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08/06/2017

Luis Buñuel protagoniza el nuevo número de “Turia”

También publica textos inéditos sobre Rulfo, Octavio Paz y Tomás Segovia y entrevistas con Juan Marsé y Elena Poniatowska

Luis Buñuel protagoniza el nuevo número de “Turia”
Fuente: Luis Buñuel protagoniza el nuevo número de “Turia”

Luis Buñuel es el gran protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA. Un total de 20 autores participan en un atractivo monográfico sobre “Buñuel en México” que permitirá conocer más y mejor la etapa más productiva de su carrera como director de cine. Además, esta iniciativa constituye una magnífica oportunidad para sumar más voces mexicanas al actual boom en los estudios sobre Buñuel y fomentar la entrada de nuevos investigadores.

El monográfico “Buñuel en México” de TURIA forma parte de un número especial de la revista denominado “Letras de España y México”. Este espectacular sumario contiene textos inéditos de 100 escritores españoles y mexicanos y ocupa 500 páginas. Sin duda, supone una magnífica oportunidad de fomentar la colaboración cultural entre ambos países.

No debemos olvidar que el trabajo fílmico de Buñuel integra a México y España en el reconocimiento a una figura clave de su respectivo patrimonio artístico. Además, una de las etapas más dilatadas, prolíficas y brillantes de Buñuel fue su producción cinematográfica desarrollada en México: 20 de las 32 películas que dirigió fueron hechas en ese país, un lugar donde fijó su residencia desde el año 1946 hasta su muerte en 1983.

El Centro Cultural de España en México es el espacio escogido para la primera presentación mexicana de una publicación literaria que, editada en Teruel pero de vocación universal, se ha convertido en una revista de referencia en español.

Como complemento al acto que se desarrolla en esta jornada a las 19 horas, en la Filmoteca de la UNAM se ha organizado el día 12 de junio y a las 18 horas la proyección de la película “Simón del desierto”, de Luis Buñuel. Tras dicha proyección se desarrollará un coloquio sobre “Buñuel en México”.

La celebración de ambos eventos permitirá que la revista TURIA tenga mayor visibilidad y difusión en México y dé a conocer allí a una labor de fomento de la creatividad artística y literaria, así como de análisis y divulgación cultural que viene desarrollando desde hace más de tres décadas. Con esta doble presentación en Ciudad de México, TURIA confirma su condición de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensión nacional e internacional. Una difusión que comenzó en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia y Portugal.

Este número especial de TURIA dedicado a las “Letras de España y México” ha sido posible
gracias al apoyo económico de la Secretaría de Estado de Cultura del Gobierno de España y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como del Gobierno de Aragón.

100 AUTORES, 500 PÁGINAS

El nuevo número de TURIA tiene como objetivo ofrecer no sólo una nueva aproximación a los años de Buñuel en México, una etapa a menudo injustamente valorada o llena de tópicos, sino brindar también una panorámica plural y atractiva de las letras españolas y mexicanas contemporáneas.

Un total de más de 100 autores participan en esta entrega de 500 páginas de TURIA marcada por la pluralidad y la calidad. Así se publican artículos originales en homenaje al Ateneo Español de México y a cuatro grandes protagonistas de la cultura en español del siglo XX: los mexicanos Juan Rulfo (de quien se celebra, en este 2017, el centenario de su nacimiento), Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura en 1990) y Mathias Goeritz o el hispano-mexicano Tomás Segovia.

En este nuevo número de TURIA participan con textos inéditos relevantes autores de ambos países. Entre los españoles, cabe citar a Juan Marsé, Jaime Siles, Felipe Benítez Reyes, José Carlos Llop, Juana Castro, Sara Mesa, Pilar Adón, Manuel Vilas y Olivia Muñoz Rojas.

Entre los autores mexicanos no hay que olvidar a Elena Poniatowska, Juan Villoro, Jorge Volpi, Guadalupe Nettel, Pedro Serrano, Carmen Carrara, Antonio Deltoro, Carmen Boullosa, Francisco Segovia, Jeannette L. Clariond, Alberto Blanco, Marco Antonio Campos y Rocío Cerón.

Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes y galardonados ambos con el prestigioso premio Cervantes: Juan Marsé y Elena Poniatowska. Marsé, que confiesa en la conversación que nunca olvidará a Juan Rulfo, declara que “la literatura española actual goza de buena salud” y también que sigue “dando más crédito a la ficción que a eso que llamamos realidad”. Poniatowska, por su parte, asegura que “en México, la realidad nos lleva a la ficción, a la imaginación” y se muestra convencida de que “la palabra es poderosísima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar”.

Otra de las sorpresas y rescates culturales que contiene esta nueva entrega de TURIA es el redescubrimiento de la obra fotográfica de Ricardo Fernández Balbuena (Madrid, 1890 – México, 1966) miembro destacado del exilio español republicano en México. Amigo de Juan Rulfo y conocido como pintor y arquitecto, ahora sus imágenes ilustrarán la portada y las páginas interiores de la revista y servirán para reivindicar su obra y su legado en nuestros días.

BUÑUEL: ¡VIVA MÉXICO!

A pesar de ser el periodo más productivo de la carrera de Luis Buñuel (1900-1983) como director de cine, no abundan los estudios sobre su etapa mexicana. Por esta razón, el nuevo número de TURIA tiene como finalidad principal conocer mejor un periodo que abarca casi cuatro décadas (desde 1946 hasta 1983). Un total de 20 autores, tanto especialistas mexicanos y españoles como vinculados personalmente a Buñuel, ofrecen un panorama amplio, diverso y original sobre la trayectoria y el trabajo fílmico realizado en México por nuestro más célebre cineasta.

Una de las novedades de este monográfico sobre “Buñuel en México” de TURIA es el que cede el protagonismo a la versión mexicana de los hechos. De ahí que la mayor parte de los colaboradores escriban sobre Buñuel “en” México y “desde” México. Gracias a estas colaboraciones, el periodo más largo y productivo del realizador cuenta con una mirada actual y, en buena parte, hecha en México.

La etapa mexicana de Buñuel es objeto en TURIA de un completo análisis, tanto personal como profesional, generando un monográfico repleto de textos inéditos que brindan un amplio abanico de perspectivas interpretativas sobre el autor y su producción: sus obras, su relevancia dentro del contexto mexicano de la época y el lugar que ocupa en la actualidad. No podemos olvidar que, como escribiera el propio Buñuel, en una de sus cartas de los años 60 al director de fotografía Gabriel Figueroa: “¡Viva México! Paris es magnífico pero ¡que chulo es México!”

