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20/11/2018

Víctor Mira protagoniza la revista “Turia”

La revista celebra sus 35 años editando un número especial con textos inéditos de grandes autores

Víctor Mira protagoniza la revista “Turia”
Fuente: Víctor Mira protagoniza la revista “Turia”

Javier Gomá, escritor, filósofo y director de la Fundación Juan March, será el encargado de presentar hoy en Teruel el número conmemorativo del 35 aniversario de la revista cultural TURIA. Será un sumario especial, con textos inéditos de algunos de los grandes autores que han venido colaborando con esta publicación cuatrimestral. No en vano, la revista siempre se ha caracterizado por su capacidad integradora de la rica y diversa creatividad literaria contemporánea.

El amplio y sugestivo monográfico que TURIA dedica redescubrir al pintor y escritor español Víctor Mira, de cuya muerte en Alemania se cumplen ahora 15 años, constituye sin duda uno de los contenidos más destacados de este número. Un total de catorce autores, entre los que figuran los principales estudiosos de su obra, nos descubren las claves de uno de creadores más singulares y controvertidos del arte contemporáneo. Situado por la crítica en la estela de Dalí, Warhol o Joseph Beuys o bajo la influencia de Michaux o Goya, su cruda lucidez y su cultivado malditismo son algunos de los ingredientes que convierten la trayectoria de Víctor Mira en una de las más originales y relevantes del panorama artístico de nuestro país durante el último tercio del siglo XX.

El sumario que brinda TURIA en esta entrega resulta espectacular. Entre los escritores que participan en sus más de 500 páginas, cabe citar a Javier Marías, que publica un comentario sobre un soneto de Quevedo o al ya fallecido Antonio Tabucchi, de quien se rescata un texto sobre el cine de Pedro Almodóvar nunca publicado en español. En narrativa, la nómina de autores que aportan textos inéditos no puede ser más interesante: Enrique Vila-Matas, Soledad Puértolas, András Forgách, José María Conget, Manuel Hidalgo, Sergio del Molino, Monika Zgustová, Joaquín Berges y Elifio Feliz de Vargas.

La sección de poesía de TURIA se inicia con una antología de la gran poeta uruguaya Circe Maia, que cuenta con una introducción de Pablo Silva Olazábal. También contiene una selección de seis poemas inéditos de Pilar Gómez Bedate, comentados por Jordi Doce. Y, además, se suman con trabajos originales a esta celebración de la longevidad de la revista autores de poesía tan acreditados como Luis Alberto de Cuenca, Clara Janés, Luis García Montero, Chantal Maillard, Manuel Vilas, Enrique Andrés Ruiz, Martín López Vega o el mexicano Alberto Blanco, entre otros.

El nuevo número de TURIA publica asimismo dos extraordinarias entrevistas a fondo y en exclusiva con los dos escritores españoles del momento: Fernando Aramburu y Manuel Vilas. Cada uno de ellos han conseguido publicar los libros de los que todo el mundo habla en estos últimos años: “Patria” y “Ordesa”. De ahí que TURIA haya querido ahora reunirlos en su número especial 35 aniversario y publicar dos conversaciones que no tienen desperdicio. El autor de “Patria” se muestra preocupado por la situación actual de Europa, mientras que el autor de “Ordesa” declara con contundencia: “No quiero lectores tontos”.

Aramburu y Vilas hablan en TURIA sincera y libremente de un amplio repertorio de temas. Por ejemplo, Aramburu muestra su admiración y respeto hacia quienes se opusieron al terrorismo en el País Vasco. Ante la pregunta sobre si olvidamos con demasiada rapidez, lo tiene claro: “olvidan rápidamente los ciudadanos poco o nada conmovidos con el sufrimiento ajeno y los interesados en que no se conozca la verdad del daño infligido”. Por su parte, Manuel Vilas se muestra sin tapujos cuando se le cuestiona sobre los límites de ese tipo de escritura autobiográfica desgarradora y emotiva que él practica y que tiene su cénit en “Ordesa”: “Hay una cosa que me legitima: el amor. Si el discurso es conmocionado y de amor hacia tu padre y tu madre. ¿por qué no va a haber legitimidad en traerlos a la vida pública?”.

Además de esa atención especial a Víctor Mira y los autores y textos ya citados, las páginas de TURIA contienen la sección habitual dedicada a estudios literarios, como el que Gemma Pellicer y Fernando Valls publican sobre la obra de Pilar Gómez Bedate; el de José María Pozuelo Yvancos sobre Sara Mesa o el de Teodosio Fernández sobre uno de los escritores más atractivos de la literatura mexicana: Juan José Arreola.

No falta tampoco el apartado de ensayo, con un muy recomendable artículo de Antonio Tabucchi sobre Pedro Almodóvar. En él, el célebre escritor italiano nos dirá que en sus películas “parece haber realizado una síntesis de estas tres claves interpretativas de las vicisitudes humana: la vida es al mismo tiempo sueño, teatro y circo. En eso consiste su cine, fundamentalmente”. Sobe el futuro que nos depara la tecnología, sus incertidumbres, cambios y certezas, merece la pena una lectura atenta del primero de una serie de artículos de Jesús Briones que va a publicar la revista sobre “Humanización de la era digital”.

No faltan tampoco en TURIA sus secciones habituales como “La isla”, o las destinadas a temas aragoneses (con artículos sobre el profesor y escritor Agustín Sánchez Vidal, sobre el realizador Alfredo Castellón o sobre Falange y maquis en la posguerra turolense). Cierra el sumario, la siempre bien nutrida, cuidada y plural sección de crítica de libros.

La portada y las ilustraciones interiores de esta entrega de la revista corresponden al artista aragonés Fernando Navarro.

VÍCTOR MIRA: UN ARTISTA TAN FASCINANTE COMO NADA CONVENCIONAL

El atractivo dosier de 120 páginas que TURIA dedica a Víctor Mira constituye toda una invitación a redescubrir a un agitador del arte contemporáneo español, a un creador tan fascinante como nada convencional. Y es que, como asegura Chus Tudelilla en el artículo que abre el monográfico que ha coordinado, “Víctor Mira dibujó, pintó, escribió, hizo esculturas, objetos, cerámicas y fotografías, conoció los secretos de la gráfica y viajó para sobrevivir”.

Fue, en suma, un artista completo, “un insumiso que dispuso marginarse, y hasta fugarse, con una obra destemplada”. Y es que, según afirma Tudelilla en su brillante análisis, “toda la obra de Mira es un poema del adiós”. Porque, “una y mil veces repitió Mira la misma obra, tanto dan sus actores, estilitas, calaveras, cristos, filósofos, naturalezas muertas, perros amarrados o antihéroes, porque todos son el mismo en el papel de la conciencia trágica de quien no soporta vivir”.

