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24/07/2023

La ruta del wolframio, una excelente excusa para conocer el patrimonio industrial de El Bierzo

Pozos mineros, viejos ferrocarriles, antiguas estructuras se ponen en valor para un nuevo turismo

La ruta del wolframio, una excelente excusa para conocer el patrimonio industrial de El Bierzo

Enrique Sancho

El Bierzo, al norte de León, es una de las zonas de España que más y mejor patrimonio industrial y minero posee y ofrece la excelente oportunidad de comenzar la ruta por la propia ciudad de León y sus muchos encantos. La provincia de León llegó a dar empleo a más de 40.000 personas en 132 minas repartidas por todo el territorio, especialmente en El Bierzo en el siglo XIX. También una de las que más ha sufrido el abandono de unos duros oficios a favor de las nuevas tecnologías y medios de producción. Pero es por eso una de las regiones que puede presumir de los mejores lugares y restos arquitectónicos –casi habría que decir arqueológicos– que permiten conocer la dura vida que había allí hace apenas unas pocas décadas y de espacios que hoy se han convertido en un atractivo turístico alternativo.

Uno de esos lugares especiales es el poblado minero de La Piela, que está dentro de la Lista Roja del Patrimonio que organiza Hispania Nostra –una asociación que alerta sobre elementos del Patrimonio Histórico español que están en riesgo de desaparición, destrucción o alteración de sus valores–, donde vivieron y ganaron en su día mucho dinero decenas de familias y donde trabajaron cientos de obreros en unas instalaciones que disponían de cantina, economato, escuela y todo tipo de comodidades para la época, cuyas ruinas hoy desprenden un encanto misterioso y un tanto sobrecogedor y donde existe el proyecto de rehabilitar al menos una de las casas como refugio para los que deciden hacer esta senda llena de encanto, partiendo de Peña del Seo, con uno de los miradores más impresionantes del Bierzo. En la actualidad se trabaja para poner en valor este patrimonio industrial y revivir la sombra de lo que fue. Un importante conjunto industrial que nos habla de la fiebre del “oro negro” en los años 40 y 50, así como del modo de vida de las gentes de entonces.

La llamada ruta del wolframio, además de permitir visitar la viejas bocaminas y los edificios que albergaban a los mineros, cruza bellos y conservados bosques, recorre serranías que permiten ver casi toda la comarca, pasar por Villasinde, una tradicional aldea ganadera que se resiste al paso del tiempo y, tras ella, el valle del río Corporales. Desde el punto más alto de este cordal, se llega hasta Cadafresnas, la aldea que un día centralizó la explotación del mineral. Y durante todo el recorrido se disfrutan vistas espectaculares y un paisaje intacto. No muy lejos, en Sabero, ya en las puertas de los Picos de Europa, se ha inaugurado hace poco la espectacular Vía Ferrata Valdetorno de la que forma parte un vertiginoso puente tibetano de 110 metros, el más largo de España.

En esta zona, en los años 40, floreció la minería de wolframio (o tungsteno, o wólfram, como suelen llamarlo en la zona). Gracias a que tiene el punto de fusión más elevado de todos los metales y capacidad para soportar el calor adquirió mucha importancia durante la II Guerra Mundial (y más tarde en la guerra de Corea), cuando se utilizó para blindar la punta de los proyectiles antitanque y en la coraza de los blindados, pero también para fabricar bombillas o motores. Así, su adquisición se convirtió en un elemento vital para la Alemania nazi, que lo pagaba a cuatro veces el precio oficial, lo que permitió que la zona creciera en población y riqueza, aunque era un trabajo duro y peligroso, sobre todo porque su extracción liberaba arsénico, lo que fue deteriorando la salud de los mineros por envenenamiento, aunque de vez en cuando el wólfram también llegaba a los Aliados, gracias a los chanchullos de todo tipo que se trenzaban en la estación fronteriza de Canfrán (hoy convertida en hotel de lujo de la cadena Barceló), que no solo afectaban al wolframio, también al tráfico de oro, a la huida de judíos y a la presencia de espías de todo tipo.

Valorar el patrimonio industrial y minero

Pero volvamos al Bierzo. Hoy del esplendor de aquellos tiempos en esta y otras explotaciones mineras en las que el carbón era el rey de la energía, no queda casi nada. Pero los restos de lo que fue aquella actividad, los edificios y estructuras que la acogieron, la maquinaria que utilizaron, la historia de las gentes que la protagonizaron con su esfuerzo y los espacios en que vivieron conforman una serie de rutas y visitas que justifican un viaje fuera de lo habitual, en el que, además de esa mirada al pasado se descubre un presente en forma de museos, réplicas de aquel duro trabajo e instalaciones con nuevo uso en medio de paisajes con una naturaleza pura, rutas tranquilas o de aventura y, por supuesto, en cada lugar una gastronomía tradicional que hace guiños a la más destacada vanguardia.

Dar a conocer esos tesoros poco habituales en los circuitos turísticos es el objetivo que se ha impuesto la Cátedra de Territorios Sostenibles y Desarrollo Local de la UNED de Ponferrada y la Fundación Ciudad de la Energía en su proyecto Paisajes24, un punto de encuentro anual del turismo, las industrias culturales y el desarrollo territorial en León, cuya primera fase ha empezado este año para culminar en la primavera del 2024. Se trata, entre otras cosas, de mostrar el patrimonio agroalimentario, industrial y social de la provincia de León y más específicamente de la región de El Bierzo. Ver vídeo. 

El pasado en los museos

La búsqueda de los tesoros industriales de esta región pasa, necesariamente, por algunos de sus museos que han sabido conservar los elementos de una industria que en su día fue puntera y el reconocimiento a los hombres y mujeres que la hicieron posible. Es el caso, por ejemplo del Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero instalado en una parte de la Ferrería de San Blas que acogió la primera industria siderúrgica de España, en 1846. Se creó entonces un amplio complejo industrial siderúrgico con altos hornos de cok, algo que supuso un acontecimiento de gran importancia en aquella época por la utilización de la más alta tecnología del momento.

