08/04/2019
Raúl Carlos Maícas presenta hoy en Teruel “La nieve sobre el agua”
El director de la revista “Turia” ha escrito un diario con el que se propone contar la vida y trascenderla
El escritor y periodista Raúl Carlos Maícas, director de la revista cultural TURIA, presenta hoy en Teruel su libro “La nieve sobre el agua”. Se trata de un diario, editado por Fórcola, que se propone contar la vida y trascenderla. Es una obra que contiene textos elaborados durante los años 2002 a 2005, aunque por su temática y personajes protagonistas mantiene toda su vigencia e interés.
La presentación tendrá lugar este lunes día 8 de abril, a las 19,30 horas y en el salón de actos de la Cámara de Comercio. Está previsto que intervengan, además del autor, las siguientes personas: Mercedes Monmany, escritora y crítica literaria de “ABC”; Manuel Rico, escritor y crítico literario de “El País”, así como actual presidente de la Asociación Colegial de Escritores y el director de Fórcola Ediciones, Javier Jiménez.
“La nieve sobre el agua” es la tercera entrega de una serie de diarios que comenzaron a editarse en 1998 y que, fragmentariamente, han venido publicándose en las páginas de TURIA. El título del libro rinde homenaje al escritor francés Jules Renard, uno de los más célebres diaristas de todos los tiempos. No por casualidad, en la cita de Renard que abre el volumen se nos dirá: “La nieve sobre el agua, el silencio sobre el silencio”.
Se trata de unos diarios de vocación volteriana, en los que el autor despliega una mirada terapéutica y crítica, sin puertas falsas, sobre la realidad que le interpela, sin renunciar a los pequeños gozos de la existencia.
CONTRA LA RESIGNACIÓN
“La nieve sobre el agua” es un diario que, a veces, se convierte en una suerte de manual de autoayuda y también en una atrevida exploración de lo que ocurre a nuestro alrededor. Son textos que luchan contra la resignación y testimonian un compromiso crítico con cuanto nos sucede en la vida. No en vano, para el autor, escribir un diario es “ir contando, negro sobre blanco, las peripecias y desafíos que nos producen nuestras pesquisas interiores, nuestro inventario de sentimientos, sueños, certezas y desvaríos”
“La nieve sobre el agua” brinda también al lector un amplio catálogo de opiniones sobre la vida cultural y política española. Por ejemplo, se asegura que “España es un país cantonal y conflictivo, ciclotímico, mal educado muy a menudo por la Historia, por el analfabetismo y la torpe ambición de sus gobernantes y, con demasiada frecuencia, por la desmemoria colectiva”.
Se habla de libros, de escritores y de exposiciones, así como se cuentan anécdotas y truhanerías. No faltan tampoco las glosas de personajes célebres o anónimos. Entre los conocidos, la lista de nombres propios es muy amplia: desde Roy Lichtenstein a Manuel Pertegaz, de Salvador de Madariaga a Juan Manuel Bonet, de Fernando Savater a Federico Jiménez Losantos, de Audrey Hepburn a José Antonio Labordeta.
No falta el entusiasmo a la hora de describir lugares mágicos de nuestra geografía, como Albarracín, una de las localidades más bonitas de España: “Quizá lo que más continúa hechizándome de Albarracín es cómo ha sabido preservar su autenticidad, su condición de ínsula extraña, atemporal. Cómo ha salvado su rico patrimonio urbano, de esa tan voraz como brutal rapiña especulativa que ha dinamitado tantos lugares hermosos, amurallados o no, de España”.
Se escribe, además, sobre “Teruel existe”, sobre el fingimiento o sobre el desencanto que supone recorrer fuera de temporada los pueblos de la España interior. El abanico temático resulta, por tanto, amplísimo y permite acceder al libro por cualquiera de sus páginas y dejarse seducir o contrariar por sus propuestas y análisis, por sus historias y divagaciones.
Y así se van desplegando ante la curiosidad del lector toda una larga secuencia de fragmentos que brindan un análisis, subjetivo y cómplice, de cuanto sucede a nuestro alrededor. De ahí que los temas tratados resulten muy diversos, tan eternos como actuales, aunque siempre tamizados por el ejercicio de la literatura. Así, por ejemplo, se nos narra algún episodio surrealista como el que cuenta una conversación turolense sobre Borges bajo la nieve.
