02/07/2018
LOS AFICIONADOS A LOS TOROS DE TERUEL HUMILLADOS Y AVERGONZADOS
Últimamente no salgo muy alegre de la plaza de toros de mi Ciudad, “de mi plaza”, de esa plaza en donde me aficione a la Fiesta de los Toros, donde aprendí lo poco que se de esto, aunque lleve asistiendo a ella hace la friolera de sesenta y dos años. Claro que es que a lo mejor soy un poco zopenco, que también podría ser. El domingo pasado en el primer festejo de la Feria del Angel la cosa fue a peor. No es que saliera de la plaza alegre, no había motivos para ello, es que salí cabreado y pensando en no volver para ver un espectáculo tan bochornoso como el que tuve que vivir en este mencionado día. Resulta que entre los actuantes de esta tarde, el festejo era de rejones, tenía anunciada su participación la rejoneadora francesa Léa Vicent. No es que sea un ferviente admirador de la amazona en cuestión ni que me obsesione el arte de Marialba, no, simple y llanamente acudo a esta clase de festejos por la obligación de cumplir con los medios de comunicación en que colaboro, y a los que me ofrecí desinteresadamente, en algunos de ellos de hace años. Creo que habrá quedado claro.
Pero sigamos, con esta señorita rejoneadora que se ha ganado un merecido puesto entre el escalafón de toreros a caballo y que hasta hoy tenía todo mi respeto, y tampoco se lo voy a peder, no se le ocurrió mejor cosa en esta corrida de rejones que en el tercer toro de la tarde, poner al pobre caballo abierto de patas traseras en el ruedo para que hiciera aguas menores. El animal se tomó su tiempo y descargó su vejiga con parsimonia entre las risas del público y de la amazona. Una vez que se alivió sonó una estruendosa ovación del respetable. La mayor toda la tarde. Qué les parece. Como la cosa le había salido bien lo intentó de nuevo en el quinto, pero al pobre animal no le quedaba combustibles y entonces sonaron algunos pititos. A este toro lo intentó matar por la espalda, es decir entrando por los cuatros traseros del toro y como el rejón quedó en mala posición y el toro no caía, le empujaba con los pechos del caballo para derribarlo. Pues bien este público tan festero y tan cateto pidió con fuerza la oreja y el presidente la concedió. Bochornoso. Luego que se nos ríen, todo lo que nos hagan es poco, nos lo hemos ganado a pulso.
Del resto del festejo casi lo mejor ni mentarlo. El ganado de buena presentación, con hechuras finas y mostrando su encaste y procedencia, salió manso y aquí nadie tiene la culpa, ni la empresa, ni el ganadero, ni el que compró, ni el que vendió. Esto es el melón, y hasta que no se pincha no se sabe si es miel o calabaza.
Rui Fernándes, escuchó ovación y silencio, y Leonardo Hernández que también montó su numerito cirquense en el quinto cortó una oreja de este. En su primero sonaron algunas palmas. La plaza registró un cuarto de entrada, algo también muy preocupante. Este festejo hubo veces que llenó la plaza y salvó muchas ferias económicamente.
Como lo ven, es para salir contento o de mala leche. Es para volver y seguir luchando. Lo mandamos todo hacer puñetas. Esperamos el milagro del cambio. Que lío seña Eulalia, y los que quieren terminar con esto con la escopeta cargada, y nosotros dándoles munición.
Aniceto Blasco.