El coordinador y autor del artículo introductorio del monográfico Buñuel de TURIA es Mario Barro, uno de los más jóvenes y brillantes investigadores latinoamericanos de su cine. Licenciado en Comunicación Audiovisual y doctor por la Universidad Complutense de Madrid , Barro es autor de una tesis titulada “Poética de la obra fílmica de Luis Buñuel: etapa mexicana (1946-1964)” por la que recibió la calificación de sobresaliente cum laude. Ha realizado estudios en México, Cuba y Estados Unidos.

Los autores y especialistas que colaboran en este especial “Buñuel en México” son todos ellos buenos conocedores de su filmografía y muchos de ellos están vinculados a la UNAM: Aurelio de los Reyes (“De la vanguardia a la retaguardia. Luis Buñuel: su aprendizaje del oficio”), Eduardo de la Vega Alfaro (“El retrato documental de México DF en ‘La ilusión viaja en tranvía’”, Rafael Aviña (“Luis Buñuel y las zonas de esplendor y de oscuridad del Alemanismo”), Nelson Carro (“El México de Buñuel”, Armando Casas y Leticia Flores Fartán(“’Susana’, el diablo se disfraza de mujer”), Miguel Errazu (“El maravilloso plano de Lorenzana”) y José Manuel García Ortega (“Luis Buñuel y la Filmeteca de la UNAM”). También participan estudiosos españoles como Amparo Martínez (“Crónica de un encuentro. Dancigers y el asentamiento de Buñuel en México”), Javier Millán (“Biocronología de Buñuel en México”) y Breixo Viejo o la hispanista británica Joanna Evans (ambos firman el artículo “No hay creación sin maldición: proyectos cinematográficos de Luis Buñuel y Carlos Fuentes”).

Otros testimonios provienen de personas que trabajaron con él como la célebre actriz mexicana Silvia Pinal; que lo conocieron como Gillian Turner, viuda de Tomás Pérez Turrent, autor del más importante libro de entrevistas con Buñuel publicado: “Prohibido asomarse al
interior”; o que tuvieron una buena amistad con Buñuel, como el sacerdote Julián Pablo Fernández.

Entre los materiales inéditos que TURIA pone al alcance de los lectores, además de un poema- canción de José Moreno Villa, destacan las cartas entre Buñuel y Gabriel Figueroa que avalan la buena relación entre ambos: según refiere el propio Buñuel en una de sus cartas, Figueroa sería “su fotógrafo predilecto”. También TURIA presenta una entrevista inédita realizada por Nelson Carro a Figueroa, que confirma hasta qué punto Figueroa se convirtió en confidente de los planes profesionales de Buñuel.

JUAN RULFO, OCTAVIO PAZ Y TOMÁS SEGOVIA

El sumario de TURIA se abre, en esta ocasión, con un sugerente artículo de José Carlos González Boixo sobre el célebre escritor mexicano Juan Rulfo. Bajo el título “Rulfo en el siglo XXI”, el texto invita a reflexionar, con motivo de celebrarse este año el centenario de su nacimiento, sobre la obra literaria de Rulfo y su proyección en nuestro siglo. Y es que, hoy como ayer, el autor de la novela “Pedro Páramo” sigue siendo uno de los escritores más admirados y leídos, con más de un centenar de traducciones. Además, el artículo muestra como la crítica del siglo XXI ha contribuido a una mejor comprensión de la obra de Rulfo.

Mención destacada merece también un original artículo titulado “Octavio Paz, cosmógrafo”. En él, su autor Diego Valverde Villena, asegura que el territorio del Premio Nobel de Literatura en 1990 es “esa intersección entre poesía y ensayo. Un lugar donde la palabra lírica es una candela que ilumina, en el que Paz reescribe el mundo en cada lectura”.

La sección que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un artículo sobre “Tomás Segovia: la traducción como escritura”. En él, su autor Pedro Serrano argumenta cómo la traducción de poesía dentro de la obra de Tomás Segovia no es una addenda sino una parte sustancial de su propia obra.

JORGE VOLPI, JUAN VILLORO, GUADALUPE NETTEL, MATHIAS GOERTIZ Y EL ATENEO ESPAÑOL DE MÉXICO

Entre el buen surtido de lecturas inéditas que ofrece TURIA sobresalen los textos narrativos de Jorge Volpi, Juan Villoro, Guadalupe Nettel, Felipe Benítez Reyes, Sara Mesa, Pilar Adón y Sergio del Molino. Una selección de autores muy plural y representativa tanto de los escritores ya consolidados como emergentes en la literatura en español.

En poesía, TURIA ofrece versos originales de autores españoles y mexicanos tan diversos como de indiscutible interés: Jaime Siles, Antonio Deltoro, José Carlos Llop, Alberto Blanco, Enrique Andrés Ruiz, Carmen Boullosa, Juana Castro, Juan Antonio González Iglesias, Francisco Segovia, Manuel Vilas, Marco Antonio Campos, Ana Merino, Abraham Gragera, Jeannette L. Clariond, Juan Carlos Reche, Rocío Cerón, Erika Martínez, Vanesa Pérez-Sahuquillo, José Saborit y Carmen Garrido.

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura el artículo de José
María Espinasa: “Razón de ser del Ateneo Español de México”. En el se traza una brillante síntesis de la trayectoria y logros de una de las iniciativas más fértiles del exilio republicano español en México. Una entidad que ha cumplido una tarea de puente entre el medio cultural nacional y lo que se ha llamado la generación hispano-mexicana. Como asegura Espinasa, “sin su actividad a lo largo de 65 años la cultura mexicana sería más pobre y no podríamos reconstruir la de la España peregrina. Sin su permanencia como centro de información bibliográfica política y cultural, la comprensión plena de lo sucedido sería imposible”. No obstante, y aunque “en México el exilio español ya no está en el exilio, en España aún no ha sido comprendido del todo”.

No menos recomendables son otros los dos artículos que integran la sección de ensayos: “Las ciudades del Nuevo Mundo. El modelo urbanístico y sus implicaciones culturales. Una visión crítica”, de Olivia Muñoz-Rojas y “Mathias Goeritz, entre bromas y veras”, de Chus Tudelilla.

ENTREVISTAS A JUAN MARSÉ Y ELENA PONIATOWSKA

En la sección que TURIA dedica a las entrevistas a fondo, este número tiene dos protagonistas estelares de las letras en español. Los premios Cervantes Juan Marsé y Elena Poniatowska. Ambas conversaciones muestran a dos autores de indiscutible personalidad y valiosa trayectoria.