El museo está perfectamente organizado con numerosos paneles explicativos y su director, Roberto Fernández, se esfuerza en contar la historia del complejo siderúrgico que allí funcionó, cuando se extraían decenas de miles de toneladas de carbón para abastecer a España y a Europa, dando continuidad a la Revolución Industrial sedienta de hierro y acero, de modo especial durante las grandes guerras mundiales, pero sin duda lo más destacable es el propio edificio del museo, que alguien denominó “la catedral del hierro’” por sus dimensiones y su estilo neogótico, la antigua ferrería construida en piedra y ladrillo, con una gran nave central totalmente diáfana, sin pilares, sustentada la cubierta por una sucesión de arcos diafragma. La interesante visita al museo se complementa con el recorrido por el que fue barrio obrero, con hospital, economato, escuelas...

Desde aquí parte la llamada Ruta de las Minas un recorrido circular de 9,8 km que transporta al pasado de la minería del valle. Un itinerario sencillo, con vistas impresionantes, que pasa por las minas que aportaron el material a la Ferrería de San Blas. Pero, además de minas también se pueden descubrir otras joyas del paisaje, como la ermita de San Blas del siglo XV, o el Roblón de la Plata, un magnífico roble de 17 metros de altura y unos 700 años de edad. Cerca está la mina La Plata, llamada así porque el mineral que se buscaba era la galena argentífera compuesta principalmente por plomo y plata. Más allá, un mirador sobre el río Esla permite ver el valle de Aleje y muy cerca esta la Mariate, con un dispositivo de vagonetas que transportaban el carbón mediante un cable aéreo a la otra orilla del río, para luego alcanzar la mina la Imponderable, uno de los principales yacimientos de hierro que suministraron mineral a los hornos altos de la Ferrería de San Blas.

Un carácter bien distinto tiene el cercano Museo del Ferroviario de Cistierna, mucho más modesto y entrañable, en buena parte porque lo gestionan y lo muestran los viejos ferroviarios que dedicaron su vida al tren desde que en 1894 se inauguró la línea férrea que unía La Robla con Balmaseda, lo que dio a Cistierna un valor añadido con respecto a un espacio que se había ordenado en torno al complejo minero e industrial de Sabero. Además, se trata de un museo dedicado al ferroviario, no a la industria ni al tren, sino a los trabajadores.

El Museo del Ferroviario se ubica en el antiguo economato del Ferrocarril de La Robla-Bilbao y en él se da a conocer cómo era la vida de los trabajadores del mítico Tren del Hullero a lo largo de sus más de 100 años de historia. Aquí se muestran los objetos cotidianos de los trabajadores del ferrocarril, desde el montaje de las vías del tren a la Oficina del Jefe de Estación, incluyendo, por ejemplo, la maquinilla todavía en uso con que se validaba los billetes de cartón con la fecha del día, además de herramientas, enseres, documentación y todo tipo de instrumentos y objetos relacionados con la labor del ferroviario.

Casi como un elemento más del día a día de su trabajo es la Olla Ferroviaria (también llamada putxera en el País Vasco), un exquisito y contundente manjar que preparaban los maquinistas al rescoldo de la caldera mientras el tren circulaba para comer caliente en alguna breve parada. Los maquinistas y fogoneros que a diario salían por la mañana de Cistierna y de Valmaseda, conduciendo trenes de mercancías hasta Mataporquera, conectaban la olla al vapor de la locomotora en el momento de la salida del tren mediante un tubo desde el serpentín de la locomotora hasta la vasija, para que durante la marcha se fuese cociendo la comida del mediodía. Un potaje de alubias, verduras, carnes, tocino, chorizo y morcilla o patatas con carne que les permitía comer caliente y económico. Hoy, este plato que forma parte de la gastronomía típica del El Bierzo, junto con el botillo, se sigue ofreciendo al público todos los fines de semana y por encargo. Manolo, Maxi y Eva, miembros de la Asociación de Ferroviarios San Fernando, la elaboran como antaño.

Vida (y muerte) en las minas

Pero donde se descubre el duro pasado minero en esta región de León, es en la cercana Cuenca de Fabero, recientemente declarada como Bien de Interés Cultural y Conjunto Ecológico, que comprende varias minas y poblados mineros entre los que destaca el Pozo Julia, muy bien conservado y tal vez el mejor lugar para comprender lo que fue la dura vida de los mineros. La construcción del Pozo Julia se inició en el año de 1947. A su gran pozo vertical de tres plantas, que alcanza los 275 metros de profundidad, se accedía por un castillete con ascensor para personas y vagonetas, que hoy es la imagen más representativa de esta mina.

Una sucesión de espacios bien conservados y explicados por los propios antiguos mineros llevan al visitante a la lampistería, donde el minero recogía su lámpara ya cargada para la larga jornada de trabajo en aquellas oscuras galerías, en los vestuarios el minero se enfundaba su mono de trabajo y lo dejaban una vez acabado su turno, colgando la ropa mojada y sucia en unas perchas, que un sistema de poleas elevaba. Los calentadores de los que disponía el vestuario se encargaban de calentar la sala y secar la ropa mojada para que al día siguiente el minero tuviera su ropa de trabajo seca de nuevo. Pero la importancia de este espacio no radica en el sorprendente sistema de perchas, aquí es donde se realizaban las asambleas, donde se fraguaba la lucha por unas condiciones dignas de trabajo que han marcado la imagen del minero. 

Las diferencias sociales se dejan ver en la zona de duchas, generalmente colectivas para los trabajadores e individuales para los vigilantes que controlaban el trabajo de los demás, o incluso con bañera para los facultativos, directivos y visitantes importantes. Las salas de compresores, la de máquinas, el lavadero y el castillete son otros tantos espacios destacados que llevan a la zona principal de Pozo Julia que es la propia mina en la que los especialistas, como el barrenista que perfora la piedra con su martillo de barrenar y rellenar los barrenos (huecos en la piedra) con explosivos para avanzar en la perforación de la galería; los entibadores que se encargaban de montar los cuadros, estructuras de hierro y madera que impedían el derrumbe del techo o de más escombro y sobre todo el picador, que se encargaba de extraer el carbón de las vetas que con frecuencia no tenían más de 40 centímetros de altura y se debía trabajar tumbado o encogido durante horas. El trabajo de picador es uno de los más duros y peligrosos de la mina. Los desprendimientos, el páncer con que se protegía a la maquinaria, o el propio martillo neumático generaba enfermedades relacionadas con el desgaste de huesos y articulaciones, necrosis óseas, pérdida de audición y sobre todo silicosis, enfermedad producida por la sílice de la piedra, que va secando el pulmón del minero produciendo la muerte en los casos más avanzados.

