12/11/2012
Aitor Zabalgogeazkoa: «Satisface ver a gente que entra a 20 minutos de la muerte y sale con vida»
elnortedecastilla.es
–¿Cuántas fronteras tiene la medicina?
–La humanitaria, muchas. Las principales son que en los lugares de conflicto la politización de la ayuda pone muchos problemas para poder ofrecerla y otra es que no siempre estamos al cabo de la calle para aplicar la innovación y lo que va saliendo cada día.
–¿La crisis nutricional sigue siendo la principal enfermedad?
–Es la más hiriente, porque es la que normalmente afecta a chiquillos y menores y esa abofetea en la cara. Hay enfermedades tropicales con tratamientos desfasados que son un grave problema, pero la malnutrición es la más hiriente.
–¿Cuáles son los principales retos humanitarios de Médicos sin Fronteras?
–El acceso a las poblaciones que están soportando crisis y cómo llegar a ellas de la manera más rápida, adaptando nuestra metodología y sistema de ayuda para hacer mejor trabajo. Nos ha costado año y medio intervenir en Siria y la gente nos dice que llegamos tarde. Pues sí, y estamos sin autorización del Gobierno.
–¿Cómo actúan al llegar a un país?
–Establecemos relaciones con gobiernos, ONG y demás organizaciones y nos centramos en analizar y evaluar la problemática. Después tomamos una decisión de trabajar o no, cuando hablas de crisis como guerras o enfermedades olvidadas, suele llevar más tiempo.
–Sucesos como el terremoto de Haití o las revueltas árabes, ¿han incrementado el interés humanitario de la población?
–Hay algunas crisis que tienen más cobertura mediática o más impacto por cercanía. Por ejemplo, lo que pasa en Iberoamérica tiene más atención para la sociedad española, pero nuestra principal labor es atender las que pasan más desapercibidas u olvidadas.
–¿Y cuáles son las olvidadas?
–Las que se eternizan y tardan decenios en solventarse. Somalia lleva 30 años en guerra, o Afganistán y el Congo. Hay algunas pequeñas como comunidades en Birmania y comunidades de gente afectada por enfermedades olvidadas.
–¿Cómo llega un fotógrafo a ser director de Médicos sin Fronteras?
–Me encontré con Médicos Sin Fronteras en el año 1991 en la primera guerra de Irak. Era 'freelance', empiezas a tomar contacto hasta que te involucras.
–Ha trabajado al frente de la Unidad de Emergencias en la guerra de Irak y de epidemias de cólera y sarampión, ¿uno se acostumbra a trabajar con la muerte?
–No te acostumbras pero coges oficio. Le pasa a los médicos y enfermeras, que mientras que aquí en un hospital hay un equipo grande para lidiar con la muerte, allí hay 20 camas y un médico que se lo apunta en su cuenta personal. Las penas y responsabilidades se reparten menos.
–¿Cómo es ese momento de salir al terreno?
–La mayoría de la gente lo hace para probar, para saber si es el trabajo o tipo de actividad que te puede gustar. Hay gente que no repite porque no es lo que quiere hacer. Hay que ser muy tolerante con la frustración, los medios son muy limitados, la gente se presenta sin saber lo que va a ver.
–¿Se llega a superar el miedo?
–Hay situaciones, sobre todo en conflictos, que nunca puedes estar seguro de que vas a seguir intacto. Hay veces que te enfrentas a epidemias que no sabes cómo es la transmisión, llevas a gente a un centro y se muere y no sabes cómo, pues al final la población no confía en ti y tienes que lidiar con una epidemia de miedo.
–¿Qué satisfacción le aporta MSF?
–Cuando ves que los trabajos y metodología dan resultados, cuando ves que la gente sale entera del centro de cólera, por ejemplo. Es satisfactorio ver que han llegado a 20 minutos de la muerte y salen vivos.
–¿Y lo peor?
–La frustración del impedimento del acceso. Las semanas e incluso meses sentados en una frontera esperando trabajar, cuando hay gobiernos o ejércitos que no permiten trabajar o cuando perdemos a compañeros o los tenemos secuestrados.
–¿Qué es 'Valladolid sin fronteras'?
–Queremos tener una interrelación con aquellas que no son grandes ciudades para que se conozca bien nuestro trabajo.
–¿Qué puede hacer un ciudadano para ayudar?
–Que confíe en el trabajo que hacemos para que nos apoyen en las acciones. Y luego que tenga un buen nivel de conocimiento de crítica sobre lo que pasa fuera de nuestras fronteras.
–¿Han notado en la ayuda la crisis económica que sufre España?
–No lo notamos, seguimos teniendo apoyo, pero entendemos que la gente vea el problema del vecino mucho más cercano.