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25/11/2024

Cuba, el paraíso perdido... o casi

Aunque con muchos atractivos, el país declina lentamente

Cuba, el paraíso perdido... o casi
Texto: Enrique Sancho
Fotos: Carmen Cespedosa y archivo
 
No han faltado frases bonitas para definir Cuba: “La perla de las Antillas”, “Un país para perderse”, “La isla bonita” (según Madonna), “Una isla, tres continentes” (según Alexander von Humboldt) o, simplemente “Cuba única”, como la muestra la actual promoción oficial. Aunque el primer piropo a la isla fue de Cristóbal Colón cuando pisó el 28 de octubre de 1492 Cayo Bariay, cerca de Holguín, y la definió como “la más hermosa que ojos humanos hayan visto”. Claro que algo parecido dijo cuando llegó a Puerto Rico un año después: “¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! Esta es la linda tierra que busco yo”, que allí incorporaron a su himno nacional: la Borinqueña.
 
Hay que entender que la experiencia de Colón con bellos paisajes y aguas cristalinas no era muy grande y que las islas del Caribe lo deslumbraran. Ni en Génova ni en Castilla los encontró; tampoco en la isla de Porto Santo, frente a Madeira, casi sin vegetación, donde vivió dos años y, al parecer, tuvo pruebas o confidencias de un náufrago de que había un continente cercano.
 
Paisajes sorprendentes
 
Puede que las bellas palabras sobre Cuba tengan una buena base, aunque el país no esté en su mejor momento. A la isla no le faltan espectaculares paisajes como los del Valle de Viñales y Pinar del Río conocido como la “catedral de la naturaleza” de Cuba, que reúne títulos de Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera, además de ser el lugar donde se cultiva el mejor tabaco del mundo que, tras el torcido que algunas trabajadoras hacen sobre sus gruesos muslos, se convierte en contundentes puros habanos. Dos espacios de excepción son la Cueva del Indio donde existen pinturas rupestres precolombinas, formaciones geológicas de estalactitas y estalagmitas y el cauce del río subterráneo San Vicente, que puede recorrerse en barca. Otro lugar singular es el sorprendente Mural de la Prehistoria una pintura sobre la pared natural del mogote Pita de 120 metros de longitud, diseñada por Leovigildo González Morillo, discípulo del célebre artista mexicano Diego Rivera y en el que participaron una veintena de campesinos durante cuatro años.
 
Y del tabaco al azúcar, los dos productos principales de origen cubano (también es mala suerte cuando la gente está dejando de fumar y se pasa a la sacarina). Casi al otro extremo del país, cerca de Trinidad, una de las ciudades coloniales mejor conservadas, se encuentra el llamado Valle de los Ingenios o Valle de San Luis, un sistema ecológico y cultural en el que se mezclan monumentos, sociedad y naturaleza al que, curiosamente, se puede llegar desde Trinidad, si no se tiene prisa, en una máquina de vapor de 1919 que funciona como tren turístico con un circuito de dos horas y media. El valle fue una de las regiones azucareras más grandes durante los siglos XVIII y XIX por sus favorables condiciones naturales y sus buenos recursos como tierras fértiles o puertos disponibles para el embarque. Al principio, el terreno fue utilizado por los españoles para la plantación de tabaco, la ganadería y otros cultivos, hasta que llegó el boom de la industria azucarera. Dicho fenómeno repercutió en la ciudad de Trinidad convirtiéndola en una de las de mayor nivel económico y sociocultural de Cuba. De su pasado esplendor poco queda, pero aún se pueden visitar antiguas haciendas y sus restos de arquitectura, como como la torre campanario de Manaca Iznaga desde donde se vigilaba el trabajo de los esclavos y se avisaba de algún peligro. Siguiendo la llamada Ruta del Esclavo se llega al Mirador del Valle que ofrece preciosas vistas sobre la llanura de Trinidad con verdes colinas al fondo. Hay una instalación de tirolinas y un puesto de bebidas y libros, aunque todos son sobre Fidel, Che Guevara y la Revolución (ni en los hoteles de lujo, las librerías de las ciudades o el aeropuerto es posible encontrar libros de otras temáticas).
 
Playas espectaculares
 
Con más de 5.700 kilómetros de litoral (España tiene 7.900 pero cinco veces más superficie) Cuba tiene unas 400 playas, desde algunas paradisíacas y de aguas tranquilas, bañadas por el Caribe, hasta otras salvajes y a orillas del Océano Atlántico, que resultan ideales para la práctica de actividades acuáticas. Pero sin lugar a dudas las más aclamadas se encuentran en los cayos, tales como Santa María, Ensenachos, Las Brujas, Cayo Coco o el espectacular Cayo Largo del Sur. Y aunque no es la más bella, sin duda la más famosa es la de Varadero, con nada menos que 22 kilómetros de fina arena y aguas transparentes, su perenne luz tropical y su exótica y exuberante vegetación. También ahí es donde están los mejores y más lujosos hoteles que tratan de competir con sus enormes piscinas con las aguas del Golfo de México. Claro que también añaden un servicio todo incluido, amplias habitaciones, multitud de bares y restaurantes y un servicio esmerado. A solo 300 kilómetros de la costa de Estados Unidos, no es raro que hasta que Fidel bajó de Sierra Maestra, los turistas americanos disfrutaran de todos los encantos de la isla.
 
Aquellos eran tiempos en que Ernest Hemingway escribía El viejo y el mar o Por quién doblan las campanas, vivía en el hotel Ambos Mundos en el centro de La Habana Vieja y más tarde en su Finca Vigía a 24 kilómetros y bebía docenas de daiquiris gigantescos en una tarde en el Floridita y algunos menos mojitos en la Bodeguita del Medio; en los que Nat King Cole cantaba en Tropicana y eran visitantes habituales Marlon Brando, Ava Gardner o Errol Flynn. Claro que también eran asiduos Lucky Luciano y Meyer Lansky, cerebro comercial de la Cosa Nostra cubana... y Fulgencio Batista que manejaba la isla como si fuera su finca privada, que se otorgó un salario anual superior al del presidente Truman de Estados Unidos. Pocos saben que Batista vivió diez años en Marbella donde murió en 1973 y está enterrado en el cementerio de San Isidro de Madrid.
 
Pero volviendo a las playas y aunque las hay muy bellas en Cuba, como la preciosa y turquesa Playa Pilar, en Cayo Guillermo al norte de la isla; Punta Arena en Cayo Levisa, una de las pocas playas vírgenes en Cuba donde se puede pernoctar en cabañitas de madera en la propia arena rodeados de palmeras y vegetación; Punta del Mentiroso en Cayo Jutías, cerca de La Habana, donde puede acamparse, aunque hay que tener cuidado con los mosquitos; Playa Mojito en el popular Cayo Coco, también en el norte, muy visitada por los turistas y con unas puestas de sol únicas... Pero sin duda las playas que aparecen en los primeros lugares entre los turistas y los expertos son las de Cayo Largo del Sur, en la Isla de la Juventud, pleno Caribe, donde, por cierto, estuvo preso Fidel Castro y el poeta nacional cubano José Martí, que da nombre al aeropuerto de La Habana. Es el lugar perfecto, con paradisíacas playas de fina arena blanca, entre las que destacan Playa Paraíso y Playa Sirena, una infinidad de preciosos arrecifes de coral, espectaculares resorts y turistas de todo el mundo, aunque sin aglomeraciones. Además de por su estratégica posición, esta apasionante isla posee un cierto atractivo histórico al haber sido tierra de paso de los más famosos piratas y corsarios de los mares.
 