La visita a Pozo Julia, que se está promocionando como atractivo turístico con sorprendente éxito, resulta un tanto deprimente pero instructiva para comprender que el confort del que ahora disfrutamos no siempre fue así y hubo hombres y mujeres que dejaron su salud, y algunos su vida, para el bienestar de otros. Aquella lucha sigue hoy dirigida a impedir la desaparición de lo que ha sido la historia de estos pueblos, conservando un patrimonio pasado y mostrando a todo aquel que lo desee una realidad ya desaparecida y que ha formado parte de la cultura de nuestros pueblos mineros.

La reina de las minas

Pero si se habla de minas en esta región, es imprescindible referirse a Las Médulas, la que fue la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio Romano, allá por el año 20 a.C. con más de mil hectáreas. Pero antes de llegar y en el camino, bien merece una visita el Castillo de Cornatel, del siglo X y antigua fortaleza de los Templarios, con espectaculares vistas al valle del Sil. Los muy optimistas todavía tratan de buscar pepitas de oro en Las Médulas. No es tarea fácil porque los romanos no dejaron ni una tras casi 200 años de explotación, aunque algunos expertos aseguran que todavía queda oro en Las Médulas pero ya no es rentable su explotación. El preciado metal, tan ansiado por todas las civilizaciones del planeta, hacía que los romanos hasta movieran montañas, literalmente. Este método de extracción, al que Plinio El Viejo denominó “ruina montium”, o sea “derrumbe de los montes” consistía en minar la montaña con galerías y pozos, que después dejaban caer agua por canales y acueductos desde hasta 300 kilómetros de distancia, para que así la presión del aire comprimido y del agua actuara como un explosivo, derrumbando la montaña desde dentro. Sobre el aluvión derruido continuaban arrojando agua, para arrastrar el lodo aurífero a los canales de lavado, donde utilizando hojas de brezo filtraban las pequeñas pepitas de oro. 

Las Médulas nos ha dejado, siglos después, uno de los paisajes más inquietantes y hermosos de toda la península, un sabio contraste de arcillas rojizas en picudos farallones y verdes vegetales, rodeado de castaños centenarios, lagunas, lagos, picos y galerías. Hoy, este paraje cultural, fruto de la naturaleza y la acción del hombre, es Patrimonio de la Humanidad desde 1997 y merece que se le dedique tiempo para descubrirlo y respeto, ya que como todo paraje cultural, es muy frágil a la acción del hombre.

Y, además, Ponferrada

El punto final de este recorrido (mejor habría que decir el punto y seguido ya que El Bierzo y León tienen aún más cosas que ofrecer) es la capital de la región, Ponferrada, escala imprescindible en el Camino de Santiago, que tuvo un pasado brillante, tiene un presente dinámico y proyecta un futuro prometedor. Del pasado guarda un testimonio espectacular de cuando fue propiedad y sede de los Caballeros Templarios; con 8.000 metros cuadrados de extensión, el Castillo de los Templarios es mucho más que una fortaleza. Su rehabilitación ha permitido sacar a la luz gran parte de su riqueza arquitectónica y utilizar parte de sus salas para actividades culturales y exposiciones.

El presente de Ponferrada es consecuencia de su papel protagonista desde principios del siglo XX, tras el descubrimiento y explotación de las riquezas minerales de hierro y carbón, así como la instalación en 1949 de la central térmica de ENDESA, Ponferrada fue terminal del ferrocarril de vía estrecha de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) que transportaba los carbones de la cuenca carbonífera de Fabero-Sil y de Villablino, tanto para su exportación hacia otras partes de España como para la generación de electricidad en las primeras centrales térmicas de Ponferrada (Fábrica de Luz y Compostilla I), hoy centros de referencia de la actividad cultural de la ciudad. 

Y precisamente son La Fábrica de Luz y el Museo de la Energía, lo que fue antiguamente la Central Térmica de La Minero Siderúrgica de Ponferrada, junto a la Térmica Cultural, además de museos, como posibles sedes de eventos, congresos y celebraciones –a destacar el llamado Fuego Verde, un impresionante invernadero y sus decenas de helechos arborescente– y un espacio de encuentro y participación en el que se ofrece una variada programación de actividades para todos los públicos, las que den impulso a la ciudad y consoliden su futuro. Durante el recorrido a La Fábrica de Luz se puede descubrir cómo se producía la electricidad a partir de carbón a principios del siglo pasado y conocer las particularidades de la sociedad de aquella época; cómo eran sus vidas, cómo trabajaban, cómo se divertían y cómo la utilización de un recurso natural como el carbón fue el motor de cambio de un territorio y de sus habitantes.

Considerado una de las joyas del patrimonio industrial español, su restauración se ha realizado respetando completamente los elementos originales de la central. La cuidada recuperación del patrimonio, el respeto a la arquitectura y la conservación de la memoria y del patrimonio inmaterial han sido reconocidas con el premio Europa Nostra 2012 y la nominación al mejor museo europeo del año 2015 en los premios EMYA (European Museum of the Year Award).

