06/10/2015
El dance de El Castellar
El Castellar volverá a celebrar después de 25 años una de sus tradiciones más singulares, la fiesta de Danzantes y Embajadas de Moros y Cristianos
Un poco de historia no vendrá mal, para todos aquellos que nos vengan a visitar, y les ayudará a integrarse como un vecino más.
El dance de El Castellar es una de las tradiciones más importantes y peculiares que se hace en honor a la Virgen del Pilar, en la ermita que lleva su nombre (s. XVII). Consta de tres elementos: la pastorada (es un diálogo entre pastores, más conocidos como graciosos), los bailes y mudanzas realizados por los danzantes y finalmente las embajadas (es un diálogo entre moros y cristianos). A estos tres componentes hay que añadir un cuarto, los gigantes, que representaban a una pareja ataviada al estilo aragonés, y durante la procesión bailaban los mismos bailes que los danzantes y una jota de pasos cortos.
El origen de estos tres elementos es antiquísimo, algunos folcloristas opinan que el diálogo de los graciosos sería la parte más antigua del dance, mientras que los bailes de los danzantes tienen un significado agrícola y guerrero, ubicándolos en la Edad del Bronce.
Los danzantes y las embajadas no se realizaban todos los años, sino que se celebraban cada tres o cuatro años, dependiendo de factores tales como buenas cosechas e incluso según la disponibilidad de sus gentes para llevar a cabo la fiesta.
Al día siguiente del Pilar, 13 de octubre, se festeja ya en el pueblo La Virgen de los Desamparados, en cuyo honor se repiten todos los actos, y según me cuentan, se representaba solo para los habitantes del pueblo, mientras que el día de la Virgen del Pilar, acudían a la ermita la gente de los pueblos vecinos.
El día del Pilar, la fiesta se inicia con una procesión, que parte de la iglesia de San Miguel de El Castellar camino a la ermita de la Virgen del Pilar. Encabeza la procesión los tres embajadores moros, les siguen los tres embajadores cristianos, todos montados a caballo, a continuación va la imagen de la Virgen, llevada a hombros, el sacerdote, autoridades y vecinos del pueblo y alrededores. Cerrando la procesión los danzantes y graciosos, y hasta 1936 los gigantes, fecha en la que desaparecieron.
Durante el camino, los danzantes realizan varios bailes acompañados de un grupo de músicos. Ya en la ermita, después de la misa, de nuevo se realiza una procesión por el prado, donde los danzantes vuelven a bailar. Finalmente retornan a la ermita, es en ese momento cuando se empieza el dance, en el que los danzantes y graciosos inician toda la coreografía delante de la Virgen, que se ha ido transmitiendo de generación en generación desde hace varios siglos de manera oral.
En primer lugar los danzantes, vestidos con blusas y faldas blancos adornados con cintas, sombrero de paja y una banda que cruza su pecho (ocho niños/as, aunque antiguamente sólo podían bailar niños) recitan los versos para saludar a la Virgen, terminando con un “Viva la Virgen del Pilar”, coreado por todo el público.
A continuación, empiezan a actuar los graciosos recitando sus logas (es una manera de contar con tono de humor los hechos más notables que han ocurrido en el pueblo, alrededores e incluso a nivel nacional). Los graciosos son tres, por orden de mayor a menor importancia jerárquica están el mayoral, el rabadán y el zagal. El mayoral viste chaleco y pantalones oscuros, mientras que el rabadán y zagal lucen gorros y trajes vistosos, con motivos florales para favorecer la función cómica e incitar la risa de la gente. Llevan zurrones y castañuelas muy grandes, y unos garrotes de madera con empuñaduras de cabezas de perros. Estos rodean a los danzantes, imitan y parodian sus bailes, controlan al público para dejar a los danzantes espacio, y sobre todo, en sus diálogos cuentan la dura vida de los pastores y de los últimos acontecimientos ocurridos en el pueblo.
Cuando se terminan las logas, los graciosos y danzantes imitan un desfile militar al son de la Marcha Real, el himno nacional de España. A continuación los danzantes inician una serie de bailes, (las espadas, los palos, los arcos vestir el palo…en total once), que se van intercambiando con el parlamento de los graciosos, y a la vez, estos tiran trozos de torta al público.
Al finalizar la actuación de los danzantes y graciosos, los asistentes comen en la ermita, y después se inicia la Embajada de los Moros y Cristianos.
La Embajada es un diálogo entre los representantes del ejército moro invasor y los del ejército cristiano, que defienden la imagen de la Virgen del Pilar. Los tres embajadores cristianos se llaman Jaime (general), Serrano (ayudante) y Pelayo (ayudante), visten uniformes militares de finales del s XIX y principios del XX.
Los embajadores moros son General Moro, Alí Rubio (Mustafá) y Muley, todos ataviados con pantalones bombachos y un chal en bandolera y gorros en punta con media luna cubiertos con un velo. La embajada se origina, cuando el general cristiano advierte a todo el mundo de la proximidad de los guerreros de Alá, dice también, que cambiarán la fiesta del Pilar por el campo de batalla. Es cuando se realizan las embajadas con el fin de evitar el combate entre ambos ejércitos, y no se logra. Primero los musulmanes consiguen apoderarse de la imagen de la Virgen, por la que piden un rescate, pero tras un nuevo enfrentamiento en el campo de batalla, las tropas cristianas las recuperan y consiguen que los moros se conviertan a la fe cristiana.
Una vez terminada la historia, quiero reseñar, que este año los danzantes somos niños y mayores debido a la despoblación que sufre el pueblo, ataviados con pantalón y camisa blanca, faja y cachirulo rojo y lila. Hemos puesto todo nuestro empeño, junto con nuestro querido profesor, que así llamamos a Daniel, un señor de 82 años, que con su paciencia, dedicación y memoria nos ha enseñado a danzar, a disfrutar y nos ha inculcado que con el esfuerzo y la actitud positiva todo se puede conseguir. Quiero dar las gracias, a ese grupo de personas, que están detrás, y que han ido organizando todo, a los músicos, a todos los que nos prestan animales, objetos… y ayudan sin ánimo de lucro de manera desinteresada, sólo con la satisfacción de recuperar y representar lo mejor posible esta tradición. A Javier y Fernando Pérez por su maravilloso libro “El Castellar Historia y Tradiciones” donde me he documentado. Y sobre todo, también quiero agradecer a Fidel sus relatos y consejos, que con sus 94 años es capaz de bailar y de recitar todos los versos.
Por todo lo anteriormente contado, y porque es mi pueblo y no quiero que desaparezca, os invito a compartir con nosotros estos bellos momentos y a formar parte de esta pequeña familia que es “mi pueblo”.
Voy a despedirme con un verso de un danzante cuando saluda a la Virgen que expresa uno de mis deseos.
Virgen santa del Pilar
divina gracia del cielo,
a tus pies nos postramos
todo El Castellar entero.
¡Bendita sea María
bendito el mismo Pilar,
y bendiciones caigan siempre
al pueblo del Castellar!
Una danzante.