Para los amantes del submarinismo o buceo, este es su destino. Es uno de los principales puntos de inmersión de Cuba con espectaculares formaciones de coral y los asombrosos peces tropicales que habitan sus aguas, además de alguna barracuda o un tiburón nodriza; también se puede nadar entre delfines. Y en tierra pueden contemplarse hermosas iguanas y es el lugar ideal para admirar cómo cientos de tortugas marinas ponen sus huevos en la cálida arena blanca. Curiosamente, también es el lugar perfecto para los practicantes del naturismo que conviven en perfecta armonía con el resto de visitantes.
 
Ciudades con historia
 
Naturalmente, otro de los puntos fuertes de Cuba son sus ciudades coloniales. Sancti Spíritus y Santísima Trinidad son las más antiguas, fundadas a comienzos del siglo XVI por el adelantado español Diego Velázquez. Esta última es tal vez la más conocida y visitada ya que cuenta con uno de los conjuntos arquitectónicos coloniales más completos y mejor conservados de todo el continente americano. Hecho que ya fue reconocido por la UNESCO en 1988, cuando fue declarada Patrimonio de la Humanidad. En la actualidad Trinidad es considerada como una ciudad-museo con estrechas calles adoquinadas, algunos edificios restaurados, bellas iglesias y fantásticos patios, que le otorgan esa atmósfera típicamente colonial, y en ella destacan la Plaza Mayor y la iglesia Mayor de la Santísima Trinidad, que alberga entre sus piezas más valiosas el famoso Cristo de la Vera Cruz. Ese centro histórico está bien conservado, pero fuera de él, muchas de las casas y calles están un tanto abandonadas, con paredes desconchadas, basuras en las esquinas y, como en todo el país, gente indolente en la puerta de sus casas descansando no se sabe de qué, sentada en las mecedoras. No se les ve leer un libro, que no hay, cuidar una huerta porque no hay agua o pintar una pared porque un galón de pintura cuesta el sueldo de un mes (no más del equivalente a 20 euros).
 
Otras ciudades destacadas son Holguín, Granma, cuna de la Revolución y nombre del diario oficial, Matanzas, Camagüey... Mención aparte merecen Santiago de Cuba, la segunda ciudad en importancia del país caribeño y en el extremo de la isla, por lo que no es muy visitada. Gracias a su situación privilegiada fue la primera capital del país durante un tiempo y puerta de entrada de los primeros esclavos negros a Cuba y, con ellos, sus tradiciones que aún se conservan. También cabe destacar Cienfuegos, la “Perla del Sur de Cuba”, con un grato ambiente marítimo y bellos parajes naturales. Ofrece uno de los núcleos urbanos más homogéneos y mejor conservados de Cuba en cuanto a arquitectura, repleto de fachadas clásicas y esbeltas columnas que aportan un ambiente que recuerda a la Francia del siglo XIX, en la cual se inspiró. De hecho, la ciudad fue fundada en 1819 por un emigrante francés, Luis D’Clouet. Estas fueron algunas de las claves para que se declarase Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2005. En la propia bahía se puede leer un cartel que dice “La ciudad que más me gusta a mí”, citando las palabras que dijo el famoso cantante Benny Moré, que tiene una estatua en la calle principal. En el centro de la ciudad está el Parque José Martí, a quien está dedicadas infinidad de estatuas y monumentos en todo el país, fue político, diplomático, poeta, ensayista, periodista y filósofo, fundador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la Guerra de Independencia de Cuba. En el parque se dan cita la catedral, el Teatro Tomás Terry y varios museos y galerías, además de un mercadillo para turistas que ofrece tosca artesanía, igual en casi todos los puestos.
 
Y, por supuesto, La Habana
 
Cuba no sería casi nada sin su capital, La Habana, una ciudad llena de paradojas y contradicciones (así la describe una guía oficial). Paseando por sus calles y plazas se descubre a los niños jugando al béisbol, algunos en horas de colegio, trovadores ambulantes, abuelos jugando al dominó en un portal, jóvenes sacando brillo y realizando el mantenimiento a un Plymouth de 1955 en plena calle, entre los cientos de autos clásicos de diferentes épocas y estilos, con curiosos predominio de los de color rosa y morado, que convierten el parque móvil en uno de los más icónicos a nivel mundial y que sorprenden funcionando a la perfección teniendo en cuenta que no tienen piezas originales... y, en general, ese modo peculiar con la que los habaneros se proyectan, crean, debaten, viven, sobreviven y, sobre todo, disfrutan la vida.
 
La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, es el casco histórico de la ciudad, formado a partir del puerto y la Plaza de Armas. Aquí se encuentran monumentos antiguos, fortalezas, iglesias, palacios... algunos de ellos auténticas joyas arquitectónicas de diversas épocas y ofrece una de las colecciones de edificaciones urbanísticas más completas de toda América, solo comparable, aunque más extenso, a los centros históricos de otras ciudades coloniales de la región, como Cartagena de Indias, el Viejo San Juan, la zona colonial de Santo Domingo o el Casco Antiguo de Santo Domingo. Solo esta zona de la ciudad alberga cerca de un millar de edificaciones de importancia histórica con diversos ejemplos de una distinguida arquitectura que va desde el Barroco hasta el Art Déco. El eje principal es la popular y populosa calle Obispo que también es el mejor camino para llegar a dos de los iconos populares de la ciudad que Hemingway hizo famosos: la Bodeguita del Medio y el Floridita, ambos muy visitados por él y donde disfrutar las dos bebidas más características de Cuba: el mojito y el daiquiri, y también, como el escritor Premio Nobel recomendaba: “No te molestes en descubrir iglesias, edificios o plazas de una ciudad. Si quieres conocer su cultura, pasa una noche en sus bares”. Algo que él practicaba con frecuencia seguramente, como también decía: “Un hombre inteligente a veces se ve obligado a estar borracho para pasar tiempo con idiotas.”
 
Al otro extremo de La Habana Vieja está Centro Habana, uno de los emplazamientos más bonitos y alegres de la capital cubana, en él se encuentran algunos de los edificios más interesantes y emblemáticos de la ciudad y del país, como es el caso del Capitolio Nacional de Cuba que pretende competir con el de Washington, pero un metro más alto, un metro más ancho y un metro más largo. En el centro del largo y muy decorado pasillo central está el salón de los Pasos Perdidos y una estrella en el suelo que marca el Kilómetro Cero de la isla. Lo marcaba un grueso brillante que fue robado y recuperado tras una compleja andadura y hoy se tiene a buen recaudo.
 