La ruta del wolframio, una excelente excusa para conocer el patrimonio industrial de El Bierzo
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Enrique Sancho Hay lugares en el mundo que no solo deben visitarse; se sienten, se respiran y se quedan grabados en la memoria para siempre. Corea del Sur es uno de esos destinos raros y fascinantes donde los contrastes no chocan, sino que se abrazan: rascacielos ultramodernos de neón que rozan el cielo se alzan a pocos pasos de palacios imperiales del siglo XIV; templos budistas milenarios esconden paz absoluta en medio del bullicio metropolitano, y una de las culturas pop más vibrantes del planeta convive con tradiciones artesanales ancestrales. Si buscas un viaje que despierte todos tus sentidos, te saque una sonrisa en cada esquina y te demuestre que el mañana ya ha llegado, prepárate, Corea te espera. En el corazón de Seúl y en muchos otros rincones de Corea del Sur, conviven los rascacielos de última generación que nunca duermen y los templos centenarios envueltos en silencio. 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KakaoT: La aplicación para pedir taxis oficiales (equivalente a Uber), muy útil si te cansas del transporte público a altas horas de la noche. ¿Cómo moverse?: Conectividad y Transporte Tarjeta T-Money: Nada más llegar al aeropuerto o en cualquier tienda de conveniencia (como CU o GS25), compra una tarjeta T-Money física o digital. Es una tarjeta recargable que sirve para pagar el metro, los autobuses e incluso en algunas tiendas. Internet: Lo más cómodo es llevar una eSIM contratada desde casa o alquilar un Pocket WiFi en el aeropuerto al aterrizar. La conexión en Corea es de las más rápidas del planeta, así que volarás digitalmente. ¿Dónde comer y qué pedir? Comer en Corea es una experiencia social increíble. En algunos restaurantes elegantes con suelo de tatami, es obligatorio quitarse el calzado en la entrada. Olvídate de los modales occidentales: aquí se comparte todo al centro de la mesa. Platos que debes probar sí o sí: Kimchi: Es un icono de la cocina coreana. Parece una sencilla combinación fermentada de verduras en salmuera sazonadas pero se le suele añadir mariscos frescos o col china y otras cosas, hasta conseguir 200 tipos de kimchis. Los coreanos suelen preparar distintos tipos para consumir a lo largo del año, incluso se han diseñado frigoríficos especiales para conservarlo. Samgyeopsal: Panceta de cerdo a la brasa que tú mismo cocinas en la mesa. Bibimbap: Es muy popular, colorido y nutritivo ya que combina diferentes ingredientes como arroz, diversas verduras, carne de res, gochujang (salsa picante a base de chiles rojos) y aceite de sésamo. Korean Fried Chicken: El pollo frito crujiente coreano (suele acompañarse con cerveza helada, una combinación clásica llamada Chimaek). Tteokbokki: Pasteles de arroz glutinoso en una salsa roja picante (perfectos para un puesto callejero). Comienza el viaje: Seúl imprescindible Si tienes pocos días para descubrir Seúl, donde suele comenzar el viaje por Corea, la clave es combinar los contrastes que hacen única a esta megalópolis: palacios imperiales milenarios, mercados tradicionales caóticos y barrios ultra modernos. Este es el itinerario definitivo para exprimir al máximo lo mejor de la capital coreana: El contraste de palacios e historia viva Es casi imprescindible comenzar el recorrido por el Palacio Gyeongbokgung, es el más grande y espectacular de los cinco grandes palacios de la dinastía Joseon. No te pierdas el Cambio de Guardia Real (suele ser a las 10:00 y a las 14:00). Un consejo: Si vas vestido con un hanbok (el traje tradicional coreano), la entrada al palacio es totalmente gratis. Justo al lado del palacio se encuentra la Aldea Bukchon Hanok, un barrio de callejuelas empinadas flanqueadas por cientos de casas tradicionales de madera y tejados curvados (hanok). Las vistas de los tejados tradicionales con los rascacielos modernos al fondo son icónicas. Se puede terminar el día en el Mercado de Gwangjang, uno de los más antiguos y animados de Seúl. Es el paraíso de la comida callejera. Hay que probar los mayak gimbap (rollitos de arroz), los fideos cortados a mano (kalguksu), y las tortitas de judías mungo o soja verde (bindaetteok). Si hubiera que elegir lo mejor de Seúl, sin duda es su capacidad única para fundir pasado y presente. La magia reside en caminar por una avenida futurista rodeada de pantallas gigantes y tiendas de alta tecnología, doblar una esquina y encontrarte de repente con un palacio real del siglo XIV o con un arroyo restaurado (como Cheonggyecheon) donde la gente descansa descalza al atardecer. Es una ciudad que te atrapa porque respeta profundamente sus raíces mientras acelera hacia el futuro. Juventud, tecnología y las mejores vistas Para otro día hay que dejar la visita a Myeongdong, el distrito de las compras por excelencia y el paraíso absoluto de la cosmética coreana (K-Beauty). Aunque no vayas a comprar, pasear por sus calles llenas de puestos de comida callejera es toda una experiencia sensorial. Más tarde vale la pena subir hasta el monte Namsan (puedes ir en teleférico o dando un paseo agradable) para llegar a la icónica torre de telecomunicaciones N Seoul Tower. Es el mejor lugar para ver el atardecer y contemplar cómo el mar de rascacielos de Seúl se ilumina por completo. La zona está llena de los famosos "candados del amor" que se popularizaron hace años. Hay que terminar el día, –y comenzar la noche– en Hongdae, el barrio universitario y el epicentro de la cultura urbana y nocturna. Aquí encontrarás música en directo en plena calle, bailarines improvisados, tiendas de diseño independiente y un ambiente joven e imparable hasta altas horas de la madrugada. Seúl y otras ciudades de Corea vibran de noche. Si te cansas de caminar, puedes vivir la experiencia de un Noraebang (un karaoke privado donde cantar a pleno pulmón con amigos) o relajarte en un Jjimjilbang (un spa tradicional coreano abierto las 24 horas que cuenta con saunas de sal, zonas de descanso y los famosos cascos de toalla enrollada en