También escriben sobre Víctor Mira: Fernando Castro Flórez (“La –melancólica- influencia de un pintor –obsesivamente- maldito”), Alejandro Ratia (“Víctor Mira: la experiencia del taller”), Alberto Castán Chocarro (“La infección esa de ser artista”), David Cortés Santamarta (“La música en la obra de Víctor Mira”), Rafael Campos (“El artista y los que no”), Miguel Ángel Ortiz Albero (“Utz -el pintor habla del poeta-“), Amalia Iglesias Serna (“Víctor Mira y su turbulenta relación con España”), Raúl Carlos Maícas (“Humus o el despeñadero de la vida”), Carles Taché (“Reflexiones sobre Víctor Mira”). Y Javier Díaz-Guardiola entrevista sobre Mira a: Javier Codesal (“Mira era un poeta que sabía muy bien ser tosco o directo”), Miguel Marcos (“De un artista sólo nos llega siempre su eco de conflictivo”), Javier Lacruz (“La muerte de Mira fue su última gran creación”) y José Navarro (“El interés del Museo Reina Sofía por la obra de Mira supondría un antes y un después de su reconocimiento como artista”).

Victor Mira, en opinión de su galerista Miguel Marcos, fue una persona muy interesante y culta pero también muy atormentada. “Como pintor, hizo un personaje de sí mismo. Era también la posición que tomaba ante un mercado, el español, que él siempre manifestó que le había sido negado. Su sensación fue que el mercado nacional no le había atendido como el alemán. Y es bien cierto que allí funcionó”.

Ya Mira había escrito, en 1994, sobre esa compleja relación amor-odio con España: “Hay dos cosas importantes en mi vida: mi madre y España. Ambas me dieron la vida y ahora, ambas, hacen lo posible por matarme. Con su oposición, España hace de mí un pintor al estilo de Goya. Realmente España siempre ha estado en contra de sus artistas, siempre los ha castigado, pero ese castigo es lo que hace a un artista grande”.

Amalia Iglesias Serna nos recuerda que Víctor Mira se consideraba a sí mismo “el quinto perro aragonés”, junto a Gracián, Goya, Buñuel y Antonio Saura. También se sabía tocado por la locura del genio: “Un artista para ser grande tiene que estar loco, pero una locura a la manera de los aragoneses, que siendo locos pueden medir con exactitud el cielo”.

Además, la revista publica un revelador texto del propio Víctor Mira titulado “Perseguir la iconografía del mundo como quien teje una alfombra”, fechado en Munich en 2001, y que fue reproducido en el catálogo de la exposición “Víctor Mira. Apología del éxtasis”, que tuvo lugar en el Museo Pablo Serrano de Zaragoza en 2002. En él encontramos afirmaciones como éstas: “Desde que uno elige ser artista ya nada transcurre con normalidad” o “Los artistas del siglo XXI serán sombras y tendrán el culo pelado, pero el arte será, como siempre, la forma de confirmar que el artista no es un mero espectador y que volverá a crear el rostro de su siglo, la cultura de su siglo”. Una cuidada biocronología completa el nuevo y oportuno monográfico de TURIA sobre Víctor Mira, un artista cuya obra sigue esperando el lugar que le corresponde entre, como él mismo decía, “los grandes artistas muertos”.

ENTREVISTAS A FERNANDO ARAMBURU Y MANUEL VILAS

La revista TURIA, para festejar sus 35 años de trayectoria, ofrece en su número de noviembre dos extraordinarias entrevistas a fondo y en exclusiva con los dos escritores españoles más relevantes de la actualidad: Fernando Aramburu y Manuel Vilas.

La vida de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) ha cambiado desde la publicación de su novela “Patria”, una manera lúcida de mirar y profundizar a través de la literatura en la realidad del País Vasco y en los desgarradores efectos del terrorismo de ETA. Ese libro le ha acercado al gran público y conectado con multitud de lectores de países y lenguas diversas.

En la entrevista que le ha realizado Emma Rodríguez para TURIA, Aramburu muestra su admiración y respeto hacia quienes se opusieron al terrorismo en el País Vasco. También reconoce que le “preocupaba que algún episodio o algún pasaje pudiera resultar hiriente para las víctimas del terrorismo” y asegura que “Patria” no fue escrita conforme a un criterio de oportunidad.

Aramburu, que reside en Alemania desde hace mucho tiempo, reconoce que “por razones que no atino a explicar, soy inmune a la morriña”. Se muestra también preocupado por el futuro de España y de Europa: “En España predomina una especie de ensimismamiento que lleva a muchos de sus ciudadanos a observar la política como un asunto interno. La vinculación con la patria es ahora mismo un tema candente en Europa. Tras décadas de cesión de soberanía, de globalización, de apertura de fronteras, de creación de espacios compartidos, de llegada masiva de inmigrantes, mucha gente parece asustada, se siente desatendida por sus representantes políticos y pide una vuelta al viejo principio de la nación cerrada, reservada para los naturales del lugar. Muy peligroso”.

Por su parte, para Manuel Vilas (Barbastro, 1962) también habrá un antes y un después de su libro “Ordesa”. Una gran novela autobiográfica que está escrita a ratos desde el desgarro y siempre desde la emoción. Una obra que es la crónica íntima de la España de las últimas décadas, pero también una narración sobre todo aquello que nos recuerda que somos seres vulnerables, sobre la necesidad de levantarnos y seguir adelante cuando nada parece hacerlo posible, cuando casi todos los lazos que nos unían a los demás han desaparecido o los hemos roto. Un libro hipnótico escrito por un superviviente tras ajustar cuentas con su propio pasado.

Sin duda, su publicación este año ha sido todo un fenómeno social y le ha permitido a su autor no sólo obtener el aplauso unánime de la crítica sino auparse a las listas de los más vendidos y obtener miles de lectores y audiencias multitudinarias en todos aquellos lugares donde se ha presentado.

En la entrevista que le ha realizado Fernando del Val, Vilas proclama: “no quiero lectores tontos. Me mueve el ánimo de hacer pensar”. También cree que “el origen genético de la literatura es la exageración” o que el “existencialismo es consumismo”. Además, confiesa Vilas que “escribiendo este libro me he dado cuenta de que hay muchas cosas que un ser humano jamás podrá contar a otro ser humano. Lo cual, en el fondo, es bastante trágico. Cualquier ser humano que haya vivido unos cuantos años y acumulado un número de experiencias sabe que hay cosas de su vida que no se las podrá contar a nadie. Que incluso se las va a tener que acallar a sí mismo. Porque son inconfesables”.

TABUCCHI ESCRIBE SOBRE ALMODÓVAR

El escritor italiano Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 – Lisboa, 2012), uno de los grandes autores europeos de las últimas décadas es el autor de un valioso artículo sobre el cine de Pedro Almodóvar que permanecía inédito en español y que TURIA publica ahora.

