04/01/2016
Negredo estrella la remontada (Valencia C.F 2 - 2 R.Madrid)
El delantero falla en el tiempo añadido, ya son siete partidos sin ganar y la Champions se aleja a 13 puntos
El partido mantuvo su equilibrio hasta que Abdennour volvió a hacer una de las suyas. Alguien deberá explicar a la afición blanquinegra quién fue a ver al tunecino en su etapa en el Mónaco. Los 25 millones de euros que el Valencia ha pagado por este jugador son la gran broma de la temporada. No se puede fichar a ciegas. Por mucho que Jorge Mendes, el intermediario, ordene. Esto el Valencia Club de Fútbol. Un equipo en vísperas de ser centenario. Mestalla no es un banco de pruebas. Hay que tener respeto por la memoria que va de Octavio Milego a Peter Lim.
Pasado el cuarto de hora, Abdennour dejó un balón muerto en terreno de nadie en una acción de juvenil. La solución fue todavía peor. El tunecino, en lugar de blindar la retaguardia, se inmoló al salir descontrolado a por la pelota. Un movimiento suicida que permitió al Real Madrid combinar para que Benzema entrara a placer por el lugar que nunca debió abandonar el africano. Gol y a remar. Entre los dos centrales se abrió el mar. Y el francés del Madrid fue un Moisés para poner en ventaja a los suyos.
Mestalla agradeció a Rafa Benítez los éxitos pasados. Casi ya del siglo anterior. Los tiempos del doblete sin duda fueron mejores. Pero hoy en el Valencia nadie parte la pana como hacía Ayala. Ningún jugador tira líneas como dibujaba Baraja. No hay oficio como el de Rufete por banda ni sobredosis de testosterona como la del Kily y Vicente. La magia se la llevó Aimar. Y lo más importante, el mando que otorga un brazalete de capitán. Albelda eran palabras mayores. Su adiós fue una orfandad que todavía no se ha resuelto. Al Valencia, lo único que le queda es su afición. La única capaz de darle la vuelta a un partido.
Y así fue. La grada levantó el partido. Poco a poco. Soplando en el cogote del árbitro Sánchez Martínez. Insistente. Inyectándole el alma necesaria al equipo. La transfusión. Como André Gomes como el hilo conductor. El único que entendió en la primera parte que si el año pasado fue posible ayer la vida iba a dar otra oportunidad.
La resurrección del Valencia pasa por las botas del luso. No hay más. Con la vuelta de André el equipo volverá a palpitar. La grada empujó y el 21, heredero del caviar de Silva y Aimar, dispuso para que los de Neville dejaran de oler a muerto mediada la primera mitad. El primero en avisar de que había un hilo de vida fue Cancelo a la media hora. De cabeza no culminó el centro de De Paul. Después Abdennour tuvo la oportunidad de enmendar su error pero la tiró fuera. André, poco después, erró lo que se cantaba como gol. Ramos lo evitó.
Los jugadores del Real Madrid jugaron la primera parte al ralentí. Como si no fuera con ellos la guillotina que acaricia el cuello de Benítez. Al Valencia le faltó presión. El trivote no muerde. Gomes propuso pero la intensidad no fue acorde con los decibelios de la grada. El árbitro, quisquilloso con el juego del Valencia, hizo la vista gorda a un exceso de Orban con Bale en el área local. El favor permitió fabricar una contra para que Gomes entrara por el mismo sitio en el que antes estuvo a punto de hacer gol. En este caso fue Pepe el compañero de baile. Motivo suficiente para que el central, que al inicio del partido besó con su taco la ceja del Alcácer, hiciera un penalti claro. Parejo engañó a Navas para poner las tablas.
La reanudación trajo el mismo guión. La resurrección fiada a las botas de André Gomes y el Real Madrid buscando la genialidad de algunos de los suyos ante la inconsistente defensa rival. Santos y Abdennour narraron un drama con el balón en los pies. El tunecino tiene imán para meterse en líos. Es incapaz de jugar a un toque. Soba el balón con exceso. Para morir siempre en el valle del riesgo. Incluso buscó un cupable en Orban. Mal gesto. André, siempre André, lo intentó desde lejos. Navas voló para mandar al córner.
Kovacic hizo el favor de la noche con una entrada criminal a los tobillos de Cancelo. La roja fue indiscutible. Contra diez, los de Neville no aprovecharon la superioridad. No supieron abrir el campo. El Real Madrid se puso otra vez por delante. A balón parado. Bale, al primer palo, cabeceó por encima de Parejo y Danilo. Premio excesivo para un requipo indolente. Pero pronto empató Alcácer, que apareció de la nada para rematar un servicio de Rodrigo. Nada más. Tan sólo lo de Negredo. Un empate como único consuelo ante una de las peores versiones del Madrid.
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