En la entrevista que TURIA publica con Juan Marsé, realizada por Sergi Doria, el autor de “Si te dicen que caí” nos habla de sus conflictos con la censura franquista, de la oportunidad que le brindó ganar el Premio Internacional de Novela México para conocer personalmente a Juan Rulfo (“un genio”) y a Luis Buñuel (“¡qué tío más listo!”) y hace balance positivo de la situación de nuestras letras: “la literatura española actual goza de buena salud”. También reconoce Marsé que se entiende bien con los perdedores y que sigue “dando más crédito a la ficción que a eso que llamamos realidad”. Al fin y al cabo, confiesa que escribe “porque estoy en desacuerdo con un mundo que no está bien parido”.

La escritora y periodista Elena Poniatowska protagoniza en TURIA una entrevista llena de complicidades y opiniones clarificadoras sobre cuanto ocurre en México. Así, a las preguntas de Carmen Carrara, responde: “en México, la realidad nos lleva a la ficción a la imaginación”. Reconoce Poniatowska que “ser curiosa y preguntar me ha servido mucho”. También está convencida que “vivimos en un país donde ser mujer es pertenecer a un grupo sin derechos”. Pese a todo, nos dirá que “la palabra es poderosísima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar”.

FRANCISCO AZORÍN Y FERNANDO FERRERÓ

Respecto a sus dos secciones dedicadas a los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA publica un artículo del historiador Serafín Aldecoa sobre la intensa, poliédrica y productiva vida y obra de un insinge turolense errante: Francisco Azorín (Monforte de Moyuela, Teruel, 1875 – Ciudad de México, 1975). Se traza aquí la rica trayectoria de quien ejerció una valiosa labor política como promotor del socialismo y el sindicalismo en España y fue un reputado arquitecto. Además de un acreditado esperantista, Azorín fue miembro de la masonería y desarrolló una intensa labor profesional y docente en sus años de exilio en México.

Un singular nombre propio de las letras aragonesas contemporáneas, Fernando Ferreró, ocupa también las páginas de TURIA. En este caso, y a través de un artículo de Julio del Pino Perales, se indaga acerca la obra poética de Ferreró (Zaragoza, 1927) como merecedora una mayor proyección dentro de la literatura española dada la originalidad de un estilo que parece reparar la unión antaño rota entre poesía y filosofía.

Asimismo, TURIA contiene la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan las novedades editoriales tanto españolas como mexicanas de mayor interés. Por ejemplo, se publican cuidadas reseñas de libros recientes de autores como Héctor Aguilar Camín, Guillermo Arriaga, Luciano Concheiro, Pere Gimferrer, Enrique Krauze, Julio Llamazares, José Luis Pardo, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos o Jorge Zepeda Patterson.

“TURIA”, 34 AÑOS DE TRAYECTORIA

TURIA, que cuenta ya con 34 años de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en español. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Raúl Carlos Maícas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta también con una versión digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusión entre el público lector: su página en Facebook cuenta con más de 9.200 seguidores y más de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel y su edición cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

UNA CANCIÓN-POEMA INÉDITO DEDICADO A LUIS BUÑUEL

Entre las sorpresas y textos originales que brinda TURIA a los lectores se encuentra un poema inédito de José Moreno Villa (Málaga, 1887 - Ciudad de México, 1955) dedicado a Luis Buñuel. El poema se publica por primera vez gracias a la autorización de José Moreno Nieto (hijo de José Moreno Villa). El original se encuentra en el Archivo Buñuel de la Filmoteca Española.

El poema-canción de José Moreno Villa sobre Buñuel que TURIA publica es el siguiente:

“En el camino de Cuernava / Rafaelito perdió su petaca // En el sendero de Texcoco / Rafaelito se limpiaba el moco // En la carretera de Taxco / Juan Luis se puso hecho un asco // Cerca del pueblo de Chapingo / Se quedó Juanita hecha un pingo // En la cercania de Oaxaca / el condestable se hizo caca // En la cima del Paricutin / dejó Pepe una gota de orin // En Tepeaca y en Coahulia / Toma Concha te con tequila // Y Mantecon que está en Tampico / bebe Moca y jarabe de pico // Por el camino de Tacuba / Isabel iba hecha una cuba // Mientras Alvaro Custodio escribía / de las estrellas de Almeria // Al llegar cerca de Laredo / mi buen Ugarte soltó un pedo // Y Sanchez Ventura por ley / se cagó sobre Monterrey // Y Vicens que no es de Jalisco / va como borreguito al aprisco”

Este poema se escribió inspirado en los viajes que hacía la familia Buñuel en compañía de la familia Moreno, donde el autor aprovechó las anécdotas de los paseos para componer un poema que, luego, se convertiría en una canción para acompañar los viajes; tal como contó Juan Pérez de Ayala, amigo de la familia, en una historia que reproduce TURIA: “La vez que estuve en México, en casa de Buñuel conociendo a Juanita, estaba también Rafael Buñuel, el hijo pequeño, recuerdo que esa tarde se pusieron madre e hijo a contarme cosas de Pepe Moreno. Rafael me contó que, cuando iban de excursión en coche de los Buñuel a algún pueblo cercano, - parece ser que solían viajar a menudo: Luis Buñuel, Juanita, Pepe Moreno, su esposa Consuelo y los hijos de ambos matrimonios -, cantaban esa canción-poema que les compuso a ellos, especialmente a Pepe Moreno Nieto y a Rafael Buñuel Rucar (ambos nacieron en 1940 y tienen la misma edad). Dicho poema se quedó convertido en una canción de infancia y compañera de viajes de la familia Buñuel. Rafael Buñuel me la cantó ese día, la recordaba muy bien, yo se que fue motivada porque cuando llegaban a algún pueblo algo pasaba. Juanita me trajo el manuscrito que guardaba del poema que le escribió Moreno, en París, ante sus ojos. Ahora que he vuelto a leer el poema me he acordado al momento de Rafael, de esa tarde en la Cerrada Félix Cuevas, en la casa construida por Arturo Sáenz de la Calzada, y de todo lo que me contaron”.

José Moreno Villa, considerado por muchos como el “hermano mayor” de la Generación del 27, es un escritor especial en el panorama de la literatura española. En su amplia obra destacan dos libros que han pasado a la leyenda por su calidad y porque son imprescindibles para conocer la literatura española del siglo XX: “Jacinta la pelirroja” y “Vida en claro”. El primero es un libro de poemas; el segundo son sus memorias, una obra fundamental para conocer la vida cultural española en el primer tercio de siglo XX.
Luis Buñuel protagoniza el nuevo número de “Turia”
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Corea del Sur: Donde el futuro choca con la tradición ¡y sorprende en cada esquina!