Titulado “Veinte fotogramas para Pedro Almodóvar”, en él Tabucchi vincula a Almodóvar con Buñuel y, a través de éste, con el Goya de los “Caprichos”. También subraya que “una de las grandes cualidades del arte de Almodóvar es que puede ser leído a distintos niveles. Al igual que el ‘Quijote’, (…) el cine de Almodóvar puede ser leído y disfrutado tanto en la epidermis de sus tramas, como en la perspectiva cultural en la que sus historias se inscriben”.

“El cine de Almodóvar –concluye Tabucchi- ha sabido decirnos muchas cosas acerca de nuestra vida. Como diferentes capítulos de una misma comedia humana, sus películas nos relatan ilusiones y nostalgias, amores y desamores, generosidades y miserias, altruismo, traiciones, engaños, desesperaciones, esperanzas”.

35 AÑOS, MÁS DE 1.000 AUTORES PUBLICADOS EN 37.000 PÁGINAS

TURIA es una publicación periódica que siempre se ha caracterizado por su capacidad de integrar lo local y lo universal, por su propósito de servir de puente intelectual entre Aragón y otros territorios, por reunir en sus entregas a nombres relevantes cultura internacional junto a nuevos valores de la literatura, la pintura, la historia, la filosofía u otras disciplinas humanísticas, por elaborar cuidados monográficos que han pasado a convertirse en publicaciones imprescindibles para conocer a fondo a sus protagonistas, o por incentivar investigaciones sobre aquellos autores menos conocidos.

Fundada y dirigida desde 1983 por el escritor y periodista turolense Raúl Carlos Maícas, TURIA ha conseguido convertirse en la revista cultural de referencia en español. Por las 37.000 páginas publicadas han pasado más de mil autores de diversas procedencias estéticas e ideológicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos.

La revista cultural TURIA está editada por el IET de la Diputación de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón.

“TURIA” PUBLICA UN TEXTO DE VÍCTOR MIRA:
“PERSEGUIR LA ICONOGRAFÍA DEL MUNDO COMO QUIEN TEJE UNA ALFOMBRA”

Víctor Mira (Larache, Marruecos, 1949 – Breitbrunn am Ammersee, Alemania, 2003) fue un artista complejo, obsesivo, adicto al trabajo creativo, que también cultivó la escritura con brillantez. Buena prueba de ello es el texto que TURIA reproduce y que fue elaborado originalmente en Múnich, en 2001: “Perseguir la iconografía del mundo como quien teje una alfombra”. De él aportamos ahora el siguiente fragmento:

“En el arte se dan las cuotas más altas de turistas. Todos, médicos, empresarios, carniceros o estudiantes -unos con los bolsillos llenos de dinero, los otros en busca de la felicidad-, acuden al arte como a la terminal de un aeropuerto en la que flotase un elixir, una especie de nube de polvos de talco.

Pienso en las mujeres, en los hombres, en los chicos y chicas de buen corazón a los que, en medio de tanta información, se les ocultó el arte. Pienso en la crisis, en lo que otra vez más ha vuelto a suceder, en la pesadilla, en Atropos manejando las tijeras. Pero, ¿qué es un artista? Un artista es alguien con la obsesión de ser artista, alguien que se deja robar todo menos su tiempo, que está hecho polvo, que está enamorado aunque no sepa de quién, que vomita de asco, de rebeldía y desafío: vomitar es el síndrome del artista. Tiene los ojos morados, los sentidos alterados, y no suele lavarse nunca, le parece estéril, infantil. En la pringue encuentra la evidencia de un lenguaje asocial en su máxima expresión. Los artistas tienen acné, no parece importarles nada, pero no están para coñas. Un artista es alguien que quiere serlo y no puede, alguien que pretende y fracasa siempre. Por eso sufre infecciones, úlcera, ataques al corazón. Sentado en la cama, le dan las tres de la madrugada preguntándose, la angustia de las preguntas hasta que el rostro se modifica y no se parece en nada al de nadie. Un artista lo tiene todo en contra, eso es lo que constituye a un artista: tenerlo todo en contra, y no poder hacer nada para superar todo lo que tiene en contra. No obstante, sorprende a todo el mundo haciendo de manera desmesurada justo aquello que le resulta imposible.

Arrojado del cielo por los ángeles, que toman por embustes las cosas de su imaginación, y expulsado del infierno por sus cicatrices cosidas con seda. El mundo como habitación mitológica es una idea que le impacienta. El artista es un artefacto de energía itinerante, sin fin, un quijote, una especie de hotel sin ventilación donde todo se hacina. El artista es un cerebro, un aura, un glamour, la estrella capaz de interpretarlo todo. El artista libera lo masculino y lo femenino, está abierto en canal con un corazón enamorado. El artista es uno que reclama con énfasis que el mundo sea diferente, un chamán que compone imágenes totalmente cautivadoras y explota como una pólvora desorbitada.”
Víctor Mira protagoniza la revista “Turia”
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Corea del Sur: Donde el futuro choca con la tradición ¡y sorprende en cada esquina!

29/07/2026

Corea del Sur: Donde el futuro choca con la tradición ¡y sorprende en cada esquina!