Junto al Capitolio está el Paseo José Martí, con su estatua correspondiente, y el Parque Central donde se encuentran algunos de los más hermosos edificios de la ciudad de un eclecticismo un tanto pretencioso que se empeñaban en demostrar con muchos arabescos, columnas y volutas cuanto dinero y prosperidad había habido en la ciudad a principios del siglo XIX. Dos de esos edificios tienen sello español, el antiguo Centro Gallego convertido en Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, sede del Ballet y de la Ópera Nacional de Cuba, y el también antiguo Centro Asturiano, devenido en Museo de Bellas Artes que muestra obras de los principales artistas cubanos, como Guillermo Collazo, Rafael Blanco, Raúl Martínez o Wilfredo Lam.
 
Hay todavía mucho que ver en La Habana, pero para tener una idea de la ciudad es imprescindible recorrer, al menos una parte, del Malecón que con ocho kilómetros de longitud es uno de los puntos de reunión preferidos por amantes, poetas, trovadores, filósofos y pescadores. Goza de un ambiente especialmente apasionado durante el atardecer, ya que es aquí donde se puede apreciar uno de los ocasos más bellos de la isla. Durante las noches de verano el Malecón adquiere un ambiente extraordinario gracias al carnaval, donde se mezclan razas y costumbres con paseos de carrozas e incansables comparsas. Una gran fiesta donde el sonido tradicional de los tambores se mezcla con modernas canciones de salsa y reguetón. Se trata, como dicen ellos, de gozar la papeleta. Llaman la atención la cantidad de jóvenes y niños que se reúnen muy cerca del castillo de San Salvador de la Punta y El Morro con sus modestas cañas para intentar pescar algún pequeño pez que alivie la cena de ese día.
 
El turismo, ¿la solución?
 
Mientras se mantengan los criterios políticos que guían a los dirigentes cubanos, casi la única posibilidad de mejorar la situación en Cuba es el turismo, por ello apuesta el actual titular de la cartera ministerial, Juan Carlos García Granda, pero la realidad es que los objetivos que se propone no pueden cumplirse y el descenso de llegadas de turistas extranjeros baja de año en año. Para 2024 estaban previstos 3.2 millones que luego se rebajaron a 2,7 pero en septiembre la cifra era de 1,7, no parece posible que se consiga un millón más en el último cuatrimestre, cuando la isla ha sufrido el paso de los huracanes Rafael y Oscar y dos seísmos, además de los apagones y los cortes de agua.
 
Pese a ello, todas las fichas siguen apostándose al mismo color, el turismo. García Granda indica que el sector cuenta con una planta hotelera renovada que “supera las 80.000 habitaciones, de ellas el 75% en hoteles de cuatro y cinco estrellas, y la presencia en la gestión hotelera de 18 cadenas extranjeras de reconocimiento internacional”. Sin duda una parte de los beneficios que generan irán al Gobierno cubano, pero como es lógico el principal bocado se quedará en las propias cadenas, la mayoría de ellas españolas, sobre todo Meliá e Iberostar que ofrecen varios hoteles de lujo en distintos lugares de la isla, o en las líneas aéreas que vuelan a La Habanaa, también varias españolas. Poco queda para los cubanos, así se explica que un afortunado camarero de unos de los grandes hoteles españoles todo incluido, apenas gane 30 euros al mes y no puede quejarse porque al menos come todos los días, aunque sea lo que los turistas dejan en los bufés.
 
Como un intento de animar a los viajeros españoles, hace unos días se ha celebrado en Cuba el Congreso Internacional de FEPET (Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo) que ha reunido a medio centenar de periodistas para que conozcan los atractivos de la isla y los difundan en España.
 
Cuba según Leonardo Padura
 
Para conocer la historia reciente y la realidad actual de Cuba y su capital, nada mejor que dejarse guiar por el escritor cubano Leonardo Padura y su más reciente libro “Ir a la Habana” (Tusquets Editores, octubre 2024) en el que combina sus impresiones sobre el país y su capital con fragmentos de sus novelas, protagonizadas casi siempre por el detective Mario Conde. Aunque lleva casi 70 años viviendo en el barrio de Mantilla en las afueras de La Habana, no ahorra críticas a la ciudad, a algunos de sus habitantes y a los líderes antiguos y actuales de la Revolución. “Los edificios en distintos niveles de deterioro y aquejados por la atávica falta de pintura han sido acompañados por la devastación de las vías, el empobrecimiento de espacios públicos, el florecimiento de vertederos de desperdicios. Ha sido un fenómeno generado por una mezcla de precariedad económica y desidia institucional y que ha contaminado los comportamientos individuales que se manifiestan en una alarmante pérdida del sentido de la urbanidad y de pertenencia ciudadanas, abocando a la villa a ese doloroso estado que provoca sus alaridos”.
 
Son muchas las críticas de Padura al furor revolucionario que llevó en 1968, casi diez años después de la Revolución, por ejemplo, a “intervenir” restaurantes, fondas, barberías, talleres, puestos de frita y hasta sillones de limpiabotas para luego otorgarlos a gente sin experiencia. O la sustitución de las pequeñas huertas de hortalizas y frutales en el Cordón de la Habana, por plantaciones de café que nunca prosperaron. O la explicación que dio un funcionario del Ministerio de Pesca de por qué comer pescado en La Habana era un lujo, ya que en los mares que rodean la isla hay pocos peces (¡!) y en cambio se alentaba el consumo de jutías un roedor salvaje carroñero en vías de extinción.
 
No faltan los datos económicos humildes: “Los miembros de mi generación, luego de años de trabajo, se jubilan con pensiones de unos dos mil pesos, cuando hoy, ahora, un cartón de treinta huevos se cotiza en tres mil pesos... Cuenta fácil: el dinero no les alcanza ni para comer un huevo diario, mientras los productos subsidiados por la libreta de abastecimiento (o de desabastecimiento) son cada vez menos, ya insuficientes para subsistir una semana”. El llamado milagro cubano es que muchos cubanos viven de milagro, también se dice que en Cuba es muy importante tener FE: Familiar en el Extranjero.
 
Pero también hay lugar a la esperanza. “Si el milagro cubano es que los cubanos viven de milagro, el misterio habanero es que la ciudad, a pesar de todos esos pesares, sobrevive y, orgullosa de su historia y su prosapia, de sus bellezas patentes, sigue siendo un sitio al que muchos quieren ir, en el que otros muchos empecinados queremos estar, a pesar de todos los pesares, que son muchos”.
 
Más información:
https://www.cuba.travel/
https://turismodecuba.info/
https://www.grupocubanacan.com/
https://www.mintur.gob.cu/
https://www.melia.com/es/hoteles/cuba
https://www.ibercuba.com/
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Corea del Sur: Donde el futuro choca con la tradición ¡y sorprende en cada esquina!

29/07/2026

Corea del Sur: Donde el futuro choca con la tradición ¡y sorprende en cada esquina!

