09/10/2013
«Valladolid tiene afición al teatro y ésa es la gasolina del comediante»
abc.es
-El tándem funciona...
-Funciona muy bien, y por eso repetimos. El Teatro Calderón es el lugar donde acuden las compañías más interesantes que se pueden ver a lo largo de la temporada porque es una casa estupenda con un público muy aficionado y con una cultura teatral que es probablemente lo que más se agradece entre los que nos dedicamos a esto.
-De nuevo elige Shakespeare.
-Para nosotros, Shakespeare está siendo una mina dramatúrgica con la que podemos hacer montajes estupendos. Nos permite permite montar cosas que nos interesan rodeadas a la vez de una belleza inusual. Por algo es el primer dramaturgo de la historia del teatro.
-¿Por qué Otelo?
-Otelo maneja temas que están en la actualidad de nuestros días y no de esa manera que se dice siempre de que son temas universales. Maneja cuestiones que el espectador va a poder relacionar con cosas de su día a día como la manipulación, el maltrato a la mujer, la posición de la mujer en la sociedad, el poder y cómo se desenvuelve a través del ser humano, etc. Otelo era una bonita manera de contar cosas sobre nuestra realidad circundante.
-En «Noche de Reyes» trasladaron el clásico de Shakespeare a ambientes del «music hall» de los años veinte. ¿Qué licencias se toman con Otelo?
-Casi la licencia total. Por ejemplo, en el vestuario que ha hecho Lorenzo Caprile hay materiales que van del siglo XVII hasta nuestros días. En el mismo figurín hay elementos de varias épocas y eso produce una temporalidad que nos trae y nos lleva continuamente de un periodo a otro. Luego, tenemos una escenografía escultórica que hará su función, que es la de simbolizar la dureza y cerrazón de nuestras estructuras, y cómo las cosas, incluso las que creemos que son más sólidas, acaban cediendo.
-¿Con qué margen de maniobra se han movido en el texto?
-Con muchísimo margen. Con Shakespeare no es como cuando coges a Lope, que tienes el texto de primera mano. Ya con la traducción empiezas a encaminar el texto hacia un sitio, la versión lo coloca en otro y la puesta en escena lo sigue definiendo. Desde que Yolanda Pallín comenzó a hacer la traducción, buscamos una historia con un ritmo muy contemporáneo; que toda la narrativa del espectáculo tuviera mucho que ver con la percepción que tiene el espectador de la historia sin importar que sea en el teatro, en el cine, en los dibujos animados o donde sea. Se trata de hacer contemporáneo el texto no sólo desde su forma y contenido, sino también desde su percepción.
-Estos días ultiman los ensayos, ¿Cómo lo ve?
-Estoy muy contento. Tengo la suerte de trabajar con un elenco de actores con el que llevo muchos años en estas aventuras y, la verdad, no sólo nos da una gran confianza el poder trabajar juntos, sino que me siguen sorprendiendo mucho y creo que el espectador lo agradecerá.
-Valladolid tiene un público exigente, ¿también agradecido?
-Es un público con afición, y la afición es la piedra filosofal de nuestro oficio; probablemente sea la gasolina del comediante. Todo eso está en Valladolid, así que es maravilloso.
-Caprile vuelve a elaborar el vestuario de esta obra, y ya son diez los montajes en los que han colaborado. ¿Qué aporta su diseño de vestuario?
-Ha pasado de ser un neófito a todo un profesional del teatro y creo que toda la contaminación que tiene de hacer vestuarios para todo tipo de ocasiones y gente nos enriquece mucho porque nos da un punto de vista que no es el usual, que no es la reconstrucción de época o la puesta habitual del teatro. Su sensibilidad nos aporta una nueva mirada de ver el vestuario teatral.
-La última edición del Festival de Teatro Clásico de Olmedo contó con 7.000 espectadores. ¿Vive un «boom» este tipo de teatro o es cosa de Valladolid?
-Creo que el teatro clásico ha sido uno de los grandes avances de los últimos quince o veinte años en este país. Hemos generado espectáculos; ha habido compañías y profesionales que se han dedicado a ello, y el público y los festivales han ido creciendo. Creo que el teatro clásico, ahora mismo, gracias al trabajo de mucha gente y a la afluencia de público, es probablemente una de las recuperaciones más hermosas que hemos hecho en este país.
-Y eso a pesar de que el teatro se desangra «gracias» al IVA cultural. ¿Cómo se vive desde dentro y con una compañía propia?
-Lo vivimos todos un poco igual. Algunos con más suerte que otros. El IVA cultural ha sido un grave error, lo saben hasta lo que lo hicieron. Pero hay algo que va más allá: o se cuida la cultura de un país o aparece una industria como la americana y se come todo lo que queda. Nuestro idioma se verá devaluado si no seguimos cultivando a los novelistas, cómicos, actores, cineastas... No se están dando cuenta de la profundidad del calado que puede tener en un futuro para la cultura, como ocurre con la educación.
-¿Cómo ve a las nuevas generaciones de espectadores?
-Tienen el chip de la plurirrecepción. Pueden ver teatro, cine, publicidad o jugar en la videoconsola, y resultan espectadores más complicados de satisfacer.
-¿Cómo engancharles, entonces?
-Haciendo productos que realmente les interesen. Enseñar deleitando.
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