16/11/2011
“Creo que para lo único que realmente he valido es para servir a los demás”
MARI CRUZ VALDIVIELSO, VOLUNTARIA DE SERVICIOS SOCIALES
acordado para esta entrevista porque le ha surgido una urgencia con un anciano de 94 años. Ha tenido que llamar a una ambulancia para que se lo llevasen al hospital. No hay prueba más auténtica de su abnegación en la ayuda a los demás. Para esto no hay horario, y más de una vez esta burgalesa que lleva 32 años viviendo en Sanse se ha quedado sin comer o ha llegado a su casa a las mil. Y sin embargo, según sus palabras, la
satisfacción personal, cifrada en una mirada de agradecimiento, en una sonrisa o en dejar a sus mayores alegres, lo compensa todo.
Dentro de tu labor de voluntariado, ¿a qué te dedicas exactamente?
Principalmente, a ayudar a las personas mayores y personas discapacitadas. La mayoría son ancianos, pero también me ocupo de algún caso como el de una señora de 49 años que no sabe conducirse por Madrid. La he acompañado al Gregorio Marañón, otro día a ponerse la boca… Pero lo que más tengo son mayores, ahora mismo estoy ocupándome de 11, los acompaño en la calle, les hago pequeñas gestiones de papeleos que aunque parezcan sencillas para ellos suponen muchas veces un mundo. Por ejemplo, le he resuelto el papeleo a una mujer analfabeta a la que no le llegaba la paga desde abril porque se la mandaban desde Italia y hubo algún problema administrativo. Para ellos es muy importante porque no tienen a nadie que se las haga.
Llevas muchos años siendo voluntaria. ¿Cómo empezaste y por qué?
Aquí llevo seis ayudando pero empecé hace muchos años en Vitoria, aunque con mis hijos no le podía dedicar tanto tiempo. Siempre he tenido esta inclinación. Creo que es para lo único que realmente he valido, para servir a los demás. Aquí empecé cuando ayudé a una señora que había tenido una caída. Me hice amiga de ella y le indiqué que necesitaba la teleasistencia. Ella no sabía lo que era. Así que fui donde
Nati (trabajadora de los Servicios Sociales del Ayuntamiento) y me dijo que había otra señora que también necesitaba teleasistencia y que yo le podía hacer los papeles. Así empecé en Sanse pero de siempre me ha gustado y he intentado ayudar, por el bien que haces a los demás y cómo te lo agradecen. Son personas que se sienten solas y reconocen cualquier gesto.
Tu labor se compagina con la de las profesionales de los Servicios Sociales del Ayuntamiento. ¿De qué manera?
Me coordinan las trabajadoras de allí. Me llaman y me preguntan si puede atender tal o cual caso o problema. Siempre trato de sacar tiempo para echarles una mano. También colaboro con la Parroquia a la que pertenezco, Nuestra Señora de la Vid. El párroco me llama y me pide que asista a alguna persona. Una vez que me encargo, ya me ocupo plenamente de ellas y hago un seguimiento de cada una.
¿Cuánto tiempo le dedicas? ¿Cómo es un día en tu vida?
No te puedo decir pero bastante. Por ejemplo, el día que voy a Gregorio Marañón me ocupa toda la mañana. Luego a lo mejor ese día tengo otra persona. Hay días que tengo tres y otros, ninguna. Un día en mi vida empieza por levantarme pronto y hacer mi casa. Me ayudan mi marido y mi hijo. Salgo y a lo mejor no vuelvo
hasta las dos de la tarde. Como y a lo mejor a las tres tengo que salir otra vez. De todas formas, las tardes las suelo tener libres. El sábado y el domingo los tengo libres.
De ti dicen que te significas por la calidad humana, la generosidad y la prudencia. ¿Crees que son las cualidades más importantes a la hora de desempeñar este servicio a la comunidad?
Lo principal es la prudencia. Estas personas saben que lo que me dicen no sale de mí, es una cuestión de confianza. Los mayores son un poco desconfiadillos y tienes que ganártelos. Aunque piensen totalmente distinto a ti, hay que ser muy prudentes con ellos. Para mí es la mayor cualidad, sin duda. Y luego, quererles.
Entonces se abren a ti.
También dicen que eres muy independiente. Perteneces a la Parroquia de Nuestra Señora de la Vid, te han ofrecido integrarte en Cáritas… Sin embargo, prefieres servir de manera individual...
La colaboración con estas entidades es total, pero prefiero ayudar de esta manera porque me gusta ser libre. Siempre he sido así y me ha salido bien hasta ahora. Hace poco me encontré a una mujer que estaba en la calle. Le busqué una habitación y llamé a Cáritas. Al día siguiente ya tenía otra habitación buscada por Cáritas.
¿Cómo concilias tu labor con tu vida familiar?
Muy bien. Mi marido, que es profesor ya jubilado, también es voluntario. Tengo tres hijos, y no vive todavía con nosotros. Como anécdota, el día que no salgo me pregunta extrañado qué pasa. Incluso a veces me llevan en coche con alguna persona a hacer una gestión a la calle. Lo entienden y me ayudan.
Eres una mujer religiosa. ¿La fe también forma parte de tu labor?
Yo creo que cada persona tiene una cualidad. El hecho de ayudar me ayuda mucho en mi fe. Tengo la confianza de que me van a salir bien las cosas. Soy creyente, practicante, y lo hago también desde ese punto de vista. La fe por supuesto que me alimenta.
¿Qué recibes a cambio de tu ayuda?
Recibo mucho más que doy. Me da una satisfacción personal enorme ver lo contentas que se quedan estas personas cuando las ayudo. Cuando más pobres y humildes, más agradecidas. Aprovecho para hacer un llamamiento a los vecinos y vecinas para que se animen a ayudar. Hay muchas personas necesitadas, somos pocos, y la satisfacción personal es incalculable