12/04/2013
Cada año se detectan sobre ciento cincuenta nuevos casos de enfermedad de Parkinson en las Islas Baleares
En el cuarenta por ciento de los casos, la primera manifestación de la enfermedad de Parkinson es la depresión. De hecho, es frecuente que las personas afectadas sufren depresión, ansiedad, apatía o nerviosismo, incluso antes de que aparezcan los síntomas motores de la enfermedad. Un tercio experimenta trastornos del sueño y/o disfunción sexual. Además, el quince por ciento de los pacientes en tratamiento pueden desarrollar conductas adictivas, como la ludopatía o la hipersexualidad.
Por otro lado, el 70% de las personas que sufren Parkinson tienen más de 65 años, mientras que el 15% no supera los 45. El aumento de la incidencia de esta patología en gente más joven es debido a un diagnóstico más precoz. La Sociedad Española de Neurología prevé que durante los próximos veinte años se duplicará el número de personas afectadas de Parkinson y que esta cifra se habrá triplicado el año 2050 a consecuencia del envejecimiento progresivo de la población. Cada año se detectan en
España unos diez mil nuevos casos, mil quinientos de los cuales afectan personas de menos de 45 años. Los nuevos medicamentos permiten hacer un pronóstico más preciso de la enfermedad La enfermedad de Parkinson se detecta por medio de un diagnóstico clínico, es decir, basado en la exploración del paciente para detectar los signos cardinales de la patología.
Pueden ser premotores -lentitud en el movimiento asociado a la rigidez, temblor, inestabilidad postural- o de otros como el estreñimiento, el trastorno del su en la fase REMO o la pérdida del sentido del olfato. Para la enfermedad de Parkinson no hay un tratamiento curativo, pero sí un tratamiento eficaz con fármacos para controlar los síntomas.
Para los casos más graves hay un tratamiento quirúrgico, que consiste en la estimulación cerebral subtalámica por medio de unos electrodos colocados en el centro del cerebro con cables conectados a un generador insertado a la altura del tórax (dependiendo de las necesidades de cada paciente se modifica la programación de los electrodos).
Además, se dispone de otra técnica: infusiones subcutáneas de apormorfina (un derivado sintético de la morfina) con una bomba de medicación continua que controla los síntomas en las fases adelantadas de la enfermedad. El pronóstico ha variado en los últimos quince años gracias a la disponibilidad de nuevos fármacos y a los cambios en las pautas de tratamiento aplicadas.
Estos cambios han permitido retrasar la aparición de las complicaciones asociadas a la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Actualmente se están haciendo 357 estudios clínicos por todo el mundo con que se investigan nuevos medicamentos, técnicas radiológicas para mejorar el diagnóstico y hacerlo cada vez más precoz, y también nuevas técnicas quirúrgicas. Aparte de eso, se ha constatado que el tai-txi o el ejercicio físico con pesos pueden mejorar sustancialmente los síntomas motores de la enfermedad.