la cabeza estilo "huevo duro"). Lo mejor en el resto de Corea del Sur Si ya te enamoraste de la capital, prepárate porque el resto del país guarda auténticos tesoros que van desde la historia imperial hasta paraísos naturales volcánicos. Aquí tienes las paradas obligatorias para completar tu viaje: Gyeongju: El museo sin paredes. Si te interesa la historia, esta ciudad es una visita obligada. Gyeongju fue la capital del antiguo Reino de Silla durante casi mil años. Hay que visitar el Templo Bulguksa (una obra maestra de la arquitectura budista) y la Gruta de Seokguram en la montaña, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En el centro de la ciudad, pasea por el parque de los grandes túmulos funerarios reales (Daereungwon). Busan: Playas y templos junto al mar. Es la segunda ciudad más grande de Corea y ofrece un ambiente completamente diferente al de Seúl, mucho más relajado y marinero. Hay que ver el Templo Haedong Yonggungsa, A diferencia de la mayoría de los templos coreanos (que están en las montañas), este está encaramado directamente sobre los acantilados frente al mar. Gamcheon Culture Village: Un colorido pueblo de casas escalonadas en la colina, lleno de arte urbano, callejones laberínticos y miradores alucinantes. Mercado de pescado de Jagalchi: El mercado de marisco más grande del país, donde puedes probar pescado ultra fresco. La Isla de Jeju: El "Hawái" coreano. Situada al sur del país, esta isla volcánica es el destino de vacaciones favorito de los propios coreanos y un paraíso natural, considerada una de las maravillas naturales. Allí podrás conocer a las Haenyeo, mujeres, muchas de ellas octogenarias, que practican el buceo libre a pulmón hasta a 10 metros de profundidad sin bombona de oxígeno para pescar marisco fresco. Su valentía y tradición forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. También hay que subir a la cima volcánica Seongsan Ilchubong (perfecta para ver amanecer), las cascadas de Cheonjiyeon y recorrer alguna de sus rutas costeras flanqueadas por campos de mandarinas y estatuas de piedra volcánica (Dolhareubang). Jeonju: Tradición y el origen del plato nacional. Si buscas el verdadero sabor de la cultura tradicional y de la gastronomía, este es tu sitio. Su Aldea Tradicional (Jeonju Hanok Village) cuenta con más de 800 casas de estilo clásico. Además, Jeonju es mundialmente famosa por ser la cuna oficial del Bibimbap (el plato de arroz con verduras, carne y salsa picante servido en cuenco caliente), así que comer aquí es obligatorio. De compras por Corea Corea del Sur es un auténtico paraíso para las compras, y lo mejor es que puedes encontrar desde auténticas joyas culturales hasta productos de tecnología y cosmética a precios imbatibles que en Europa o América costarían el doble. Aquí tienes la guía definitiva de qué comprar y qué resulta especialmente económico: Cosmética Coreana: La gran ganga. Si hay algo que vale la pena comprar en cantidades industriales en Corea, es cosmética. Las marcas locales como Innisfree, Etude House, Missha o Laneige son famosas en todo el mundo por su calidad innovadora. Mascarillas faciales de un solo uso (pueden costar desde menos de 1 euro la unidad en tiendas como Olive Young), cremas hidratantes, protectores solares de textura ultraligera y tintes labiales. En Seúl encontrarás tiendas en cada esquina (especialmente en el barrio de Myeongdong) con ofertas constantes de "compra 10 y llévate 10 gratis" o packs promocionales muy económicos. Papelería creativa y diseño cuqui. A los coreanos les encanta el diseño bonito y minimalista. Las tiendas de papelería son un peligro porque querrás llevártelo todo: Agendas, libretas ilustradas, washi tapes (cintas decorativas), pegatinas y estuches con diseños adorables de personajes locales como los de Kakao Friends o Line Friends. Son económicos (suelen costar pocos wones), ocupan muy poco espacio en la maleta y son el regalo perfecto y original para amigos y familiares. Té verde de Jeju e infusiones tradicionales. La isla volcánica de Jeju y la zona de Boseong son famosas por sus plantaciones de té. Entre los mejores está el té verde orgánico de alta calidad o tés tradicionales coreanos a base de raíces y frutas (como el omija, el té de cinco sabores, o el yuja-cha, una mermelada dulce de cítricos que se mezcla con agua caliente). Son ligeros, fáciles de transportar y una forma deliciosa de revivir el viaje al volver a casa. Calcetines originales y divertidos. Puede sonar a tópico, pero los calcetines en Corea son toda una institución cultural. Calcetines con estampados hipercoloridos, caras de dibujos animados, animales, obras de arte famosas o motivos típicos coreanos. Se venden en puestos callejeros (como en los mercados de Myeongdong o Hongdae) por precios ridículos (a veces a 1 o 2 euros el par). Tienen una calidad excelente, son súper suaves y duraderos. Palillos y juegos de cubiertos de acero inoxidable. A diferencia de Japón o China, donde se usan palillos de madera o bambú, en Corea tradicionalmente se utilizan palillos planos de acero inoxidable, acompañados de una cuchara alargada. Son también un original recuerdo para practicar al volver a casa. También vale la pena comprar un juego de cubiertos tradicionales coreanos (sujeo), a menudo decorados con grabados de nácar o estuches elegantes. Es un recuerdo con mucha identidad cultural, barato y que durará toda la vida en tu cocina. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo) Cuando el avión despegue de vuelta a casa y dejes atrás el mar de luces de Seúl, el aroma a brochetas picantes de los mercados callejeros y el murmullo de las olas en las costas de Jeju, comprenderás que Corea del Sur deja una huella imborrable. No te llevarás solo una maleta llena de cosmética, calcetines coloridos y recuerdos únicos; te llevarás la calidez de su gente, el compás de una cultura que honra su pasado mientras acelera hacia el futuro y la certeza de que este viaje no fue solo un destino marcado en el mapa, sino un capítulo inolvidable de tu propia historia. Buen viaje (Annyeonghi gaseyo).

