21/08/2017
SEDANO VAZQUEZ CORTA LA UNICA OREJA EN EL PRIMER FESTEJO DE LA MINIFERIA DE CELLA
Cella 19 de agosto 2017
Un novillo lidiado en tercer lugar de la ganadería de Los Ronceles para rejones que terminó rajado. Dos novillos de Los Maños, primero manso y segundo bravo, y dos de El Soldado, lidiados en cuarto y quinto lugar. Correoso y descastado el cuarto y bueno el quinto aunque se paró al final. Media entrada.
El rejoneador Raúl Martín Burgos aviso y silencio en el único que mató.
Andy Younes.- Nazareno y oro.- Silencio y petición. Debutó en esta plaza.
Sedano Vázquez.- Verde botella y oro.- Oreja tras aviso y vuelta con aviso.
El festejo dio comienzo con un respetuoso minuto de silencio en memoria de las víctimas del atentado de Barcelona con todo el público puesto en pie.
Si quieren que les diga la verdad, fue la tarde perfecta para no ir a los toros. Meterse una siesta de las de pijama, orinal y padre nuestro, salir luego a cenar con la parienta o los amigos, según el estado civil de cada uno, y tomar la fresca, o hacer lo que a cada uno le venga en gana.
Aguantar cerca de tres horas para ver matar cinco novillos, hay que tener un cuajo descomunal, y sobre todo si tenemos en cuenta la primera parte en donde el calor apretó de lo lindo. En fin que cada día comprendo más a esos que siendo buenos aficionados se quedan en casa “ a la frescor “. Aquello de a los toros con sol y moscas para el que inventó la frasecita.
El señor rejoneador pegó un petardo de padre y muy señor mío, bien es cierto y en su descargo hay que decir que el novillo fue poco colaborador y terminó bruto y sin clase. El francés Andy Younes, puede ocupar el primer puesto del escalafón de novillero. Sabe torear, lo he visto, pero en Cella se olvidó de todo lo aprendido. El novillero castellonense Sedano Vázquez cortó la única oreja de la tarde en su primero. Fue una oreja de regaliz, sus paisanos que en peregrinación lo siguieron desde Alcora estuvieron a punto de conseguir otra en el último de la tarde, menos mal que en el palco se impuso la cordura. Y aquí por fin se terminó la historia.
Aniceto Blasco.