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Hay que evitar si se puede los meses de verano (julio y agosto), ya que coinciden con el monzón (lluvias intensas) y un calor húmedo muy pesado. ¿Cómo manejarse?: imprescindibles tecnológicos En Corea no funcionan Google Maps ni Apple Maps para navegar a pie o en coche con precisión debido a restricciones de seguridad nacional. Para sobrevivir como un local, descarga estas aplicaciones antes de volar: Naver Map o KakaoMap: Son los navegadores locales. Te dirán exactamente qué metro tomar, el andén, el tiempo de trayecto e incluso la ruta a pie más rápida. Papago: El traductor definitivo creado por Naver. Funciona mucho mejor que Google Translate para el coreano, permitiéndote traducir texto, voz y carteles en tiempo real con la cámara. KakaoT: La aplicación para pedir taxis oficiales (equivalente a Uber), muy útil si te cansas del transporte público a altas horas de la noche. ¿Cómo moverse?: Conectividad y Transporte Tarjeta T-Money: Nada más llegar al aeropuerto o en cualquier tienda de conveniencia (como CU o GS25), compra una tarjeta T-Money física o digital. Es una tarjeta recargable que sirve para pagar el metro, los autobuses e incluso en algunas tiendas. Internet: Lo más cómodo es llevar una eSIM contratada desde casa o alquilar un Pocket WiFi en el aeropuerto al aterrizar. La conexión en Corea es de las más rápidas del planeta, así que volarás digitalmente. ¿Dónde comer y qué pedir? Comer en Corea es una experiencia social increíble. En algunos restaurantes elegantes con suelo de tatami, es obligatorio quitarse el calzado en la entrada. Olvídate de los modales occidentales: aquí se comparte todo al centro de la mesa. Platos que debes probar sí o sí: Kimchi: Es un icono de la cocina coreana. Parece una sencilla combinación fermentada de verduras en salmuera sazonadas pero se le suele añadir mariscos frescos o col china y otras cosas, hasta conseguir 200 tipos de kimchis. Los coreanos suelen preparar distintos tipos para consumir a lo largo del año, incluso se han diseñado frigoríficos especiales para conservarlo. Samgyeopsal: Panceta de cerdo a la brasa que tú mismo cocinas en la mesa. Bibimbap: Es muy popular, colorido y nutritivo ya que combina diferentes ingredientes como arroz, diversas verduras, carne de res, gochujang (salsa picante a base de chiles rojos) y aceite de sésamo. Korean Fried Chicken: El pollo frito crujiente coreano (suele acompañarse con cerveza helada, una combinación clásica llamada Chimaek). Tteokbokki: Pasteles de arroz glutinoso en una salsa roja picante (perfectos para un puesto callejero). Comienza el viaje: Seúl imprescindible Si tienes pocos días para descubrir Seúl, donde suele comenzar el viaje por Corea, la clave es combinar los contrastes que hacen única a esta megalópolis: palacios imperiales milenarios, mercados tradicionales caóticos y barrios ultra modernos. Este es el itinerario definitivo para exprimir al máximo lo mejor de la capital coreana: El contraste de palacios e historia viva Es casi imprescindible comenzar el recorrido por el Palacio Gyeongbokgung, es el más grande y espectacular de los cinco grandes palacios de la dinastía Joseon. No te pierdas el Cambio de Guardia Real (suele ser a las 10:00 y a las 14:00). Un consejo: Si vas vestido con un hanbok (el traje tradicional coreano), la entrada al palacio es totalmente gratis. Justo al lado del palacio se encuentra la Aldea Bukchon Hanok, un barrio de callejuelas empinadas flanqueadas por cientos de casas tradicionales de madera y tejados curvados (hanok). Las vistas de los tejados tradicionales con los rascacielos modernos al fondo son icónicas. Se puede terminar el día en el Mercado de Gwangjang, uno de los más antiguos y animados de Seúl. Es el paraíso de la comida callejera. Hay que probar los mayak gimbap (rollitos de arroz), los fideos cortados a mano (kalguksu), y las tortitas de judías mungo o soja verde (bindaetteok). Si hubiera que elegir lo mejor de Seúl, sin duda es su capacidad única para fundir pasado y presente. La magia reside en caminar por una avenida futurista rodeada de pantallas gigantes y tiendas de alta tecnología, doblar una esquina y encontrarte de repente con un palacio real del siglo XIV o con un arroyo restaurado (como Cheonggyecheon) donde la gente descansa descalza al atardecer. Es una ciudad que te atrapa porque respeta profundamente sus raíces mientras acelera hacia el futuro. Juventud, tecnología y las mejores vistas Para otro día hay que dejar la visita a Myeongdong, el distrito de las compras por excelencia y el paraíso absoluto de la cosmética coreana (K-Beauty). Aunque no vayas a comprar, pasear por sus calles llenas de puestos de comida callejera es toda una experiencia sensorial. Más tarde vale la pena subir hasta el monte Namsan (puedes ir en teleférico o dando un paseo agradable) para llegar a la icónica torre de telecomunicaciones N Seoul Tower. Es el mejor lugar para ver el atardecer y contemplar cómo el mar de rascacielos de Seúl se ilumina por completo. La zona está llena de los famosos "candados del amor" que se popularizaron hace años. Hay que terminar el día, –y comenzar la noche– en Hongdae, el barrio universitario y el epicentro de la cultura urbana y nocturna. Aquí encontrarás música en directo en plena calle, bailarines improvisados, tiendas de diseño independiente y un ambiente joven e imparable hasta altas horas de la madrugada. Seúl y otras ciudades de Corea vibran de noche. Si te cansas de caminar, puedes vivir la experiencia de un Noraebang (un karaoke privado donde cantar a pleno pulmón con amigos) o relajarte en un Jjimjilbang (un spa tradicional coreano abierto las 24 horas que cuenta con saunas de sal, zonas de descanso y los famosos cascos de toalla enrollada en la cabeza estilo "huevo duro"). Lo mejor en el resto de Corea del Sur Si ya te enamoraste de la capital, prepárate porque el resto del país guarda auténticos tesoros