Enrique Sancho Hay lugares en el mundo que no solo deben visitarse; se sienten, se respiran y se quedan grabados en la memoria para siempre. Corea del Sur es uno de esos destinos raros y fascinantes donde los contrastes no chocan, sino que se abrazan: rascacielos ultramodernos de neón que rozan el cielo se alzan a pocos pasos de palacios imperiales del siglo XIV; templos budistas milenarios esconden paz absoluta en medio del bullicio metropolitano, y una de las culturas pop más vibrantes del planeta convive con tradiciones artesanales ancestrales. Si buscas un viaje que despierte todos tus sentidos, te saque una sonrisa en cada esquina y te demuestre que el mañana ya ha llegado, prepárate, Corea te espera. En el corazón de Seúl y en muchos otros rincones de Corea del Sur, conviven los rascacielos de última generación que nunca duermen y los templos centenarios envueltos en silencio. El país asiático se ha convertido en un imán global, con paisajes espectaculares, demostrando que es posible liderar el futuro tecnológico del planeta sin renunciar jamás a las raíces de su pasado. Ya no es solo la música que arrasa en estadios de todo el mundo o las series que baten récords en las plataformas de streaming. Corea del Sur ha conquistado el planeta exportando una cultura vibrante que marca el ritmo de toda una generación, convirtiéndose en la gran superpotencia del entretenimiento actual. De las cenizas de la devastación a la vanguardia mundial en apenas unas décadas. La historia de Corea del Sur es un vertiginoso viaje de resiliencia, innovación y ambición que ha transformado a una nación entera en un gigante tecnológico e industrial indispensable para entender el siglo XXI. Si estás buscando un lugar que combine rascacielos futuristas, templos budistas milenarios, una gastronomía callejera adictiva y una cultura pop imparable, Corea del Sur es la elección perfecta y uno de los destinos que más va a crecer en los próximos meses y años. Hay que ir cuanto antes. Más allá de los típicos circuitos turísticos, este país es un auténtico cofre de sorpresas. Aquí tienes algunas de ellas en un recorrido muy ameno por algunas de sus curiosidades y lugares más fascinantes que te atraparán antes de hacer la maleta y emprender el recorrido. Estas son algunas preguntas (y respuestas) básicas para que el viaje sea un éxito. ¿Cuándo es el mejor momento para ir? Primavera (abril a junio): Es la época estrella. Los cerezos en flor tiñen todo el país de rosa y el clima es templado y agradable. Otoño (septiembre a noviembre): Una opción igual o mejor para muchos. Las montañas se llenan de colores rojizos y dorados (danphung), y las temperaturas son frescas y secas. Hay que evitar si se puede los meses de verano (julio y agosto), ya que coinciden con el monzón (lluvias intensas) y un calor húmedo muy pesado. ¿Cómo manejarse?: imprescindibles tecnológicos En Corea no funcionan Google Maps ni Apple Maps para navegar a pie o en coche con precisión debido a restricciones de seguridad nacional. Para sobrevivir como un local, descarga estas aplicaciones antes de volar: Naver Map o KakaoMap: Son los navegadores locales. Te dirán exactamente qué metro tomar, el andén, el tiempo de trayecto e incluso la ruta a pie más rápida. Papago: El traductor definitivo creado por Naver. Funciona mucho mejor que Google Translate para el coreano, permitiéndote traducir texto, voz y carteles en tiempo real con la cámara. KakaoT: La aplicación para pedir taxis oficiales (equivalente a Uber), muy útil si te cansas del transporte público a altas horas de la noche. ¿Cómo moverse?: Conectividad y Transporte Tarjeta T-Money: Nada más llegar al aeropuerto o en cualquier tienda de conveniencia (como CU o GS25), compra una tarjeta T-Money física o digital. Es una tarjeta recargable que sirve para pagar el metro, los autobuses e incluso en algunas tiendas. Internet: Lo más cómodo es llevar una eSIM contratada desde casa o alquilar un Pocket WiFi en el aeropuerto al aterrizar. La conexión en Corea es de las más rápidas del planeta, así que volarás digitalmente. ¿Dónde comer y qué pedir? Comer en Corea es una experiencia social increíble. En algunos restaurantes elegantes con suelo de tatami, es obligatorio quitarse el calzado en la entrada. Olvídate de los modales occidentales: aquí se comparte todo al centro de la mesa. Platos que debes probar sí o sí: Kimchi: Es un icono de la cocina coreana. Parece una sencilla combinación fermentada de verduras en salmuera sazonadas pero se le suele añadir mariscos frescos o col china y otras cosas, hasta conseguir 200 tipos de kimchis. Los coreanos suelen preparar distintos tipos para consumir a lo largo del año, incluso se han diseñado frigoríficos especiales para conservarlo. Samgyeopsal: Panceta de cerdo a la brasa que tú mismo cocinas en la mesa. Bibimbap: Es muy popular, colorido y nutritivo ya que combina diferentes ingredientes como arroz, diversas verduras, carne de res, gochujang (salsa picante a base de chiles rojos) y aceite de sésamo. Korean Fried Chicken: El pollo frito crujiente coreano (suele acompañarse con cerveza helada, una combinación clásica llamada Chimaek). Tteokbokki: Pasteles de arroz glutinoso en una salsa roja picante (perfectos para un puesto callejero). Comienza el viaje: Seúl imprescindible Si tienes pocos días para descubrir Seúl, donde suele comenzar el viaje por Corea, la clave es combinar los contrastes que hacen única a esta megalópolis: palacios imperiales milenarios, mercados tradicionales caóticos y barrios ultra modernos. Este es el itinerario definitivo para exprimir al máximo lo mejor de la capital coreana: El contraste de palacios e historia viva Es casi imprescindible comenzar el recorrido por el Palacio Gyeongbokgung, es el más grande y espectacular de los cinco grandes palacios de la dinastía Joseon. No te pierdas el Cambio de Guardia Real (suele ser a las 10:00 y a las 14:00). Un consejo: Si vas vestido con un hanbok (el traje tradicional coreano), la entrada al palacio es totalmente gratis. Justo al lado del palacio se encuentra la Aldea Bukchon Hanok, un barrio de callejuelas empinadas flanqueadas por cientos de casas tradicionales de madera y tejados curvados (hanok). Las vistas de los tejados tradicionales con los rascacielos modernos al fondo son icónicas. Se puede terminar el día en el Mercado de Gwangjang, uno de los más antiguos y animados de Seúl. Es el paraíso de la comida callejera. Hay que probar los mayak gimbap (rollitos de arroz), los fideos cortados a mano (kalguksu), y las tortitas de judías mungo o soja verde (bindaetteok). Si hubiera que elegir lo mejor de Seúl, sin duda es su capacidad única para fundir pasado y presente. La magia reside en caminar por una avenida futurista rodeada de pantallas gigantes y tiendas de alta tecnología, doblar una esquina y encontrarte de repente con un palacio real del siglo XIV o con un arroyo restaurado (como Cheonggyecheon) donde la gente descansa descalza al atardecer. Es una ciudad que te atrapa porque respeta profundamente sus raíces mientras acelera hacia el futuro. Juventud, tecnología y las mejores vistas Para otro día hay que dejar la visita a Myeongdong, el distrito de las compras por excelencia y el paraíso absoluto de la cosmética coreana (K-Beauty). Aunque no vayas a comprar, pasear por sus calles llenas de puestos de comida callejera es toda una experiencia sensorial. Más tarde vale la pena subir hasta el monte Namsan (puedes ir en teleférico o dando un paseo agradable) para llegar a la icónica torre de telecomunicaciones N Seoul Tower. Es el mejor lugar para ver el atardecer y contemplar cómo el mar de rascacielos de Seúl se ilumina por completo. La zona está llena de los famosos "candados del amor" que se popularizaron hace años. Hay que terminar el día, –y comenzar la noche– en Hongdae, el barrio universitario y el epicentro de la cultura urbana y nocturna. Aquí encontrarás música en directo en plena calle, bailarines improvisados, tiendas de diseño independiente y un ambiente joven e imparable hasta altas horas de la madrugada. Seúl y otras ciudades de Corea vibran de noche. Si te cansas de caminar, puedes vivir la experiencia de un Noraebang (un karaoke privado donde cantar a pleno pulmón con amigos) o relajarte en un Jjimjilbang (un spa tradicional coreano abierto las 24 horas que cuenta con saunas de sal, zonas de descanso y los famosos cascos de toalla enrollada en la cabeza estilo "huevo duro"). Lo mejor en el resto de Corea del Sur Si ya te enamoraste de la capital, prepárate porque el resto del país guarda auténticos tesoros que van desde la historia imperial hasta paraísos naturales volcánicos. Aquí tienes las paradas obligatorias para completar tu viaje: Gyeongju: El museo sin paredes. Si te interesa la historia, esta ciudad es una visita obligada. Gyeongju fue la capital del antiguo Reino de Silla durante casi mil años. Hay que visitar el Templo Bulguksa (una obra maestra de la arquitectura budista) y la Gruta de Seokguram en la montaña, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En el centro de la ciudad, pasea por el parque de los grandes túmulos funerarios reales (Daereungwon). Busan: Playas y templos junto al mar. Es la segunda ciudad más grande de Corea y ofrece un ambiente completamente diferente al de Seúl, mucho más relajado y marinero. Hay que ver el Templo Haedong Yonggungsa, A diferencia de la mayoría de los templos coreanos (que están en las montañas), este está encaramado directamente sobre los acantilados frente al mar. Gamcheon Culture Village: Un colorido pueblo de casas escalonadas en la colina, lleno de arte urbano, callejones laberínticos y miradores alucinantes. Mercado de pescado de Jagalchi: El mercado de marisco más grande del país, donde puedes probar pescado ultra fresco. La Isla de Jeju: El "Hawái" coreano. Situada al sur del país, esta isla volcánica es el destino de vacaciones favorito de los propios coreanos y un paraíso natural, considerada una de las maravillas naturales. Allí podrás conocer a las Haenyeo, mujeres, muchas de ellas octogenarias, que practican el buceo libre a pulmón hasta a 10 metros de profundidad sin bombona de oxígeno para pescar marisco fresco. Su valentía y tradición forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. También hay que subir a la cima volcánica Seongsan Ilchubong (perfecta para ver amanecer), las cascadas de Cheonjiyeon y recorrer alguna de sus rutas costeras flanqueadas por campos de mandarinas y estatuas de piedra volcánica (Dolhareubang). Jeonju: Tradición y el origen del plato nacional. Si buscas el verdadero sabor de la cultura tradicional y de la gastronomía, este es tu sitio. Su Aldea Tradicional (Jeonju Hanok Village) cuenta con más de 800 casas de estilo clásico. Además, Jeonju es mundialmente famosa por ser la cuna oficial del Bibimbap (el plato de arroz con verduras, carne y salsa picante servido en cuenco caliente), así que comer aquí es obligatorio. De compras por Corea Corea del Sur es un auténtico paraíso para las compras, y lo mejor es que puedes encontrar desde auténticas joyas culturales hasta productos de tecnología y cosmética a precios imbatibles que en Europa o América costarían el doble. Aquí tienes la guía definitiva de qué comprar y qué resulta especialmente económico: Cosmética Coreana: La gran ganga. Si hay algo que vale la pena comprar en cantidades industriales en Corea, es cosmética. Las marcas locales como Innisfree, Etude House, Missha o Laneige son famosas en todo el mundo por su calidad innovadora. Mascarillas faciales de un solo uso (pueden costar desde menos de 1 euro la unidad en tiendas como Olive Young), cremas hidratantes, protectores solares de textura ultraligera y tintes labiales. En Seúl encontrarás tiendas en cada esquina (especialmente en el barrio de Myeongdong) con ofertas constantes de "compra 10 y llévate 10 gratis" o packs promocionales muy económicos. Papelería creativa y diseño cuqui. A los coreanos les encanta el diseño bonito y minimalista. Las tiendas de papelería son un peligro porque querrás llevártelo todo: Agendas, libretas ilustradas, washi tapes (cintas decorativas), pegatinas y estuches con diseños adorables de personajes locales como los de Kakao Friends o Line Friends. Son económicos (suelen costar pocos wones), ocupan muy poco espacio en la maleta y son el regalo perfecto y original para amigos y familiares. Té verde de Jeju e infusiones tradicionales. La isla volcánica de Jeju y la zona de Boseong son famosas por sus plantaciones de té. Entre los mejores está el té verde orgánico de alta calidad o tés tradicionales coreanos a base de raíces y frutas (como el omija, el té de cinco sabores, o el yuja-cha, una mermelada dulce de cítricos que se mezcla con agua caliente). Son ligeros, fáciles de transportar y una forma deliciosa de revivir el viaje al volver a casa. Calcetines originales y divertidos. Puede sonar a tópico, pero los calcetines en Corea son toda una institución cultural. Calcetines con estampados hipercoloridos, caras de dibujos animados, animales, obras de arte famosas o motivos típicos coreanos. Se venden en puestos callejeros (como en los mercados de Myeongdong o Hongdae) por precios ridículos (a veces a 1 o 2 euros el par). Tienen una calidad excelente, son súper suaves y duraderos. Palillos y juegos de cubiertos de acero inoxidable. A diferencia de Japón o China, donde se usan palillos de madera o bambú, en Corea tradicionalmente se utilizan palillos planos de acero inoxidable, acompañados de una cuchara alargada. Son también un original recuerdo para practicar al volver a casa. También vale la pena comprar un juego de cubiertos tradicionales coreanos (sujeo), a menudo decorados con grabados de nácar o estuches elegantes. Es un recuerdo con mucha identidad cultural, barato y que durará toda la vida en tu cocina. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo) Cuando el avión despegue de vuelta a casa y dejes atrás el mar de luces de Seúl, el aroma a brochetas picantes de los mercados callejeros y el murmullo de las olas en las costas de Jeju, comprenderás que Corea del Sur deja una huella imborrable. No te llevarás solo una maleta llena de cosmética, calcetines coloridos y recuerdos únicos; te llevarás la calidez de su gente, el compás de una cultura que honra su pasado mientras acelera hacia el futuro y la certeza de que este viaje no fue solo un destino marcado en el mapa, sino un capítulo inolvidable de tu propia historia. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo).

