22/01/2014
Elogio del coraje
Recientemente, hemos sabido los resultados de las analíticas de pescado de Menorca que ha impulsado Oceana y que ha llevado a cabo la Universidad de Barcelona. Los resultados dicen que un 80% de las muestras de rap y un 70% de las de cabracho superaban los máximos de mercurio recomendados por sanidad. Algunos ejemplares mostraban concentraciones siete y ocho veces superiores al límite máximo. No es poca cosa.
La novedad de este trabajo, respecto de otros que ya se conocían, es que se trata de especies muy sedentarias, que con toda probabilidad se han criado en los alrededores de la isla. Esto quiere decir que tenemos un problema a resolver (la presencia de mercurio abundante en nuestro entorno marino), que habría que abordar.
Como era de esperar, el anuncio de las analíticas ha causado reacciones a la contra de los pescadores. Tampoco han faltado personas con responsabilidades públicas y de otro nivel, que critican Oceana por haber hecho difusión de los resultados. Los intereses económicos particulares o los daños a la imagen de la isla, luchan con el derecho a la salud de los adultos y los niños. Todo se puede entender, menos que se ataque el mensaje en pronto pedirse donde es el origen del problema.
Una de las irónicas viñetas de El Roto hace unos meses decía que el liderazgo actual consiste en seguir tus seguidores. Quizás por eso no hemos visto reacciones que anuncien qué actuaciones se tomarán para saber de dónde puede provenir esta contaminación, o para contrastar si otras especies presentan la misma problemática, o para informar a los consumidores de qué peces tienen más o menos riesgo de tener metales pesados. De momento, la noticia ha generado incomodidad en algunas sillas, pero no se ha puesto manos a la obra para abordar el problema.
Mientras tanto, la gente hace hipótesis. Tal vez se trata de una contaminación antigua, como aquel río negro que llegaba en los años setenta en el puerto de Maó. O quizás nos llega de afuera, por tierra, mar o aire. Incluso no faltan tampoco los que plantean dudas respecto del origen real del pescado etiquetado como de Menorca ...
Al respecto, hay algunos casos que nos pueden orientar. Como el del trabajo de la UIB y el CSIC que detectó mercurio hace unos años en las aguas de Trebalúger. Cuando el GOB conoció el caso y tirar del hilo, se comprobó que el alcantarillado de Ferreries recibía gran cantidad de contaminación industrial, porque nadie controlaba los vertidos que se hacían.
En Menorca, los polígonos industriales están conectados con los alcantarillados públicos, o sea que las depuradoras reciben también las aguas industriales. Las depuradoras convencionales no eliminan los metales pesados, por lo tanto, si las empresas no hacen la depuración previa que legalmente deben hacer, entonces el agua presuntamente depurada que vertido al medio natural o que queremos utilizar para regar, tiene posibilidades de llevar incorporada contaminación industrial.
Que hacer ante un problema así? Un pacto de silencio o un programa de actuaciones? Para ayudar a que se opte por la segunda opción, el GOB ha iniciado una rueda con todos los responsables municipales que deben controlar la tipología de aguas que puede admitir cada alcantarillado, para pedir analíticas y transparencia.
Es probable que haya una cierta insistencia, porque se han visto casos anteriores, en otra clase de problemas, donde el mutismo era espectacularmente generalizado. Una playa que había recibido grandes inversiones para la excelencia turística vertía las aguas residuales sobre los mismos turistas y todas las administraciones implicadas lo sabían. En ese caso, se dio un hecho aún más preocupante, y es que las analíticas realizadas por Sanidad raíz de la denuncia recibida no coincidieron en absoluto con las que hacía periódicamente una empresa privada.
La discreción y la tolerancia, que ayudan a la convivencia y se convierten a veces imprescindibles en territorios pequeños como Menorca, no deben confundirse con esconder las cosas como si no existieran. Porque eso es lo que ocurre a menudo. Que si no sale a luz pública, no se pone nunca en las agendas.
La gran presencia de mercurio en el mar se debe abordar y los menorquines tenemos que hacer nuestra parte. La lucha activa contra otros contaminantes, como el plomo, ya está dando resultados visibles. El control del plomo en cosas como la gasolina, las pinturas o las instalaciones de agua domésticas, se está traduciendo en menores concentraciones en los humanos.
Para avanzar hay un cierto coraje. Tener un entramado de garantías oficiales que no funciona, porque se tapan las malas noticias, es tan poco útil como las desaladoras que no desalar o los aeropuertos que no reciben aviones.