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

13/07/2026

De la piedra milenaria al cristal futurista: un viaje por la esencia de la China eterna

China no se visita, se experimenta. China es un país que no te deja indiferente; es un choque de escalas, de tiempos, de historias y de tecnología. El itinerario que comienza en los mostradores de Air China en Madrid, no es solo un vuelo directo de larga distancia; es un puente temporal que nos traslada a un universo donde el tiempo se mide en dinastías y la seda aún se hila a mano. Al llegar a un aeropuerto como el de Pekín-Daxing, lo primero que golpea al viajero no es el caos (como muchos esperan), sino un orden tecnológico casi abrumador y una primera visión de la capacidad china en cualquier modalidad. Cualquiera de los más de 100 millones de pasajeros que recibe al año no tarda más de 8 minutos en llegar a su puerta de embarque desde el centro, está equipado con reconocimiento facial para el check-in y sistemas robóticos de estacionamiento. Además, cuenta con un centro de transporte intermodal subterráneo que conecta directamente con trenes de alta velocidad que te llevan al centro de Pekín en menos de 20 minutos. Esta es solo la primera impresión de este país, a lo largo del viaje que propone Chinavisión Travel, especialistas en dar a conocer China a los turistas españoles. Un viaje en el que uno puede sentir el olor a comida callejera en un viejo callejón hutong cercano que, como las grandes avenidas presumen de una limpieza impecable y la sensación de seguridad absoluta. Donde el efectivo es casi una reliquia. Todo se mueve con códigos QR (Alipay o WeChat), o cámaras de reconocimiento facial que también permiten el pago, sin otro requisito, conviviendo con templos milenarios y maravillosos paisajes. Es como haber aterrizado en el año 2050 pero con los pies en la dinastía Ming. Explorar China es como hojear un libro de historia que cobra vida. El itinerario que propone Chinavisión Travel nos lleva por el "Triángulo de Oro" (Pekín, Suzhou, Hangzhou y Shanghái), donde cada parada revela una faceta distinta de la identidad asiática. Lo esencial de Pekín Hay que comenzar, naturalmente, por Pekín, una ciudad de escala titánica. La llegada es el impacto de lo colosal. Lo primero que nos golpea son las grandiosas medidas: avenidas de seis carriles, nudos de autopistas que parecen imposibles y una arquitectura que busca, ante todo, imponer respeto, y que también sirve de gigantescas pantallas donde mostrar todo tipo de productos de lujo... en un país que se dice comunista. De lo que más sorprende nada más pisar la calle es que, a pesar del tráfico denso, los miles de scooters eléctricos que inundan las calles no hacen ruido; se deslizan a nuestro lado como fantasmas, algo con lo que hay que tener precaución, ya siguen sus propias normas de circulación y entre ellas no siempre está el respetar los pasos de cebra. También sorprende la cantidad de coches eléctricos que ya hay en la ciudad, se calcula que más de la mitad ya lo son. Tras la breve estancia en algunos de los grandes hoteles (hay 190 de cinco estrellas en la ciudad), toca ir a lo esencial porque Pekín es gigantesco – 16.410 km² de superficie (el doble que toda la Comunidad de Madrid) y 22 millones de habitantes–. Y la primera visita es a la mítica Plaza de Tiananmén. Es el punto de partida obligado. No es solo una plaza, es mucho más que un espacio público; es el centro simbólico y político de China. Con una extensión de 44 hectáreas, es una de las plazas más grandes del mundo, y ha sido el escenario de los eventos más definitorios de la historia moderna del país. Su nombre significa "Plaza de la Puerta de la Paz Celestial", en referencia a la entrada principal a la Ciudad Prohibida que se encuentra en su extremo norte. Fue aquí donde Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China en 1949. La plaza alberga edificios de gran importancia, como el Gran Salón del Pueblo (sede del Parlamento) y el Mausoleo de Mao Zedong, donde su cuerpo está embalsamado, como el de Lenin en la Plaza Roja de Moscú. A nivel internacional, es recordada principalmente por las protestas pro-democracia de 1989, que terminaron con una intervención militar. Hoy en día, es un lugar de altísima seguridad lleno de vallas que hace complicado el acceso al centro de la plaza, por lo que mejor ir con tiempo, y un destino imprescindible para entender la compleja identidad de la China contemporánea. Un palacio con 9.999 habitaciones El siguiente paso es la Ciudad Prohibida (se llama "Prohibida" porque, durante siglos, nadie podía entrar o salir del recinto sin el permiso explícito del emperador), se trata del complejo palaciego más grande del mundo; cruzando el Puente de las Aguas Doradas se entra en un complejo de 980 edificios y hay que prepararse para recordar los bellos nombres que aquí, y en toda China, tienen los palacios, jardines y monumentos: Salón de la Armonía Suprema, Puerta de la Pureza Celestial, Palacio de la Longevidad Tranquila, Pabellón de los Mil Otoños, Pabellón de la Fragancia de Buda, Salón de las Olas Generosas, Jardín del Humilde, Pabellón de la Luna que se encuentra con la Brisa, Altar de la Oración por las Buenas Cosechas... y así por miles en todo el país. Se dice que el palacio tiene 9.999 habitaciones, porque solo el Cielo podía tener 10.000. Es una obra maestra del Feng Shui. Todo el complejo está alineado de norte a sur y los colores predominantes son el amarillo (color exclusivo del emperador) y el rojo (buena fortuna). En las esquinas de los tejados, hay filas de pequeñas figuras de cerámica. Representan animales mitológicos y su función era proteger el edificio de los incendios y los malos espíritus. Cuanto más importante era el edificio, más figuras tenía; el Salón de la Armonía Suprema es el único que tiene el máximo permitido. En el sistema de construcción de las dinastías Ming y Qing, el número de figuritas siempre debía ser impar (3, 5, 7 o 9) según la importancia del edificio. El Salón de la Armonía Suprema es el único edificio en toda China que tiene permiso para romper esta regla y llevar 10, lo que reafirma que es el lugar de mayor rango de todo el imperio. Una muralla de 21.000 kilómetros El siguiente paso en el viaje es la Gran Muralla China, aunque, en realidad, habría que hablar de murallas, porque no es una sola línea continua, sino una red de murallas, fosos y torres de vigilancia construidas por diferentes dinastías a lo largo de más de 2.000 años. Su objetivo principal no era solo frenar invasiones (principalmente de los nómadas mongoles), sino funcionar como un sistema de fronteras, controlar el comercio de la Ruta de la Seda y servir como una "autopista" elevada para transportar tropas rápidamente. La sección más famosa y mejor conservada (la que construyó la dinastía Ming) mide unos 8.800 km. Aunque se ha dicho lo contrario, no se ve desde el espacio. Para su construcción se utilizaron diversos materiales, en las zonas desérticas usaron arena, grava y ramas de tamarisco. En las montañas, piedra caliza tallada. Pero el gran secreto de la dinastía Ming (la sección más famosa) fue el mortero de arroz pegajoso. Mezclaron cal con caldo de arroz flotante, lo que creó una especie de cemento súper flexible y resistente que evitó que creciera maleza y soportó terremotos. La construcción de la primera gran fase de la muralla (bajo el emperador Qin Shi Huang) fue sumamente costosa. Para financiarla, además de exprimir a la población con impuestos, el emperador creó una de las primeras loterías registradas de la historia. La