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

13/07/2026

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

China no se visita, se experimenta. China es un país que no te deja indiferente; es un choque de escalas, de tiempos, de historias y de tecnología. El itinerario que comienza en los mostradores de Air China en Madrid, no es solo un vuelo directo de larga distancia; es un puente temporal que nos traslada a un universo donde el tiempo se mide en dinastías y la seda aún se hila a mano. Al llegar a un aeropuerto como el de Pekín-Daxing, lo primero que golpea al viajero no es el caos (como muchos esperan), sino un orden tecnológico casi abrumador y una primera visión de la capacidad china en cualquier modalidad. Cualquiera de los más de 100 millones de pasajeros que recibe al año no tarda más de 8 minutos en llegar a su puerta de embarque desde el centro, está equipado con reconocimiento facial para el check-in y sistemas robóticos de estacionamiento. Además, cuenta con un centro de transporte intermodal subterráneo que conecta directamente con trenes de alta velocidad que te llevan al centro de Pekín en menos de 20 minutos. Esta es solo la primera impresión de este país, a lo largo del viaje que propone Chinavisión Travel, especialistas en dar a conocer China a los turistas españoles. Un viaje en el que uno puede sentir el olor a comida callejera en un viejo callejón hutong cercano que, como las grandes avenidas presumen de una limpieza impecable y la sensación de seguridad absoluta. Donde el efectivo es casi una reliquia. Todo se mueve con códigos QR (Alipay o WeChat), o cámaras de reconocimiento facial que también permiten el pago, sin otro requisito, conviviendo con templos milenarios y maravillosos paisajes. Es como haber aterrizado en el año 2050 pero con los pies en la dinastía Ming. Explorar China es como hojear un libro de historia que cobra vida. El itinerario que propone Chinavisión Travel nos lleva por el "Triángulo de Oro" (Pekín, Suzhou, Hangzhou y Shanghái), donde cada parada revela una faceta distinta de la identidad asiática. Lo esencial de Pekín Hay que comenzar, naturalmente, por Pekín, una ciudad de escala titánica. La llegada es el impacto de lo colosal. Lo primero que nos golpea son las grandiosas medidas: avenidas de seis carriles, nudos de autopistas que parecen imposibles y una arquitectura que busca, ante todo, imponer respeto, y que también sirve de gigantescas pantallas donde mostrar todo tipo de productos de lujo... en un país que se dice comunista. De lo que más sorprende nada más pisar la calle es que, a pesar del tráfico denso, los miles de scooters eléctricos que inundan las calles no hacen ruido; se deslizan a nuestro lado como fantasmas, algo con lo que hay que tener precaución, ya siguen sus propias normas de circulación y entre ellas no siempre está el respetar los pasos de cebra. También sorprende la cantidad de coches eléctricos que ya hay en la ciudad, se calcula que más de la mitad ya lo son. Tras la breve estancia en algunos de los grandes hoteles (hay 190 de cinco estrellas en la ciudad), toca ir a lo esencial porque Pekín es gigantesco – 16.410 km² de superficie (el doble que toda la Comunidad de Madrid) y 22 millones de habitantes–. Y la primera visita es a la mítica Plaza de Tiananmén. Es el punto de partida obligado. No es solo una plaza, es mucho más que un espacio público; es el centro simbólico y político de China. Con una extensión de 44 hectáreas, es una de las plazas más grandes del mundo, y ha sido el escenario de los eventos más definitorios de la historia moderna del país. Su nombre significa "Plaza de la Puerta de la Paz Celestial", en referencia a la entrada principal a la Ciudad Prohibida que se encuentra en su extremo norte. Fue aquí donde Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China en 1949. La plaza alberga edificios de gran importancia, como el Gran Salón del Pueblo (sede del Parlamento) y el Mausoleo de Mao Zedong, donde su cuerpo está embalsamado, como el de Lenin en la Plaza Roja de Moscú. A nivel internacional, es recordada principalmente por las protestas pro-democracia de 1989, que terminaron con una intervención militar. Hoy en día, es un lugar de altísima seguridad lleno de vallas que hace complicado el acceso al centro de la plaza, por lo que mejor ir con tiempo, y un destino imprescindible para entender la compleja identidad de la China contemporánea. Un palacio con 9.999 habitaciones El siguiente paso es la Ciudad Prohibida (se llama "Prohibida" porque, durante siglos, nadie podía entrar o salir del recinto sin el permiso explícito del emperador), se trata del complejo palaciego más grande del mundo; cruzando el Puente de las Aguas Doradas se entra en un complejo de 980 edificios y hay que prepararse para recordar los bellos nombres que aquí, y en toda China, tienen los palacios, jardines y monumentos: Salón de la Armonía Suprema, Puerta de la Pureza Celestial, Palacio de la Longevidad Tranquila, Pabellón de los Mil Otoños, Pabellón de la Fragancia de Buda, Salón de las Olas Generosas, Jardín del Humilde, Pabellón de la Luna que se encuentra con la Brisa, Altar de la Oración por las Buenas Cosechas... y así por miles en todo el país. Se dice que el palacio tiene 9.999 habitaciones, porque solo el Cielo podía tener 10.000. Es una obra maestra del Feng Shui. Todo el complejo está alineado de norte a sur y los colores predominantes son el amarillo (color exclusivo del emperador) y el rojo (buena fortuna). En las esquinas de los tejados, hay filas de pequeñas figuras de cerámica. Representan animales mitológicos y su función era proteger el edificio de los incendios y los malos espíritus. Cuanto más importante era el edificio, más figuras tenía; el Salón de la Armonía Suprema es el único que tiene el máximo permitido. En el sistema de construcción de las dinastías Ming y Qing, el número de figuritas siempre debía ser impar (3, 5, 7 o 9) según la importancia del edificio. El Salón de la Armonía Suprema es el único edificio en toda China que tiene permiso para romper esta regla y llevar 10, lo que reafirma que es el lugar de mayor rango de todo el imperio. Una muralla de 21.000 kilómetros El siguiente paso en el viaje es la Gran Muralla China, aunque, en realidad, habría que hablar de murallas, porque no es una sola línea continua, sino una red de murallas, fosos y torres de vigilancia construidas por diferentes dinastías a lo largo de más de 2.000 años. Su objetivo principal no era solo frenar invasiones (principalmente de los nómadas mongoles), sino funcionar como un sistema de fronteras, controlar el comercio de la Ruta de la Seda y servir como una "autopista" elevada para transportar tropas rápidamente. La sección más famosa y mejor conservada (la que construyó la dinastía Ming) mide unos 8.800 km. Aunque se ha dicho lo contrario, no se ve desde el espacio. Para su construcción se utilizaron diversos materiales, en las zonas desérticas usaron arena, grava y ramas de tamarisco. En las montañas, piedra caliza tallada. Pero el gran secreto de la dinastía Ming (la sección más famosa) fue el mortero de arroz pegajoso. Mezclaron cal con caldo de arroz flotante, lo que creó una especie de cemento súper flexible y resistente que evitó que creciera maleza y soportó terremotos. La construcción de la primera gran fase de la muralla (bajo el emperador Qin Shi Huang) fue sumamente costosa. Para financiarla, además de exprimir a la población con impuestos, el emperador creó una de las primeras loterías registradas de la historia. La excursión permite