26/09/2018
La Coordinadora de Organizaciones Feministas de Teruel condena los terribles asesinatos machistas del día 25 de septiembre
Manifestamos nuestra más enérgica condena por los terribles crímenes de ayer.
Indignación, asco, rabia, repulsa, ¿cuántos sentimientos pueden responder a algo tan repulsivo como lo que conocimos ayer? ¿Qué clase de alimañas convierten a sus hijas e hijos en víctimas de crímenes para hacerle daño a otra persona?, ¿Cómo puede ser que ayer tres asesinos mataran vilmente a 4 mujeres (dos niñas y dos adultas) en una sociedad que se supone quiere caminar hacia la igualdad?
Desigualdad es lo que vivimos una y otra vez. Hombres que matan mujeres por que las perciben como de su propiedad, hombres que pueden llegar a matar a sus propios hijos e hijas, y hombres que dejan huérfanas y huérfanos con sus crímenes hacia las mujeres.
¿Cómo puede ser que las instituciones a las que se dirigieron las mujeres que tenían miedo, vieron minimizado el riesgo hasta el punto de no obtener protección, ni orden de alejamiento, nada? En el caso de Castellón, la mujer había pedido protección para ella y sus hijas, sin embargo, la instancia judicial no quitó ni siquiera el régimen de visitas del padre, una visita en la que las niñas fueron asesinadas.
¿Quién tiene derecho a valorar el miedo de otra persona, cómo puede ignorarse eso?
Por desgracia, tozudamente, los hechos nos demuestran una y otra vez que las mujeres somos las víctimas y que nadie se toma verdaderamente en serio el problema, como para dotar de medios, recursos, y sobre todo confianza en la víctima. No se trata de hacer un juicio a priori, pero si de dotar de protección a quien se siente insegura. No hay otra situación comparable. Y luego resulta que vemos sentencias y actuaciones judiciales que nos hacen sentirnos incomprendidas y desprotegidas, como si esta justicia, este sistema no fuera con nosotras, como si fuéramos ciudadanas de segunda.
Lo de ayer fue espeluznante, por la coincidencia en el tiempo de tantos casos, por los crímenes sobre las propias hijas del criminal y por el desamparo en el que se encontraron mujeres que habían denunciado y pedido ayuda.