30/09/2013
«Tenemos que asumir en la Iglesia de Valladolid esa espontaneidad y cercanía del Papa»
abc.es
—¿Qué ha cambiado en su persona desde aquella ordenación episcopal presidida en 1988 por Antonio María Rouco Varela en Santiago de Compostela?
—Para mí, el cambio más importante no fue solamente ir de Castilla a Galicia sino sobre todo, pasar de la condición de presbítero a obispo. Con la ordenación episcopal se recibe un ministerio de gran responsabilidad en relación con la tradición apostólica de la Iglesia y con la representación de ésta en la sociedad. Luego, a lo largo de esos 25 años las experiencias nos van madurando y el conocimiento del ministerio va dando confianza; lo que ocurre en el desarrollo de cualquier vida de una persona. Empecé el ministerio episcopal a los 45 años más o menos y ya tengo 71. Son muchos años los que he vivido como obispo y eso va creando una personalidad, una forma de rezar, enfocar los problemas, de vivir en la Iglesia y actuar en la sociedad...
—Para escribir este libro ha tenido que echar la vista atrás. ¿Es una mirada melancólica?
—Hay una frase en este libro, especialmente en la segunda parte que trata de las diócesis, que es para mí la idea directriz: la memoria del corazón tiene como perfume la gratitud. Cuando echo la mirada a estos 25 años de vida ministerial es verdad que ha habido dificultades y sufrimientos, pero sobre todo, emerge la gratitud por haber podido compartir la fe con tantos cristianos y por la colaboración leal que he encontrado en tantísimas personas.
—Estamos en un tiempo de numerosas transformaciones sociales, culturales y morales. ¿Cree que esos cambios pueden amenazar a la Iglesia?
— Son muchos cambios, sin duda, pero estoy convencido, por la fe y también por la maduración de la vida, que Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por siempre. El Señor ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
—Uno de los objetivos de la Nueva Evangelización de la que habla en su libro es reavivar la llama de la fe. ¿De qué manera se puede trabajar para transmitir la fe a las nuevas generaciones?
—Sin duda, nos cuesta a nuestra generación un esfuerzo particular la transmisión de la fe a los que van llegando. Recuerdo que cuando era niño la transmisión de la fe entre la familia, la escuela, la parroquia, el ambiente general… era bastante fácil. Hoy aquellas formas de transmisión son insuficientes. Necesitamos un esfuerzo particular de acercamiento, diálogo personal, reuniones de grupos, lecturas, medios de comunicación… También por la red debe circular el Evangelio y, gracias a Dios, circula. Tenemos la necesidad de desplegar un mayor esfuerzo y mayor persistencia para transmitir la fe, con la confianza del Señor.
—Cuando llegó a Valladolid hace tres años dijo que su misión era “gastar y desgastar su vida al servicio de la Iglesia de Valladolid”. ¿Cree que está cumpliendo su labor?
—Quiero cumplirla. Nadie es juez en propia causa. Quiero poder emplear las energías que el Señor me da para el servicio que me ha confiado.
—¿Cómo ve a la Iglesia vallisoletana?
—Gracias a Dios, en la Iglesia vallisoletana hay muchas actividades y muy buena gente implicada: en el campo de la catequesis, en Cáritas, en la educación en la fe a través de la escuela católica, en la atención a los ancianos, enfermos y los más marginados de la sociedad. Valladolid tiene muchas instituciones de carácter religioso y, como decía Santa Teresa, son “gente de buena masa”.
—Cáritas Valladolid atendió el año pasado a un 22 por ciento más de personas. ¿Es ahí donde la Iglesia demuestra su dimensión social?
—Cáritas es el buque insignia de la Iglesia en el campo caritativo y social, pero no exclusivo. Hay muchas congregaciones religiosas que continúan ejerciendo la misión para la que nacieron en muy diferentes campos: la atención a enfermos, ancianos, niños marginados, víctimas de la droga y el sida… Se trata también de una evangelización porque se evangeliza a través de la palabra y la catequesis, pero también a través de los gestos de misericordia. El Papa Francisco constantemente está subrayando esta dimensión de la evangelización.