disfrutar de esta maravilla del mundo durante unas horas. Para aprovechar el día, vale la pena una parada para hacerse una foto frente al estadio Nacional de Pekín, construido para ser sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 2008 y que se conoce popularmente como nido de pájaro. Después, una visita a una fábrica de perlas y recorrer uno de sus hutongs en Rickshaws, su nombre proviene del término japonés jinrikisha, que significa "vehículo impulsado por fuerza humana” y es que es el conductor quien pedalea para avanzar. Al caer la noche, hay que pasear por la calle peatonal Wangfujing, que es un festín sensorial, y cenar un buen pato a la pekinesa. Antes de abandonar Beijing hay que hacer una visita al Templo del Cielo, ubicado en un parque donde los jubilados practican Tai Chi y juegan al Jianzi o bádminton con los pies, este templo es una joya de la arquitectura Ming. Allí está el llamado Muro del Eco que tiene una curiosidad acústica increíble. Si dos personas se colocan en extremos opuestos del muro circular y susurran, pueden escucharse perfectamente gracias a la curvatura y densidad del material. También está el Ciprés de los Nueve Dragones: Un árbol de más de 500 años cuyas ramas retorcidas parecen dragones trepando hacia el cielo. Los locales creen que su forma retorcida es producto de la energía espiritual del Templo del Cielo. Es el símbolo de la longevidad y un lugar sagrado para la fotografía. Paraíso en la Tierra La siguiente etapa del viaje supone pasar de la monumentalidad de la Gran Muralla y los grandes palacios al romanticismo de las "ciudades del agua". En China hay un proverbio clásico que dice: "En el cielo está el paraíso, y en la tierra están Suzhou y Hangzhou". Suzhou, la "Venecia de Oriente", es un oasis de elegancia clásica donde el agua y el arte se fusionan. Famosa por sus canales serpenteantes cruzados por puentes de piedra milenarios y sus exquisitos jardines tradicionales —diseñados meticulosamente para recrear paisajes naturales a escala microscópica—. El Jardín Liuyuan (también conocido como el Jardín de la Demora) es uno de los tesoros más grandes de la arquitectura paisajística china. No es un jardín cualquiera; está considerado uno de los cuatro jardines clásicos más famosos de toda China. Al avanzar hacia el sur se llega a Hangzhou, la capital del té y la naturaleza, cuyo corazón late a orillas del legendario Lago del Oeste (Xi Hu). Este paisaje, que parece sacado de una pintura tradicional con sus pagodas recortadas entre la niebla y sus sauces llorones, ha inspirado a poetas y emperadores durante siglos. Hangzhou ofrece una desconexión total a través de sus colinas verdes, donde se cultiva el famoso té verde Longjing (Pozo del Dragón). Es un destino donde la espiritualidad de los templos budistas, como el de Lingyin, se mezcla de forma única con la serenidad de sus aguas, cerrando con broche de oro una de las rutas más bellas de toda China. Rumbo al futuro Si Suzhou y Hangzhou son el alma de la China antigua, Shanghái, última etapa del viaje, es el sistema nervioso de la China del futuro. Es el lugar donde el té Longjing se cambia por un espresso y las barcas de madera por trenes Maglev que flotan a 431 km/h. Llegar a Shanghái es como aterrizar en el set de rodaje de una película de ciencia ficción. La ciudad es un duelo visual constante: de un lado del río Huangpu está Puxi, más conocida como el Bund, un desfile de edificios coloniales que parecen sacados del Londres de los años 20; del otro, Pudong, un bosque de rascacielos que parecen diseñados por un arquitecto que viajó en el tiempo. Como casi siempre en toda China, salen al paso los contrastes. En una misma mañana uno puede perderse en las callejuelas de la Antigua Concesión Francesa y diez minutos después estar rodeado de pantallas LED gigantes y robots que te sirven el café en Nanjing Road. O visitar el Museo de Shanghái, dedicado al arte chino antiguo y que contiene más de 120.000 piezas y después subir a la Torre de Shanghái, que no solo es un gigante de cristal; es un recordatorio de que en esta ciudad el único límite es el cielo, y a veces ni eso, cuando la niebla abraza su cima a 632 metros de altura. Shanghái no se visita, se experimenta a través de sus luces de neón reflejadas en el río al anochecer. Un paseo en barco al anochecer es, seguramente, la experiencia visual más potente de todo el viaje y el broche de oro perfecto para un recorrido que empezó en la piedra milenaria de la Gran Muralla y termina en el brillo cromado de la metrópolis más eléctrica del mundo. No hay que olvidar la gastronomía china Un aspecto importante e imprescindible en cualquier viaje a China es el gastronómico. En el viaje que proponemos se incluyen todas las comidas. A diferencia de Occidente, donde cada uno pide su plato, en China la comida es comunitaria. Una gran variedad de platos se colocan en el centro para que todos prueben de todo. La mesa redonda elimina las jerarquías físicas: todos están a la misma distancia de la comida y de los demás, fomentando la conversación y la cercanía. En el centro de la mesa suele haber un gran disco de vidrio giratorio que suelen llamar "Lazy Susan" donde se ponen los distintos platos y permite que cada comensal se sirva del que quiera girándolo. Es importante girarlo despacio y con cortesía cuando nadie esté sirviéndose. No hay que sorprenderse si el arroz blanco llega al final. Se considera un "saciador" por si te quedaste con hambre. La sopa también suele servirse a mitad o al final de la comida para ayudar a la digestión. Un detalle de cortesía: Servir primero el té o los mejores trozos de comida a los demás (especialmente a los mayores o invitados) antes que a uno mismo es el mayor gesto de respeto en una mesa china. La cocina de Pekín está influenciada por la cercanía a Mongolia, el clima frío del norte y los banquetes de la corte imperial. Los sabores son más intensos, salados y con un uso generoso del ajo, el jengibre y la pasta de soja dulce. Imprescindible probar el Pato laqueado a la Pekinesa (Beijing Kaoya), es el rey indiscutible. La piel crujiente y la carne jugosa se cortan en finas lonchas frente al comensal. La tradición indica que el chef lo debe cortar en exactamente 108 lonchas, pero pocas veces se cumple... y nadie las cuenta. Se come enrollado en una fina tortita con tiras de pepino, cebolleta y salsa dulce de judía. Otros platos habituales en Pekin es la Olla caliente de Pekín (Beijing Huoguo) una especie de fondue con agua o caldo suave (no con aceite o queso) de herencia mongola. En ella se cocinan al momento finísimas láminas de carne de cordero, verduras, setas... que luego se mojan en una rica salsa de sésamo. Más información: https://www.chinavisiontravel.com Sobre Chinavisión Travel Chinavisión es una marca registrada de Wenjing Global S.L. Somos una agencia de viajes Mayorista/ minorista con sede en Madrid. Nuestro propósito es dar a conocer al mercado de habla hispana, el impresionante legado cultural de China , así como su actual pujanza. Nuestro personal esta formado por empleados chinos y españoles, con años de experiencia en el turismo emisor a China y en el turismo receptivo hacia España. Para la elaboración de nuestra programación de viajes a China contamos con la inestimable colaboración de importantes empresas del sector turístico, relacionadas con China, como son Air China, China Eastern Airlines, Capital Airlines, la Oficina Nacional de Turismo de China en España, que nos ayudan a dar a conocer a nuestros clientes lo mejor que el gigante chino puede ofrecer.

