22/10/2013
Carretera: seguridad y verdades a medias
Desde que comenzó la polémica sobre las enormes dimensiones de las rotondas soterradas y su poca justificación, hemos visto grandes errores, importantes deficiencias y, especialmente, poco rigor en las informaciones oficiales.
Basta ver cómo se han anunciado beneplácitos técnicos sobre el proyecto, que los informes escritos desmienten con rotundidad. O que se plantean rotondas que obligan a hacer puentes para levantar la carretera por cambios de sentido sin ningún estudio de qué uso estimado tendrán. O que se ponen rotondas enterradas en lugares con informes que advierten de serios peligros de inundación. O que directamente se engañe a la opinión pública anunciando que la rotonda prevista en Rafal Rubí ha disminuido su dimensión en un 39% cuando en realidad ha aumentado respecto del proyecto original.
Pero ahora se ha hecho una nueva vuelta de tuerca y se añaden interpretaciones muy discutibles sobre un tema tan delicado como los accidentes mortales.
El Consell interpreta estadísticas de accidentes, pero no pone a disposición del público su comunicado de prensa, como se suele hacer siempre. Sin explicar por qué motivos, coge la serie de accidentes desde 2005 hasta ahora. En estos últimos 8 años ha habido 40 víctimas mortales en las diferentes carreteras de Menorca, de las cuales 22 han sido por accidentes ocurridos en la carretera general. Como esto representa un 55%, llegan a la conclusión de que la carretera general es la más peligrosa.
Se les olvida considerar otros parámetros básicos, como por ejemplo el número de vehículos que usa cada carretera. Para la general pasan muchos más vehículos que por las vías secundarias y, por tanto, el riesgo de accidente se multiplica. Tampoco tienen en cuenta la enorme diferencia de distancia. La general suma los accidentes ocurridos en 40 kilómetros.
Y a pesar de todos estas nuevas muestras de falta de precisión, el debate de fondo no es si hay que hacer mejoras sobre la Me-1, sino que mejoras hay que hacer y cómo. Desde el primer momento y las primeras alegaciones, el GOB ha manifestado que hay que aprovechar el dinero del convenio con el Ministerio de Fomento para introducir mejoras. Desde la ampliación de los arcenes a las rectificaciones de algunos cruces con poca visibilidad (Rafal Rubí, salida de Alaior hacia Maó, etc). También hemos mostrado acuerdo para evitar los giros a la izquierda que se hacen desde el mismo carril de circulación, porque es fácil que provoquen colisiones desde atrás.
El debate, y lo saben bien en el Departamento del Sr. Alejandre, no es si hay que hacer mejoras. El debate, que ahora pretenden eludir usando el muy poco afortunado argumento de las víctimas, es si las rotondas enterradas están o no justificadas. Porque hay otros sistemas mucho menos impactantes y mucho más económicos, para mejorar los cruces conflictivos y evitar los giros directos a la izquierda.
La mayoría de giros a la izquierda de nuestra carretera se hacen para acceder a fincas particulares. Por tanto, estamos hablando de muy pocos vehículos al día. Para hacer frente a esta problemática hace años que se empezaron a habilitar medias lunas laterales, que decantan el vehículo que quiere girar y evitan que estorbe a los que venden detrás. Hay unas cuantas dotaciones de este estilo sobre la carretera y no aparecen como puntos que provoquen accidentes (ni siquiera en las particulares interpretaciones que hace el Consell).
Luego hay otros casos como el de la urbanización de la Argentina, que tiene lógicamente más usuarios. El sistema actual de carril central no funciona mal. El GOB propuso rebajar el cambio de rasante que hay al oeste, de tal manera que se ganaría mucho más vista y, por tanto, seguridad. En la entrada se podría habilitar un cambio de sentido tipo almendra y también se podría dotar de parada de bus. Esta era, de hecho, la propuesta del ingeniero que ganó el concurso convocado por el Consell. Y además así se evitaría el grave peligro de inundación que presenta el actual proyecto de rotonda soterrada que han dibujado dentro de una torrentera.
El cruce con la zona industrial de Alaior es el punto que aparece más conflictivo, por la suma de muchos vehículos, tráfico de camiones, proximidad de curva y velocidad de los vehículos que se acercan. Las deficiencias afectan especialmente a los que salen de Alaior hacia Maó. Aquí el GOB había planteado un paso subterráneo tipo lo que hay en la carretera de Torralba, que tendría un impacto bastante menor que la rotonda soterrada de 120 metros de diámetro que dibuja el proyecto oficial.
El Consell está decidido a licitar las obras para el tramo de Maó a Alaior, con el modelo de gran rotonda soterrada cada 2 o 3 kms. Es el modelo que se quiere implantar en toda la carretera general. Todas aquellas personas que han podido constatar la transformación de paisaje de la variante de Ferreries se imaginó que, en pronto los 4 Kms de la variante, ahora estamos hablando de 40 Kms. Prácticamente toda la isla.
Es preciso por tanto, seguir trabajando para impedir este destrozo. La seguridad se puede lograr con sistemas más integrados y más económicos. Y si sobrara dinero-algo difícil en la obra pública-deberían invertir en aquellas otras carreteras secundarias donde se dan el resto de accidentes mortales (18 en ocho años) a pesar de la poca circulación de vehículos y los pocos kilómetros que tienen.