que van desde la historia imperial hasta paraísos naturales volcánicos. Aquí tienes las paradas obligatorias para completar tu viaje: Gyeongju: El museo sin paredes. Si te interesa la historia, esta ciudad es una visita obligada. Gyeongju fue la capital del antiguo Reino de Silla durante casi mil años. Hay que visitar el Templo Bulguksa (una obra maestra de la arquitectura budista) y la Gruta de Seokguram en la montaña, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En el centro de la ciudad, pasea por el parque de los grandes túmulos funerarios reales (Daereungwon). Busan: Playas y templos junto al mar. Es la segunda ciudad más grande de Corea y ofrece un ambiente completamente diferente al de Seúl, mucho más relajado y marinero. Hay que ver el Templo Haedong Yonggungsa, A diferencia de la mayoría de los templos coreanos (que están en las montañas), este está encaramado directamente sobre los acantilados frente al mar. Gamcheon Culture Village: Un colorido pueblo de casas escalonadas en la colina, lleno de arte urbano, callejones laberínticos y miradores alucinantes. Mercado de pescado de Jagalchi: El mercado de marisco más grande del país, donde puedes probar pescado ultra fresco. La Isla de Jeju: El "Hawái" coreano. Situada al sur del país, esta isla volcánica es el destino de vacaciones favorito de los propios coreanos y un paraíso natural, considerada una de las maravillas naturales. Allí podrás conocer a las Haenyeo, mujeres, muchas de ellas octogenarias, que practican el buceo libre a pulmón hasta a 10 metros de profundidad sin bombona de oxígeno para pescar marisco fresco. Su valentía y tradición forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. También hay que subir a la cima volcánica Seongsan Ilchubong (perfecta para ver amanecer), las cascadas de Cheonjiyeon y recorrer alguna de sus rutas costeras flanqueadas por campos de mandarinas y estatuas de piedra volcánica (Dolhareubang). Jeonju: Tradición y el origen del plato nacional. Si buscas el verdadero sabor de la cultura tradicional y de la gastronomía, este es tu sitio. Su Aldea Tradicional (Jeonju Hanok Village) cuenta con más de 800 casas de estilo clásico. Además, Jeonju es mundialmente famosa por ser la cuna oficial del Bibimbap (el plato de arroz con verduras, carne y salsa picante servido en cuenco caliente), así que comer aquí es obligatorio. De compras por Corea Corea del Sur es un auténtico paraíso para las compras, y lo mejor es que puedes encontrar desde auténticas joyas culturales hasta productos de tecnología y cosmética a precios imbatibles que en Europa o América costarían el doble. Aquí tienes la guía definitiva de qué comprar y qué resulta especialmente económico: Cosmética Coreana: La gran ganga. Si hay algo que vale la pena comprar en cantidades industriales en Corea, es cosmética. Las marcas locales como Innisfree, Etude House, Missha o Laneige son famosas en todo el mundo por su calidad innovadora. Mascarillas faciales de un solo uso (pueden costar desde menos de 1 euro la unidad en tiendas como Olive Young), cremas hidratantes, protectores solares de textura ultraligera y tintes labiales. En Seúl encontrarás tiendas en cada esquina (especialmente en el barrio de Myeongdong) con ofertas constantes de "compra 10 y llévate 10 gratis" o packs promocionales muy económicos. Papelería creativa y diseño cuqui. A los coreanos les encanta el diseño bonito y minimalista. Las tiendas de papelería son un peligro porque querrás llevártelo todo: Agendas, libretas ilustradas, washi tapes (cintas decorativas), pegatinas y estuches con diseños adorables de personajes locales como los de Kakao Friends o Line Friends. Son económicos (suelen costar pocos wones), ocupan muy poco espacio en la maleta y son el regalo perfecto y original para amigos y familiares. Té verde de Jeju e infusiones tradicionales. La isla volcánica de Jeju y la zona de Boseong son famosas por sus plantaciones de té. Entre los mejores está el té verde orgánico de alta calidad o tés tradicionales coreanos a base de raíces y frutas (como el omija, el té de cinco sabores, o el yuja-cha, una mermelada dulce de cítricos que se mezcla con agua caliente). Son ligeros, fáciles de transportar y una forma deliciosa de revivir el viaje al volver a casa. Calcetines originales y divertidos. Puede sonar a tópico, pero los calcetines en Corea son toda una institución cultural. Calcetines con estampados hipercoloridos, caras de dibujos animados, animales, obras de arte famosas o motivos típicos coreanos. Se venden en puestos callejeros (como en los mercados de Myeongdong o Hongdae) por precios ridículos (a veces a 1 o 2 euros el par). Tienen una calidad excelente, son súper suaves y duraderos. Palillos y juegos de cubiertos de acero inoxidable. A diferencia de Japón o China, donde se usan palillos de madera o bambú, en Corea tradicionalmente se utilizan palillos planos de acero inoxidable, acompañados de una cuchara alargada. Son también un original recuerdo para practicar al volver a casa. También vale la pena comprar un juego de cubiertos tradicionales coreanos (sujeo), a menudo decorados con grabados de nácar o estuches elegantes. Es un recuerdo con mucha identidad cultural, barato y que durará toda la vida en tu cocina. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo) Cuando el avión despegue de vuelta a casa y dejes atrás el mar de luces de Seúl, el aroma a brochetas picantes de los mercados callejeros y el murmullo de las olas en las costas de Jeju, comprenderás que Corea del Sur deja una huella imborrable. No te llevarás solo una maleta llena de cosmética, calcetines coloridos y recuerdos únicos; te llevarás la calidez de su gente, el compás de una cultura que honra su pasado mientras acelera hacia el futuro y la certeza de que este viaje no fue solo un destino marcado en el mapa, sino un capítulo inolvidable de tu propia historia. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo).