Enrique Sancho Hay lugares en el mundo que no solo deben visitarse; se sienten, se respiran y se quedan grabados en la memoria para siempre. Corea del Sur es uno de esos destinos raros y fascinantes donde los contrastes no chocan, sino que se abrazan: rascacielos ultramodernos de neón que rozan el cielo se alzan a pocos pasos de palacios imperiales del siglo XIV; templos budistas milenarios esconden paz absoluta en medio del bullicio metropolitano, y una de las culturas pop más vibrantes del planeta convive con tradiciones artesanales ancestrales. Si buscas un viaje que despierte todos tus sentidos, te saque una sonrisa en cada esquina y te demuestre que el mañana ya ha llegado, prepárate, Corea te espera. En el corazón de Seúl y en muchos otros rincones de Corea del Sur, conviven los rascacielos de última generación que nunca duermen y los templos centenarios envueltos en silencio. El país asiático se ha convertido en un imán global, con paisajes espectaculares, demostrando que es posible liderar el futuro tecnológico del planeta sin renunciar jamás a las raíces de su pasado. Ya no es solo la música que arrasa en estadios de todo el mundo o las series que baten récords en las plataformas de streaming. Corea del Sur ha conquistado el planeta exportando una cultura vibrante que marca el ritmo de toda una generación, convirtiéndose en la gran superpotencia del entretenimiento actual. De las cenizas de la devastación a la vanguardia mundial en apenas unas décadas. La historia de Corea del Sur es un vertiginoso viaje de resiliencia, innovación y ambición que ha transformado a una nación entera en un gigante tecnológico e industrial indispensable para entender el siglo XXI. Si estás buscando un lugar que combine rascacielos futuristas, templos budistas milenarios, una gastronomía callejera adictiva y una cultura pop imparable, Corea del Sur es la elección perfecta y uno de los destinos que más va a crecer en los próximos meses y años. Hay que ir cuanto antes. Más allá de los típicos circuitos turísticos, este país es un auténtico cofre de sorpresas. Aquí tienes algunas de ellas en un recorrido muy ameno por algunas de sus curiosidades y lugares más fascinantes que te atraparán antes de hacer la maleta y emprender el recorrido. Estas son algunas preguntas (y respuestas) básicas para que el viaje sea un éxito. ¿Cuándo es el mejor momento para ir? Primavera (abril a junio): Es la época estrella. Los cerezos en flor tiñen todo el país de rosa y el clima es templado y agradable. Otoño (septiembre a noviembre): Una opción igual o mejor para muchos. Las montañas se llenan de colores rojizos y dorados (danphung), y las temperaturas son frescas y secas. Hay que evitar si se puede los meses de verano (julio y agosto), ya que coinciden con el monzón (lluvias intensas) y un calor húmedo muy pesado. ¿Cómo manejarse?: imprescindibles tecnológicos En Corea no funcionan Google Maps ni Apple Maps para navegar a pie o en coche con precisión debido a restricciones de seguridad nacional. Para sobrevivir como un local, descarga estas aplicaciones antes de volar: Naver Map o KakaoMap: Son los navegadores locales. Te dirán exactamente qué metro tomar, el andén, el tiempo de trayecto e incluso la ruta a pie más rápida. Papago: El traductor definitivo creado por Naver. Funciona mucho mejor que Google Translate para el coreano, permitiéndote traducir texto, voz y carteles en tiempo real con la cámara. KakaoT: La aplicación para pedir taxis oficiales (equivalente a Uber), muy útil si te cansas del transporte público a altas horas de la noche. ¿Cómo moverse?: Conectividad y Transporte Tarjeta T-Money: Nada más llegar al aeropuerto o en cualquier tienda de conveniencia (como CU o GS25), compra una tarjeta T-Money física o digital. Es una tarjeta recargable que sirve para pagar el metro, los autobuses e incluso en algunas tiendas. Internet: Lo más cómodo es llevar una eSIM contratada desde casa o alquilar un Pocket WiFi en el aeropuerto al aterrizar. La conexión en Corea es de las más rápidas del planeta, así que volarás digitalmente. ¿Dónde comer y qué pedir? Comer en Corea es una experiencia social increíble. En algunos restaurantes elegantes con suelo de tatami, es obligatorio quitarse el calzado en la entrada. Olvídate de los modales occidentales: aquí se comparte todo al centro de la mesa. Platos que debes probar sí o sí: Kimchi: Es un icono de la cocina coreana. Parece una sencilla combinación fermentada de verduras en salmuera sazonadas pero se le suele añadir mariscos frescos o col china y otras cosas, hasta conseguir 200 tipos de kimchis. Los coreanos suelen preparar distintos tipos para consumir a lo largo del año, incluso se han diseñado frigoríficos especiales para conservarlo. Samgyeopsal: Panceta de cerdo a la brasa que tú mismo cocinas en la mesa. Bibimbap: Es muy popular, colorido y nutritivo ya que combina diferentes ingredientes como arroz, diversas verduras, carne de res, gochujang (salsa picante a base de chiles rojos) y aceite de sésamo. Korean Fried Chicken: El pollo frito crujiente coreano (suele acompañarse con cerveza helada, una combinación clásica llamada Chimaek). Tteokbokki: Pasteles de arroz glutinoso en una salsa roja picante (perfectos para un puesto callejero). Comienza el viaje: Seúl imprescindible Si tienes pocos días para descubrir Seúl, donde suele comenzar el viaje por Corea, la clave es combinar los contrastes que hacen única a esta megalópolis: palacios imperiales milenarios, mercados tradicionales caóticos y barrios ultra modernos. Este es el itinerario definitivo para exprimir al máximo lo mejor de la capital coreana: El contraste de palacios e historia viva Es casi imprescindible comenzar el recorrido por el Palacio Gyeongbokgung, es el más grande y espectacular de los cinco grandes palacios de la dinastía Joseon. No te pierdas el Cambio de Guardia Real (suele ser a las 10:00 y a las 14:00). Un consejo: Si vas vestido con un hanbok (el traje tradicional coreano), la entrada al palacio es totalmente gratis. Justo al lado del palacio se encuentra la Aldea Bukchon Hanok, un barrio de callejuelas empinadas flanqueadas por cientos de casas tradicionales de madera y tejados curvados (hanok). Las vistas de los tejados tradicionales con los rascacielos modernos al fondo son icónicas. Se puede terminar el día en el Mercado de Gwangjang, uno de los más antiguos y animados de Seúl. Es el paraíso de la comida callejera. Hay que probar los mayak gimbap (rollitos de arroz), los fideos cortados a mano (kalguksu), y las tortitas de judías mungo o soja verde (bindaetteok). Si hubiera que elegir lo mejor de Seúl, sin duda es su capacidad única para fundir pasado y presente. La magia reside en caminar por una avenida futurista rodeada de pantallas gigantes y tiendas de alta tecnología, doblar una esquina y encontrarte de repente con un palacio real del siglo XIV o con un arroyo restaurado (como Cheonggyecheon) donde la gente descansa descalza al atardecer. Es una ciudad que te atrapa porque respeta profundamente sus raíces mientras acelera hacia el futuro. Juventud, tecnología y las mejores vistas Para otro día hay que dejar la visita a Myeongdong, el distrito de las compras por excelencia y el paraíso absoluto de la cosmética coreana (K-Beauty). Aunque no vayas a comprar, pasear por sus calles llenas de puestos de comida callejera es toda una experiencia sensorial. Más tarde vale la pena subir hasta el monte Namsan (puedes ir en teleférico o dando un paseo agradable) para llegar a la icónica torre de telecomunicaciones N Seoul Tower. Es el mejor lugar para ver el atardecer y contemplar cómo el mar de rascacielos de Seúl se ilumina por completo. La zona está llena de los famosos "candados del amor" que se popularizaron hace años. Hay que terminar el día, –y comenzar la noche– en Hongdae, el barrio universitario y el epicentro de la cultura urbana y nocturna. Aquí encontrarás música en directo en plena calle, bailarines improvisados, tiendas de diseño independiente y un ambiente joven e imparable hasta altas horas de la madrugada. Seúl y otras ciudades de Corea vibran de noche. Si te cansas de caminar, puedes vivir la experiencia de un Noraebang (un karaoke privado donde cantar a pleno pulmón con amigos) o relajarte en un Jjimjilbang (un spa tradicional coreano abierto las 24 horas que cuenta con saunas de sal, zonas de descanso y los famosos cascos de toalla enrollada en la cabeza estilo "huevo duro"). Lo mejor en el resto de Corea del Sur Si ya te enamoraste de la capital, prepárate porque el resto del país guarda auténticos tesoros que van desde la historia imperial hasta paraísos naturales volcánicos. Aquí tienes las paradas obligatorias para completar tu viaje: Gyeongju: El museo sin paredes. Si te interesa la historia, esta ciudad es una visita obligada. Gyeongju fue la capital del antiguo Reino de Silla durante casi mil años. Hay que visitar el Templo Bulguksa (una obra maestra de la arquitectura budista) y la Gruta de Seokguram en la montaña, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En el centro de la ciudad, pasea por el parque de los grandes túmulos funerarios reales (Daereungwon). Busan: Playas y templos junto al mar. Es la segunda ciudad más grande de Corea y ofrece un ambiente completamente diferente al de Seúl, mucho más relajado y marinero. Hay que ver el Templo Haedong Yonggungsa, A diferencia de la mayoría de los templos coreanos (que están en las montañas), este está encaramado directamente sobre los acantilados frente al mar. Gamcheon Culture Village: Un colorido pueblo de casas escalonadas en la colina, lleno de arte urbano, callejones laberínticos y miradores alucinantes. Mercado de pescado de Jagalchi: El mercado de marisco más grande del país, donde puedes probar pescado ultra fresco. La Isla de Jeju: El "Hawái" coreano. Situada al sur del país, esta isla volcánica es el destino de vacaciones favorito de los propios coreanos y un paraíso natural, considerada una de las maravillas naturales. Allí podrás conocer a las Haenyeo, mujeres, muchas de ellas octogenarias, que practican el buceo libre a pulmón hasta a 10 metros de profundidad sin bombona de oxígeno para pescar marisco fresco. Su valentía y tradición forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. También hay que subir a la cima volcánica Seongsan Ilchubong (perfecta para ver amanecer), las cascadas de Cheonjiyeon y recorrer alguna de sus rutas costeras flanqueadas por campos de mandarinas y estatuas de piedra volcánica (Dolhareubang). Jeonju: Tradición y el origen del plato nacional. Si buscas el verdadero sabor de la cultura tradicional y de la gastronomía, este es tu sitio. Su Aldea Tradicional (Jeonju Hanok Village) cuenta con más de 800 casas de estilo clásico. Además, Jeonju es mundialmente famosa por ser la cuna oficial del Bibimbap (el plato de arroz con verduras, carne y salsa picante servido en cuenco caliente), así que comer aquí es obligatorio. De compras por Corea Corea del Sur es un auténtico paraíso para las compras, y lo mejor es que puedes encontrar desde auténticas joyas culturales hasta productos de tecnología y cosmética a precios imbatibles que en Europa o América costarían el doble. Aquí tienes la guía definitiva de qué comprar y qué resulta especialmente económico: Cosmética Coreana: La gran ganga. Si hay algo que vale la pena comprar en cantidades industriales en Corea, es cosmética. Las marcas locales como Innisfree, Etude House, Missha o Laneige son famosas en todo el mundo por su calidad innovadora. Mascarillas faciales de un solo uso (pueden costar desde menos de 1 euro la unidad en tiendas como Olive Young), cremas hidratantes, protectores solares de textura ultraligera y tintes labiales. En Seúl encontrarás tiendas en cada esquina (especialmente en el barrio de Myeongdong) con ofertas constantes de "compra 10 y llévate 10 gratis" o packs promocionales muy económicos. Papelería creativa y diseño cuqui. A los coreanos les encanta el diseño bonito y minimalista. Las tiendas de papelería son un peligro porque querrás llevártelo todo: Agendas, libretas ilustradas, washi tapes (cintas decorativas), pegatinas y estuches con diseños adorables de personajes locales como los de Kakao Friends o Line Friends. Son económicos (suelen costar pocos wones), ocupan muy poco espacio en la maleta y son el regalo perfecto y original para amigos y familiares. Té verde de Jeju e infusiones tradicionales. La isla volcánica de Jeju y la zona de Boseong son famosas por sus plantaciones de té. Entre los mejores está el té verde orgánico de alta calidad o tés tradicionales coreanos a base de raíces y frutas (como el omija, el té de cinco sabores, o el yuja-cha, una mermelada dulce de cítricos que se mezcla con agua caliente). Son ligeros, fáciles de transportar y una forma deliciosa de revivir el viaje al volver a casa. Calcetines originales y divertidos. Puede sonar a tópico, pero los calcetines en Corea son toda una institución cultural. Calcetines con estampados hipercoloridos, caras de dibujos animados, animales, obras de arte famosas o motivos típicos coreanos. Se venden en puestos callejeros (como en los mercados de Myeongdong o Hongdae) por precios ridículos (a veces a 1 o 2 euros el par). Tienen una calidad excelente, son súper suaves y duraderos. Palillos y juegos de cubiertos de acero inoxidable. A diferencia de Japón o China, donde se usan palillos de madera o bambú, en Corea tradicionalmente se utilizan palillos planos de acero inoxidable, acompañados de una cuchara alargada. Son también un original recuerdo para practicar al volver a casa. También vale la pena comprar un juego de cubiertos tradicionales coreanos (sujeo), a menudo decorados con grabados de nácar o estuches elegantes. Es un recuerdo con mucha identidad cultural, barato y que durará toda la vida en tu cocina. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo) Cuando el avión despegue de vuelta a casa y dejes atrás el mar de luces de Seúl, el aroma a brochetas picantes de los mercados callejeros y el murmullo de las olas en las costas de Jeju, comprenderás que Corea del Sur deja una huella imborrable. No te llevarás solo una maleta llena de cosmética, calcetines coloridos y recuerdos únicos; te llevarás la calidez de su gente, el compás de una cultura que honra su pasado mientras acelera hacia el futuro y la certeza de que este viaje no fue solo un destino marcado en el mapa, sino un capítulo inolvidable de tu propia historia. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo).

