en los rasgos de generoso gobernante, figura dramática de gran formato, que en la primera versión se intuían pero no se dibujaban con tanta claridad. Un líder humanista, de voluntad implacable. Después de haber calmado al gentío, Boccanegra hace un solemne discurso al que se adhieren todos los personajes (incluido el coro, que representa al pueblo). Un muro de sonido, una bóveda musical inmensa y conmovedora.
Pero la larguísima escena aún no concluye ahí. El Dux tiene que condenar al traidor que secuestró a su hija. Y él sabe que ha sido Paolo Albiani, aunque aquél aún no ha quedado destapado.
En contraste a la tonalidad de Fa mayor (optimista) de la intervención de paz, Boccanegra pronuncia su maldición modulando a Do menor (In te risiede) con la única compañía de un clarinete bajo. Aquí, a partir del 0.55:
En el min. 3.00, el leitmotiv de la maldición: "sia maledetto", lúgubre, que repite el traidor, y después el coro en fortísimo (3.30) y en susurro (3.40). Así concluye el acto, con un momento poderosísimo: el villano, que todavía no ha reconocido su culpa, se ve obligado a maldecir al traidor... o sea, a sí mismo.
3) La orquesta "suena" a mar
Otros de los cambios fundamentales que Verdi introdujo al colaborar junto al talentoso (y wagneriano) Boito se refieren a la instrumentación. Trabajó más los leitmotive, que aportan continuidad, buscó mayor fluidez en el modo de hilar la partitura y, sobre todo, consiguió un color inconfundible, esa "tinta" que siempre obsesionaba al compositor.
Desde las primeras notas, Simon Boccanegra "suena" a mar, a la brisa, a las olas. Aluden tanto a la ciudad costera de Génova como al pasado del protagonista, que antes de ser representante del pueblo había sido pirata.
Aquí oímos la delicada introducción: https://youtu.be/nFY3iyOdD_Y
los violines se mecen como olas, transmiten equilibrio, la redención del mar, que será su único consuelo después de las trampas y encerronas de la política.
Comparemos esa versión de 1881 con el prólogo de 1857 https://youtu.be/gUjb3a8FSMY
mucho más marcial, menos sutil y sosegado.
El maestro Riccardo Muti lo explica aquí al piano: https://youtu.be/Vk5x44lXmOI . Contrasta las dos versiones del preludio (y el parecido de la última versión al estilo de Schumann)
De la misma manera, en la penúltima escena, cuando Boccanegra agoniza, el sonido vuelve a imitar a la brisa, que parece despedirlo con un recuerdo de su pasado corsario.
https://youtu.be/uhMpc9I46vk (a partir del min. 1.12). Simon siente cerca su muerte, y canta unos versos conmovedores: "Quiero respirar el aire del cielo abierto. ¡Qué alivio! La brisa marina. ¡El mar! Su vista me trae recuerdos de gloria... El mar". En el 1.56, la orquesta empieza a repetir la melodía que él ha cantado ("il mare, il mare"), y continúa hasta la salida de Fiesco de las sombras (2.30). Merece la pena ver el vídeo hasta el final, el dúo es sublime.
4) Cómo describir un estado de ánimo
A esas alturas, el autor de Nabucco había aprendido a retratar a los personajes con su música: cristalina para Amelia, nerviosa para el vil Paolo, que declama más que canta. Pero da un paso más: la partitura expresa los cambios de ánimo.
En el memorable dúo de Boccanegra y su hija (Dinne, alcun là non vedesti), al principio no saben la identidad del otro. A medida que atan cabos, la orquesta acelera el tempo y modula a tonos más agudos para subrayar la creciente excitación. Luego, cuando se abrazan, cantan frases largas y ligadas, muy tiernas.
https://youtu.be/0rkuOlfj6w8 (Gencer y Tito Gobbi) Vemos cómo toma velocidad hasta que en el min 0.40 se reconocen
https://youtu.be/y2dwXbG3rIo (aquí, con Nucci). Se abrazan en el min. 1. En el 1.30, "Figlia, a tel nome io palpito". Dúo que comienza con la intervención del barítono. En el 2.15, sigue la soprano, en el 2.36 se empiezan a cruzar las voces. En el min. 3.00, repiten varias veces la frase "compartiremos una felicidad que solo el cielo conocerá", acompañados de las cuerdas en pizzicato. Finalmente, en el 3.39, los violines ligados (acompañados por arpa) repiten el motivo que antes cantaba el barítono. El final es pura delicadeza, con arpa y viento metal en ppp
Otra estupenda versión del mismo dúo, que además incluye la partitura, con Te Kanawa y Vladimir Chernov: https://youtu.be/FrK7sLW1ogg
5) De Macbeth a Otello
Siguiendo la línea que inauguró Macbeth y que desembocaría en Otello, el desarrollo de la acción es continuo, ágil, sin los números cerrados (separados) del bel canto de Donizetti o Rossini. Podríamos poner casi cualquier ejemplo, pero nos quedamos con el extenso y muy hermoso dúo de amor del primer acto. Aquí, con Plácido y Katia Ricciarelli
https://youtu.be/DlDupny8AUA
El tenor se presenta desde bambalinas, con la voz lejana y una tonada de aire tradicional, mientras la soprano lo comenta en primer plano. Después del recitativo, el siguiente pasaje es Vieni a mirar la cerula (2.40), que comienza Amelia y continúa Gabriele (3.45), arrebatador, romántico. A partir del 4.15 empiezan a alternarse las voces, y ella en el 4.40 retoma la frase de él. Concluyen al unísono en el 5.20, muestra de su amor puro y en sintonía.
Después los interrumpe una doncella: ha llegado el Dux, que trae un candidato que pide la mano de la joven. ¡No pueden consentir eso! Así, deciden casarse primero para evitarlo. Verdi lo resume en la rápida "Sì, sì, dell'ara il giubilo", irresistible. A partir del 6.30 en el vídeo anterior. Las voces se cruzan en un canon y confluyen al final.
Lo disecciona muy bien el gran Antonio Pappano en este vídeo, breve e instructivo: https://youtu.be/CxQ6cD-1Rg0