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

13/07/2026

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

China no se visita, se experimenta. China es un país que no te deja indiferente; es un choque de escalas, de tiempos, de historias y de tecnología. El itinerario que comienza en los mostradores de Air China en Madrid, no es solo un vuelo directo de larga distancia; es un puente temporal que nos traslada a un universo donde el tiempo se mide en dinastías y la seda aún se hila a mano. Al llegar a un aeropuerto como el de Pekín-Daxing, lo primero que golpea al viajero no es el caos (como muchos esperan), sino un orden tecnológico casi abrumador y una primera visión de la capacidad china en cualquier modalidad. Cualquiera de los más de 100 millones de pasajeros que recibe al año no tarda más de 8 minutos en llegar a su puerta de embarque desde el centro, está equipado con reconocimiento facial para el check-in y sistemas robóticos de estacionamiento. Además, cuenta con un centro de transporte intermodal subterráneo que conecta directamente con trenes de alta velocidad que te llevan al centro de Pekín en menos de 20 minutos. Esta es solo la primera impresión de este país, a lo largo del viaje que propone Chinavisión Travel, especialistas en dar a conocer China a los turistas españoles. Un viaje en el que uno puede sentir el olor a comida callejera en un viejo callejón hutong cercano que, como las grandes avenidas presumen de una limpieza impecable y la sensación de seguridad absoluta. Donde el efectivo es casi una reliquia. Todo se mueve con códigos QR (Alipay o WeChat), o cámaras de reconocimiento facial que también permiten el pago, sin otro requisito, conviviendo con templos milenarios y maravillosos paisajes. Es como haber aterrizado en el año 2050 pero con los pies en la dinastía Ming. Explorar China es como hojear un libro de historia que cobra vida. El itinerario que propone Chinavisión Travel nos lleva por el "Triángulo de Oro" (Pekín, Suzhou, Hangzhou y Shanghái), donde cada parada revela una faceta distinta de la identidad asiática. Lo esencial de Pekín Hay que comenzar, naturalmente, por Pekín, una ciudad de escala titánica. La llegada es el impacto de lo colosal. Lo primero que nos golpea son las grandiosas medidas: avenidas de seis carriles, nudos de autopistas que parecen imposibles y una arquitectura que busca, ante todo, imponer respeto, y que también sirve de gigantescas pantallas donde mostrar todo tipo de productos de lujo... en un país que se dice comunista. De lo que más sorprende nada más pisar la calle es que, a pesar del tráfico denso, los miles de scooters eléctricos que inundan las calles no hacen ruido; se deslizan a nuestro lado como fantasmas, algo con lo que hay que tener precaución, ya siguen sus propias normas de circulación y entre ellas no siempre está el respetar los pasos de cebra. También sorprende la cantidad de coches eléctricos que ya hay en la ciudad, se calcula que más de la mitad ya lo son. Tras la breve estancia en algunos de los grandes hoteles (hay 190 de cinco estrellas en la ciudad), toca ir a lo esencial porque Pekín es gigantesco – 16.410 km² de superficie (el doble que toda la Comunidad de Madrid) y 22 millones de habitantes–. Y la primera visita es a la mítica Plaza de Tiananmén. Es el punto de partida obligado. No es solo una plaza, es mucho más que un espacio público; es el centro simbólico y político de China. Con una extensión de 44 hectáreas, es una de las plazas más grandes del mundo, y ha sido el escenario de los eventos más definitorios de la historia moderna del país. Su nombre significa "Plaza de la Puerta de la Paz Celestial", en referencia a la entrada principal a la Ciudad Prohibida que se encuentra en su extremo norte. Fue aquí donde Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China en 1949. La plaza alberga edificios de gran importancia, como el Gran Salón del Pueblo (sede del Parlamento) y el Mausoleo de Mao Zedong, donde su cuerpo está embalsamado, como el de Lenin en la Plaza Roja de Moscú. A nivel internacional, es recordada principalmente por las protestas pro-democracia de 1989, que terminaron con una intervención militar. Hoy en día, es un lugar de altísima seguridad lleno de vallas que hace complicado el acceso al centro de la plaza, por lo que mejor ir con tiempo, y un destino imprescindible para entender la compleja identidad de la China contemporánea. Un palacio con 9.999 habitaciones El siguiente paso es la Ciudad Prohibida (se llama "Prohibida" porque, durante siglos, nadie podía entrar o salir del recinto sin el permiso explícito del emperador), se trata del complejo palaciego más grande del mundo; cruzando el Puente de las Aguas Doradas se entra en un complejo de 980 edificios y hay que prepararse para recordar los bellos nombres que aquí, y en toda China, tienen los palacios, jardines y monumentos: Salón de la Armonía Suprema, Puerta de la Pureza Celestial, Palacio de la Longevidad Tranquila, Pabellón de los Mil Otoños, Pabellón de la Fragancia de Buda, Salón de las Olas Generosas, Jardín del Humilde, Pabellón de la Luna que se encuentra con la Brisa, Altar de la Oración por las Buenas Cosechas... y así por miles en todo el país. Se dice que el palacio tiene 9.999 habitaciones, porque solo el Cielo podía tener 10.000. Es una obra maestra del Feng Shui. Todo el complejo está alineado de norte a sur y los colores predominantes son el amarillo (color exclusivo del emperador) y el rojo (buena fortuna). En las esquinas de los tejados, hay filas de pequeñas figuras de cerámica. Representan animales mitológicos y su función era proteger el edificio de los incendios y los malos espíritus. Cuanto más importante era el edificio, más figuras tenía; el Salón de la Armonía Suprema es el único que tiene el máximo permitido. En el sistema de construcción de las dinastías Ming y Qing, el número de figuritas siempre debía ser impar (3, 5, 7 o 9) según la importancia del edificio. El Salón de la Armonía Suprema es el único edificio en toda China que tiene permiso para romper esta regla y llevar 10, lo que reafirma que es el lugar de mayor rango de todo el imperio. Una muralla de 21.000 kilómetros El siguiente paso en el viaje es la Gran Muralla China, aunque, en realidad, habría que hablar de murallas, porque no es una sola línea continua, sino una red de murallas, fosos y torres de vigilancia construidas por diferentes dinastías a lo largo de más de 2.000 años. Su objetivo principal no era solo frenar invasiones (principalmente de los nómadas mongoles), sino funcionar como un sistema de fronteras, controlar el comercio de la Ruta de la Seda y servir como una "autopista" elevada para transportar tropas rápidamente. La sección más famosa y mejor conservada (la que construyó la dinastía Ming) mide unos 8.800 km. Aunque se ha dicho lo contrario, no se ve desde el espacio. Para su construcción se utilizaron diversos materiales, en las zonas desérticas usaron arena, grava y ramas de tamarisco. En las montañas, piedra caliza tallada. Pero el gran secreto de la dinastía Ming (la sección más famosa) fue el mortero de arroz pegajoso. Mezclaron cal con caldo de arroz flotante, lo que creó una especie de cemento súper flexible y resistente que evitó que creciera maleza y soportó terremotos. La construcción de la primera gran fase de la muralla (bajo el emperador Qin Shi Huang) fue sumamente costosa. Para financiarla, además de exprimir a la población con impuestos, el emperador creó una de las primeras loterías registradas de la historia. La excursión permite