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

12/07/2026

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

Enrique Sancho   Tras el éxito de los Juegos Olímpicos del año pasado, la capital francesa afronta una nueva prueba internacional, de carácter muy distinto. La élite de los videojuegos competitivos ha encontrado un nuevo hogar este verano. Por primera vez en su historia, la Esports World Cup (EWC) sale de Arabia Saudita para celebrar su tercera edición en Europa. Desde el 6 de julio hasta el 23 de agosto de 2026, la vibrante ciudad de París acoge el evento de deportes electrónicos más grande del planeta. El centro de operaciones principal se ha instalado en el prestigioso recinto Paris Expo Porte de Versailles, transformando la capital francesa en un festival masivo que combina competición extrema, cultura geek y entretenimiento para todos los públicos.   Las cifras récord del evento   Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo en París, basta con mirar los números que maneja la organización este año: Duración: 7 semanas de competición ininterrumpida. Participación: Más de 2,000 jugadores de élite y 200 clubes internacionales provenientes de más de 100 países. Bolsa de premios: Un récord histórico de 75 millones de dólares a repartir entre todas las disciplinas. Variedad: 25 torneos en total que cubren 24 de los videojuegos más populares del mundo.   ¿Qué juegos están en el menú?   La EWC 2026 destaca por su diversidad, ofreciendo competiciones de primer nivel divididas en grandes categorías para satisfacer a cualquier fanático del gaming: Tácticos y Shooters: Counter-Strike 2, VALORANT, Call of Duty: Black Ops 7, Rainbow Six Siege. Estrategia y MOBA: League of Legends, Dota 2 y torneos digitales de Ajedrez. Lucha y Deportes: Street Fighter 6, Tekken 8, Rocket League y Trackmania. Battle. Royale y Móviles: Fortnite (en su modo Reload), PUBG Mobile y Honor of Kings.   El Campeonato de Clubes: La joya de la corona   A diferencia de los torneos tradicionales donde solo importa el campeón de un juego individual, la EWC premia la consistencia global. El Club Championship cuenta con una bolsa reservada de 30 millones de dólares. Aquí, organizaciones multidisciplinarias gigantes como Team Vitality (los héroes locales franceses), G2 Esports, T1 o los vigentes defensores del título, Team Falcons, compiten entre sí sumando puntos con los resultados de sus divisiones en cada juego. El club que demuestre ser el más dominante y versátil en múltiples videojuegos se llevará el gran trofeo a casa.   ¿En qué consisten las "Pruebas"?   En total se celebran 25 eventos en 24 disciplinas de esports. En el mundo de los videojuegos competitivos, las pruebas varían drásticamente según la disciplina. En las siete semanas de competición se abarcan todos los grandes géneros del gaming competitivo: FPS, juegos de estrategia, títulos deportivos, MOBA, battle royale, juegos de lucha, juegos de carreras, ajedrez...   1. Pruebas por Objetivos y Rondas (Shooters Tácticos)   Juegos como Counter-Strike 2 o VALORANT se juegan en equipos de 5 contra 5. La prueba consiste en que un equipo debe plantar un artefacto explosivo en una zona designada y el otro debe evitarlo o desactivarlo. Se juegan a mapas completos; el primer equipo en ganar 13 rondas se lleva el punto del mapa.   2. Destrucción de la Base Rival (MOBA)   En League of Legends y Dota 2, la estrategia es total. También juegan 5 contra 5, y cada jugador controla a un "campeón" con habilidades únicas. La prueba consiste en avanzar de forma coordinada a través de un mapa custodiado por torretas automáticas para destruir el núcleo o base del enemigo (llamado Nexo o Ancestro). Estas partidas pueden durar entre 25 y 50 minutos llenos de tensión táctica.   3. Modos de Supervivencia Masiva (Battle Royale)   Para títulos como Fortnite o PUBG Mobile, la prueba cambia por completo: no es un cara a cara directo, sino un "todos contra todos". Docenas de equipos caen simultáneamente en una isla gigante con el objetivo de recolectar armas y recursos. A medida que una tormenta eléctrica reduce el espacio de juego, los equipos se eliminan entre sí. La prueba premia la supervivencia absoluta: el último equipo en pie gana.   4. Duelos 1 contra 1 (Lucha y Deportes Digitales)   Juegos como Tekken 8, Street Fighter 6 o los torneos de ajedrez virtual son el equivalente al tenis o al boxeo tradicional. Es un enfrentamiento directo e individual a base de reflejos puros o estrategia mental, donde el jugador que comete el más mínimo error queda fuera del torneo.   El Orgullo Hispano en París   La comunidad hispanohablante tiene varios de sus proyectos más potentes compitiendo codo con codo contra los gigantes asiáticos y norteamericanos en la EWC 2026:   Team Heretics (España): El club fundado por el creador de contenido TheGrefg es una de las organizaciones con más peso en la escena de shooters de Europa. Llegaron a la cita parisina pisando fuerte en el torneo de VALORANT y buscan arañar puntos vitales para el Campeonato de Clubes.   Movistar KOI (España): La alianza entre el streamer Ibai Llanos y el exfutbolista Gerard Piqué se mide a nivel internacional, especialmente en competiciones de estrategia y arenas de batalla como League of Legends.   9z Team (Argentina): La "Violeta" es el estandarte absoluto de América Latina en los juegos tácticos, destacando su presencia en las fases finales del torneo de Counter-Strike 2.   Leviatán (Argentina): El club del dragón se ha ganado a pulso su plaza internacional, aportando plantillas multiculturales muy potentes a la competición general.   Estrellas más allá de la pantalla   El evento no solo ha atraído a leyendas del teclado y el mando. La EWC 2026 ha vuelto a fichar a grandes figuras del deporte y la cultura tradicional como embajadores globales, destacando la presencia del astro del fútbol Cristiano Ronaldo y el genio del ajedrez Magnus Carlsen. Además de la acción competitiva, los asistentes en París disfrutan del Fan Fest, zonas de juego libre para probar lanzamientos recientes y un despliegue de retransmisión masivo que planea superar las 7,000 horas de contenido en directo en más de 40 idiomas. En paralelo a las pruebas se celebra el Festival EWC, una celebración mundial de la cultura gamer que acompaña a los torneos. Reúne competiciones de esports, conciertos de música en directo, salas de arcade retro, cafés temáticos, concursos de cosplay, estudios creativos y mucho más, ofreciendo a millones de fans una experiencia total. En París, esta dimensión festiva se desplegará dentro y alrededor de Paris Expo Porte de Versailles. París no solo celebra el verano físico, sino que ya se ha coronado como el epicentro digital del año.   Más información: Valerie.Watine@atout-france.fr https://www.atout-france.fr/es/pro/ES