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

13/07/2026

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

China no se visita, se experimenta. China es un país que no te deja indiferente; es un choque de escalas, de tiempos, de historias y de tecnología. El itinerario que comienza en los mostradores de Air China en Madrid, no es solo un vuelo directo de larga distancia; es un puente temporal que nos traslada a un universo donde el tiempo se mide en dinastías y la seda aún se hila a mano. Al llegar a un aeropuerto como el de Pekín-Daxing, lo primero que golpea al viajero no es el caos (como muchos esperan), sino un orden tecnológico casi abrumador y una primera visión de la capacidad china en cualquier modalidad. Cualquiera de los más de 100 millones de pasajeros que recibe al año no tarda más de 8 minutos en llegar a su puerta de embarque desde el centro, está equipado con reconocimiento facial para el check-in y sistemas robóticos de estacionamiento. Además, cuenta con un centro de transporte intermodal subterráneo que conecta directamente con trenes de alta velocidad que te llevan al centro de Pekín en menos de 20 minutos. Esta es solo la primera impresión de este país, a lo largo del viaje que propone Chinavisión Travel, especialistas en dar a conocer China a los turistas españoles. Un viaje en el que uno puede sentir el olor a comida callejera en un viejo callejón hutong cercano que, como las grandes avenidas presumen de una limpieza impecable y la sensación de seguridad absoluta. Donde el efectivo es casi una reliquia. Todo se mueve con códigos QR (Alipay o WeChat), o cámaras de reconocimiento facial que también permiten el pago, sin otro requisito, conviviendo con templos milenarios y maravillosos paisajes. Es como haber aterrizado en el año 2050 pero con los pies en la dinastía Ming. Explorar China es como hojear un libro de historia que cobra vida. El itinerario que propone Chinavisión Travel nos lleva por el "Triángulo de Oro" (Pekín, Suzhou, Hangzhou y Shanghái), donde cada parada revela una faceta distinta de la identidad asiática. Lo esencial de Pekín Hay que comenzar, naturalmente, por Pekín, una ciudad de escala titánica. La llegada es el impacto de lo colosal. Lo primero que nos golpea son las grandiosas medidas: avenidas de seis carriles, nudos de autopistas que parecen imposibles y una arquitectura que busca, ante todo, imponer respeto, y que también sirve de gigantescas pantallas donde mostrar todo tipo de productos de lujo... en un país que se dice comunista. De lo que más sorprende nada más pisar la calle es que, a pesar del tráfico denso, los miles de scooters eléctricos que inundan las calles no hacen ruido; se deslizan a nuestro lado como fantasmas, algo con lo que hay que tener precaución, ya siguen sus propias normas de circulación y entre ellas no siempre está el respetar los pasos de cebra. También sorprende la cantidad de coches eléctricos que ya hay en la ciudad, se calcula que más de la mitad ya lo son. Tras la breve estancia en algunos de los grandes hoteles (hay 190 de cinco estrellas en la ciudad), toca ir a lo esencial porque Pekín es gigantesco – 16.410 km² de superficie (el doble que toda la Comunidad de Madrid) y 22 millones de habitantes–. Y la primera visita es a la mítica Plaza de Tiananmén. Es el punto de partida obligado. No es solo una plaza, es mucho más que un espacio público; es el centro simbólico y político de China. Con una extensión de 44 hectáreas, es una de las plazas más grandes del mundo, y ha sido el escenario de los eventos más definitorios de la historia moderna del país. Su nombre significa "Plaza de la Puerta de la Paz Celestial", en referencia a la entrada principal a la Ciudad Prohibida que se encuentra en su extremo norte. Fue aquí donde Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China en 1949. La plaza alberga edificios de gran importancia, como el Gran Salón del Pueblo (sede del Parlamento) y el Mausoleo de Mao Zedong, donde su cuerpo está embalsamado, como el de Lenin en la Plaza Roja de Moscú. A nivel internacional, es recordada principalmente por las protestas pro-democracia de 1989, que terminaron con una intervención militar. Hoy en día, es un lugar de altísima seguridad lleno de vallas que hace complicado el acceso al centro de la plaza, por lo que mejor ir con tiempo, y un destino imprescindible para entender la compleja identidad de la China contemporánea. Un palacio con 9.999 habitaciones El siguiente paso es la Ciudad Prohibida (se llama "Prohibida" porque, durante siglos, nadie podía entrar o salir del recinto sin el permiso explícito del emperador), se trata del complejo palaciego más grande del mundo; cruzando el Puente de las Aguas Doradas se entra en un complejo de 980 edificios y hay que prepararse para recordar los bellos nombres que aquí, y en toda China, tienen los palacios, jardines y monumentos: Salón de la Armonía Suprema, Puerta de la Pureza Celestial, Palacio de la Longevidad Tranquila, Pabellón de los Mil Otoños, Pabellón de la Fragancia de Buda, Salón de las Olas Generosas, Jardín del Humilde, Pabellón de la Luna que se encuentra con la Brisa, Altar de la Oración por las Buenas Cosechas... y así por miles en todo el país. Se dice que el palacio tiene 9.999 habitaciones, porque solo el Cielo podía tener 10.000. Es una obra maestra del Feng Shui. Todo el complejo está alineado de norte a sur y los colores predominantes son el amarillo (color exclusivo del emperador) y el rojo (buena fortuna). En las esquinas de los tejados, hay filas de pequeñas figuras de cerámica. Representan animales mitológicos y su función era proteger el edificio de los incendios y los malos espíritus. Cuanto más importante era el edificio, más figuras tenía; el Salón de la Armonía Suprema es el único que tiene el máximo permitido. En el sistema de construcción de las dinastías Ming y Qing, el número de figuritas siempre debía ser impar (3, 5, 7 o 9) según la importancia del edificio. El Salón de la Armonía Suprema es el único edificio en toda China que tiene permiso para romper esta regla y llevar 10, lo que reafirma que es el lugar de mayor rango de todo el imperio. Una muralla de 21.000 kilómetros El siguiente paso en el viaje es la Gran Muralla China, aunque, en realidad, habría que hablar de murallas, porque no es una sola línea continua, sino una red de murallas, fosos y torres de vigilancia construidas por diferentes dinastías a lo largo de más de 2.000 años. Su objetivo principal no era solo frenar invasiones (principalmente de los nómadas mongoles), sino funcionar como un sistema de fronteras, controlar el comercio de la Ruta de la Seda y servir como una "autopista" elevada para transportar tropas rápidamente. La sección más famosa y mejor conservada (la que construyó la dinastía Ming) mide unos 8.800 km. Aunque se ha dicho lo contrario, no se ve desde el espacio. Para su construcción se utilizaron diversos materiales, en las zonas desérticas usaron arena, grava y ramas de tamarisco. En las montañas, piedra caliza tallada. Pero el gran secreto de la dinastía Ming (la sección más famosa) fue el mortero de arroz pegajoso. Mezclaron cal con caldo de arroz flotante, lo que creó una especie de cemento súper flexible y resistente que evitó que creciera maleza y soportó terremotos. La construcción de la primera gran fase de la muralla (bajo el emperador Qin Shi Huang) fue sumamente costosa. Para financiarla, además de exprimir a la población con impuestos, el emperador creó una de las primeras loterías registradas de la historia. La excursión permite