Sin duda, el reto de este diario es no dejar a ningún lector indiferente. Aunque, pese a la permanente mirada crítica sobre la realidad, su autor reconozca que no le gustan “los aguafiestas a sueldo, ni los cabreos perpetuos, ni las verdades a medias, ni los melodramas, ni causar molestias gratuitas”.
UNA FAVORABLE ACOGIDA DE LA CRÍTICA
Los diarios de Raúl Carlos Maícas han venido obteniendo una favorable acogida de la crítica. Así, para Luis Mateo Díez, “es un diario ejemplar, en el que el autor cuenta la vida para él mismo y luego vemos los lectores que esa narración es un espejo de todos nosotros”. Por su parte, Anna Caballé escribía en “ABC”: “Enroscado en su butaca, Maícas lee agudamente, observa lo que le rodea y procura combatir hasta lo posible el mayor peligro al que todos en algún momento nos enfrentamos, la resignación”. Manuel Arranz dijo en “Levante”: “En estos diarios hay, por supuesto, lecturas, brillantes e inteligentes, hay confesiones, hay homenajes, hay celebraciones, y hay, faltaría más, desahogos. Los ingredientes básicos de todo buen diario”. Por último, en “Heraldo de Aragón” Carlos Sauras aseguraba que se trata de “un diario donde ser vierten juicios sobre la cultura o la política de nuestros días que pueden interesar a un círculo amplio de gentes”.
Raúl Carlos Maícas (Teruel, 1962), es escritor y periodista. Fundó y dirige, desde hace más de tres décadas, la revista cultural Turia, denominada por la crítica como la Revista de Occidente aragonesa. En 2002 fue galardonada con el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España. Cursó estudios de Filología y hasta fechas recientes se ha dedicado a la comunicación institucional. También ha colaborado en la revista Letras Libres o en publicaciones aragonesas como Heraldo de Aragón, Diario de Teruel, Andalán y El Día. Lleva escritos varios volúmenes de diarios, de los que hasta ahora ha publicado Días sin huella (1998) y La marea del tiempo (2007)
Fragmento de La nieve sobre el agua
EL VÉRTIGO DE LA NIEVE. […] “Esta mañana, a esas horas tempraneras en las que el aliento nos convierte en destartaladas máquinas de vapor y da una enorme pereza cualquier callejeo errático, me he encontrado en la plaza con L. Siempre me ha aparecido nuestro personaje una especie de locuaz e intrépido capitán Haddock de la arquitectura y demás raros negocios inmobiliarios. Un extraterrestre que aterrizó por aquí hace ya varias décadas dispuesto a quedarse en esta tierra surreal y un tanto atávica y canalla. Porque L., bien se le nota, procede de otras latitudes urbanas más cultivadas y dinámicas. Y, sin embargo, sobrevive milagrosamente a todas las estampidas y disparates domésticos, propios y ajenos, que unos y otros le vienen adjudicando. Con el mérito, además, de no perder nunca su escéptica bondad de lunático ni de silenciarnos sus peligrosas ocurrencias. Ahora que no gobiernan los míos tengo más trabajo, reconoce con irónica dicha cuando nos saludamos. Y uno, que conoce algo de sus tortuosas peripecias políticas y personales, no deja de considerar el episodio una muestra más de nuestro feroz y desventurado paisanaje.
L., que es persona cordial, jacarandosa y atípica por estos pagos a veces demasiado tristes e insulsos, siempre me sorprende con sus indagaciones y comentarios inconvenientes, pero por lo común sinceros, ingeniosos y rotundos. Por eso hoy, pese a la gélida y solitaria hora del encuentro, no me asombra que nos hayamos puesto a hablar de Borges. Quería L. saber mi opinión acerca de El Aleph y adónde podría encontrar una edición asequible del célebre volumen de cuentos. Iba a regalarlo a alguien próximo y deseaba que le confirmara si era una buena lectura para obsequiar a un ser querido. Y allí, bajo la persistente nevada, enhebramos una breve tertulia sobre el placer de leer las prosas y los versos del maestro argentino y universal. No fue difícil ponernos de acuerdo. Borges siempre despierta, en quienes lo hemos disfrutado con complicidad y admiración, el entusiasmo imperecedero hacia quien hizo de la literatura la justificación de toda una vida.”