04/10/2017
LA MUERTE DE VICTORINO MARTÍN PONE A TODA LA FIESTA DE LUTO
No por esperada la muerte del mejor ganadero de bravo hasta nuestros días ha dejado de ser sentida. Su última aparición en público el pasado día trece de septiembre, para recoger de manos del Rey de España el premio Nacional de Tauromaquia, ya nos anunció que el gran Victorino no andaba en sus mejores momentos. Pocos días después el comunicado de su hijo para anunciar ese accidente cardiovascular que se lo ha llevado despertó todas las alarmas, y la triste noticia de su muerte no tardó en llegar.
Tuve la gran suerte de conocerlo y de hablar con él en varias ocasiones. La primera cuando lo entrevisté para la desaparecida Televisión Local de Teruel con motivo de lidiar en esta ciudad una corrida de toros en el año 1.995, que estoquearon César Rincón, Enrique Ponce y El Tato, estos dos últimos cortaron tres orejas cada uno y salieron a hombros en compañía de Julio Presumido, mayoral de la ganadería. La segunda fue en su finca de Monteviejo acompañado de varios amigos, y la tercera, también en Teruel cuando vino a dar una conferencia. Después y siempre bien recibidos por su parte no ha faltado el saludo cuando por ver sus toros nos hemos desplazado a otras plazas.
¡ Hombre, los de Teruel ¡ Era su saludo más habitual. Victorino llego a la Fiesta en el momento oportuno. Andaba el gallinero revuelto. El Cordobés y Palomo se enfrascaban en una guerra personal, pues los dos querían la misma corrida para san Isidro. Una corridita de Galache. Aquel paleto que los “señores del toro” lo llamaron moruchero, puso las cosas en su sitio y se dejó notar en los círculos que hasta entonces tenía cerrados. Anunció que regalaba una corrida suya para que la torearan mano a mano los dos toreros en guerra. Y aquí se acabó la historia y comenzó otra. En el año 1969 da el primer salto a los cielos del toreo. En la plaza de Madrid, en su plaza, al toro “Batanero” le dan la vuelta al ruedo, la primera de las que luego vendrían. Pero para recuerdo el año 1.982. En cincuenta días Victorino se impone en el toreo. Ahora manda él, pero no como cacique, sino como criador del toro bravo y encastado, de algo que en la Fiesta empezaba a echarse de menos. El día uno de junio Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar, salen a hombros de la plaza de Madrid en compañía del ganadero. Se han lidiado seis toros de Victorino, y a cuatro se les ha aplaudido en el arrastre. Los toreros han cortado un montón de orejas, ya no me acuerdo, que más da, La corrida que ha sido televisada ha revuelto los cimientos del toreo. España entera ha sido testigo del triunfo de la Fiesta. Ahí no queda la cosa, el 19 de julio en la corrida de la Prensa, la segunda más importante de la temporada después de la de la Beneficencia, el toro “Belador” obtiene el indulto y se le perdona la vida por su bravura. La primera y única vez hasta nuestros días. Enfrente ha tenido a un torero que ha sabido entenderse a la perfección con la casta, la bravura y la nobleza del autentico toro bravo. Ortega Cano y “Belador” acaparan la atención de toda España y Victorino se sienta en el trono de los triunfadores. Pero queda el último cartucho. Sevilla, que muchos años fue hostil al ganadero de Galapagar tiene que rendirse ante él, y cuando el pasado año el torero sevillano Manuel Escribano indulta a “Cobradiezmos” y Victorino Martín se instala en el trono que ya nunca dejará. Se ha muerto un ganadero de bravo, a lo mejor, el mejor. Nos deja una buena herencia, vienen de buena reata, su hijo y su nieta seguirán luchando y criando ese toro bravo y encastado, limpio y no manipulado. Victorino desde el trono de su cielo estará atento para que así sea. Descanse en Paz.
Aniceto Blasco.