disfrutar de esta maravilla del mundo durante unas horas. Para aprovechar el día, vale la pena una parada para hacerse una foto frente al estadio Nacional de Pekín, construido para ser sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 2008 y que se conoce popularmente como nido de pájaro. Después, una visita a una fábrica de perlas y recorrer uno de sus hutongs en Rickshaws, su nombre proviene del término japonés jinrikisha, que significa "vehículo impulsado por fuerza humana” y es que es el conductor quien pedalea para avanzar. Al caer la noche, hay que pasear por la calle peatonal Wangfujing, que es un festín sensorial, y cenar un buen pato a la pekinesa. Antes de abandonar Beijing hay que hacer una visita al Templo del Cielo, ubicado en un parque donde los jubilados practican Tai Chi y juegan al Jianzi o bádminton con los pies, este templo es una joya de la arquitectura Ming. Allí está el llamado Muro del Eco que tiene una curiosidad acústica increíble. Si dos personas se colocan en extremos opuestos del muro circular y susurran, pueden escucharse perfectamente gracias a la curvatura y densidad del material. También está el Ciprés de los Nueve Dragones: Un árbol de más de 500 años cuyas ramas retorcidas parecen dragones trepando hacia el cielo. Los locales creen que su forma retorcida es producto de la energía espiritual del Templo del Cielo. Es el símbolo de la longevidad y un lugar sagrado para la fotografía. Paraíso en la Tierra La siguiente etapa del viaje supone pasar de la monumentalidad de la Gran Muralla y los grandes palacios al romanticismo de las "ciudades del agua". En China hay un proverbio clásico que dice: "En el cielo está el paraíso, y en la tierra están Suzhou y Hangzhou". Suzhou, la "Venecia de Oriente", es un oasis de elegancia clásica donde el agua y el arte se fusionan. Famosa por sus canales serpenteantes cruzados por puentes de piedra milenarios y sus exquisitos jardines tradicionales —diseñados meticulosamente para recrear paisajes naturales a escala microscópica—. El Jardín Liuyuan (también conocido como el Jardín de la Demora) es uno de los tesoros más grandes de la arquitectura paisajística china. No es un jardín cualquiera; está considerado uno de los cuatro jardines clásicos más famosos de toda China. Al avanzar hacia el sur se llega a Hangzhou, la capital del té y la naturaleza, cuyo corazón late a orillas del legendario Lago del Oeste (Xi Hu). Este paisaje, que parece sacado de una pintura tradicional con sus pagodas recortadas entre la niebla y sus sauces llorones, ha inspirado a poetas y emperadores durante siglos. Hangzhou ofrece una desconexión total a través de sus colinas verdes, donde se cultiva el famoso té verde Longjing (Pozo del Dragón). Es un destino donde la espiritualidad de los templos budistas, como el de Lingyin, se mezcla de forma única con la serenidad de sus aguas, cerrando con broche de oro una de las rutas más bellas de toda China. Rumbo al futuro Si Suzhou y Hangzhou son el alma de la China antigua, Shanghái, última etapa del viaje, es el sistema nervioso de la China del futuro. Es el lugar donde el té Longjing se cambia por un espresso y las barcas de madera por trenes Maglev que flotan a 431 km/h. Llegar a Shanghái es como aterrizar en el set de rodaje de una película de ciencia ficción. La ciudad es un duelo visual constante: de un lado del río Huangpu está Puxi, más conocida como el Bund, un desfile de edificios coloniales que parecen sacados del Londres de los años 20; del otro, Pudong, un bosque de rascacielos que parecen diseñados por un arquitecto que viajó en el tiempo. Como casi siempre en toda China, salen al paso los contrastes. En una misma mañana uno puede perderse en las callejuelas de la Antigua Concesión Francesa y diez minutos después estar rodeado de pantallas LED gigantes y robots que te sirven el café en Nanjing Road. O visitar el Museo de Shanghái, dedicado al arte chino antiguo y que contiene más de 120.000 piezas y después subir a la Torre de Shanghái, que no solo es un gigante de cristal; es un recordatorio de que en esta ciudad el único límite es el cielo, y a veces ni eso, cuando la niebla abraza su cima a 632 metros de altura. Shanghái no se visita, se experimenta a través de sus luces de neón reflejadas en el río al anochecer. Un paseo en barco al anochecer es, seguramente, la experiencia visual más potente de todo el viaje y el broche de oro perfecto para un recorrido que empezó en la piedra milenaria de la Gran Muralla y termina en el brillo cromado de la metrópolis más eléctrica del mundo. No hay que olvidar la gastronomía china Un aspecto importante e imprescindible en cualquier viaje a China es el gastronómico. En el viaje que proponemos se incluyen todas las comidas. A diferencia de Occidente, donde cada uno pide su plato, en China la comida es comunitaria. Una gran variedad de platos se colocan en el centro para que todos prueben de todo. La mesa redonda elimina las jerarquías físicas: todos están a la misma distancia de la comida y de los demás, fomentando la conversación y la cercanía. En el centro de la mesa suele haber un gran disco de vidrio giratorio que suelen llamar "Lazy Susan" donde se ponen los distintos platos y permite que cada comensal se sirva del que quiera girándolo. Es importante girarlo despacio y con cortesía cuando nadie esté sirviéndose. No hay que sorprenderse si el arroz blanco llega al final. Se considera un "saciador" por si te quedaste con hambre. La sopa también suele servirse a mitad o al final de la comida para ayudar a la digestión. Un detalle de cortesía: Servir primero el té o los mejores trozos de comida a los demás (especialmente a los mayores o invitados) antes que a uno mismo es el mayor gesto de respeto en una mesa china. La cocina de Pekín está influenciada por la cercanía a Mongolia, el clima frío del norte y los banquetes de la corte imperial. Los sabores son más intensos, salados y con un uso generoso del ajo, el jengibre y la pasta de soja dulce. Imprescindible probar el Pato laqueado a la Pekinesa (Beijing Kaoya), es el rey indiscutible. La piel crujiente y la carne jugosa se cortan en finas lonchas frente al comensal. La tradición indica que el chef lo debe cortar en exactamente 108 lonchas, pero pocas veces se cumple... y nadie las cuenta. Se come enrollado en una fina tortita con tiras de pepino, cebolleta y salsa dulce de judía. Otros platos habituales en Pekin es la Olla caliente de Pekín (Beijing Huoguo) una especie de fondue con agua o caldo suave (no con aceite o queso) de herencia mongola. En ella se cocinan al momento finísimas láminas de carne de cordero, verduras, setas... que luego se mojan en una rica salsa de sésamo. Más información: https://www.chinavisiontravel.com Sobre Chinavisión Travel Chinavisión es una marca registrada de Wenjing Global S.L. Somos una agencia de viajes Mayorista/ minorista con sede en Madrid. Nuestro propósito es dar a conocer al mercado de habla hispana, el impresionante legado cultural de China , así como su actual pujanza. Nuestro personal esta formado por empleados chinos y españoles, con años de experiencia en el turismo emisor a China y en el turismo receptivo hacia España. Para la elaboración de nuestra programación de viajes a China contamos con la inestimable colaboración de importantes empresas del sector turístico, relacionadas con China, como son Air China, China Eastern Airlines, Capital Airlines, la Oficina Nacional de Turismo de China en España, que nos ayudan a dar a conocer a nuestros clientes lo mejor que el gigante chino puede ofrecer.