excursión permite disfrutar de esta maravilla del mundo durante unas horas. Para aprovechar el día, vale la pena una parada para hacerse una foto frente al estadio Nacional de Pekín, construido para ser sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 2008 y que se conoce popularmente como nido de pájaro. Después, una visita a una fábrica de perlas y recorrer uno de sus hutongs en Rickshaws, su nombre proviene del término japonés jinrikisha, que significa "vehículo impulsado por fuerza humana” y es que es el conductor quien pedalea para avanzar. Al caer la noche, hay que pasear por la calle peatonal Wangfujing, que es un festín sensorial, y cenar un buen pato a la pekinesa. Antes de abandonar Beijing hay que hacer una visita al Templo del Cielo, ubicado en un parque donde los jubilados practican Tai Chi y juegan al Jianzi o bádminton con los pies, este templo es una joya de la arquitectura Ming. Allí está el llamado Muro del Eco que tiene una curiosidad acústica increíble. Si dos personas se colocan en extremos opuestos del muro circular y susurran, pueden escucharse perfectamente gracias a la curvatura y densidad del material. También está el Ciprés de los Nueve Dragones: Un árbol de más de 500 años cuyas ramas retorcidas parecen dragones trepando hacia el cielo. Los locales creen que su forma retorcida es producto de la energía espiritual del Templo del Cielo. Es el símbolo de la longevidad y un lugar sagrado para la fotografía. Paraíso en la Tierra La siguiente etapa del viaje supone pasar de la monumentalidad de la Gran Muralla y los grandes palacios al romanticismo de las "ciudades del agua". En China hay un proverbio clásico que dice: "En el cielo está el paraíso, y en la tierra están Suzhou y Hangzhou". Suzhou, la "Venecia de Oriente", es un oasis de elegancia clásica donde el agua y el arte se fusionan. Famosa por sus canales serpenteantes cruzados por puentes de piedra milenarios y sus exquisitos jardines tradicionales —diseñados meticulosamente para recrear paisajes naturales a escala microscópica—. El Jardín Liuyuan (también conocido como el Jardín de la Demora) es uno de los tesoros más grandes de la arquitectura paisajística china. No es un jardín cualquiera; está considerado uno de los cuatro jardines clásicos más famosos de toda China. Al avanzar hacia el sur se llega a Hangzhou, la capital del té y la naturaleza, cuyo corazón late a orillas del legendario Lago del Oeste (Xi Hu). Este paisaje, que parece sacado de una pintura tradicional con sus pagodas recortadas entre la niebla y sus sauces llorones, ha inspirado a poetas y emperadores durante siglos. Hangzhou ofrece una desconexión total a través de sus colinas verdes, donde se cultiva el famoso té verde Longjing (Pozo del Dragón). Es un destino donde la espiritualidad de los templos budistas, como el de Lingyin, se mezcla de forma única con la serenidad de sus aguas, cerrando con broche de oro una de las rutas más bellas de toda China. Rumbo al futuro Si Suzhou y Hangzhou son el alma de la China antigua, Shanghái, última etapa del viaje, es el sistema nervioso de la China del futuro. Es el lugar donde el té Longjing se cambia por un espresso y las barcas de madera por trenes Maglev que flotan a 431 km/h. Llegar a Shanghái es como aterrizar en el set de rodaje de una película de ciencia ficción. La ciudad es un duelo visual constante: de un lado del río Huangpu está Puxi, más conocida como el Bund, un desfile de edificios coloniales que parecen sacados del Londres de los años 20; del otro, Pudong, un bosque de rascacielos que parecen diseñados por un arquitecto que viajó en el tiempo. Como casi siempre en toda China, salen al paso los contrastes. En una misma mañana uno puede perderse en las callejuelas de la Antigua Concesión Francesa y diez minutos después estar rodeado de pantallas LED gigantes y robots que te sirven el café en Nanjing Road. O visitar el Museo de Shanghái, dedicado al arte chino antiguo y que contiene más de 120.000 piezas y después subir a la Torre de Shanghái, que no solo es un gigante de cristal; es un recordatorio de que en esta ciudad el único límite es el cielo, y a veces ni eso, cuando la niebla abraza su cima a 632 metros de altura. Shanghái no se visita, se experimenta a través de sus luces de neón reflejadas en el río al anochecer. Un paseo en barco al anochecer es, seguramente, la experiencia visual más potente de todo el viaje y el broche de oro perfecto para un recorrido que empezó en la piedra milenaria de la Gran Muralla y termina en el brillo cromado de la metrópolis más eléctrica del mundo. No hay que olvidar la gastronomía china Un aspecto importante e imprescindible en cualquier viaje a China es el gastronómico. En el viaje que proponemos se incluyen todas las comidas. A diferencia de Occidente, donde cada uno pide su plato, en China la comida es comunitaria. Una gran variedad de platos se colocan en el centro para que todos prueben de todo. La mesa redonda elimina las jerarquías físicas: todos están a la misma distancia de la comida y de los demás, fomentando la conversación y la cercanía. En el centro de la mesa suele haber un gran disco de vidrio giratorio que suelen llamar "Lazy Susan" donde se ponen los distintos platos y permite que cada comensal se sirva del que quiera girándolo. Es importante girarlo despacio y con cortesía cuando nadie esté sirviéndose. No hay que sorprenderse si el arroz blanco llega al final. Se considera un "saciador" por si te quedaste con hambre. La sopa también suele servirse a mitad o al final de la comida para ayudar a la digestión. Un detalle de cortesía: Servir primero el té o los mejores trozos de comida a los demás (especialmente a los mayores o invitados) antes que a uno mismo es el mayor gesto de respeto en una mesa china. La cocina de Pekín está influenciada por la cercanía a Mongolia, el clima frío del norte y los banquetes de la corte imperial. Los sabores son más intensos, salados y con un uso generoso del ajo, el jengibre y la pasta de soja dulce. Imprescindible probar el Pato laqueado a la Pekinesa (Beijing Kaoya), es el rey indiscutible. La piel crujiente y la carne jugosa se cortan en finas lonchas frente al comensal. La tradición indica que el chef lo debe cortar en exactamente 108 lonchas, pero pocas veces se cumple... y nadie las cuenta. Se come enrollado en una fina tortita con tiras de pepino, cebolleta y salsa dulce de judía. Otros platos habituales en Pekin es la Olla caliente de Pekín (Beijing Huoguo) una especie de fondue con agua o caldo suave (no con aceite o queso) de herencia mongola. En ella se cocinan al momento finísimas láminas de carne de cordero, verduras, setas... que luego se mojan en una rica salsa de sésamo. Más información: https://www.chinavisiontravel.com Sobre Chinavisión Travel Chinavisión es una marca registrada de Wenjing Global S.L. Somos una agencia de viajes Mayorista/ minorista con sede en Madrid. Nuestro propósito es dar a conocer al mercado de habla hispana, el impresionante legado cultural de China , así como su actual pujanza. Nuestro personal esta formado por empleados chinos y españoles, con años de experiencia en el turismo emisor a China y en el turismo receptivo hacia España. Para la elaboración de nuestra programación de viajes a China contamos con la inestimable colaboración de importantes empresas del sector turístico, relacionadas con China, como son Air China, China Eastern Airlines, Capital Airlines, la Oficina Nacional de Turismo de China en España, que nos ayudan a dar a conocer a nuestros clientes lo mejor que el gigante chino puede ofrecer.

