27/06/2011
"Vamos a crear en España la CEOE de la economía social"
En su Utrera natal comenzó a sufrir retinosis pigmentaria a los 13 años, y a los 21 ya no podía ver.
-¿Cómo salió adelante?
-Mi familia me dio toda la ayuda posible. Mi hermana me leía los textos para poder seguir estudiando. Quien era el delegado de la ONCE en Utrera me enseñó el braille, y la caja de aritmética para hacer operaciones matemáticas. Un profesional de la rehabilitación me enseñó a valerme en mil detalles. Piensen, por ejemplo,en afeitarse sin verse. Cuando aprendí a manejar el bastón, me moví por toda Sevilla, la conocía palmo a palmo. Un concepto clave: hay que saber redescubrirse, y tener el bastón en la mano, no en la cabeza. La ONCE me ayudó a vencer la ceguera. Yo no me levanto pensando que soy una persona ciega. La discapacidad es una parte de mi personalidad, como ser sevillista o gustarme la música. Y los amigos me ayudaron a no encerrarme. Iba con ellos incluso a los guateques. Yo no podía coquetear con las chicas, me quedaba poniendo los discos y los cubatas. Pero al menos estaba allí.
-¿Es un optimista nato?
-Aprendí a saber sufrir cuando las cosas están mal. Me considero una persona afortunada. Los dos últimos años de carrera empecé a trabajar vendiendo cupones, entre Utrera y Sevilla. Gracias a la ONCE tuve la oportunidad de trabajar en el colegio para ciegos en Sevilla y me dediqué a la educación de adultos. Hace 25 años, era grande el analfabetismo. Recuerdo la experiencia inicial de enseñar a leer a dos chicas extremeñas de 20 años. Una época muy bonita. Después gané unas oposiciones y salté al ámbito de la gestión. Me eligieron para presidir el consejo en Andalucía, me tocó el periodo Expo con nuestro pabellón, donde recibíamos a delegaciones de todo el mundo. Y en 1997 pasé a la Fundación ONCE y me abrí a todo el sector de la discapacidad. Pusimos en marcha el Cermi, que es la gran plataforma de asistencia a los discapacitados. Siempre me he dedicado mucho a la formación y a la cohesión institucional.
-¿A cuántas personas atienden en la actualidad en España?
-Tenemos 130.000 trabajadores. En España hay 65.000 ciegos y cuatro millones de discapaciados. Damos asistencia completa a todos los ciegos, y a los demás los atendemos con programas de empleo y de formación. Cifras importantísimas para sostener el Estado del Bienestar y reducir las diferencias entre ricos y pobres, desde una organización saneada económicamente, que cumplirá 75 años en 2013.
-¿Cómo es la relación del ciego con los demás discapacitados?
-Crear la Fundación ONCE fue un gran acierto porque nos abrió, fue un descubrimiento recíproco. Hasta entonces, éramos demasiado endogámicos aunque ya en los años 40 había vendedores de cupones que eran cojos o sordos. Tenemos muchos problemas comunes de accesibilidad, empleo, educación... Desde el Cermi vamos a seguir ampliando esa relación. Hemos conseguido grandes avances, es un auténtico lobby de lo social. Y estamos poniendo las bases para crear una especie de CEOE de la economía social. Si todo sale bien, será una realidad en los próximos años. Pensemos en todo lo que es el mundo de la pobreza, con Cruz Roja, Cáritas y otras muchas entidades y organizaciones. Ya no estamos hablando de atender a cuatro millones de discapacitados, sino a cerca de diez millones de ciudadanos, con voz unitaria ante los gobiernos, sindicatos, empresarios...
-¿Qué innovaciones educativas están aplicando?
-El cambio ha sido enorme. Cuando yo empecé en Sevilla a dar clases, tenía ocho niños con circunstancias totalmente diversas entre sí a los que dar una enseñanza común. Era un modelo muy residencial, separados de sus familias y entornos. Aprendimos mucho de los países escandinavos y hemos pasado al modelo inverso: llevarles la educación a su entorno. Por ejemplo, un niño ciego de Lebrija. Nuestros equipos educativos le atienden en el colegio, público o privado, que elija su familia. Y forman a sus tutores y profesores. En verano, sí los llevamos a centros nuestros para fortalecer su técnica en lectoescritura, matemáticas, educación física, música, etcétera, pero siempre como algo complementario. Lo importante es la integración sea cual sea el grado de deficiencia visual.