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

12/07/2026

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

Enrique Sancho   Tras el éxito de los Juegos Olímpicos del año pasado, la capital francesa afronta una nueva prueba internacional, de carácter muy distinto. La élite de los videojuegos competitivos ha encontrado un nuevo hogar este verano. Por primera vez en su historia, la Esports World Cup (EWC) sale de Arabia Saudita para celebrar su tercera edición en Europa. Desde el 6 de julio hasta el 23 de agosto de 2026, la vibrante ciudad de París acoge el evento de deportes electrónicos más grande del planeta. El centro de operaciones principal se ha instalado en el prestigioso recinto Paris Expo Porte de Versailles, transformando la capital francesa en un festival masivo que combina competición extrema, cultura geek y entretenimiento para todos los públicos.   Las cifras récord del evento   Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo en París, basta con mirar los números que maneja la organización este año: Duración: 7 semanas de competición ininterrumpida. Participación: Más de 2,000 jugadores de élite y 200 clubes internacionales provenientes de más de 100 países. Bolsa de premios: Un récord histórico de 75 millones de dólares a repartir entre todas las disciplinas. Variedad: 25 torneos en total que cubren 24 de los videojuegos más populares del mundo.   ¿Qué juegos están en el menú?   La EWC 2026 destaca por su diversidad, ofreciendo competiciones de primer nivel divididas en grandes categorías para satisfacer a cualquier fanático del gaming: Tácticos y Shooters: Counter-Strike 2, VALORANT, Call of Duty: Black Ops 7, Rainbow Six Siege. Estrategia y MOBA: League of Legends, Dota 2 y torneos digitales de Ajedrez. Lucha y Deportes: Street Fighter 6, Tekken 8, Rocket League y Trackmania. Battle. Royale y Móviles: Fortnite (en su modo Reload), PUBG Mobile y Honor of Kings.   El Campeonato de Clubes: La joya de la corona   A diferencia de los torneos tradicionales donde solo importa el campeón de un juego individual, la EWC premia la consistencia global. El Club Championship cuenta con una bolsa reservada de 30 millones de dólares. Aquí, organizaciones multidisciplinarias gigantes como Team Vitality (los héroes locales franceses), G2 Esports, T1 o los vigentes defensores del título, Team Falcons, compiten entre sí sumando puntos con los resultados de sus divisiones en cada juego. El club que demuestre ser el más dominante y versátil en múltiples videojuegos se llevará el gran trofeo a casa.   ¿En qué consisten las "Pruebas"?   En total se celebran 25 eventos en 24 disciplinas de esports. En el mundo de los videojuegos competitivos, las pruebas varían drásticamente según la disciplina. En las siete semanas de competición se abarcan todos los grandes géneros del gaming competitivo: FPS, juegos de estrategia, títulos deportivos, MOBA, battle royale, juegos de lucha, juegos de carreras, ajedrez...   1. Pruebas por Objetivos y Rondas (Shooters Tácticos)   Juegos como Counter-Strike 2 o VALORANT se juegan en equipos de 5 contra 5. La prueba consiste en que un equipo debe plantar un artefacto explosivo en una zona designada y el otro debe evitarlo o desactivarlo. Se juegan a mapas completos; el primer equipo en ganar 13 rondas se lleva el punto del mapa.   2. Destrucción de la Base Rival (MOBA)   En League of Legends y Dota 2, la estrategia es total. También juegan 5 contra 5, y cada jugador controla a un "campeón" con habilidades únicas. La prueba consiste en avanzar de forma coordinada a través de un mapa custodiado por torretas automáticas para destruir el núcleo o base del enemigo (llamado Nexo o Ancestro). Estas partidas pueden durar entre 25 y 50 minutos llenos de tensión táctica.   3. Modos de Supervivencia Masiva (Battle Royale)   Para títulos como Fortnite o PUBG Mobile, la prueba cambia por completo: no es un cara a cara directo, sino un "todos contra todos". Docenas de equipos caen simultáneamente en una isla gigante con el objetivo de recolectar armas y recursos. A medida que una tormenta eléctrica reduce el espacio de juego, los equipos se eliminan entre sí. La prueba premia la supervivencia absoluta: el último equipo en pie gana.   4. Duelos 1 contra 1 (Lucha y Deportes Digitales)   Juegos como Tekken 8, Street Fighter 6 o los torneos de ajedrez virtual son el equivalente al tenis o al boxeo tradicional. Es un enfrentamiento directo e individual a base de reflejos puros o estrategia mental, donde el jugador que comete el más mínimo error queda fuera del torneo.   El Orgullo Hispano en París   La comunidad hispanohablante tiene varios de sus proyectos más potentes compitiendo codo con codo contra los gigantes asiáticos y norteamericanos en la EWC 2026:   Team Heretics (España): El club fundado por el creador de contenido TheGrefg es una de las organizaciones con más peso en la escena de shooters de Europa. Llegaron a la cita parisina pisando fuerte en el torneo de VALORANT y buscan arañar puntos vitales para el Campeonato de Clubes.   Movistar KOI (España): La alianza entre el streamer Ibai Llanos y el exfutbolista Gerard Piqué se mide a nivel internacional, especialmente en competiciones de estrategia y arenas de batalla como League of Legends.   9z Team (Argentina): La "Violeta" es el estandarte absoluto de América Latina en los juegos tácticos, destacando su presencia en las fases finales del torneo de Counter-Strike 2.   Leviatán (Argentina): El club del dragón se ha ganado a pulso su plaza internacional, aportando plantillas multiculturales muy potentes a la competición general.   Estrellas más allá de la pantalla   El evento no solo ha atraído a leyendas del teclado y el mando. La EWC 2026 ha vuelto a fichar a grandes figuras del deporte y la cultura tradicional como embajadores globales, destacando la presencia del astro del fútbol Cristiano Ronaldo y el genio del ajedrez Magnus Carlsen. Además de la acción competitiva, los asistentes en París disfrutan del Fan Fest, zonas de juego libre para probar lanzamientos recientes y un despliegue de retransmisión masivo que planea superar las 7,000 horas de contenido en directo en más de 40 idiomas. En paralelo a las pruebas se celebra el Festival EWC, una celebración mundial de la cultura gamer que acompaña a los torneos. Reúne competiciones de esports, conciertos de música en directo, salas de arcade retro, cafés temáticos, concursos de cosplay, estudios creativos y mucho más, ofreciendo a millones de fans una experiencia total. En París, esta dimensión festiva se desplegará dentro y alrededor de Paris Expo Porte de Versailles. París no solo celebra el verano físico, sino que ya se ha coronado como el epicentro digital del año.   Más información: Valerie.Watine@atout-france.fr https://www.atout-france.fr/es/pro/ES