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

12/07/2026

París se convierte en la capital mundial del gaming con 2.000 jugadores y 75 millones de dólares en premios

Enrique Sancho   Tras el éxito de los Juegos Olímpicos del año pasado, la capital francesa afronta una nueva prueba internacional, de carácter muy distinto. La élite de los videojuegos competitivos ha encontrado un nuevo hogar este verano. Por primera vez en su historia, la Esports World Cup (EWC) sale de Arabia Saudita para celebrar su tercera edición en Europa. Desde el 6 de julio hasta el 23 de agosto de 2026, la vibrante ciudad de París acoge el evento de deportes electrónicos más grande del planeta. El centro de operaciones principal se ha instalado en el prestigioso recinto Paris Expo Porte de Versailles, transformando la capital francesa en un festival masivo que combina competición extrema, cultura geek y entretenimiento para todos los públicos.   Las cifras récord del evento   Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo en París, basta con mirar los números que maneja la organización este año: Duración: 7 semanas de competición ininterrumpida. Participación: Más de 2,000 jugadores de élite y 200 clubes internacionales provenientes de más de 100 países. Bolsa de premios: Un récord histórico de 75 millones de dólares a repartir entre todas las disciplinas. Variedad: 25 torneos en total que cubren 24 de los videojuegos más populares del mundo.   ¿Qué juegos están en el menú?   La EWC 2026 destaca por su diversidad, ofreciendo competiciones de primer nivel divididas en grandes categorías para satisfacer a cualquier fanático del gaming: Tácticos y Shooters: Counter-Strike 2, VALORANT, Call of Duty: Black Ops 7, Rainbow Six Siege. Estrategia y MOBA: League of Legends, Dota 2 y torneos digitales de Ajedrez. Lucha y Deportes: Street Fighter 6, Tekken 8, Rocket League y Trackmania. Battle. Royale y Móviles: Fortnite (en su modo Reload), PUBG Mobile y Honor of Kings.   El Campeonato de Clubes: La joya de la corona   A diferencia de los torneos tradicionales donde solo importa el campeón de un juego individual, la EWC premia la consistencia global. El Club Championship cuenta con una bolsa reservada de 30 millones de dólares. Aquí, organizaciones multidisciplinarias gigantes como Team Vitality (los héroes locales franceses), G2 Esports, T1 o los vigentes defensores del título, Team Falcons, compiten entre sí sumando puntos con los resultados de sus divisiones en cada juego. El club que demuestre ser el más dominante y versátil en múltiples videojuegos se llevará el gran trofeo a casa.   ¿En qué consisten las "Pruebas"?   En total se celebran 25 eventos en 24 disciplinas de esports. En el mundo de los videojuegos competitivos, las pruebas varían drásticamente según la disciplina. En las siete semanas de competición se abarcan todos los grandes géneros del gaming competitivo: FPS, juegos de estrategia, títulos deportivos, MOBA, battle royale, juegos de lucha, juegos de carreras, ajedrez...   1. Pruebas por Objetivos y Rondas (Shooters Tácticos)   Juegos como Counter-Strike 2 o VALORANT se juegan en equipos de 5 contra 5. La prueba consiste en que un equipo debe plantar un artefacto explosivo en una zona designada y el otro debe evitarlo o desactivarlo. Se juegan a mapas completos; el primer equipo en ganar 13 rondas se lleva el punto del mapa.   2. Destrucción de la Base Rival (MOBA)   En League of Legends y Dota 2, la estrategia es total. También juegan 5 contra 5, y cada jugador controla a un "campeón" con habilidades únicas. La prueba consiste en avanzar de forma coordinada a través de un mapa custodiado por torretas automáticas para destruir el núcleo o base del enemigo (llamado Nexo o Ancestro). Estas partidas pueden durar entre 25 y 50 minutos llenos de tensión táctica.   3. Modos de Supervivencia Masiva (Battle Royale)   Para títulos como Fortnite o PUBG Mobile, la prueba cambia por completo: no es un cara a cara directo, sino un "todos contra todos". Docenas de equipos caen simultáneamente en una isla gigante con el objetivo de recolectar armas y recursos. A medida que una tormenta eléctrica reduce el espacio de juego, los equipos se eliminan entre sí. La prueba premia la supervivencia absoluta: el último equipo en pie gana.   4. Duelos 1 contra 1 (Lucha y Deportes Digitales)   Juegos como Tekken 8, Street Fighter 6 o los torneos de ajedrez virtual son el equivalente al tenis o al boxeo tradicional. Es un enfrentamiento directo e individual a base de reflejos puros o estrategia mental, donde el jugador que comete el más mínimo error queda fuera del torneo.   El Orgullo Hispano en París   La comunidad hispanohablante tiene varios de sus proyectos más potentes compitiendo codo con codo contra los gigantes asiáticos y norteamericanos en la EWC 2026:   Team Heretics (España): El club fundado por el creador de contenido TheGrefg es una de las organizaciones con más peso en la escena de shooters de Europa. Llegaron a la cita parisina pisando fuerte en el torneo de VALORANT y buscan arañar puntos vitales para el Campeonato de Clubes.   Movistar KOI (España): La alianza entre el streamer Ibai Llanos y el exfutbolista Gerard Piqué se mide a nivel internacional, especialmente en competiciones de estrategia y arenas de batalla como League of Legends.   9z Team (Argentina): La "Violeta" es el estandarte absoluto de América Latina en los juegos tácticos, destacando su presencia en las fases finales del torneo de Counter-Strike 2.   Leviatán (Argentina): El club del dragón se ha ganado a pulso su plaza internacional, aportando plantillas multiculturales muy potentes a la competición general.   Estrellas más allá de la pantalla   El evento no solo ha atraído a leyendas del teclado y el mando. La EWC 2026 ha vuelto a fichar a grandes figuras del deporte y la cultura tradicional como embajadores globales, destacando la presencia del astro del fútbol Cristiano Ronaldo y el genio del ajedrez Magnus Carlsen. Además de la acción competitiva, los asistentes en París disfrutan del Fan Fest, zonas de juego libre para probar lanzamientos recientes y un despliegue de retransmisión masivo que planea superar las 7,000 horas de contenido en directo en más de 40 idiomas. En paralelo a las pruebas se celebra el Festival EWC, una celebración mundial de la cultura gamer que acompaña a los torneos. Reúne competiciones de esports, conciertos de música en directo, salas de arcade retro, cafés temáticos, concursos de cosplay, estudios creativos y mucho más, ofreciendo a millones de fans una experiencia total. En París, esta dimensión festiva se desplegará dentro y alrededor de Paris Expo Porte de Versailles. París no solo celebra el verano físico, sino que ya se ha coronado como el epicentro digital del año.   Más información: Valerie.Watine@atout-france.fr https://www.atout-france.fr/es/pro/ES