—Observando la labor del Papa con la perspectiva que dan los seis meses transcurridos desde su nombramiento, ¿Considera que es el líder que necesitaba la Iglesia?
—Estoy convencido de que la providencia de Dios nos ha dado en el Papa Francisco un regalo para la Iglesia y el mundo. Cada Papa desemboca en el ministerio que le confía el Señor con su historia precedente. El Papa Francisco, con su manera de ser, su historia, su rica experiencia… está siendo un don de Dios para todos nosotros. Ha suscitado atención no sólo por parte de los cristianos, sino de la Humanidad entera, y además en un momento en que nuestra sociedad en conjunto necesita líderes con capacidad de orientación moral. Yo doy gracias al Señor.
—Hay quienes ven el mensaje del Papa como nuevo, renovador e incluso revolucionario. ¿Considera que le hacía falta a la Iglesia este soplo de aire fresco?
—Doy gracias a Dios por ello. Nos ha ayudado a hacer la profesión de la fe en medio de nuestra cultura tan cambiante y confusa con una nitidez sorprendente. No hay rupturas entre el ministerio del Papa Benedicto y el Papa Francisco. Ellos son muy buenos amigos. Se trata de una continuidad, con una relación amigable y de humildad recíproca.
—Al Papa Ratzinger le definió como uno de los grandes teólogos de la historia y a nivel personal, un gran amigo, ¿Cómo definiría al Papa Francisco?
—Es quien nos preside en el Señor. El que tiene la responsabilidad de la unidad de la iglesia en la fe, en el amor y en la misión. Y desde un punto de vista más personal, diría que es un jesuita muy consecuente con su vocación, que se ha ejercitado mucho en esa forma carismática de los jesuitas. El Papa es predicador, un maestro espiritual. No se deja atar con pequeños detalles. Habrá muchas cosas de él que desconcertarán un poco a algunos que son más comedidos, ordenados, medidos. Está bien también el que una persona del ministerio del Papa se manifieste tan desenvuelta, expresiva, decidida. Yo me sentí muy a gusto con los papas anteriores y también con el actual.
—Y a usted… ¿Le ha “desconcertado” alguna de las manifestaciones del Pontífice, como las realizadas en la última entrevista respecto a que no se considera “un hombre de derechas” o la necesidad de un mayor papel de la mujer en la Iglesia?
—Yo, en este sentido, pediría madurez y que se leyera bien la entrevista. Se han sacado del texto unas cuantas alusiones que el mismo entrevistador ha dicho que no son ciertas. Por ejemplo, en relación a la afirmación de que el Papa no ha sido nunca de derechas: hay que ver que significa para él esto en la historia de su pueblo, Argentina, con la dictadura militar. También con su temperamento. ¿Qué quiere decir el Papa cuando habla de un hombre de derechas? ¿Quiere decir que el Papa no es de tal partido? No sintoniza con un partido y sintoniza con otros. No cojamos el rábano por las hojas.
Respecto al papel de la mujer, me parece interesante. Es necesario que la mujer se sienta a gusto y reconocida como tal en la comunidad cristiana. Hasta dónde o cómo yo no lo sé. Una acentuación del pontificado del Papa Francisco irá por ahí. También por la sinodalidad, una vía muy importante para enriquecer la institución del Sínodo. Me produce muy buena impresión y quiero seguirlo.
—¿Cómo se pueden trasladar a la Iglesia vallisoletana las tareas encomendadas por el Papa?
—Quizá todos tengamos que asumir en la Iglesia de Valladolid, en la medida en que sea posible, esa especie de espontaneidad y mayor cercanía en la comunicación. Ir también al encuentro de las personas concretas. Él ha subrayado que quería transitar por caminos de misericordia. Es una expresión muy bella. Yo también quiero hacerlo. Debemos centrarnos en lo esencial, que es la predicación del Evangelio y el crecimiento de la fe. Las cuestiones morales van creciendo con la fe. A veces podemos correr peligros de perdernos en discusiones menores.
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