12/09/2017
Preocupación en las comarcas limítrofes con Cataluña
El Matarraña y el Bajo Aragón-Caspe viven especialmente de cerca la evolución de los acontecimientos
Existe mucha expectación en las comarcas orientales del Bajo Aragón por lo que pueda ocurrir con el proceso secesionista catalán. El territorio tiene una gran vinculación con las vecinas comarcas del Sur de Tarragona y, aunque hasta el momento no se ha producido ningún cambio sustancial, temen que la situación que se está viviendo pueda afectar negativamente a las relaciones existentes. Esa preocupación e incertidumbre que alcaldes y vecinos de las distintas zonas fronterizas aseguran que existe, va a provocar que todo el territorio esté muy pendiente de todo lo que ocurra durante estos días.
En el Matarraña, cuyas 18 localidades tienen fuertes vínculos comerciales, familiares y sociales e incluso comparten la cuenca del río Algárs con la vecina comarca tarraconense de la Terra Alta, la normalidad sigue siendo la tónica del día a día. Sin embargo existe cierta preocupación porque puedan deteriorarse esos lazos de unión, aunque los alcaldes de la zona confían en que finalmente no se lleve a cabo esa ruptura. «Continuamos todos los municipios limítrofes con la misma colaboración y sin notar ningún tipo de diferencia a nivel de pueblo y de personas», explica el alcalde de Calaceite, Jose María Salsench. Sin embargo se observa muy de cerca lo que pueda ocurrir. «Existe preocupación, pero confiamos en el Gobierno de España que siempre ha mostrado su desacuerdo ante este desafío unilateral y que actuará para que esto no llegue a efectuarse», añadió.
El territorio además colabora en muchos aspectos como el deportivo o incluso a través de asociaciones culturales y políticas. «La relación es total y trabajamos desde en proyectos comunes como la Taula del Sénia o formando parte de actividades deportivas como el fútbol. La normalidad es la tónica aunque nos preocupa lo que pueda ocurrir»,explicó Carlos Boné, alcalde de Valderrobres. Incluso existen colaboraciones a nivel turístico y empresarial como es el caso de la Asociación Tres Territoris conformada también por la comarca de Morella en Castellón.
Por su parte, la comarca del Bajo Aragón-Caspe cuenta con cuatro de sus seis localidades ubicadas en el límite con Cataluña. Sus representantes municipales ya adelantaron que no estaban preocupados por los cambios en la relación con los pueblos catalanes aledaños, pero apuntan que sí existe cierta incertidumbre cuando piensan en el futuro del país, y especialmente, el de Aragón.
«Aragón es una comunidad autónoma muy despoblada y muy envejecida, que necesita ayuda del gobierno central para sobrevivir. Sin duda Cataluña es muy importante para todos y también para nosotros. Pero seguimos en las Españas y no aposando por un proyecto que abarque y sea constructivo en toda España», asegura el alcalde de Fabara y presidente de la comarca del Bajo Aragón-Caspe, Francisco Domenech. En cuanto a las relacione entre localidades limítrofes, Domenech no encuentra ningún problema: «Las relaciones las hacen las personas, no los políticos, por lo que no corren ningún peligro», añade.
Polémica en el límite
Algunas localidades han manifestado su rechazo ante las continuas muestras de apoyo que han mostrado sus vecinos hacia la independencia. Son numerosos los municipios catalanes que durante todo el año muestran símbolos y banderas independentistas en lugares de dominio público como rotondas, farolas públicas o instalaciones municipales.
Sin embargo la nota discordante la puso durante el pasado mes de julio la localidad catalana de Batea, ubicada a unos pocos kilómetros de la frontera con Aragón, que estuvo en el punto de mira de la opinión pública. El alcalde del municipio, Joaquim Paladella, anunció que estaba estudiando independizarse de Cataluña para unirse a la comunidad aragonesa. Su excusa: que la Generalitat «menospreciaba» y realizaba una «discriminación continuada» hacia la localidad. Una idea que, según acaba de anunciar Paladella, no se contemplará finalmente.
Ante esta noticia y la posibilidad de que Batea se uniese al territorio, los representantes municipales aragoneses mostraron su rechazo públicamente. Consideraban que esta actuación era una maniobra «para llamar la atención» y veían «improbable» que se llevase a cabo.