disfrutar de esta maravilla del mundo durante unas horas. Para aprovechar el día, vale la pena una parada para hacerse una foto frente al estadio Nacional de Pekín, construido para ser sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 2008 y que se conoce popularmente como nido de pájaro. Después, una visita a una fábrica de perlas y recorrer uno de sus hutongs en Rickshaws, su nombre proviene del término japonés jinrikisha, que significa "vehículo impulsado por fuerza humana” y es que es el conductor quien pedalea para avanzar. Al caer la noche, hay que pasear por la calle peatonal Wangfujing, que es un festín sensorial, y cenar un buen pato a la pekinesa. Antes de abandonar Beijing hay que hacer una visita al Templo del Cielo, ubicado en un parque donde los jubilados practican Tai Chi y juegan al Jianzi o bádminton con los pies, este templo es una joya de la arquitectura Ming. Allí está el llamado Muro del Eco que tiene una curiosidad acústica increíble. Si dos personas se colocan en extremos opuestos del muro circular y susurran, pueden escucharse perfectamente gracias a la curvatura y densidad del material. También está el Ciprés de los Nueve Dragones: Un árbol de más de 500 años cuyas ramas retorcidas parecen dragones trepando hacia el cielo. Los locales creen que su forma retorcida es producto de la energía espiritual del Templo del Cielo. Es el símbolo de la longevidad y un lugar sagrado para la fotografía. Paraíso en la Tierra La siguiente etapa del viaje supone pasar de la monumentalidad de la Gran Muralla y los grandes palacios al romanticismo de las "ciudades del agua". En China hay un proverbio clásico que dice: "En el cielo está el paraíso, y en la tierra están Suzhou y Hangzhou". Suzhou, la "Venecia de Oriente", es un oasis de elegancia clásica donde el agua y el arte se fusionan. Famosa por sus canales serpenteantes cruzados por puentes de piedra milenarios y sus exquisitos jardines tradicionales —diseñados meticulosamente para recrear paisajes naturales a escala microscópica—. El Jardín Liuyuan (también conocido como el Jardín de la Demora) es uno de los tesoros más grandes de la arquitectura paisajística china. No es un jardín cualquiera; está considerado uno de los cuatro jardines clásicos más famosos de toda China. Al avanzar hacia el sur se llega a Hangzhou, la capital del té y la naturaleza, cuyo corazón late a orillas del legendario Lago del Oeste (Xi Hu). Este paisaje, que parece sacado de una pintura tradicional con sus pagodas recortadas entre la niebla y sus sauces llorones, ha inspirado a poetas y emperadores durante siglos. Hangzhou ofrece una desconexión total a través de sus colinas verdes, donde se cultiva el famoso té verde Longjing (Pozo del Dragón). Es un destino donde la espiritualidad de los templos budistas, como el de Lingyin, se mezcla de forma única con la serenidad de sus aguas, cerrando con broche de oro una de las rutas más bellas de toda China. Rumbo al futuro Si Suzhou y Hangzhou son el alma de la China antigua, Shanghái, última etapa del viaje, es el sistema nervioso de la China del futuro. Es el lugar donde el té Longjing se cambia por un espresso y las barcas de madera por trenes Maglev que flotan a 431 km/h. Llegar a Shanghái es como aterrizar en el set de rodaje de una película de ciencia ficción. La ciudad es un duelo visual constante: de un lado del río Huangpu está Puxi, más conocida como el Bund, un desfile de edificios coloniales que parecen sacados del Londres de los años 20; del otro, Pudong, un bosque de rascacielos que parecen diseñados por un arquitecto que viajó en el tiempo. Como casi siempre en toda China, salen al paso los contrastes. En una misma mañana uno puede perderse en las callejuelas de la Antigua Concesión Francesa y diez minutos después estar rodeado de pantallas LED gigantes y robots que te sirven el café en Nanjing Road. O visitar el Museo de Shanghái, dedicado al arte chino antiguo y que contiene más de 120.000 piezas y después subir a la Torre de Shanghái, que no solo es un gigante de cristal; es un recordatorio de que en esta ciudad el único límite es el cielo, y a veces ni eso, cuando la niebla abraza su cima a 632 metros de altura. Shanghái no se visita, se experimenta a través de sus luces de neón reflejadas en el río al anochecer. Un paseo en barco al anochecer es, seguramente, la experiencia visual más potente de todo el viaje y el broche de oro perfecto para un recorrido que empezó en la piedra milenaria de la Gran Muralla y termina en el brillo cromado de la metrópolis más eléctrica del mundo. No hay que olvidar la gastronomía china Un aspecto importante e imprescindible en cualquier viaje a China es el gastronómico. En el viaje que proponemos se incluyen todas las comidas. A diferencia de Occidente, donde cada uno pide su plato, en China la comida es comunitaria. Una gran variedad de platos se colocan en el centro para que todos prueben de todo. La mesa redonda elimina las jerarquías físicas: todos están a la misma distancia de la comida y de los demás, fomentando la conversación y la cercanía. En el centro de la mesa suele haber un gran disco de vidrio giratorio que suelen llamar "Lazy Susan" donde se ponen los distintos platos y permite que cada comensal se sirva del que quiera girándolo. Es importante girarlo despacio y con cortesía cuando nadie esté sirviéndose. No hay que sorprenderse si el arroz blanco llega al final. Se considera un "saciador" por si te quedaste con hambre. La sopa también suele servirse a mitad o al final de la comida para ayudar a la digestión. Un detalle de cortesía: Servir primero el té o los mejores trozos de comida a los demás (especialmente a los mayores o invitados) antes que a uno mismo es el mayor gesto de respeto en una mesa china. La cocina de Pekín está influenciada por la cercanía a Mongolia, el clima frío del norte y los banquetes de la corte imperial. Los sabores son más intensos, salados y con un uso generoso del ajo, el jengibre y la pasta de soja dulce. Imprescindible probar el Pato laqueado a la Pekinesa (Beijing Kaoya), es el rey indiscutible. La piel crujiente y la carne jugosa se cortan en finas lonchas frente al comensal. La tradición indica que el chef lo debe cortar en exactamente 108 lonchas, pero pocas veces se cumple... y nadie las cuenta. Se come enrollado en una fina tortita con tiras de pepino, cebolleta y salsa dulce de judía. Otros platos habituales en Pekin es la Olla caliente de Pekín (Beijing Huoguo) una especie de fondue con agua o caldo suave (no con aceite o queso) de herencia mongola. En ella se cocinan al momento finísimas láminas de carne de cordero, verduras, setas... que luego se mojan en una rica salsa de sésamo. Más información: https://www.chinavisiontravel.com Sobre Chinavisión Travel Chinavisión es una marca registrada de Wenjing Global S.L. Somos una agencia de viajes Mayorista/ minorista con sede en Madrid. Nuestro propósito es dar a conocer al mercado de habla hispana, el impresionante legado cultural de China , así como su actual pujanza. Nuestro personal esta formado por empleados chinos y españoles, con años de experiencia en el turismo emisor a China y en el turismo receptivo hacia España. Para la elaboración de nuestra programación de viajes a China contamos con la inestimable colaboración de importantes empresas del sector turístico, relacionadas con China, como son Air China, China Eastern Airlines, Capital Airlines, la Oficina Nacional de Turismo de China en España, que nos ayudan a dar a conocer a nuestros clientes lo mejor que el gigante chino puede ofrecer.