-¿Internet les resulta lejano?
-Hasta la aparición de internet, los ciegos teníamos una gran dependencia de la ONCE para que nos grabara y adaptara todo al braille. Trajimos de Estados Unidos un sistema de lectura de las pantallas con voz, y fue para todos un cambio tremendo. Ya podíamos buscar información igual que cualquier persona en tiempo real. Yo sabía escribir a máquina pero no sabía usar un ordenador. Fue maraviloso sentir que el mundo estaba en mis manos y podía comunicarme con cualquier persona. Hemos hecho enormes inversiones para alfabetizar a los ciegos en las nuevas tecnologías y en la informática. Igual que en disponer de teléfonos móviles con mensajería que tiene voz y otras aplicaciones especiales.
-¿Cómo se maneja entre ministros y líderes sociales? ¿Teme que el Gobierno central provoque recortes que les aboquen a reducir sus prestaciones sociales?
-Tenemos influencia, pero lo que queremos es defender nuestro espacio sin pisar ningún callo, ni ir contra alguien. Somos en el mundo del poder una cosa muy pequeñita. Tenemos muy buena relación con el Ministerio de Sanidad, que nos tutela. Ahora tenemos que firmar el próximo acuerdo general de estabilidad para los próximos siete años. Ni se me pasa por la cabeza que haya recortes, porque sería una locura. No queremos subvenciones, sino capacidad de competir para sacar adelante nuestros juegos. Los ciegos estamos más que acostumbrados a las crisis, porque salir a diario a la calle y superar el tráfico, las obras, los robos, etcétera, es un esfuerzo permanente.
-¿Cuál es la comparación con el nivel de estudios y empleo de los discapacitados europeos?
-Estamos en buena situación, aunque sería de tontos pensar que está todo conseguido. Nos situamos 20 ó 30 puntos por debajo de los mejores países en integración laboral y en acceso a la universidad. El empleo es casi todo poco cualificado. Nos gustaría tener más técnicos y profesionales liberales.
-¿Qué estrategia tienen para sobrevivir con la venta de cupones?
-Tenemos que diversificar nuestras acciones. Ahora el 90% de los ingresos llegan por el cupón, y el 10% restante por la instantánea. Hay que conquistar a los jóvenes con juegos interactivos por internet, los jóvenes no compran cupones. Hemos extendido nuestra red de venta a estancos y gasolineras para los nuevos juegos. La clave es tener muchas redes y diversificar productos. También internacionales. El cuponazo del viernes es un producto estrella, cuya autorización depende del Ministerio de Hacienda. Ahora aspiramos a venderlo también fuera de España, nos lo tienen que permitir. Y en Europa se está gestando la segunda Euromillones, y optamos a la licencia para venderla en España. O la ONCE es capaz de ampliar su oferta de juegos, o la ola que viene nos supera.
-¿Qué opina de la Sevilla actual, Utrera incluida?
-Voy a mi pueblo todo lo que puedo, allí está casi toda mi familia. En Madrid ejerzo de sevillano y andaluz. Me encanta la Utrera de la calle, de la relación campechana entre el vecindario. Esa Utrera de la solidaridad que aún se refuerza más para dar la cara ante la crisis. No me gusta ni la Utrera, ni la Sevilla ni la Andalucía de la resignación. La que espera que el Ayuntamiento o la Junta te arreglen la vida. Esa Sevilla del joven que acaba una carrera y está a la espera de a ver qué le cae, esa no me gusta. Tenemos que ser más creativos, más arriesgados, más modernos. Si hay jóvenes que leen esta entrevista y se convencen de que también pueden ser personas de acción, doy por bien empleada haber roto mi norma de no conceder entrevistas. Porque no me gusta hablar de mí, sino de la ONCE como un equipo y una labor colectiva.
Fuente: diariodesevilla.es