10/01/2014
Perder la oscuridad
Si cogemos como referencia la iluminación que se ha puesto en el enlace del desvío de Ferreries con el camino de San Patricio, que es el modelo que ahora se quiere instaurar en toda la general, nos podremos hacer una idea de lo que las nuevas 4 macrorotonda de Mahón a Alaior pueden significar. Fijémonos.
El enlace de San Patricio está dotado de 7 farolas a cada uno de los cuatro ramales de bajada y subida, más 7 sobre la carretera principal, más 8 en la rotonda inferior, más 5 en la salida hacia San Patricio, más 6 en la salida que va hacia Ferreries. En total, son 54 farolas por un solo enlace.
Por tanto, una estimación aproximada nos lleva a decir que, sólo con las cuatro grandes macrorotonda (Alaior, Argentina, Alcaidús y Biniai) deberían poner más de 200 farolas. Esto causa dos impactos importantes.
Por un lado, el lógico consumo diario que estas nuevas iluminaciones significarán y el coste anual que representarán para las arcas públicas, que por este gasto no recibirán ninguna ayuda del Ministerio de Fomento, que es quien paga las obras de construcción. En otras palabras, el consumo eléctrico de las carreteras lo pagan directamente los menorquines.
Pero también se añade un impacto considerable, y es que se perderá la oscuridad propia de la zona rural. Con un conjunto de 50 farolas cada dos o tres kilómetros, dotaremos de mucho luz una vía que no tiene ninguna vocación de calle urbano (como sí puede tener la ronda de Maó o la vía Ladrillo en San Luis, por ejemplo).
Por tanto, gasto económico, contaminación lumínica, y un estorbo importante en toda la fauna nocturna, que se derivan de la cabezonería de hacer unas obras sobredimensionadas. Porque si se hubiera optado por otros sistemas de regular el giro a la izquierda, más lógicos para las necesidades reales de la isla, estos problemas secundarios derivados no serían.