27/05/2016
La Diputación palentina aprueba por unanimidad en Pleno el nombramiento de Victorio Macho como Hijo Predilecto de la Provincia, a título póstumo
Recordar que Palencia siempre estuvo presente en su trayectoria vital y artística, y gracias a su nombre y su obra ha sido más conocida y mencionada en el resto de España y en diversos países de Hispanoamérica.
Una vez que la sesión plenaria del mes de abril elevara la propuesta institucional para este nombramiento, se daba el visto bueno esta mañana al nombramiento, en virtud de lo dispuesto en los artículos 2 y 7 del Reglamento para la concesión de honores y distinciones de esta Diputación Provincial.
La biografía del escultor Victorio Macho Rogado, muestra no solo el puesto que ocupó dentro del panorama artístico español de los dos primeros tercios del siglo XX, sino que trascendió lo nacional con presencia también en Hispanoamérica. Su biografía además demuestra que siempre tuvo a su tierra natal en la memoria y que, cuando pudo, la visitó, dejando constancia de su aprecio por ella.
El nombre de su provincia natal, por su trayectoria vital y artística, estuvo siempre ligado a él, y a través de él y de su obra, Palencia ha sido más conocida y mencionada en el resto de España y en varios países de Hispanoamérica.
El informe presentado por el servicio de Cultura apunta que: por todo ello, y al amparo de lo dispuesto en el artículo 1 del Reglamento de Honores y distinciones, dando “prueba de la alta estimación que merecen los servicios que se presten a esta provincia…. en cuando concierne a su engrandecimiento… en todos los órdenes” y de lo dispuesto en el artículo 2 del citado Reglamento, se propone al Pleno de la Corporación, el nombramiento de Hijo Predilecto de la Provincia de Palencia, a título póstumo, a D. Victorio Macho Rogado, cuyo 50 Aniversario de su fallecimiento se conmemora este año, y a la vista de lo que supuso su figura en el panorama artístico nacional del siglo XX y de la honra que supone ello para la provincia de Palencia y la proyección que su figura ha dado a la misma.
*** Victorio Macho Rogado nació en Palencia el 23 de diciembre de 1887, y se trasladó después, en 1897 a Santander por razón del trabajo de su padre. Allí se inició en la escultura, en la Escuela de Artes y oficios y entró de aprendiz en el taller de José Quintana, donde realizó algunos de sus primeros trabajos.
En sus inicios el desarrollo como artista de Victorio Macho contó con el apoyo de la Diputación, que fue consciente de su valía y le apoyó económicamente. En 1903 solicitó una ayuda a la Diputación de Palencia para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. La Diputación, en el Pleno del 25 de agosto de ese año, le concedió una pensión de 600 pts., que le fue aumentada en el Pleno del 6 de septiembre de 1904 a 1.000 pts., como alumno de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, “felicitándose de las excepcionales aptitudes de este hijo de la provincia”. Al año siguiente, el Pleno de 7 de octubre de 1905, le renovó la pensión, dejándola, en este caso, en 750 pts. “sintiendo la Comisión que el estado angustioso del presupuesto provincial no permita dotar dicha pensión con mayor cuantía, para poder corresponder a las relevantes dotes de genio artístico demostradas”.
Rápidamente y simultaneándolo con los estudios en la Academia, empezó a dibujar en el Museo de Reproducciones Artísticas, entonces instalado en el Casón del Buen Retiro, y participó en algunas exposiciones, así como frecuentar una de las tertulias intelectuales más importantes del momento, la del Café Pombo, donde asistían, entre otros, el pintor Gutiérrez Solana y el escultor Gómez de la Serna.
A partir de 1917, su reputación como escultor, especialmente tras la realización del sepulcro del Dr. Llorente, para la madrileña Sacramental de San Justo, su figura como escultor empezó a crecer hasta el punto de que en 1918 se le encargó el monumento a Pérez Galdós para el Retiro.
En 1921 recibió el homenaje de la Sociedad Económica de Amigos del País de Palencia, y antes de los años 30 realizó los monumentos a Concha Espina en Santander, el Monumento a Elcano en Guetaria, el Cristo de los Corrales de Buelna y el monumento a Eugenio María de Ostos en Puerto Rico. Finalizó esta década con la realización de su famoso Cristo del Otero en Palencia.
Se puede decir que, desde entonces, la figura de Macho se presenta como uno de los escultores importantes del momento artístico español, que se reconoce nombrándole Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde ingresó el 25 de junio de 1936, por cuyo motivo regaló a la Academia una cabeza de Unamuno.
Comprometido con el gobierno republicano, formó parte de diversos colectivos de artistas antifascistas y se le llegó a proponer como Director de la Academia española en Roma, puesto para el que finalmente se designó a Valle Inclán.
El Director General de Bellas Artes le propuso viajar a París para una exposición representando a España, instalándose en Montparnasse donde contactó con Picasso, Gris, Mateo Hernández y Gutiérrez Solana. Posteriormente viajó junto con Bergamín y otros intelectuales a la URSS.
La complicada situación de Europa, previa a la II Guerra Mundial, y los contactos que ya había tenido para realizar obras en Hispanoamérica, hicieron que el 25 de mayo de 1939 partiera desde El Havre a Colombia, con parte de su obra y las maquetas de los monumentos a Uribe y a Belalcázar. Todo 1939 lo pasó en Colombia preparando estos monumentos, y en febrero de 1940 se trasladó a Perú, donde se le encargó el grandioso monumento al Almirante Grau.
En Lima realizó además otras obras y una exposición antológica en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Residiendo en Lima recibió encargos del gobierno de Panamá para el monumento a Belisario Porras, y también de Venezuela para un monumento a Bolívar, que al final se concretó en los sepulcros de la familia del Libertador.
En 1952 regresó a España, instalándose en Madrid, y en este año, como cuentan sus memorias peregrinó “con Zoilita por las tierras, pueblos, villorrios, románicos templos y abadías medievales de Palencia…”
Reinstalado en Madrid, se reintegró a su plaza de Académico en San Fernando, adquirió una finca en Toledo, donde construyó Roca Tarpeya y consolidó su amistad con Gregorio Marañón. De esta época son numerosos retratos, entre los que destacan el de su segunda mujer, Zoila Barros, con quien había contraído matrimonio en Perú, Marañón, Victor de la Serna, Menéndez Pidal y el monumento a Jacinto Benavente en el Retiro, encargado por la Sociedad de Autores en 1961, fecha en la que Palencia le encargó el monumento a Alonso Berruguete que se inauguró el 9 de diciembre de 1963. La ciudad le impuso entonces la Medalla de Oro.
Falleció en Roca Tarpeya (Toledo) el 13 de julio de 1966 y, expuesto su cadáver en el oratorio de la Academia de Bellas Artes, fueron trasladados a Palencia, donde, tras recibir el homenaje de los palentinos en la capilla ardiente instalada en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, tras un solemne funeral en la Catedral, recibieron sepultura, como fue su voluntad, en la ermita del Otero.