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

12/07/2026

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

Enrique Sancho   Tras el éxito de los Juegos Olímpicos del año pasado, la capital francesa afronta una nueva prueba internacional, de carácter muy distinto. La élite de los videojuegos competitivos ha encontrado un nuevo hogar este verano. Por primera vez en su historia, la Esports World Cup (EWC) sale de Arabia Saudita para celebrar su tercera edición en Europa. Desde el 6 de julio hasta el 23 de agosto de 2026, la vibrante ciudad de París acoge el evento de deportes electrónicos más grande del planeta. El centro de operaciones principal se ha instalado en el prestigioso recinto Paris Expo Porte de Versailles, transformando la capital francesa en un festival masivo que combina competición extrema, cultura geek y entretenimiento para todos los públicos.   Las cifras récord del evento   Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo en París, basta con mirar los números que maneja la organización este año: Duración: 7 semanas de competición ininterrumpida. Participación: Más de 2,000 jugadores de élite y 200 clubes internacionales provenientes de más de 100 países. Bolsa de premios: Un récord histórico de 75 millones de dólares a repartir entre todas las disciplinas. Variedad: 25 torneos en total que cubren 24 de los videojuegos más populares del mundo.   ¿Qué juegos están en el menú?   La EWC 2026 destaca por su diversidad, ofreciendo competiciones de primer nivel divididas en grandes categorías para satisfacer a cualquier fanático del gaming: Tácticos y Shooters: Counter-Strike 2, VALORANT, Call of Duty: Black Ops 7, Rainbow Six Siege. Estrategia y MOBA: League of Legends, Dota 2 y torneos digitales de Ajedrez. Lucha y Deportes: Street Fighter 6, Tekken 8, Rocket League y Trackmania. Battle. Royale y Móviles: Fortnite (en su modo Reload), PUBG Mobile y Honor of Kings.   El Campeonato de Clubes: La joya de la corona   A diferencia de los torneos tradicionales donde solo importa el campeón de un juego individual, la EWC premia la consistencia global. El Club Championship cuenta con una bolsa reservada de 30 millones de dólares. Aquí, organizaciones multidisciplinarias gigantes como Team Vitality (los héroes locales franceses), G2 Esports, T1 o los vigentes defensores del título, Team Falcons, compiten entre sí sumando puntos con los resultados de sus divisiones en cada juego. El club que demuestre ser el más dominante y versátil en múltiples videojuegos se llevará el gran trofeo a casa.   ¿En qué consisten las "Pruebas"?   En total se celebran 25 eventos en 24 disciplinas de esports. En el mundo de los videojuegos competitivos, las pruebas varían drásticamente según la disciplina. En las siete semanas de competición se abarcan todos los grandes géneros del gaming competitivo: FPS, juegos de estrategia, títulos deportivos, MOBA, battle royale, juegos de lucha, juegos de carreras, ajedrez...   1. Pruebas por Objetivos y Rondas (Shooters Tácticos)   Juegos como Counter-Strike 2 o VALORANT se juegan en equipos de 5 contra 5. La prueba consiste en que un equipo debe plantar un artefacto explosivo en una zona designada y el otro debe evitarlo o desactivarlo. Se juegan a mapas completos; el primer equipo en ganar 13 rondas se lleva el punto del mapa.   2. Destrucción de la Base Rival (MOBA)   En League of Legends y Dota 2, la estrategia es total. También juegan 5 contra 5, y cada jugador controla a un "campeón" con habilidades únicas. La prueba consiste en avanzar de forma coordinada a través de un mapa custodiado por torretas automáticas para destruir el núcleo o base del enemigo (llamado Nexo o Ancestro). Estas partidas pueden durar entre 25 y 50 minutos llenos de tensión táctica.   3. Modos de Supervivencia Masiva (Battle Royale)   Para títulos como Fortnite o PUBG Mobile, la prueba cambia por completo: no es un cara a cara directo, sino un "todos contra todos". Docenas de equipos caen simultáneamente en una isla gigante con el objetivo de recolectar armas y recursos. A medida que una tormenta eléctrica reduce el espacio de juego, los equipos se eliminan entre sí. La prueba premia la supervivencia absoluta: el último equipo en pie gana.   4. Duelos 1 contra 1 (Lucha y Deportes Digitales)   Juegos como Tekken 8, Street Fighter 6 o los torneos de ajedrez virtual son el equivalente al tenis o al boxeo tradicional. Es un enfrentamiento directo e individual a base de reflejos puros o estrategia mental, donde el jugador que comete el más mínimo error queda fuera del torneo.   El Orgullo Hispano en París   La comunidad hispanohablante tiene varios de sus proyectos más potentes compitiendo codo con codo contra los gigantes asiáticos y norteamericanos en la EWC 2026:   Team Heretics (España): El club fundado por el creador de contenido TheGrefg es una de las organizaciones con más peso en la escena de shooters de Europa. Llegaron a la cita parisina pisando fuerte en el torneo de VALORANT y buscan arañar puntos vitales para el Campeonato de Clubes.   Movistar KOI (España): La alianza entre el streamer Ibai Llanos y el exfutbolista Gerard Piqué se mide a nivel internacional, especialmente en competiciones de estrategia y arenas de batalla como League of Legends.   9z Team (Argentina): La "Violeta" es el estandarte absoluto de América Latina en los juegos tácticos, destacando su presencia en las fases finales del torneo de Counter-Strike 2.   Leviatán (Argentina): El club del dragón se ha ganado a pulso su plaza internacional, aportando plantillas multiculturales muy potentes a la competición general.   Estrellas más allá de la pantalla   El evento no solo ha atraído a leyendas del teclado y el mando. La EWC 2026 ha vuelto a fichar a grandes figuras del deporte y la cultura tradicional como embajadores globales, destacando la presencia del astro del fútbol Cristiano Ronaldo y el genio del ajedrez Magnus Carlsen. Además de la acción competitiva, los asistentes en París disfrutan del Fan Fest, zonas de juego libre para probar lanzamientos recientes y un despliegue de retransmisión masivo que planea superar las 7,000 horas de contenido en directo en más de 40 idiomas. En paralelo a las pruebas se celebra el Festival EWC, una celebración mundial de la cultura gamer que acompaña a los torneos. Reúne competiciones de esports, conciertos de música en directo, salas de arcade retro, cafés temáticos, concursos de cosplay, estudios creativos y mucho más, ofreciendo a millones de fans una experiencia total. En París, esta dimensión festiva se desplegará dentro y alrededor de Paris Expo Porte de Versailles. París no solo celebra el verano físico, sino que ya se ha coronado como el epicentro digital del año.   Más información: Valerie.Watine@atout-france.fr https://www.atout-france.fr/es/pro/ES